Murió John le Carré, el escritor británico que espiaba a los espías
13 de Diciembre de 202021:37
El escritor inglés John Le Carré tenía 89 años; prolífico best seller hizo de su experiencia en los servicios de inteligencia la escuela para una obra literaria que lo consagró internacionalmente en lo más alto del géneroEste domingo al mediodía, la familia del escritor británico John le Carré informó que el autor de El espía que surgió del frío, entre otros clásicos de la novela de espionaje, había fallecido de neumonía en el Royal Cornwall Hospital el sábado por la noche. Tenía 89 años. “Todos lamentamos profundamente su fallecimiento”, se lee en el comunicado. Su exagente literario, Jonny Geller, escribió en su cuenta de Twitter que sentía una gran tristeza al informar la muerte de David John Moore Cornwell (el nombre verdadero del autor, nacido el 19 de octubre de 1931 en Poole), víctima de una corta enfermedad, “no vinculada con el Covid-19″, según precisó. Para Geller, Le Carré fue “un gigante indiscutible de la literatura inglesa”, que “definió la era de la Guerra Fría y sin miedo le dijo la verdad al poder en las décadas que siguieron”. Los límites borrosos de la ética de los poderosos, las alianzas inesperadas entre bandos rivales y cierto desasosiego existencial, que algunos adjudicaron a su atribulada infancia, destacan en su obra narrativa. Su hijo, Nick Harkaway, heredó la pasión por la novela.
Le Carré comenzó a trabajar para los servicios secretos del Reino Unido mientras estudiaba alemán en Suiza, a fines de la década de 1940. Después de enseñar en Eton hasta 1958, se unió primero al Servicio de Seguridad interna y luego al Servicio Exterior británico como agente de inteligencia. Su base de operaciones, el edificio del MI5 en Curzon Street de Londres, inspiró la de muchos de sus personajes, entre ellos el anticarismático George Smiley, creado por el autor en contraposición de la figura del estilizado James Bond de Ian Fleming. Le Carré siguió los pasos de un colega del MI5, el novelista John Bingham, y comenzó a publicar novelas de suspenso político bajo el seudónimo de John le Carré. Su primera novela, Llamada para el muerto, data de 1961 y en ella debuta Smiley. En Asesinato de calidad, de 1962, el mismo personaje debe investigar un asesinato en una escuela pública. Con su tercera novela, El espía que surgió del frío, de 1963, esboza una crítica a los métodos de espionaje de Occidente, tan incompatibles con los valores democráticos como los de los soviéticos. Esa novela, que lo convirtió en best seller internacional, fue llevada al cine en 1965 por el director estadounidense Martin Ritt. Considerada una de las mejores del escritor, está ambientada en Alemania del Este y Smiley es solo un personaje secundario, que forma parte de “The Circus”, la organización británica ficticia que agrupa a los agentes de inteligencia. En la década de 1970, Smiley volvió a protagonizar las novelas de la “Trilogía de Karla”, conformada por El topo, El honorable colegial y La gente de Smiley. “¿Qué es supervivencia? Una infinita capacidad de sospecha”, se lee en la primera novela de esta serie. En 2017, con El legado de los espías, el hombre gris y experto en poetas alemanes del siglo XVII poco conocidos, que acepta la infidelidad de su mujer con resignación, retorna a la Berlín de los años 1960.
Otros espías memorables aparecen en su narrativa. En Un espía perfecto, de 1986, el nombre del protagonista fugitivo, Magnus Pym, homenajea a una de las criaturas de Edgar Allan Poe. En El sastre de Panamá, Le Carré volvió a presentar una imagen antiheroica de los espías, con un Andy Osnard castigado por sus superiores que le encomiendan una misión en el país centroamericano. La novela fue llevada al cine por el británico John Boorman y el papel del agente recayó en Pierce Brosnan. Cuando cayó el Muro de Berlín, en 1989, se temió que Le Carré se podría quedar sin material novelesco. No obstante, en sus novelas posteriores abordó temáticas candentes como la del tráfico de armas (El infiltrado), la lucha contra el terrorismo (Amigos absolutos) y los oscuros intereses de las empresas farmacéuticas, como pasa en El jardinero fiel, llevada al cine en 2005 por el brasileño Fernando Meirelles. En Un traidor como los nuestros, de 2010, profundizó en el lavado de dinero de los plutócratas rusos en las capitales occidentales.
A los 85 años había escrito sus memorias, "Volar en círculos"; el año pasado, dio a conocer en varias oportunidades su visión crítica sobre el brexitAl publicar Un hombre decente, en 2019, Le Carré criticó el plebiscito popular que definió la salida del Reino Unido de la Comunidad Europea, el Brexit. “Somos una nación que siempre ha estado integrada en el corazón de Europa -dijo-. Podemos haber tenido conflictos, pero somos europeos”. En su libro de memorias, Volar en círculos, de 2016, repasó los inicios de su vida como escritor, retrató a su padre como un hombre violento y abusador, y dio detalles de su trabajo como agente secreto en la Alemania de la Guerra Fría. Una de las enseñanzas perdurables de su literatura es que, si bien vale la pena intentarlo, actuar de forma moral en un mundo inmoral es sumamente riesgoso.
Tres novelas elementales de John le Carré
El espía que surgió del frío (1963)

El sastre de Panamá (1996)

El jardinero fiel (2001)

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Los agentes secretos también tienen sentimientos
Así comienza El legado de los espías (Planeta), donde Le Carré entreteje pasado y presente de sus personajes y define a una especie.
“Lo que sigue es una relación verídica –la mejor que puedo ofrecer– de mi participación en la operación británica de desinformación, de nombre en clave Carambola, organizada a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta contra el servicio de inteligencia de Alemania Oriental (Stasi), y que tuvo como resultado la muerte del mejor agente secreto británico con el que he trabajado y de la mujer inocente por la que dio su vida.
Un funcionario profesional de los servicios de inteligencia no es más inmune a los sentimientos que el resto de la humanidad. Lo importante para él es la medida en que puede suprimirlos, ya sea en tiempo real o, como en mi caso, cincuenta años después. Hasta hace un par de meses, mientras yacía por la noche en la apartada granja bretona donde vivo, oyendo los mugidos de las vacas y el parloteo de las gallinas, solía enfrentarme con resuelta determinación a las voces acusadoras que de tanto en tanto intentaban perturbar mi sueño. Era demasiado joven –protestaba yo–, demasiado inocente, demasiado ingenuo, demasiado novato. Si queréis cortar cabezas –les decía a las voces–, buscad a los grandes maestros del engaño: a George Smiley y a su jefe, Control. Su refinado ingenio –insistía–, sus tortuosos y cultivados intelectos, y no el mío, fueron la clave del triunfo y de la angustia que fue la operación Carambola. Sólo ahora, cuando el Servicio al que dediqué los mejores años de mi vida me ha pedido cuentas, me veo obligado –a mi edad y con absoluto desconcierto– a dejar constancia cueste lo que cueste de todos los aspectos de mi participación en el asunto, con sus luces y sus sombras.
El modo en que me reclutaron los servicios secretos de inteligencia –el Circus, como solíamos llamarlo los jóvenes entusiastas en aquellos tiempos supuestamente más felices en que nuestra sede no se encontraba en una grotesca fortaleza a orillas del Támesis, sino en un pomposo cúmulo victoriano de ladrillos rojos, construido sobre la curva del Cambridge Circus— sigue siendo un misterio tan profundo para mí como las circunstancias de mi nacimiento.
D.G.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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