domingo, 14 de mayo de 2023

DEPORTISTAS + 70


Competir después de los 70
Deporte sin límite... de edad
Matías Avramow | Foto Martín LucesoleA puro remo De izq. a der.: Marité Weyland (72), Ana María Sylvestre (70) y Elizabeth Mickiewicz (81) se preparan para su recorrida habitual por el Delta, el último jueves a la mañana
Entrenan casi a diario, se cuidan con la alimentación y participan de carreras y torneos: ciclistas, remeros, tenistas y maratonistas dispuestos a derribar prejuicios
DEPORTISTAS +70
Desafían el cuerpo y se animan a un entrenamiento exigente
Lejos de rutinas sedentarias, apuestan a una vejez activa y, con asesoramiento y recaudos, participan de competencias que otorgan un nuevo sentido a esta etapa de sus vidas
Ana María Sylvestre tiene 70 años y sale a remar al menos tres veces por semana, 14 kilómetros. A veces, cuando hace travesías con sus compañeros del Buenos Aires Rowing Club, puede perderse durante todo el día entre las islas del Delta del Paraná, en Tigre. Se declara “fanática del río”: desde muy chica, dice, tiene un vínculo especial con ese lugar. Sin embargo, fue mucho tiempo después –y por casualidad– que encontró en el remo una forma de conexión con ese espacio. “Un día me invitaron a remar y nunca más me fui –recuerda–. Fue en 2013, tenía 61 años cuando empecé”.
Para Ana María, el río tiene un magnetismo: el contacto con la naturaleza, la lejanía de la ciudad. “Todo eso es hermoso, pero lo que me ató al deporte fueron las competencias. A eso llegué unos años después”, asegura.
Su primera regata –carrera náutica– fue determinante. Aunque solo dirigió el bote, desde que entró al agua entendió que la tranquilidad de sus primeras experiencias había quedado atrás. “Todos se peleaban y se pasaban por encima. ¡Parecía la calle! Aun con eso, quedé fascinada”, reconoce Ana María, que hoy es delegada de la Comisión Interclub de Remo de Travesía del Buenos Aires Rowing Club y se dedica a organizar estas carreras.
Junto con Elizabeth Mickiewicz (81) y Marité Weyland (72) compiten en regatas de más de 20 kilómetros. “Incluso, el hermano de otra compañera, que tiene 88, se une a las competencias –explica Ana María–. Es un desafío físico para nosotras, la competencia nos lleva a mejorar y a estar en forma”.
Como ella, cada vez son más los deportistas +70 que entrenan más allá del “hobby” o del ejercicio “light” recomendado por los profesionales para esa franja etaria. Competir, para Silvia y muchos otros adultos mayores, es un estímulo que permite estar en forma con un entrenamiento exigente y, a la vez, tener siempre un objetivo en el horizonte.
El psiquiatra y escritor Pacho O’donnell, firme defensor de la “vejez activa”, ve una clara ventaja en practicar deportes pasando los70. “Si bien creo que con la competencia hay que ser cautelosos, por la carga que puede representar a cierta edad, me parece que hay virtudes allí, como ser consecuentes a la hora de entrenar. Todo lo que te pide cierto nivel, invita a retomar la atención en el cuerpo”, opina en conversación con la nacion. Para él, la idea de que durante la vejez el cuerpo abandona a la persona es falsa. “Todo lo contrario, somos nosotros quienes abandonamos al cuerpo, lo dejamos estar. No solo es la sociedad la que nos lo impone. Nosotros mismos nos hacemos cargo de nuestro viejismo”, reflexiona.
Javier Furman, kinesiólogo experto en deporte, asegura que “ser sedentario es la muerte misma”, y dice que el ejercicio prolonga la vida. “Con los recaudos pertinentes, no hay forma de que hacer deporte nos haga daño aunque tengamos 80. De hecho es 100% necesario”, añade.
“A mí me parece que tanto el Club como la naturaleza son dos razones hermosas para realizar esta actividad. Pero además, en la competencia se forja una camaradería valiosísima –plantea Ana María–. Nos ayudamos, nos gritamos, hacemos terapia; todo encima del agua. Sin duda te tiene que gustar competir, pero lo más importante de todo es el compañerismo”.
Carlos Reybaud, de 74 años, lleva al menos 10 años amenazando con dejar la bicicleta… sin éxito. Todavía recuerda cuando tenía 12. Se escapaba de la casa con sus amigos y se juntaban a ver las carreras en su barrio. “Así se formaban los competidores antes, y así empecé yo”, explica desde su hogar en Villa Ballester, en el partido de San Martín, que parece casi un depósito de medallas.
Carlos no recuerda cuántas competencias de ciclismo de pista corrió, aunque destaca el momento en el que fue a los juegos Olímpicos de 1972, además de 2 juegos Panamericanos y 3 Mundiales. “Tuve primeros y segundos lugares, terceros no tantos, pero casi siempre me subí al podio”, añade.
Dos de esos títulos los obtuvo después de los 60 años, y hoy sigue compitiendo en la categoría Máster E (75+). “Entreno día por medio y hago entre 60 y 70 kilómetros –describe–. Me subo a la bicicleta y me siento como de 20 años: se forma un pelotón de jóvenes y me pego a ellos. Uno se acuerda de su edad al día siguiente. Antes hacía un entrenamiento de 200 kilómetros y capaz al día siguiente salía de vuelta. Hoy hago eso y tengo que internarme una semana en terapia intensiva”, bromea. En este sentido, Carlos dice que es fundamental escuchar al cuerpo. Si antes salía todo el tiempo porque “no le importaba nada”, este año las olas de calor le impusieron un límite claro: “No me animé, tampoco quiero arriesgarme”, dice.
A la hora de las recomendaciones, sostiene que la alimentación es un punto clave y que él no aconsejaría que alguien que nunca tuvo una vida deportiva comience a realizar una actividad fuerte pasados los 60


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