EL AÑO DE RICARDO
Fuerte denuncia sobre el horror
M. M.
Shöñe,
Acertado riesgo el de cambiar a último momento un proyecto para el streaming por la calle. Al aire libre, el público sentado en la vereda, de espaldas a los ruidos de los autos que nunca impedirán que se escuche perfectamente la voz de la actriz. Un vientito suave entre la última luz de la tarde y la primera estrella. Todo un gesto de juntada, comunitario, que se agradece y se disfruta.
Detrás del vidrio, Ana Padilla se exhibe como cuerpo para ser observado. El efecto es atractivo porque la vidriera exige mirada y, a la vez, impone el misterio de lo que no se toca. Una mujer desdoblada, que discute consigo misma cuando no hay testigos: una, intenta el diálogo y se permite dudar; la otra, responde con prejuicios. No hay acuerdo porque la verdad se escurre entre distorsiones y malentendidos. Imposible no leerla en código de dos estereotipos de Argentinas opuestas, la que descree de las ilusiones y la que se permite tenerlas, ambas perplejas ante lo que no se comprende. El nombre de Shöñe aparece entre sueños como una tierra prometida donde el bienestar es palpable, un lugar sin comprobada existencia pero con la realidad de los deseos.
Otra vez dirigida en un unipersonal por Jorge Diez (Nina), Padilla no deja nunca de hablar en casi media hora de obra. Sentada o de pie frente a un espejo, monologa un diálogo esquizofrénico a la vez que investiga las posibilidades escénicas de un espacio no convencional. Con su experiencia y solidez sostiene esta exposición que atraviesa el vidrio hasta los espectadores ¿post? pandemia.
Juegos... ¿Cuál es tu límite?: la crueldad del ser humano
En 1976, el año en que Roma Mahieu estrenó su primera obra: Juegos a la hora de la siesta, recibió los premios Molière y Talía. Fue un suceso de público, pero cuando los militares se dieron cuenta de su significado, la prohibieron a principios de 1978 por "su contenido manifiesto de postulados disociantes y la descripción de técnicas propias de la subversión". Cosas de aquellos siete largos años. La obra muestra a un grupo de ocho chicos en una tarde de juegos. Esa idea sirve para reflejar, a través de la violencia infantil, la opresión sádica y salvaje de la sociedad, desde una visión piramidal, y de los mismos individuos, como comunidad. No es una simple mirada sobre el mundo de los niños, sino que ellos son utilizados como un reflejo de los adultos. Es decir, el sadismo de los mayores queda plasmado a través de las distintas aristas de la brutalidad infantil.
Lo que hacen estos chicos es imitar los comportamientos más salvajes y mezquinos de los grandes. Hay un tirano déspota, amado y temido, algunos "diferentes", el que tiene condición de esbirro, y algún inocente peligroso. Ellos compiten por un status y el miedo es el protagonista principal de estos "juegos". La muerte ronda también, pero el temor que la rodea no es más que miedo a la vida. Es una parábola de la crueldad, expuesta en forma cruda
Juegos... es una versión musical de la obra de Mahieu, inteligente mirada de los talentosos Marcelo Caballero y Juan Pablo Shapira que supieron condensar lo necesario como para cederle terreno a la música y lo visual. Porque esta no es una obra presencial, sino un streaming a ocho cámaras. De los mejores que se han hecho sobre una obra de teatro. Ariel del Mastro tiene el mérito, con su mirada abarcativa y exquisita, en un espacio amplio, despojado pero muy bien aprovechado. Es una propuesta inquietante, con coreografías funcionales, dinamismo y una tarea interpretativa que resalta los ribetes más absolutos del teatro de la crueldad. El elenco de jóvenes talentos es compacto y sobresaliente, pero corresponde resaltar los trabajos de Agustina Cabo, Nicolás Cúcaro, Tomás Kirzner y Julia Tozzi. En la actuación se hace la diferencia.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
M. M.
SALA EL EXTRANJERO
VALENTÍN GÓMEZ 3378
JUEVES Y SÁBADO ALAS 20

Dos hechos políticos y estéticos ocurrieron a la vez, el jueves 3 de diciembre. Se estrenó El año de Ricardo, una obra provocadora e intensa, de la dramaturga Angélica Liddell, una de las voces más poderosas del teatro español contemporáneo. Pero también la sala El Extranjero volvió a abrir después de casi nueve meses.
“Gracias por estar acá”, dijo uno de los encargados del espacio, al borde de las lágrimas, mientras acomodaba a los 16 espectadores, dispuestos a volver a encontrarse con el arte en vivo y presencial, una energía imposible de comparar con otras disciplinas. Mariano Stolkiner es el director de esta puesta que trae a Buenos Aires el monólogo perturbador y en tono de denuncia que Liddell escribió en 2005. Una de las claves de lectura de esta autora es saber que trabaja con el horror de la condición humana y tensa los límites de aquello que se puede ver y oír en un escenario. Hay algunas referencias a Ricardo III, para plantear el manifiesto político de un hombre que llega al poder. Los asesinatos, la joroba y el exceso dialogan con el clásico mientras se muestran imágenes actuales de manifestaciones y guerras.
Horacio Marassi interpreta un Ricardo exasperado, cínico y enfermo y se cruza con un interlocutor kitsch como Alejandro Vizzotti con el vestuario de un oso de peluche popular. Magdalena Huberman suma canciones en un tono pop, que permiten que la obra transite distintos estados. Una vuelta vital a las experiencias en vivo.
Intensa y hermosa historia romántica
Dos hechos políticos y estéticos ocurrieron a la vez, el jueves 3 de diciembre. Se estrenó El año de Ricardo, una obra provocadora e intensa, de la dramaturga Angélica Liddell, una de las voces más poderosas del teatro español contemporáneo. Pero también la sala El Extranjero volvió a abrir después de casi nueve meses.
“Gracias por estar acá”, dijo uno de los encargados del espacio, al borde de las lágrimas, mientras acomodaba a los 16 espectadores, dispuestos a volver a encontrarse con el arte en vivo y presencial, una energía imposible de comparar con otras disciplinas. Mariano Stolkiner es el director de esta puesta que trae a Buenos Aires el monólogo perturbador y en tono de denuncia que Liddell escribió en 2005. Una de las claves de lectura de esta autora es saber que trabaja con el horror de la condición humana y tensa los límites de aquello que se puede ver y oír en un escenario. Hay algunas referencias a Ricardo III, para plantear el manifiesto político de un hombre que llega al poder. Los asesinatos, la joroba y el exceso dialogan con el clásico mientras se muestran imágenes actuales de manifestaciones y guerras.
Horacio Marassi interpreta un Ricardo exasperado, cínico y enfermo y se cruza con un interlocutor kitsch como Alejandro Vizzotti con el vestuario de un oso de peluche popular. Magdalena Huberman suma canciones en un tono pop, que permiten que la obra transite distintos estados. Una vuelta vital a las experiencias en vivo.
Intensa y hermosa historia romántica
CHE,AMOR
G.L.
EL MÉTODO KAIRÓS
EL SALVADOR 4530
SÁBADOS Y DOMINGOS A LAS 20

¿ Hay amor después de la muerte? ¿de qué forma se expresa y con cuánta intensidad? Esas son, sucintamente, las preguntas que intenta responder la obra de Mariano Tac cag ni, reconocido actor de musicales, que aquí cumple el triple rol de autor, letrista y director. Lo hace con buenas dosis de humor (negro) y siete hermosas canciones, musicalizadas por Agustín Konsol.
Che, amor se centra en Damián, viudo desde hace dos meses, y en Diego, quien regresa desde el más allá para visitar el departamento que compartía con su marido. Al principio la presencia del difunto no se hará palpable, sobre todo, por la irrupción en escena de dos personajes satélites que aportan ruido a la comunicación extrasensorial: una vecina entrometida y charlatana y el primo de una amiga en plan levante. El destino hará lo suyo y el contacto se hará “visible”.
Cada uno de los intérpretes está impecable en el desempeño de sus roles, sobre todo los protagonistas: Agustín Iannone y nicolás leguizamón. además, cantan muy bien. El diseño escenográfico de Alejandro Vázquez y Sofía Escalante es de buen gusto y generoso; y las luces de Vázquez acompañan a la perfección cada una de las instancias de la ¿comedia romántica? La obra concluye a los 40 minutos, cuando la historia tomaba otro impulso y se vislumbraba un segundo capítulo. Esto delata el origen de la propuesta, que fue concebida para ser presentada en un concurso de obras breves. Lo cual es una lástima, porque deja con ganas de más, de mucho más.
¿ Hay amor después de la muerte? ¿de qué forma se expresa y con cuánta intensidad? Esas son, sucintamente, las preguntas que intenta responder la obra de Mariano Tac cag ni, reconocido actor de musicales, que aquí cumple el triple rol de autor, letrista y director. Lo hace con buenas dosis de humor (negro) y siete hermosas canciones, musicalizadas por Agustín Konsol.
Che, amor se centra en Damián, viudo desde hace dos meses, y en Diego, quien regresa desde el más allá para visitar el departamento que compartía con su marido. Al principio la presencia del difunto no se hará palpable, sobre todo, por la irrupción en escena de dos personajes satélites que aportan ruido a la comunicación extrasensorial: una vecina entrometida y charlatana y el primo de una amiga en plan levante. El destino hará lo suyo y el contacto se hará “visible”.
Cada uno de los intérpretes está impecable en el desempeño de sus roles, sobre todo los protagonistas: Agustín Iannone y nicolás leguizamón. además, cantan muy bien. El diseño escenográfico de Alejandro Vázquez y Sofía Escalante es de buen gusto y generoso; y las luces de Vázquez acompañan a la perfección cada una de las instancias de la ¿comedia romántica? La obra concluye a los 40 minutos, cuando la historia tomaba otro impulso y se vislumbraba un segundo capítulo. Esto delata el origen de la propuesta, que fue concebida para ser presentada en un concurso de obras breves. Lo cual es una lástima, porque deja con ganas de más, de mucho más.
Shöñe,
L. G.
SALA TADRÓN
NICETO VEGA 4802
DOMINGOS A LAS 20
Acertado riesgo el de cambiar a último momento un proyecto para el streaming por la calle. Al aire libre, el público sentado en la vereda, de espaldas a los ruidos de los autos que nunca impedirán que se escuche perfectamente la voz de la actriz. Un vientito suave entre la última luz de la tarde y la primera estrella. Todo un gesto de juntada, comunitario, que se agradece y se disfruta.
Detrás del vidrio, Ana Padilla se exhibe como cuerpo para ser observado. El efecto es atractivo porque la vidriera exige mirada y, a la vez, impone el misterio de lo que no se toca. Una mujer desdoblada, que discute consigo misma cuando no hay testigos: una, intenta el diálogo y se permite dudar; la otra, responde con prejuicios. No hay acuerdo porque la verdad se escurre entre distorsiones y malentendidos. Imposible no leerla en código de dos estereotipos de Argentinas opuestas, la que descree de las ilusiones y la que se permite tenerlas, ambas perplejas ante lo que no se comprende. El nombre de Shöñe aparece entre sueños como una tierra prometida donde el bienestar es palpable, un lugar sin comprobada existencia pero con la realidad de los deseos.
Otra vez dirigida en un unipersonal por Jorge Diez (Nina), Padilla no deja nunca de hablar en casi media hora de obra. Sentada o de pie frente a un espejo, monologa un diálogo esquizofrénico a la vez que investiga las posibilidades escénicas de un espacio no convencional. Con su experiencia y solidez sostiene esta exposición que atraviesa el vidrio hasta los espectadores ¿post? pandemia.
Juegos... ¿Cuál es tu límite?: la crueldad del ser humano
P. G.
POR: ALLARENA.net
Nicolás Cúcaro, Tomás Kirzner y Alan Madanes, en Juegos... ¿cuál es tu límite?
Dirección: Ariel del Mastro. Adaptación, dirección de actores, letras y puesta en escena: Marcelo Caballero. Música, dirección musical y letras: Juan Pablo Shapira. Intérpretes: Agustina Cabo, Nicolás Cúcaro, Tomás Kirzner, Carolina Kopelioff, Alan Madanes, Maia Reficco y Julia Tozzi. Coreografía: Rosario Asencio. Dirección vocal: Katie Viqueira y Juan Pablo Shapira. Asistencia de dirección: Macarena del Mastro. Vestuario: Alejandra Robotti. Escenografía: Vanessa Giraldo. Sonido: Eugenio Mellano Lanfranco. Diseño asociado de iluminación: Gaspar Potocnik y Juan Monserrat. Por Allarena.net.
Nicolás Cúcaro, Tomás Kirzner y Alan Madanes, en Juegos... ¿cuál es tu límite?Dirección: Ariel del Mastro. Adaptación, dirección de actores, letras y puesta en escena: Marcelo Caballero. Música, dirección musical y letras: Juan Pablo Shapira. Intérpretes: Agustina Cabo, Nicolás Cúcaro, Tomás Kirzner, Carolina Kopelioff, Alan Madanes, Maia Reficco y Julia Tozzi. Coreografía: Rosario Asencio. Dirección vocal: Katie Viqueira y Juan Pablo Shapira. Asistencia de dirección: Macarena del Mastro. Vestuario: Alejandra Robotti. Escenografía: Vanessa Giraldo. Sonido: Eugenio Mellano Lanfranco. Diseño asociado de iluminación: Gaspar Potocnik y Juan Monserrat. Por Allarena.net.
En 1976, el año en que Roma Mahieu estrenó su primera obra: Juegos a la hora de la siesta, recibió los premios Molière y Talía. Fue un suceso de público, pero cuando los militares se dieron cuenta de su significado, la prohibieron a principios de 1978 por "su contenido manifiesto de postulados disociantes y la descripción de técnicas propias de la subversión". Cosas de aquellos siete largos años. La obra muestra a un grupo de ocho chicos en una tarde de juegos. Esa idea sirve para reflejar, a través de la violencia infantil, la opresión sádica y salvaje de la sociedad, desde una visión piramidal, y de los mismos individuos, como comunidad. No es una simple mirada sobre el mundo de los niños, sino que ellos son utilizados como un reflejo de los adultos. Es decir, el sadismo de los mayores queda plasmado a través de las distintas aristas de la brutalidad infantil.
Lo que hacen estos chicos es imitar los comportamientos más salvajes y mezquinos de los grandes. Hay un tirano déspota, amado y temido, algunos "diferentes", el que tiene condición de esbirro, y algún inocente peligroso. Ellos compiten por un status y el miedo es el protagonista principal de estos "juegos". La muerte ronda también, pero el temor que la rodea no es más que miedo a la vida. Es una parábola de la crueldad, expuesta en forma cruda
Juegos... es una versión musical de la obra de Mahieu, inteligente mirada de los talentosos Marcelo Caballero y Juan Pablo Shapira que supieron condensar lo necesario como para cederle terreno a la música y lo visual. Porque esta no es una obra presencial, sino un streaming a ocho cámaras. De los mejores que se han hecho sobre una obra de teatro. Ariel del Mastro tiene el mérito, con su mirada abarcativa y exquisita, en un espacio amplio, despojado pero muy bien aprovechado. Es una propuesta inquietante, con coreografías funcionales, dinamismo y una tarea interpretativa que resalta los ribetes más absolutos del teatro de la crueldad. El elenco de jóvenes talentos es compacto y sobresaliente, pero corresponde resaltar los trabajos de Agustina Cabo, Nicolás Cúcaro, Tomás Kirzner y Julia Tozzi. En la actuación se hace la diferencia.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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