domingo, 7 de mayo de 2023

MICHAEL DOUGLAS....SU DESTINO


Michael Douglas. El villano que inspiró a muchos a buscar su propio destino
En 1987, el actor ganó el Oscar por Wall Street gracias a su personificación de Gordon Gekko que, a partir de ese momento, se convirtió en símbolo de quienes sueñan con ganar dinero y hacer negocios en el mundo de las finanzas
Marcelo StiletanoMichael Douglas como Gordon Gekko, en Wall Street
“Todo es cuestión de dinero. El resto es conversación”, dice una de las muchas frases memorables que Michael Douglas pone en boca de Gordon Gekko en Wall Street (1987). Hoy nos separan 36 años del estreno de una película que retrató como pocas desde la mirada de Hollywood el frenético mundo del capital financiero y de los negocios multimillonarios que pueden hacerse y deshacerse por completo en cuestión de segundos.
Del ficticio Gekko volverá a hablarse mucho en un par de semanas, cuando Douglas reciba en el Festival de Cannes la Palma de Oro a la trayectoria que acaba de anunciarse. Dentro de este reconocimiento a una carrera extraordinaria en el cine, la mención al personaje protagónico de Wall Street ocupa uno de los lugares más relevantes.
Miembro de una de las grandes familias de Hollywood, Douglas había llegado a ese momento acumulando una serie de apariciones notables como actor (Coma, Síndrome de China, A Chorus Line) junto a un par de éxitos notables de taquilla (La joya del Nilo, Tras la esmeralda perdida) que lo convirtieron definitivamente en estrella.
Douglas asumió todo ese peso con la naturalidad de quien se imagina dueño de ese lugar desde que tiene uso de razón. El haber crecido junto a un prócer inmenso del Hollywood clásico (su ilustre padre Kirk Douglas) lo llevó a conocer desde chico todos los rincones de ese mundo. Junto a él aprendió a estar siempre en el lugar adecuado y en el momento oportuno. No cualquiera puede decir que aprendió a actuar al mismo tiempo que a producir películas. Su primer Oscar le llegó en 1976 por su trabajo detrás de las cámaras en Atrapado sin salida.
Una década después la Academia de Hollywood volvió a premiarlo, esta vez con el Oscar al mejor actor protagónico, gracias al personaje más comentado, recordado y admirado de toda su historia en el cine. “Me ha sorprendido la cantidad de tipos que me miran a los ojos y me dicen: ‘Sí, hombre, fui a la escuela de negocios gracias a esa actuación’”, dijo Douglas hace algún tiempo.
Wall Street se estrenó en los cines argentinos el 24 de marzo de 1988 con su título original. Ahora está disponible en la plataforma de streaming Star+ con el curioso título de El poder y la avaricia, que solo se utilizó en México.
¿Quién es Gordon Gekko? El hiperquinético experto en operaciones financieras que a través de juegos especulativos con acciones e inversiones mueve millones de dólares a la velocidad del rayo. En Wall Street lo vemos todo el tiempo vestido con trajes caros, corbatas al tono y tiradores, levantando y hundiendo títulos o empresas enteras guiado por un lema que hasta hoy identifica por completa a la película y al personaje: “Greed is good” (“La codicia es buena”). La frase tiene todo un contexto, recitado a lo largo de un extraordinario monólogo. Hasta hoy es imposible imaginar a otra figura en ese lugar. Douglas tiene una de las voces más bellas, elocuentes y expresivas de todo el mundo Hollywood. La declamación perfecta, el magnetismo de su presencia, el manejo exacto del movimiento corporal y un brillo en los ojos que solo los grandes actores saben cómo mostrar completan el cuadro.
“La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena. La codicia es correcta. La codicia funciona, aclara, se abre camino y capta la esencia del espíritu de la evolución. La codicia por la vida, por el dinero, por el amor y por el conocimiento ha marcado el avance de la humanidad”, dice Douglas en medio de la asamblea de accionistas de una empresa en problemas, a la que Gekko llega presentándose como su “liberador” cuando en realidad lo que hace es poner nuevamente en juego su expertise en el arte de la especulación financiera más tramposa.
Antes de eso, Gekko se las ingenia para vampirizar a Bud Cox, un agente de bolsa muy intuitivo, pero también extremadamente ambicioso e inexperto encarnado por Charlie Sheen. Gekko y Cox se mueven en un mundo que todavía giraba alrededor de terminales de computadora con letras verdes, guías telefónicas impresas con la dirección de sus clientes y aparatos de línea para concretar operaciones bursátiles en tiempo real. Solo los poderosos como Gekko tenían a su alcance los primeros celulares, esos que conocemos como “ladrillos”.
Poco y nada cambió en esencia dentro de ese universo más allá de los cambios tecnológicos y las transformaciones sistémicas que globalizaron, perfeccionaron y aceleraron todavía más el movimiento infinito de los mercados bursátiles y financieros planetarios. “La película era ficción, pero el problema es real. Nuestra economía depende cada vez más del éxito y la integridad de los mercados financieros. Si un trato parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente lo sea”, reflexionó Douglas.
A conciencia, el actor llenó a su personaje más icónico de encantador magnetismo y poderosa seducción. Detrás de ella, como sostuvo más de una vez el propio Douglas, lo que aparece es una personalidad completamente amoral. El efecto que produjo Gekko desde que apareció en la pantalla no hizo más que darles la razón a quienes sostienen que una película siempre funciona cuando el personaje más atractivo de todos es el villano.
El propio Douglas se sorprendía cada vez que alguien se acercaba a él para contarle que gracias a Gekko había descubierto su vocación como inversor financiero y encontrado su destino. “Yo les decía que era el malo de la película y ellos me lo negaban. En el fondo, esa es la alegría de interpretar a un gran villano. Recuerdo que tuvimos nuestro estreno en Nueva York y muchos tipos de Wall Street estaban allí. Nunca pensaron que ellos mismos, o más bien la esencia de todos ellos, podrían ser captados en la pantalla. Después de ver la película se quedaron atónitos”.
La aparición de Gekko se demora en un relato que comienza mezclando los sonidos clásicos de la vida cotidiana en Nueva York con la voz de Frank Sinatra cantando “Fly me to the Moon”. Toda la acción gira alrededor de Cox. Lo vemos en su lugar de trabajo y no tardamos en entender lo que hace. También descubrimos que Gekko está en la cumbre que sueña con alcanzar en su apetito por el dinero, las comodidades y el ascenso social.
A través de los ojos de Cox vemos por primera vez a Gekko, de un modo parcial y fugaz, a través de un plano que remite a la primera aparición de Vito Corleone en El padrino. Mientras se entorna la puerta de acceso a la oficina de Gekko, a su alrededor hay movimientos de lo que parece un séquito. Y antes de que se cierre del todo, al menos uno de ellos parece hacerle una sumisa reverencia.
Además de Wall Street, Douglas protagonizó en 1987 otra película de enorme repercusión como Atracción fatal, que acaba de tener una remake en forma de serie. Atracción fatal obtuvo seis nominaciones al Oscar y perdió en todas. Douglas quedó al margen de todas esas candidaturas, pero en cambio logró sumarse con mucha más fortuna a la carrera por el premio al mejor actor a través de Gordon Gekko.
El nombre de Douglas apareció por primera vez dentro de la temporada de premios cuando el New York Critics Circle dio a conocer sus candidatos de ese año. Fue allí donde Variety describió a Gekko como un megalómano “arbitrageur”, término de la jerga económica que define a un tipo específico de inversor que trata de sacar el máximo beneficio de los comportamientos ineficientes del mercado.
Después de una larga competencia que tuvo como rivales más significativos a Jack Nicholson (El amor es un eterno vagabundo), Robin Williams (Buenos días, Vietnam), Steve Martin (Roxanne) y William Hurt (Detrás de las noticias), Douglas fue elegido ese año como ganador del Oscar al mejor actor protagónico, premio que agradeció con un discurso tan convincente y preciso como cualquiera de las apariciones de Gekko en Wall Street.
El momento más emotivo llegó con el agradecimiento de Douglas a su padre Kirk, que siguió la ceremonia desde su casa por temor a ser una especie de causal de mala suerte, y lloró en el momento del anuncio. La dedicatoria de Michael empezó con un reconocimiento a sus colegas, los actores que votaron su nombre como miembros de la Academia de Hollywood, y también a Stone “por haberme elegido para un papel que muchos pensaban que no iba a poder interpretar”.
Lejos de apagarse luego de un estreno muy comentado, el nombre de Gekko quedó a partir de allí asociado definitivamente, de manera literal o irónica, a la imagen de todo lo que representa el mundo de los brokers, de las finanzas, de las inversiones bursátiles y también de la especulación como negocio. “Nunca tuve la sensación de que Gekko viviría como este tipo de personaje arquetípico que representa todo un período de cultura y negocios. Sabía que era un personaje muy bien escrito, pero nunca imaginé que ciertas frases como ‘la codicia es buena’ durarían tanto tiempo”, reconoció Douglas en 2010 cuando retomó el personaje en la menos interesante Wall Street 2: el dinero nunca muere, secuela oficial también dirigida por Stone.
El recuerdo del personaje se mantuvo tan presente que en 2012 Douglas se convirtió en vocero de una campaña pública que llevó adelante el FBI para advertir sobre los riesgos y las consecuencias que enfrentan quienes cometen estafas financieras o se aprovechan de información privilegiada para sus negocios. Justamente los hechos que caracterizan el comportamiento de Gekko en la película. “La gente que trabaja en Wall Street sigue admirando a Gordon Gekko. Es una especie de gurú. Es probablemente la foto con la que más me identifica el público y algo que siempre me ha asombrado”, dijo en ese momento. Ahora, Michael Douglas se prepara para encontrarse en Cannes con mucha gente que volverá a saludarlo con ese nombre de ficción. el más famoso de toda su carrera.

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