martes, 14 de marzo de 2023

VAMOS AL TEATRO

Pepe con Pepe
Timbre 4, México 3554.
Sábados, a las 22; y domingos, a las 20. Entradas, por Alternativa Teatral.

Pepe Cibrián Campoy. “El teatro comercial y la calle Corrientes, como símbolo teatral, van a desaparecer”
Lejos de la grandilocuencia de Drácula, el creador volvió a sus orígenes, en el off, con un unipersonal autorreferencial en Timbre 4
Texto Gustavo Lladós | Foto Diego Spivacow “Quiero que me recuerden como una muy buena persona”, confiesa Cibrián
Lejos de los musicales a gran escala, por los que siempre fue reconocido, Pepe Cibrián Campoy se decidió por el teatro minimalista: protagoniza un unipersonal en el que sólo está acompañado por un músico (Daniel Pragier) y que prácticamente no cuenta con escenografía.
No es la primera vez que el actor, autor y director experimentará algo así: ya lo había hecho en Marica, aquel alegato a favor de la diversidad nacido en torno a la figura de Federico García Lorca. Pero en Pepe con Pepe –tal el título del espectáculo que estrenó ayer en Timbre 4– irá por más: “Será mi trabajo más íntimo, en el que desnudaré mi alma y contaré todo lo que nunca había dicho sobre mi vida y las generaciones de actores de mi familia que me precedieron. Será un regreso a mis raíces, al teatro off, a los sótanos donde empecé mi carrera y trabajé durante 20 años”, adelantó el co-creador de Drácula, el musical.
–¿Es una suerte de auto homenaje?
–Sí, es un homenaje a mi historia, a la de mis padres, a la de mis siete generaciones de actores, a mi gente, al teatro. Se me ocurrió porque en breve cumpliré 75 años y me parecía que ya era hora de hacerlo. Y hoy creo que es lo mejor que pude haber decidido. Me resulta muy conmovedor contar vivencias y anécdotas mías y de mis padres de las que la gente no tiene la más remota idea, y que hablan de luchas, de guerras, de matrimonios y de cuestiones muy privadas (pero que no podrían ofender la memoria de nadie, sino no las comentaría). A esta altura me divierte jugar con todos estos recuerdos en vez de aprenderme tanta letra. Aquí hasta interactuaré con la gente y cantaré siete temas que están relacionados con mi historia. Por ejemplo, cuando hable de mi padre y cuente que luchó durante la Guerra Civil Española (participó a los 19 años en la batalla del Ebro), fue antifranquista y debió exiliarse con su familia a México, entonaré “El sueño imposible” del musical El hombre de La Mancha, porque él siempre tuvo sueños imposibles.
–¿Qué recuerdos tenés de tus comienzos en “los sótanos”?
–De esa época tengo un recuerdo que hoy me parece muy gracioso. Un día estaban comiendo en un restaurante mis padres y Carlos A. Petit [importantísimo empresario teatral de la escena comercial de aquel entonces] y, de golpe, llego a ese lugar enojadísimo, luego de haber hecho una función para sólo cuatro personas. Empecé a decir: “Este es un país de mierda, me voy a ir, no puedo más, estoy cansado de fracasar”. Petit me paró en seco y me contestó: “No, Pepe, vos nunca fracasaste; porque para fracasar primero hay que tener éxito”. Sus palabras me quedaron grabadas para toda la vida y me enseñaron a ser humilde y a volver a empezar, una y mil veces.
–Una muy buena frase...
–Es que esto no todo el mundo lo comprende. Por eso, cuando ahora veo a estos chicos de Gran Hermano… Todos buscan el éxito repentino, pero éste luego se va. Pobrecitos, los suben a un pedestal, les hacen miles de notas y luego, cuando se termina el programa, se caen desde la estratosfera. En cambio, si a mí o a Norma Aleandro de golpe nos va mal –que hemos subido como 48 escalones en la profesión caemos sólo un poquito, no nos caemos hacia la nada. Siempre nos queda algún recurso para seguir sobreviviendo: podemos salir de gira, hacer un unipersonal... A estos chicos, en cambio, no les queda nada. No empezaron y ya terminan.
–¿Qué les aconsejarías a los jóvenes que pretenden el éxito de la noche a la mañana?
–Les contaría mi historia, la de un brillante. Yo siento que soy un brillante, pero nunca me olvido que para serlo primero fui un carbón. No hay brillantes sin carbones. El problema de hoy es que todos los chicos quieren ser brillantes, se olvidan que al carbón primero hay que romperlo, luego tallarlo y recién mucho después, si tenés talento y te acompaña la suerte, terminarás convertido en un diamante. No veo muchos jóvenes en el mainstream dispuestos a aprender esta lección. De todos modos existen otros jóvenes que se rompen el alma, son los que están en los teatros alternativos, que es hacia donde va ir todo el teatro.
–¿Qué querés decir con eso?
–Que la calle Corrientes como símbolo teatral va a desaparecer. Porque hoy en día ya no se pueden sostener los costos de una temporada teatral completa, con los gastos de sueldos y publicidad requeridos. Hoy se acepta como un éxito una obra que reúne 2.500 espectadores; antes, hace diez o veinte años, si hacías esa cifra te echaban a patadas. Ahora un fracaso es recién un promedio semanal de 400 personas. Con este cambio de parámetros el teatro comercial va hacia la muerte. Por el momento las salas se sostienen con auspicios de determinadas empresas. Mientras tanto hay un auge tremendo de teatro alternativo. Por eso hago Pepe con Pepe en Timbre 4, un lugar que me enloquece, y porque respeto muchísimo a su dueño, Claudio Tolcachir, al que además me une una hermosísima amistad. Timbre 4 es un galpón, un declive de sillas y nada más; cuando yo era joven era impensable que una figura trabajara en un lugar así. Sin embargo, hoy para mí este lugar es pura magia. Yo haría todo acá: hasta Drácula, el musical montaría acá.
–A propósito, ¿cómo juzgás el desarrollo del género musical en la Argentina, desde la irrupción de Drácula, en 1991, hasta hoy?
–Han proliferado muchos musicales en el off, en el circuito alternativo, pero en el ámbito comercial lamentablemente a los autores jóvenes no se les da espacio. Se traen obras de afuera, que son copias de copias de copias, que para mí no tienen ningún valor (salvo el de darle trabajo a la gente, que no lo niego y respeto). Pero ninguna tiene creatividad, los repositores obligan a los actores a ubicar las manos de las mismas maneras que en las puestas de Nueva York, Japón y Australia. Un horror.
–Dado que Pepe con Pepe también será un tributo a tus padres, contanos un poco la historia “no oficial” de ellos...
–Mi papá venía de una familia de actores muy ricos y mi mamá, de una de actores muy pobres. En la España de comienzos del siglo pasado había distintas calidades de actores, como sectas. Estaban los de clase A, a la que pertenecía mi padre, que eran los únicos que podían estrenar en Madrid (además de trabajar en grandes capitales de provincias). Después estaban los de clase B, que sólo podían estrenar en capitales de provincias. Y por último existían los de clase C, que eran los actores de la legua, a los que pertenecía mi madre, y que hacían lo que podían, pobres.
–¿Cómo era la vida para ellos?
–Mi madre, por ejemplo, dormía en una valija inclinada con una madera para no ahogarse. Nunca en su vida fue al colegio, porque sus padres iban actuando de pueblo en pueblo. Mamá tuvo que empezar a trabajar a los 4 años para comer, a los 12 murió su madre, que era actriz, por una infección en la rodilla. Eran tiempos de guerra, no había penicilina y debieron enterrar a mi abuela en una fosa común. Al principio quedó al cuidado de su padre, que era apuntador, luego pasó a mantener ella a la familia y, a los 16, ya era una estrella. Mi padre, que era 10 años mayor que mi mamá, había tenido una infancia rica pero solitaria, por haber quedado pupilo en un colegio. Luego él quiso ser actor, pero su padre lo obligó a estudiar para recibirse de ingeniero en puentes y caminos, hasta que a los 19 se cansó, lo mandó a la mierda y se empezó a dedicar al teatro. En definitiva, mamá y papá provenían de dos mundos muy distintos. Pero luego coincidieron en México, donde él y su familia se habían exiliado y donde ella, a los 21, fue a filmar una película con Tita Merello. Papá era un galán y como tal llegó a filmar con María Félix. Y mamá tenía un contrato para ir a filmar a Hollywood, pero lo rompió para quedarse con él. Así se unieron en la vida y conformaron, hasta la muerte, una pareja hermosa.
–¿Qué heredaste de cada uno?
–De ambos la capacidad de lucha. De papá heredé específicamente su ética profesional, que era muy especial. Él era un aristócrata del teatro, una persona muy rigurosa que siempre apuntaba a lo mejor. Y de mi madre heredé el delirio. Ojo, ella, a su manera, también era muy rigurosa: le impedía a sus elencos que se sentaran en el piso con el vestuario del espectáculo. Sostenía que la ropa sólo se podía arrugar durante las funciones, no entre patas, en algún descanso. Y tenía razón: no se me ocurre que un cirujano utilice su bisturí para cortar un bife de chorizo. A los elementos de trabajo, y más en el teatro, se los debe respetar y cuidar.
–¿Y qué creés que heredan de vos tus alumnos y los actores de tus obras?
–A los largo de las 57 obras que he estrenado no creo haber generado figuras; creo, en cambio, haber forjado actores a los que les he enseñado la leyenda del teatro: el saludar al boletero, al sonidista, al maquinista, a llegar temprano al teatro y con la letra aprendida. Ese ha sido y seguirá siendo mi legado para todos.
–¿Pepe con Pepe incluirá un segmento dedicado a tu vida amorosa?
–Sí, claro, como hablaré de todos los temas de mi vida. Además no tengo nada que ocultar. He amado a gente maravillosa a lo largo de mi vida. Y esa gente también me ha amado mucho a mí. Hoy estoy muy feliz con Nahuel, hemos pasado por turbulencias pero finalmente nos hemos reencontrado y ahora estamos intentando modificar todo lo que podría ocasionar un malestar entre ambos. Sé que hay una gran diferencia de edad, pero a él no le importa y a mí tampoco. Soy de los que piensan que uno tiene la edad del amor del momento. O sea que hoy yo soy re joven y él, pobrecito, re grande.
–¿Es verdad que él participa en la producción del espectáculo?
–Sí. Está estudiando Nutrición, pero en el mientras tanto, y como le encanta el teatro, colabora en la producción de Pepe con Pepe. Es una persona muy inquieta y con muchos intereses. Además se ocupa mucho de sus hijos, que son maravillosos. Tienen siete años y son mellizos.
–Después del exitosísimo regreso de Drácula, el musical, ¿volverán a reflotar algún otro musical con Ángel Mahler?
–Sí, pero no con Ángel necesariamente como productor, como ha pasado con el regreso de Drácula. Quiero hacer Calígula, que esta temporada cumple 40 años. Lo he hablado con él y está todo bien. Ahora estoy ocupándome de la pre producción con el productor de Pepe con Pepe, Daniel Macón, que es un santo. Aún no sé dónde, pero a Calígula lo voy a hacer en julio por mi cuenta. También me gustaría festejar los 30 años de El jorobado de París.
–Alguna vez se habló de una segunda parte de Drácula. ¿Qué hubo o hay de cierto?
–Lo he pensado y lo sigo pensando. Tengo el principio, el problema es que no sé cómo seguirlo. La protagonista de esta segunda parte sería Mina, transcurriría 20 años después y el resto de los personajes estarían todos muertos. Hay un axioma que asegura que las segundas partes nunca han sido buenas, pero, quién dice…
–¿Después de Pepe con Pepe, qué?
–Tengo escritas dos obras. Una es una comedia, que se llama Papá Noel no es mamá, una historia con una mujer y cuatro hombres grandes. Y la otra es un musical titulado Sauna, que transcurre en un sauna gay e intenta mostrar los conflictos típicos de los clientes que acuden a un sauna de este tipo: así aparecen los casados, los tapados, los solteros, las parejas que buscan un tercero.
–¿Cómo quisieras ser recordado?
–Como una muy buena persona y como un hombre muy comprometido con su tiempo y sus ideales. Como alguien que no sólo luchó muchísimo por su profesión sino también por el avance de la sociedad. Me gustaría ser recordado como un hombre que peleó como lo hizo mi padre en la guerra del Ebro.ß

Pepe con Pepe
Timbre 4, México 3554.
Sábados, a las 22; y domingos, a las 20. Entradas, por Alternativa Teatral.

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