Los números negativos extendieron los rostros serios en el búnker oficialista
A diferencia de lo que hizo en su noche triunfal del 22 de octubre, Massa compartió el escenario de la derrota
Cecilia Devanna
“Cuando perdés, hay que perder rápido”, es una de las frases de cabecera de Sergio Massa, que anoche admitió la derrota en el balotaje antes de que se difundieran los resultados oficiales. El candidato de Unión por la Patria (UP) había llegado a las 19.15 al Complejo C, sobre la avenida Corrientes, en el barrio de Chacarita, con un gesto adusto que se ofreció como una síntesis del clima pesimista que ya atravesaba al oficialismo. “Los resultados no son los que esperábamos y me he comunicado con Javier Milei para felicitarlo”, dijo desde el escenario, a las 20.10. “Los argentinos eligieron otro camino”, abundó, y se ofreció para realizar una transición ordenada con el presidente electo.
En el escenario Massa estuvo acompañado por el líder de La Cámpora y diputado, Máximo Kirchner; su esposa y titular de AySA, Malena Galmarini; su cuñado y director del Banco Provincia, Sebastián Galmarini; el gobernador bonaerense, Axel Kicillof; el ministro bonaerense, Andrés Larroque; el jefe de Gabinete y candidato a vicepresidente, Agustín Rossi; el vicejefe de Gabinete y hombre clave de la campaña, Juan Manuel Olmos; el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro; el legislador provincial Rubén Eslaiman; la titular de la Cámara baja, Cecilia Moreau; el intendente de San Fernando, Juan Andreotti; la ministra bonaerense, Cristina Álvarez Rodríguez; y el jefe de asesores de Kicillof, Carlos Bianco.
Al igual que en las PASO y en las generales no estuvieron ni Alberto Fernández ni Cristina Fernández de Kirchner. Mientras que la vicepresidenta viajará en las próximas horas a Roma, Italia, Fernández deberá encarar formalmente el proceso de traspaso con Milei. El mandatario recuperará así, aunque por un breve lapso, el protagonismo que perdió a lo largo del último año, cuando Massa consolidó su poder en Hacienda y se transformó casi en un presidente de hecho.
Tras el discurso de Massa, Fernández usó su cuenta de la red social X para agradecer a ambos y referirse a la transición con Milei: “Confío en que mañana mismo podamos empezar a trabajar con Javier Milei para garantizar una transición ordenada”.
Mientras daba su discurso, Massa habló de convivencia y un hombre en medio del público empezó a gritar: “convivencia las pelotas” y “con los defensores de genocidas asesinos, no”. Sus gritos irrumpieron con fuerza en medio de pedidos de que se calle. No lo hizo y buscaron sacarlo. Massa levantó la voz, hizo un remate y surgió un aplauso que se extendió y fue la oportunidad en que el equipo de seguridad aprovechó para retirarlo. El resto fue sereno y los invitados de la planta baja se fueron antes de las 21, en un búnker que quedó desierto sin haber alcanzado nunca su pico máximo. Arriba quedaron los funcionarios y referentes más importantes, en un clima de total desolación.
Horas antes, a medida que caía la tarde ya había ido pasando de la expectativa y un optimismo moderado a las caras largas y una música cada vez más nostálgica. En la planta baja había pocos invitados; en el segundo piso, los vips. Afuera, una multitud esperaba una victoria que se escurrió velozmente. Adentro, las caras de los funcionarios y voceros fueron una postal de las tristeza que contrastó con la alegría que colmó el mismo búnker hace menos de un mes, en la noche del triunfo de las generales.
El declive del optimismo en el búnker se aceleró al caer la tarde. “Hay que esperar”, repetían los funcionarios sobre los datos oficiales y como respuesta a las proyecciones que circularon desde temprano y que ubicaban a Milei como potencial ganador de este balotaje. “No tenemos números. No encargamos bocas de urna, esos datos los mueven ellos”.
Con varias cuadras a la redonda cortadas al tránsito, el búnker era una fortaleza que extremó sus medidas de seguridad en relación con las elecciones generales de octubre. La militancia rodeó el lugar con banderas, bombos y batucadas, en especial sobre la avenida Dorrego y parte de Corrientes. Smata, Uocra, Movimiento Evita, La Cámpora y Barrios de Pie eran algunos de los presentes. Cada vez fueron más y las caras más tristes.
De camisa celeste, Massa llegó desde su casa en el barrio privado Isla del Sol, en Rincón de Milberg, en el municipio de Tigre, que gobernó en dos períodos y que se transformó en trampolín para su carrera política.
Horas antes, Massa había votado al mediodía en la Escuela Nº 34 de Tigre. Tenía como número de orden el 22, “el loco” en la Quiniela. Entró al lugar con su hijo menor, Tomás. Afuera quedó Malena Galmarini, su esposa desde hace 22 años y compañera de vida desde hace 27. Titular de AySA, Galmarini votó poco después en otro centro del mismo distrito. Mientras esperaba a Massa recibió el afecto de los vecinos del lugar, que le gritaban “futura primera dama”. Una denominación que, de llegar Massa a la presidencia, Galmarini prometía no usar. Lo considera “anacrónico”.
El ministro de Economía fue recibido al grito de “Massa presidente”, pero también lo esperó un grupo de ocho chicos con carteles que reclamaban mejores condiciones para la escuela y un edificio para la secundaria, que, según dijeron, el candidato había prometido. Consiguieron su foto después del sufragio de Massa.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Massa insinuó un paso al costado y sembró dudas sobre su futuro político
En un búnker atravesado por la “tristeza e incomprensión”, el tigrense dio señales claras de que no seguirá; Cristina y Kicillof, expectantes
“Cuando perdés, hay que perder rápido”, es una de las frases de cabecera de Sergio Massa, que anoche admitió la derrota en el balotaje antes de que se difundieran los resultados oficiales. El candidato de Unión por la Patria (UP) había llegado a las 19.15 al Complejo C, sobre la avenida Corrientes, en el barrio de Chacarita, con un gesto adusto que se ofreció como una síntesis del clima pesimista que ya atravesaba al oficialismo. “Los resultados no son los que esperábamos y me he comunicado con Javier Milei para felicitarlo”, dijo desde el escenario, a las 20.10. “Los argentinos eligieron otro camino”, abundó, y se ofreció para realizar una transición ordenada con el presidente electo.
En el escenario Massa estuvo acompañado por el líder de La Cámpora y diputado, Máximo Kirchner; su esposa y titular de AySA, Malena Galmarini; su cuñado y director del Banco Provincia, Sebastián Galmarini; el gobernador bonaerense, Axel Kicillof; el ministro bonaerense, Andrés Larroque; el jefe de Gabinete y candidato a vicepresidente, Agustín Rossi; el vicejefe de Gabinete y hombre clave de la campaña, Juan Manuel Olmos; el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro; el legislador provincial Rubén Eslaiman; la titular de la Cámara baja, Cecilia Moreau; el intendente de San Fernando, Juan Andreotti; la ministra bonaerense, Cristina Álvarez Rodríguez; y el jefe de asesores de Kicillof, Carlos Bianco.
Al igual que en las PASO y en las generales no estuvieron ni Alberto Fernández ni Cristina Fernández de Kirchner. Mientras que la vicepresidenta viajará en las próximas horas a Roma, Italia, Fernández deberá encarar formalmente el proceso de traspaso con Milei. El mandatario recuperará así, aunque por un breve lapso, el protagonismo que perdió a lo largo del último año, cuando Massa consolidó su poder en Hacienda y se transformó casi en un presidente de hecho.
Tras el discurso de Massa, Fernández usó su cuenta de la red social X para agradecer a ambos y referirse a la transición con Milei: “Confío en que mañana mismo podamos empezar a trabajar con Javier Milei para garantizar una transición ordenada”.
Mientras daba su discurso, Massa habló de convivencia y un hombre en medio del público empezó a gritar: “convivencia las pelotas” y “con los defensores de genocidas asesinos, no”. Sus gritos irrumpieron con fuerza en medio de pedidos de que se calle. No lo hizo y buscaron sacarlo. Massa levantó la voz, hizo un remate y surgió un aplauso que se extendió y fue la oportunidad en que el equipo de seguridad aprovechó para retirarlo. El resto fue sereno y los invitados de la planta baja se fueron antes de las 21, en un búnker que quedó desierto sin haber alcanzado nunca su pico máximo. Arriba quedaron los funcionarios y referentes más importantes, en un clima de total desolación.
Horas antes, a medida que caía la tarde ya había ido pasando de la expectativa y un optimismo moderado a las caras largas y una música cada vez más nostálgica. En la planta baja había pocos invitados; en el segundo piso, los vips. Afuera, una multitud esperaba una victoria que se escurrió velozmente. Adentro, las caras de los funcionarios y voceros fueron una postal de las tristeza que contrastó con la alegría que colmó el mismo búnker hace menos de un mes, en la noche del triunfo de las generales.
El declive del optimismo en el búnker se aceleró al caer la tarde. “Hay que esperar”, repetían los funcionarios sobre los datos oficiales y como respuesta a las proyecciones que circularon desde temprano y que ubicaban a Milei como potencial ganador de este balotaje. “No tenemos números. No encargamos bocas de urna, esos datos los mueven ellos”.
Con varias cuadras a la redonda cortadas al tránsito, el búnker era una fortaleza que extremó sus medidas de seguridad en relación con las elecciones generales de octubre. La militancia rodeó el lugar con banderas, bombos y batucadas, en especial sobre la avenida Dorrego y parte de Corrientes. Smata, Uocra, Movimiento Evita, La Cámpora y Barrios de Pie eran algunos de los presentes. Cada vez fueron más y las caras más tristes.
De camisa celeste, Massa llegó desde su casa en el barrio privado Isla del Sol, en Rincón de Milberg, en el municipio de Tigre, que gobernó en dos períodos y que se transformó en trampolín para su carrera política.
Horas antes, Massa había votado al mediodía en la Escuela Nº 34 de Tigre. Tenía como número de orden el 22, “el loco” en la Quiniela. Entró al lugar con su hijo menor, Tomás. Afuera quedó Malena Galmarini, su esposa desde hace 22 años y compañera de vida desde hace 27. Titular de AySA, Galmarini votó poco después en otro centro del mismo distrito. Mientras esperaba a Massa recibió el afecto de los vecinos del lugar, que le gritaban “futura primera dama”. Una denominación que, de llegar Massa a la presidencia, Galmarini prometía no usar. Lo considera “anacrónico”.
El ministro de Economía fue recibido al grito de “Massa presidente”, pero también lo esperó un grupo de ocho chicos con carteles que reclamaban mejores condiciones para la escuela y un edificio para la secundaria, que, según dijeron, el candidato había prometido. Consiguieron su foto después del sufragio de Massa.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Massa insinuó un paso al costado y sembró dudas sobre su futuro político
En un búnker atravesado por la “tristeza e incomprensión”, el tigrense dio señales claras de que no seguirá; Cristina y Kicillof, expectantes
Jaime Rosemberg
Sergio Massa saluda a su esposa, Malena Galmarini, tras aceptar la derrota
“No nos entra en la cabeza una derrota, hay mucha confianza en poder ganar”, decían cerca de Sergio Massa en las horas previas al balotaje que definiría quién asumirá las riendas del país. Aún imaginaban un final feliz, pero sin margen para el entusiasmo desmedido.
En la previa de la jornada electoral, nadie quería siquiera imaginar la posibilidad aciaga de un traspié, que finalmente llegó y de modo contundente, a manos de Javier Milei y su alianza con el sector más duro de Juntos por el Cambio, que encabezan el expresidente Mauricio Macri y Patricia Bullrich. Ahora, sin embargo, la derrota de Massa obliga a repensar todos sus planes y abrió un interrogante no solo sobre su futuro inmediato –insinuó que se retirará de la política–, sino además sobre el devenir del peronismo, huérfano de liderazgos globales a partir de la noche aciaga de este domingo.
Precavidos, y sin creer del todo el anuncio del virtual retiro de su jefe político –Massa afirmó que se dedicaría a “otras tareas” y habló de “recambio generacional”–, desde el Frente Renovador remarcaban la “resiliencia” del candidato oficialista, recuperado de fracasos tanto o más sonoros que el de ayer en su carrera por el poder. “En 2017 estábamos fuera de la copa y armamos lo que armamos. Massa es un animal político, después de esto va a seguir pase lo que pase. A Milei, si perdía, sí se lo iba a fagocitar el sistema”, reflexionaban cerca del ministro y candidato, sin ocultar su desazón.
Colaboradores íntimos de Massa reafirmaban que el tigrense cumplirá con sus deberes como ministro, aunque no osaban aventurarse sobre qué pasará más allá de ese día con el fundador del Frente Renovador. “Nos dejó la impresión de que se retira”, acotó un funcionario del gobierno nacional que compartió un rato con Massa en el búnker que Unión por la Patria había montado en el Complejo C del barrio de Chacarita. ¿Quién será el líder del peronismo, ahora en el rol de oposición? “Depende de lo que haga Sergio”, repetían fuentes del justicialismo, con la incógnita sobre el futuro como denominador común. Si bien en la noche del domingo todos eran elogios hacia Massa y su “esfuerzo titánico” por remontar una cuesta que parecía imposible, otros dirigentes del espacio daban por descontado que los pases de facturas no tardarán en llegar.
“Hizo todo, dejó todo y más que eso. Pero no alcanzó”, reflexionaban en el Complejo C, que se vació a una asombrosa velocidad luego de las palabras de Massa, que había escogido una camisa celeste y la bandera argentina como fondo para dar su discurso, que se ilusionó con que fuera otro, triunfal.
“Creo que todos entendimos que Sergio optimizó una derrota que estaba escrita”, se lamentó otro dirigente con responsabilidades de gobierno que llegó al búnker y se fue, como todos, con la cabeza gacha y lleno de interrogantes sobre el futuro de su fuerza política.
De todos modos, en un anticipo de las internas que se vienen, muchos dirigentes del kirchnerismo pusieron atención en la actual vicepresidenta Cristina Kirchner, que confirmaba en el momento de votar en el mediodía del domingo que se quedaría en Santa Cruz y llegaría a Buenos Aires recién este lunes.
La expresidenta también había deslizado sobre un diálogo telefónico con Massa durante la jornada del sábado, pero no había dado detalles. “Cristina va a seguir haciendo política y representando a su sector”, decían en el cristinismo, dispuestos a iniciar el proceso de “reorganización” del espacio, donde la discusión parecía recién estar comenzando.
Sin Massa y con Cristina corrida por decisión propia del rol central, muchos empezaron a mirar a Axel Kicillof como el nuevo líder del peronismo tras lograr su reelección el 22 de octubre pasado, aunque el exiguo triunfo de Massa sobre Milei en el principal distrito del país también sembraba dudas sobre su liderazgo nacional de cara al futuro.
Aún sin masticar del todo el sabor amargo de la derrota, desde el peronismo apuntaban a la fuerza legislativa que Unión por la Patria sostendrá a partir del 10 de diciembre, unos 108 diputados y una treintena de senadores, más las ocho gobernaciones en manos del peronismo como bases para la reconstrucción.
“El peronismo ama a los ganadores. Y Massa perdió”, sostuvo sin preámbulos un avezado consultor cercano al peronismo, luego de un tropezón histórico que, como dijo Massa, puso fin a una era en la política nacional.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Tras el shock por la derrota, la interna del oficialismo entra en estado de ebullición
Unión por la Patria abre ahora una discusión sobre los nuevos liderazgos; el reparto de papeles
“No nos entra en la cabeza una derrota, hay mucha confianza en poder ganar”, decían cerca de Sergio Massa en las horas previas al balotaje que definiría quién asumirá las riendas del país. Aún imaginaban un final feliz, pero sin margen para el entusiasmo desmedido.
En la previa de la jornada electoral, nadie quería siquiera imaginar la posibilidad aciaga de un traspié, que finalmente llegó y de modo contundente, a manos de Javier Milei y su alianza con el sector más duro de Juntos por el Cambio, que encabezan el expresidente Mauricio Macri y Patricia Bullrich. Ahora, sin embargo, la derrota de Massa obliga a repensar todos sus planes y abrió un interrogante no solo sobre su futuro inmediato –insinuó que se retirará de la política–, sino además sobre el devenir del peronismo, huérfano de liderazgos globales a partir de la noche aciaga de este domingo.
Precavidos, y sin creer del todo el anuncio del virtual retiro de su jefe político –Massa afirmó que se dedicaría a “otras tareas” y habló de “recambio generacional”–, desde el Frente Renovador remarcaban la “resiliencia” del candidato oficialista, recuperado de fracasos tanto o más sonoros que el de ayer en su carrera por el poder. “En 2017 estábamos fuera de la copa y armamos lo que armamos. Massa es un animal político, después de esto va a seguir pase lo que pase. A Milei, si perdía, sí se lo iba a fagocitar el sistema”, reflexionaban cerca del ministro y candidato, sin ocultar su desazón.
Colaboradores íntimos de Massa reafirmaban que el tigrense cumplirá con sus deberes como ministro, aunque no osaban aventurarse sobre qué pasará más allá de ese día con el fundador del Frente Renovador. “Nos dejó la impresión de que se retira”, acotó un funcionario del gobierno nacional que compartió un rato con Massa en el búnker que Unión por la Patria había montado en el Complejo C del barrio de Chacarita. ¿Quién será el líder del peronismo, ahora en el rol de oposición? “Depende de lo que haga Sergio”, repetían fuentes del justicialismo, con la incógnita sobre el futuro como denominador común. Si bien en la noche del domingo todos eran elogios hacia Massa y su “esfuerzo titánico” por remontar una cuesta que parecía imposible, otros dirigentes del espacio daban por descontado que los pases de facturas no tardarán en llegar.
“Hizo todo, dejó todo y más que eso. Pero no alcanzó”, reflexionaban en el Complejo C, que se vació a una asombrosa velocidad luego de las palabras de Massa, que había escogido una camisa celeste y la bandera argentina como fondo para dar su discurso, que se ilusionó con que fuera otro, triunfal.
“Creo que todos entendimos que Sergio optimizó una derrota que estaba escrita”, se lamentó otro dirigente con responsabilidades de gobierno que llegó al búnker y se fue, como todos, con la cabeza gacha y lleno de interrogantes sobre el futuro de su fuerza política.
De todos modos, en un anticipo de las internas que se vienen, muchos dirigentes del kirchnerismo pusieron atención en la actual vicepresidenta Cristina Kirchner, que confirmaba en el momento de votar en el mediodía del domingo que se quedaría en Santa Cruz y llegaría a Buenos Aires recién este lunes.
La expresidenta también había deslizado sobre un diálogo telefónico con Massa durante la jornada del sábado, pero no había dado detalles. “Cristina va a seguir haciendo política y representando a su sector”, decían en el cristinismo, dispuestos a iniciar el proceso de “reorganización” del espacio, donde la discusión parecía recién estar comenzando.
Sin Massa y con Cristina corrida por decisión propia del rol central, muchos empezaron a mirar a Axel Kicillof como el nuevo líder del peronismo tras lograr su reelección el 22 de octubre pasado, aunque el exiguo triunfo de Massa sobre Milei en el principal distrito del país también sembraba dudas sobre su liderazgo nacional de cara al futuro.
Aún sin masticar del todo el sabor amargo de la derrota, desde el peronismo apuntaban a la fuerza legislativa que Unión por la Patria sostendrá a partir del 10 de diciembre, unos 108 diputados y una treintena de senadores, más las ocho gobernaciones en manos del peronismo como bases para la reconstrucción.
“El peronismo ama a los ganadores. Y Massa perdió”, sostuvo sin preámbulos un avezado consultor cercano al peronismo, luego de un tropezón histórico que, como dijo Massa, puso fin a una era en la política nacional.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Tras el shock por la derrota, la interna del oficialismo entra en estado de ebullición
Unión por la Patria abre ahora una discusión sobre los nuevos liderazgos; el reparto de papeles
Cecilia Devanna
Si resulta un misterio cómo serán la presidencia de Javier Milei y su convivencia con sus flamantes socios de Juntos por el Cambio (JxC), el futuro de la hasta ahora coalición oficialista no se queda atrás. En una jornada absolutamente demoledora para Unión por la Patria (UP), el presente que los devastó no dejó prácticamente lugar a pensar lo que viene. Hay indicios, sí, y también dudas, en un escenario repleto de nuevas variables que tendrán que ver cómo se acomodan, si es que logran hacerlo, para la reconfiguración del mapa interno de poder que marcará también nuevos liderazgos. También hay esquirlas que permitirán ver quiénes acompañaron el proyecto a nivel nacional, quienes no lo hicieron y la amenaza latente de una causa judicial que pocos días atrás fue un cimbronazo interno, pero que frente a la inminencia de las elecciones no dio lugar a facturas que a partir de ahora sí pueden llegar.
Por ahora, en UP sostienen que la coalición seguirá “unida” y “fuerte”, en especial frente al gobierno libertario, y lo que descuentan serán sus embates en las diferentes áreas.
Los dichos se expresaron en caliente en una noche en la que todo fue sorpresa. Y en la que estuvo ausente la gran protagonista del espacio: la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Su futuro es tan incierto como el de la propia coalición.
En diciembre se quedará sin fueros y expuesta al avance de las causas judiciales en los tribunales de Comodoro Py, su principal preocupación.
Su aliciente político es el triunfo de Axel Kicillof, su hijo dilecto, en la provincia de Buenos Aires, al que apostó fuerte.
Por su parte, Sergio Massa dejó un indicio este domingo por la noche sobre su posible futuro: “Quiero por último contarles, desde lo personal, que hoy termina una etapa en mi vida política y que seguramente la vida me depare otras tareas y otras responsabilidades. Pero sepan que siempre van a contar conmigo defendiendo los valores del trabajo, la educación pública, la industria nacional, el federalismo, como valores centrales de la Argentina”.
¿Cuál será el destino de Massa? Resulta un misterio, pero nadie que lo conozca de cerca imagina a Massa lejos de la política. Menos cuando creen que, a pesar de la derrota final, estuvo muy cerca de un triunfo épico en las generales y que incluso logró ser competitivo con una economía golpeada por una inflación descontrolada. Elementos que, evalúan, podrían convertirlo en líder de la oposición.
Lejos de las discusiones de poder, Alberto Fernández, el blanco preferido de todas las críticas del espacio, buscó recuperar algo de poder este domingo por la noche. Fue cuando a través de su cuenta de la red social X expresó: “Seguiré trabajando para fortalecer la democracia y las instituciones de la república, en unidad con todos los sectores que integran el movimiento nacional que siempre luchará por una patria justa, libre y soberana”.
La figura de Kicillof luce como la de un ganador indiscutido por estas horas, tanto puertas afuera como dentro de la coalición. También como quien tiene amplias chances de plantear una renovación de cara a lo que viene. Triunfó no solo en las generales de octubre, sino que internamente logró imponerse desde su resistencia a los deseos y planes del líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, que buscó hacerlo competir a nivel nacional.
Las diferencias entre ambos llegaron a ser públicas a mediados de septiembre pasado y luego Kicillof ganó más poder interno tras el escándalo de Martín Insaurralde, a fines de ese mismo mes. Fotografiado en un yate en Marbella, Insaurralde le había sido impuesto a Kicillof por el legislador santacruceño, tras la derrota en las elecciones primarias de 2021. Lo sucedido fue viento a favor del gobernador. Despojado de ese lastre, Kicillof suma apoyos de varios referentes del oficialismo que nunca vieron con buenos ojos la intromisión en el gabinete bonaerense, entre ellos varios intendentes.
“Operados” propios
Parte de esos intendentes y también gobernadores vieron en el escándalo del espionaje ilegal en el que estuvo al filo de quedar detenido Fabián “Conu” Rodríguez, hombre de la AFIP y de La Cámpora, la comprobación de que muchos de ellos y otros referentes políticos eran espiados y “operados” por el propio espacio.
La intervención de Conu Rodríguez no les deja dudas respecto de la participación de la organización liderada por Máximo Kirchner, que concentra críticas del oficialismo en altas dosis.
No solo le achacan impericia política, sino responsabilidades en el caso que creen que arrastrará, además de a Rodríguez, a otros dirigentes de la otrora agrupación juvenil.
Apenas conocidos los avances de la investigación judicial, desde diferentes terminales del oficialismo advertían que en el momento no habría consecuencias para no empeñar la campaña de Massa, pero sí después.
Ese momento está a poco de llegar y, frente a una causa que promete novedades por doquier, las consecuencias políticas se vuelven completamente insospechadas.
Si resulta un misterio cómo serán la presidencia de Javier Milei y su convivencia con sus flamantes socios de Juntos por el Cambio (JxC), el futuro de la hasta ahora coalición oficialista no se queda atrás. En una jornada absolutamente demoledora para Unión por la Patria (UP), el presente que los devastó no dejó prácticamente lugar a pensar lo que viene. Hay indicios, sí, y también dudas, en un escenario repleto de nuevas variables que tendrán que ver cómo se acomodan, si es que logran hacerlo, para la reconfiguración del mapa interno de poder que marcará también nuevos liderazgos. También hay esquirlas que permitirán ver quiénes acompañaron el proyecto a nivel nacional, quienes no lo hicieron y la amenaza latente de una causa judicial que pocos días atrás fue un cimbronazo interno, pero que frente a la inminencia de las elecciones no dio lugar a facturas que a partir de ahora sí pueden llegar.
Por ahora, en UP sostienen que la coalición seguirá “unida” y “fuerte”, en especial frente al gobierno libertario, y lo que descuentan serán sus embates en las diferentes áreas.
Los dichos se expresaron en caliente en una noche en la que todo fue sorpresa. Y en la que estuvo ausente la gran protagonista del espacio: la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Su futuro es tan incierto como el de la propia coalición.
En diciembre se quedará sin fueros y expuesta al avance de las causas judiciales en los tribunales de Comodoro Py, su principal preocupación.
Su aliciente político es el triunfo de Axel Kicillof, su hijo dilecto, en la provincia de Buenos Aires, al que apostó fuerte.
Por su parte, Sergio Massa dejó un indicio este domingo por la noche sobre su posible futuro: “Quiero por último contarles, desde lo personal, que hoy termina una etapa en mi vida política y que seguramente la vida me depare otras tareas y otras responsabilidades. Pero sepan que siempre van a contar conmigo defendiendo los valores del trabajo, la educación pública, la industria nacional, el federalismo, como valores centrales de la Argentina”.
¿Cuál será el destino de Massa? Resulta un misterio, pero nadie que lo conozca de cerca imagina a Massa lejos de la política. Menos cuando creen que, a pesar de la derrota final, estuvo muy cerca de un triunfo épico en las generales y que incluso logró ser competitivo con una economía golpeada por una inflación descontrolada. Elementos que, evalúan, podrían convertirlo en líder de la oposición.
Lejos de las discusiones de poder, Alberto Fernández, el blanco preferido de todas las críticas del espacio, buscó recuperar algo de poder este domingo por la noche. Fue cuando a través de su cuenta de la red social X expresó: “Seguiré trabajando para fortalecer la democracia y las instituciones de la república, en unidad con todos los sectores que integran el movimiento nacional que siempre luchará por una patria justa, libre y soberana”.
La figura de Kicillof luce como la de un ganador indiscutido por estas horas, tanto puertas afuera como dentro de la coalición. También como quien tiene amplias chances de plantear una renovación de cara a lo que viene. Triunfó no solo en las generales de octubre, sino que internamente logró imponerse desde su resistencia a los deseos y planes del líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, que buscó hacerlo competir a nivel nacional.
Las diferencias entre ambos llegaron a ser públicas a mediados de septiembre pasado y luego Kicillof ganó más poder interno tras el escándalo de Martín Insaurralde, a fines de ese mismo mes. Fotografiado en un yate en Marbella, Insaurralde le había sido impuesto a Kicillof por el legislador santacruceño, tras la derrota en las elecciones primarias de 2021. Lo sucedido fue viento a favor del gobernador. Despojado de ese lastre, Kicillof suma apoyos de varios referentes del oficialismo que nunca vieron con buenos ojos la intromisión en el gabinete bonaerense, entre ellos varios intendentes.
“Operados” propios
Parte de esos intendentes y también gobernadores vieron en el escándalo del espionaje ilegal en el que estuvo al filo de quedar detenido Fabián “Conu” Rodríguez, hombre de la AFIP y de La Cámpora, la comprobación de que muchos de ellos y otros referentes políticos eran espiados y “operados” por el propio espacio.
La intervención de Conu Rodríguez no les deja dudas respecto de la participación de la organización liderada por Máximo Kirchner, que concentra críticas del oficialismo en altas dosis.
No solo le achacan impericia política, sino responsabilidades en el caso que creen que arrastrará, además de a Rodríguez, a otros dirigentes de la otrora agrupación juvenil.
Apenas conocidos los avances de la investigación judicial, desde diferentes terminales del oficialismo advertían que en el momento no habría consecuencias para no empeñar la campaña de Massa, pero sí después.
Ese momento está a poco de llegar y, frente a una causa que promete novedades por doquier, las consecuencias políticas se vuelven completamente insospechadas.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.