Dilemas de hoy. ¿Hasta qué edad deberíamos darle dinero a nuestros hijos?
Es esperable que los padres ayuden a los hijos a construir su autonomía financiera aunque no tengan problemas económicos
La independencia financiera es un proceso que puede generar conflictos familiares si no se aborda de manera adecuada; la importancia de establecer plazos claros y de ayudar a los jóvenes a ganar confianza
Mariana Israel
Los épocas cambian y nuestras preocupaciones también. En esta serie, LA NACION acerca la opinión de expertos reconocidos en sus áreas de trabajo para sumar sus aportes a viejos y nuevos dilemas. La idea es contribuir a debates actuales con la perspectiva de prestigiosos profesionales que ayudan a ordenar ideas en tiempos convulsionados.
El vínculo entre padres e hijos es explorado desde múltiples enfoques, pero hay algunas problemáticas poco abordadas pese a su enorme peso en la vida cotidiana. El manejo del dinero es un claro ejemplo de aquellos temas que merecen más atención y de los que no es fácil hablar.
¿Hasta qué edad debemos ayudar económicamente a nuestros hijos? ¿Cómo plantear este tema en casa? ¿Y si no hay acuerdo de pareja para poner límites? Un especialista en niñez y adolescencia reflexiona sobre estos interrogantes y comparte algunas pautas para que el proceso de independencia financiera transcurra con la mayor armonía posible.

RICARDO RODULFO
Doctor en Psicología y psicoanalista especializado en niñez y adolescencia
Director del Programa en Especialización de la Niñez en la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a su esposa, Marisa Rodulfo
Extitular de Cátedra de Clínica de Niños y Adolescentes de la carrera de Psicología de la UBA
Exdirector de la Fundación Estudios Clínicos en Psicoanálisis
Autor 14 libros, entre ellos Padres e hijos en tiempos de la retirada de las oposiciones
Diploma Konex (2016) y premio UBA a la trayectoria (2017)
–¿En qué instancia de la vida de nuestros hijos es conveniente dejar de darles dinero?
–Recibir dinero siempre dificultaría crecer. Una de las cosas que se ve en muchos chicos que tienen el proyecto de trabajar es la motivación de tener un poco de plata de ellos, ganada por ellos. Los hace sentir bien, más grandes, más independientes. Esos chicos buscan eso. Otros no. Son mucho más dependientes o pasivos.
Otros adolescentes están afectados por una sensación de que nada vale la pena. No vale la pena estudiar, trabajar, hacer esfuerzos para nada. Estos chicos con sensaciones de vacío, difícilmente tengan motivación para trabajar.
La edad depende mucho del chico y de cómo está. Si termina el secundario y estudia una carrera universitaria que le lleva mucho tiempo y que es difícil, como Ingeniería, Medicina o Ciencias Exactas, no queda mucho tiempo para trabajar. Darle plata a ese hijo para sus cosas está bien porque se lo está ganando estudiando y además tiene proyectos para su vida. Si son chicos que no hacen nada, los “ni-ni” que ni estudian, ni trabajan, hay que cortar el chorro.
A veces hay que darles tiempo, es una época de mucha desorientación. Los chicos terminan el secundario, no saben lo que quieren hacer, les parece que nada les gusta o que todo les gusta, pero no se deciden por nada, ni sienten vocación. En esos casos, necesitan acompañamiento familiar, a veces una psicoterapia que los ayude, y tiempo para ordenar la cabeza.
–¿Existen pautas para que sea un momento armónico?
–Uno le puede decir a un hijo: “Tenés que empezar a ganar tu propia plata. Te voy a dar un año más, pero dentro de un año, tenés que poder ganar tu plata para vos, para salir o para comprarte algo”. Darles plazo los ayuda. También hay que decirles que no vamos a estar toda la vida para mantenerlos, tienen que hacer su camino. No les podemos exigir que se mantengan solos, porque eso es imposible. En esta época tan difícil no hay que dejarlos solos. Hay que ayudarlos con el criterio de que lo hacemos para que crezcan, no para que no hagan nada. “Te ayudo, si vos te ayudás”, sería el mensaje.
Si un chico se va a vivir solo porque los padres le regalan un departamento, pero no puede pagarse las expensas, le están regalando que él se crea que es independiente cuando en realidad lo mantienen de pies a cabeza. Eso es negativo. El joven se tiene que ganar la independencia. La independencia no se puede regalar, la tiene que conseguir él.
No les podemos exigir que se mantengan solos. Hay que ayudarlos con el criterio de que lo hacemos para que crezcan, no para que no hagan nada."
–¿En qué tipo de familias puede convertirse en un momento conflictivo?
–Hay familias que son muy intolerantes, de todo le echan la culpa a los hijos. Tiran mucha culpa, los hacen sentir culpables. Eso no ayuda en nada. En esos casos, el chico siente mucha presión y poca ayuda.
Los procesos de independencia no son mágicos. A veces llevan unos cuantos años. Entre los 20 y los 25 años van logrando adquirir una autonomía importante. Hay que ponerse en el lugar de ellos y que los padres recuerden cuánto les costó abrirse paso.
Los procesos de independencia no son mágicos. A veces llevan unos cuantos años. Entre los 20 y los 25 años van logrando adquirir una autonomía importante."
–¿Qué impacto tiene en la autonomía de los jóvenes que se independicen económicamente?
–Un impacto muy grande en la autonomía y en la confianza. El chico empieza a sentirse potente, capaz. Si su familia tiene problemas, tiene la satisfacción de sentirse útil. El impacto tan grande que puede sacar a un chico de la depresión. Cuando hay crisis como en la Argentina, hay mucha depresión en adultos y en jóvenes, porque la falta de confianza en uno mismo produce finalmente falta de confianza, abatimiento… En cambio, no es positivo regalarle cosas al joven que no se las haya ganado. Eso no le da confianza, lo hace más dependiente de los padres. Limosnas abiertas o disfrazadas no son buenas. No aportan al sentimiento de autonomía ni a la confianza en uno mismo.
–¿Qué características tiene este proceso de independencia en un contexto de crisis económica?
Es difícil, los primeros desocupados son los chicos y son los peor pagos. Sueldos muy poco atractivos. No son tontos. “¿Para ganar esto tengo que trabajar?”, se preguntan. Empiezan a sentir que los adultos los explotan. Entonces pueden caer en algo peligroso como buscar plata fácil, pero porque sienten que no hay buena recompensa y encima es difícil conseguir trabajo.
Para la gente joven no está nada fácil la situación. Antes, si uno era doctor en algo tenía la vida asegurada. Ahora no es así. Hay personas que se matan estudiando Medicina y es una carrera muy mal paga. La situación económica los desalienta, les quita esperanzas...o, para conservar las esperanzas, en cuanto pueden muchos jóvenes se van. No hay muchos planes para ayudar a los jóvenes a conseguir trabajo.
Hay que tratar a ayudarlos para que no se desmoralicen. Uno encuentra jóvenes que con todo en contra se las arreglan para que les vaya bien y tener el mejor trabajo posible.
Para la gente joven no está nada fácil la situación. Antes, si uno era doctor en algo tenía la vida asegurada. Ahora no es así."
Perder la confianza en ellos mismos es una de las cosas más destructivas para los jóvenes. “Yo nunca voy a poder ganar como mi papá” o “nunca voy a darle a mis hijos lo que mi papá me dio a mí”, son ideas que aparecen. Cuando en realidad puede irles tan bien o mejor que a su padre. Devolverle la confianza al joven es fundamental.
–¿Cuán frecuente es que sean los propios hijos los que deciden dejar de recibir dinero de los padres? ¿Qué tipo de personalidad suelen tener esos chicos?
–Son chicos que quieren ser grandes, crecer. Como me decía un paciente: “Yo sé que a mi papá no le molesta darme plata. Pero me molesta a mí tener que pedirle”. Tenía casi 20 años. Él se sentía culpable, aunque su padre no lo hacía sentir así. Hay chicos que valoran mucho su independencia y son conscientes de que si el padre los mantiene al 100 por ciento, muchas veces va a pasarles factura. “Como te mantengo, opino sobre lo que tenés que hacer”, sería el mensaje. Entonces el joven opta por ganar menos, valora más su propia independencia.
–Durante los años en los que les damos dinero, ¿es aconsejable hacerlo en forma diaria o mensual?
–Según cada caso. Hay algunos chicos que son muy desordenados, entonces podemos darles una “cuota” todas las semanas porque a veces sucede que si reciben demasiado de golpe, lo gastan enseguida.
–¿Cómo los podemos ayudar a administrar la plata?
–Interviniendo, a veces. Hay chicos que enseguida hacen planes de compras y no les da… Ahí hay que preguntarles qué se quieren comprar, asignarles un presupuesto, proponerles ahorrar para comprar algo. Que el padre no se ponga en la postura “yo puedo y te compro todo”. Hay que ayudarlos a entender el valor de las cosas. Hay que hablar mucho con ellos de estas cosas, y usar el humor en lugar de enojarse.
Hay que ayudarlos a entender el valor de las cosas. Hay que hablar mucho con ellos de estas cosas, y usar el humor en lugar de enojarse."
–¿Qué efectos puede tener que no haya acuerdo entre los padres y que, incluso, uno de los dos siga dándoles dinero “a escondidas”?
–Sucede muchas veces que los padres no están de acuerdo, a veces porque están separados. Pero también a veces viven juntos y uno malcría al hijo desautorizando al otro que vendría a ser la figura del malo. Esto llena de confusión a los chicos, les genera culpa… los padres tienen que ponerse de acuerdo, consensuar y no moverse de ahí.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.