Un ataque que, con el nombre de Messi, buscó amplificar el terror en Rosario
Germán de los Santos
Las balas no solo buscaron sembrar terror, sino que además el nombre de Lionel Messi en un mensaje mafioso apelaba, otra vez, a generar una fuerte conmoción. Esta vez, de alcance mundial. El crimen organizado en Rosario busca desde hace tiempo arrinconar al poder político con “ataques terroristas”, como fue catalogado este ataque por funcionarios municipales y provinciales.
El único objetivo del atentado contra el supermercado Único, cuyo dueño es José Roccuzzo, suegro del capitán de la selección campeona del mundo en Qatar, fue provocar un hecho de conmoción ya no a nivel local, sino internacional. Y lo consiguieron de manera muy fácil: dos hombres en moto pasaron por Lavalle y Ocampo, donde se encuentra la sede de la cadena Único, y dispararon 14 tiros contra las ventanas del local.
Las persianas quedaron perforadas, y las ventanas, rotas. Por ahora no hay pistas sobre quiénes pudieron tramar este atentado. Lo que muestra la naturalización de la violencia que golpea a Rosario es que unas horas después el local abrió sus puertas, con una custodia reforzada. Se cambiaron los vidrios de las ventanas rotas por los balazos, y todo siguió igual. O, al menos, así pareció.
La zona donde se encuentra el supermercado está afectada desde hace tiempo por hechos de extrema violencia. Los barrios Triángulo Moderno y villa Banana son ejes de ataques entre grupos criminales desde hace meses.
Ese problema reciente se trató en las últimas reuniones con el ministro de Seguridad santafesino, el excomandante Claudio Brilloni. Se trata de una zona donde hay patrullajes de efectivos de la Gendarmería Nacional, sobre todo en la avenida 27 de Febrero. La eventual presencia de uniformados de la fuerza de seguridad federal –que fueron enviados a esta ciudad, en teoría, para reforzar la prevención– no disuadió a los audaces gatilleros. El ataque contra el local de Roccuzzo se produjo igual.
Ante este inquietante escenario, la primera lectura que hizo el intendente Pablo Javkin fue dudar. De todos. Habló de “complicidad”. Esa es la palabra que gira, por ahora sin un rumbo definido, sobre el ataque a balazos contra el supermercado Único. Luego, afirmó que “hubo una zona liberada”. No dio nombres, no hizo atribuciones. Y su grave acusación no encontró respuestas. Todo sigue igual.
La hipótesis de que hubo complicidad para llevar adelante un atentado que tiene –según interpretan las autoridades provinciales– características de un “ataque narcoterrorista”, por la conmoción que generó. Quien planteó la teoría es el intendente de Rosario, ciudad jaqueada por el crimen organizado. Javkin fue directamente aludido en el mensaje mafioso que los tiradores dejaron frente al Único. Él y el capitán de la selección, que en esta ciudad tiene su origen y su reducto, y cuya familia, al igual que la de su esposa, tiene múltiples negocios.
El intendente puso la mirada sobre “los que tienen que cuidarnos”. La sospecha de Javkin es sobre la policía y las fuerzas de seguridad federales, que tenían asignada esa zona para patrullar. “En el video del ataque se ve claramente la tranquilidad con la que actuaron. Es muy sospechoso”, plantean en el municipio de Rosario. “Dudo de todo”, afirmó Javkin en la puerta del local baleado.
La zona donde se encuentra ubicado el depósito central de la cadena de supermercados Único, del padre de Antonella Roccuzzo, viene siendo blanco de hechos de violencia extrema. En varias reuniones que se sucedieron durante las últimas horas, antes de este ataque conmocionante y de impacto global, se abordó la necesidad de incrementar los patrullajes en ese sector, atravesado por peleas internas entre las bandas narcos, sobre todo en el Triángulo.
La mención de Messi en el mensaje mafioso buscó generar un impacto más allá del radio de los enfrentamientos entre los grupos narcocriminales.
No es un fenómeno nuevo en Rosario, aunque es la primera vez que aparece involucrado como víctima el capitán de la selección. Anteriormente, los medios de comunicación y los periodistas fueron el blanco de amenazas que buscaron provocar una conmoción inédita en el país.
Se produjeron tres atentados a balazos contra Televisión Litoral y, en octubre pasado, se colgó un cartel en la puerta de un canal donde se anticipaba: “Vamos a matar periodistas”.
Rosario es una ciudad agujereada por las balas del crimen organizado. Nada quedó indemne del poder e influjo del narcotráfico. Fueron baleadas residencias de magistrados, edificios públicos de la Justicia provincial y federal, cárceles, comisarías y sedes municipales. Pero, sobre todo, murieron 288 personas el año pasado como consecuencia de esta lucha desenfrenada, fuera de control, entre los grupos criminales.
En 2022 se registró el récord de homicidios desde que se tiene registro. Y este año el número de víctimas ya superó los 56 asesinatos. La gran mayoría, por venganzas y ajustes de cuentas. El sicariato está a la orden del día, y prácticamente no hay hora en la que no se produzca la detonación de un disparo.
Las dudas que plantea el intendente Javkin tienen que ver con un escenario palpable en cada investigación judicial, en la que la policía aparece ya no como socia de los grupos criminales, sino en un escalafón menor, como empleados. Policías a sueldo del crimen organizado.
Ayer fueron detenidos un joven de 23 años y su madre, policía. El primero era sicario y su mamá le pasaba información de la comisaría 12ª, donde trabajaba, para eliminar a sus víctimas. La corrupción generalizada hizo supurar esta búsqueda de conmoción permanente que logra romper los límites imaginables en la Argentina.
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