Advierten que el país sacará las peores notas en economía
El informe Latin Focus Consensus Forecast de mayo, con los pronósticos de más de 50 consultoras, proyecta un tipo de cambio oficial al alza y una caída de la actividad
María Julieta Rumi
En un escenario macroeconómico difícil, de aceleración inflacionaria, falta de divisas por la sequía y creciente emisión monetaria, ayer se conocieron las nuevas proyecciones de inflación, crecimiento y tipo de cambio oficial hacia fin de año de la consultora Latinfocus. Según los últimos números, la Argentina tendrá el peor desempeño de la región en 2023. Es la conclusión más fuerte del informe mensual Latin Focus Consensus Forecast de mayo, que reúne el pronóstico de más de 50 bancos y consultoras locales y del exterior.
“La Argentina tendrá el peor desempeño en la región este año. El PBI caerá en medio de una inflación galopante, un peso en caída libre, ahorros menguantes y altísimas tasas de interés. Vientos en contra globales y una dolorosa sequía empeorarán las cosas, como la notable incertidumbre en el período previo a las elecciones generales de octubre. Los riesgos extremadamente altos de impago de la deuda empañan aún más las perspectivas”, dice el trabajo.
El promedio de los consultados estima que el PBI se contraerá un 2,4% en 2023 y en 2024 habría un magro crecimiento del 0,4%. En tanto, este año Perú crecerá un 2%; México, 1,7%; Colombia, 1,1%; Brasil, un 1%, y solo Chile decrecerá, pero menos que la Argentina: un 0,5%.
“Esto está en línea con las proyecciones del Fondo Monetario Internacional de abril para la región: la Argentina mostraría el peor desempeño no solo en materia de inflación, sino también de actividad económica. En este sentido, ya no hablamos de estanflación, sino de “recflación”: una recesión económica combinada con una elevada, creciente e inestable inflación”, describió Santiago Manoukian, jefe de Research en Ecolatina.
Sin embargo, la caída del PBI del 2,4% es peor si, más allá del promedio, se toma el pronóstico de algunas consultoras, como C&T Asesores Económicos, que pronostica una caída del 4,8%.
“Hay un efecto a raíz de la sequía que debería verse a partir de marzo o abril. Una caída de la producción de maíz, soja y también el efecto indirecto en rubros de actividad conexos como la industria alimenticia, transporte, comercio y actividad en el interior. Esto sumado a un arranque de año complicado por el arrastre que dejó el año pasado”, explicó María Castiglioni, directora de C&T Asesores Económicos.
En tanto, LCG pronostica que el PBI caerá 3,7% porque, por la sequía y los precios más bajos de las commodities, habría US$20.000 millones menos de exportaciones. “Esto impacta en la posibilidad de importar bienes finales e intermedios (insumos), por lo que esperamos que la industria se resienta este año. Eso arrastra también al sector de logística y transporte y, desde el lado de la oferta, con salarios que se vienen atrasando demasiado rápido, esperamos que el consumo pierda impulso, a contramano de lo que sucedió el año pasado”, anticipó Matías de Luca, economista de LCG.
En cuanto a la inflación, está proyectado que promedie notablemente más alto este año que en 2022, en medio de una depreciación del peso y el financiamiento monetario del déficit fiscal. “Los precios volátiles de la energía y la generosidad fiscal antes de las elecciones de octubre son riesgos claves. Los panelistas de FocusEconomics ven un aumento de los precios al consumidor del 108,4% en promedio en 2023, y del 112,7% en 2024”, apunta el reporte.
C&T Asesores, en particular, proyecta un 140% de inflación anual para 2023 y Castiglioni dice que es la variable más tendiente a la inestabilidad. “Se ha dado una combinación de inflación acelerándose más que, en el escenario de no disrupción (no devaluación), afecta expectativas de inflación a futuro más allá de los valores reales de emisión del Gobierno de forma directa e indirecta. Tenés un déficit fiscal por encima de lo esperado y eso es muy inflacionario en una economía cerrada, con cepo y trabas”, detalló. También agregó que “la inflación puede ser más alta todavía” y que en diciembre va a haber un efecto inflacionario “por la apertura del cepo”.
Por su parte, de Luca dijo que, si bien informaron una proyección de inflación del 129% para el LatinFocus, con el dato de abril la subieron a 135%.
En particular, sobre los próximos datos mensuales de inflación, Castiglioni dijo que puede ocurrir que alguno dé con doble dígito, si hay “una disparada financiera”. “En mayo, los precios están arriba de 9% y ya hay rubros a dos dígitos. Obviamente puede pasar. Estas tasas tan altas son súper inestables, la situación es delicada y las medidas que anunció el Gobierno no van en el camino de calmar esas expectativas”, consideró.
Por último, el informe dice que el peso argentino debería perder más terreno hacia delante “en medio de un prolongado financiamiento monetario del déficit fiscal”. La estimación es que el tipo de cambio oficial mayorista cerrará el año a $391 y a $791 en 2024. En este sentido, de Luca dijo que de momento ven una aceleración del crawling peg (minidevaluaciones del tipo de cambio oficial) como para intentar recomponer muy levemente parte del atraso de los últimos meses.
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Emisión: este mes el BCRA asistió al Gobierno con $440.000 millones
Dos días después de pedir un adelanto transitorio de $150.000 millones, el Tesoro tomó otro por igual monto; una semana antes había solicitado $140.000 millones
Javier Blanc
Con un gasto público que parece estar poniéndose en “modo electoral”, una recaudación impositiva afectada por el impacto de la sequía en las exportaciones y la tendencia al estancamiento que muestra la actividad económica, el Gobierno recurrió una vez más al modo de financiación que más le gusta: la emisión monetaria sin control, por fuera de las metas acordadas con el FMI y pese a que la inflación no para de dar señales de una muy peligrosa aceleración.
Del nuevo descontrol monetario, varias veces advertido por la nacion en los últimos días, se conoció ayer una nueva prueba: el jueves pasado, 48 horas después de haber obtenido $150.000 millones del Banco Central (BCRA) en concepto de adelantos transitorios, el Ministerio de Economía le pidió al ente monetario un nuevo envío por igual monto. Lo hizo aun cuando 72 horas antes ya había logrado que le girara otros $140.000 millones.
Así, en lo que va del mes, la maquinita funcionó otra vez a pleno para enviarle al Tesoro nacional $440.000 millones, lo que, sumado a los $130.000 millones transferidos el 21 de abril y los $100.000 millones girados el 17 de marzo, hacen que el total de la asistencia llegue ya a $670.000 millones, cuando el compromiso asumido ante el FMI era que esa fuente de recursos solo podía aportar algo menos de $373.000 millones en todo el primer semestre.
Es decir, el incumplimiento de la meta de asistencia monetaria para la primera mitad del año por parte del Gobierno ya supera el 79%.
Lo cierto es que “la meta monetaria con el FMI, que ya estaba incumplida de facto dadas las intervenciones en el mercado secundario de deuda en pesos, ahora está incumpliéndose de jure en $297.200 millones si hoy terminara el trimestre. Como agravante, la nueva asistencia llega cuando los depósitos del Tesoro en el BCRA quedaron en $66.000 millones al 12 de abril, por lo que no debe descartarse que llegue un nuevo AT antes de que el 19 de mayo liquide la licitación de mañana [por hoy]”, advirtió ayer Portfolio Personal Inversiones (PPI). Es cierto que, con un mes y medio para cerrar el trimestre, el Tesoro aún puede obtener financiamiento vía mercado y con ello cancelar AT para cumplir la meta formal. “Pero monetariamente no cambiaría la cuestión”, dicen.
El regreso de la monetización del déficit, tras ocho meses de abstención oficial, se produjo en marzo, pero sin sobrepasar los límites convenidos con el FMI tras la última revisión del acuerdo (ahora nuevamente en renegociación).
Pero la apelación a este recurso, en un contexto en el que la demanda de dinero no deja de caer y las señales de repudio al peso se hacen visibles de manera constante en fuertes pulsiones dolarizadoras, hace que cada peso extra emitido se convierta en combustible para la inflación de manera casi automática.
El ministro de Economía, Sergio Massa, había debutado en el cargo tras un pico de inflación superior al 7%, dando a entender que conocía los riesgos de seguir emitiendo en ese contexto y al asumir públicamente un compromiso para no volver a hacerlo ese año. Pero ahora, igual que al Gobierno en general, parece no importarle ese riesgo.
“Sigue funcionando a máxima potencia la máquina de imprimir pesos .... Total, la inflación no dio 8,4% en un mes (que equivale a 165% en un año) y la emisión no tiene nada que ver”, había observado sorprendido el economista Juan Ignacio Paolicchi, de la consultora Empiria, tras el giro anterior.
La aceleración en el ritmo de asistencia monetaria muestra que está en marcha nuevamente otro inquietante proceso de deterioro en las cuentas públicas, como viene señalando La cuestión es que llega cuando el patrimonio del BCRA ya está muy dañado y es público y notorio que la entidad ya ni cuenta con reservas netas positivas.
Ocurre que la mayor emisión obliga al ente monetario a tratar de esterilizar cada vez una mayor proporción de los pesos que pone en circulación, lo que aumenta el ritmo de expansión de su deuda remunerada, ya a punto de sobrepasar los $14 billones. Esto lo obliga a subir cada vez más las tasas de referencia y dispara el denominado déficit cuasi fiscal, que tras la última suba de tasas, ya se estima que “superará este año el 8% del PBI, frente al 4,3% del PBI el año pasado”, alertan en Delphos Investment
Con un gasto público que parece estar poniéndose en “modo electoral”, una recaudación impositiva afectada por el impacto de la sequía en las exportaciones y la tendencia al estancamiento que muestra la actividad económica, el Gobierno recurrió una vez más al modo de financiación que más le gusta: la emisión monetaria sin control, por fuera de las metas acordadas con el FMI y pese a que la inflación no para de dar señales de una muy peligrosa aceleración.
Del nuevo descontrol monetario, varias veces advertido por la nacion en los últimos días, se conoció ayer una nueva prueba: el jueves pasado, 48 horas después de haber obtenido $150.000 millones del Banco Central (BCRA) en concepto de adelantos transitorios, el Ministerio de Economía le pidió al ente monetario un nuevo envío por igual monto. Lo hizo aun cuando 72 horas antes ya había logrado que le girara otros $140.000 millones.
Así, en lo que va del mes, la maquinita funcionó otra vez a pleno para enviarle al Tesoro nacional $440.000 millones, lo que, sumado a los $130.000 millones transferidos el 21 de abril y los $100.000 millones girados el 17 de marzo, hacen que el total de la asistencia llegue ya a $670.000 millones, cuando el compromiso asumido ante el FMI era que esa fuente de recursos solo podía aportar algo menos de $373.000 millones en todo el primer semestre.
Es decir, el incumplimiento de la meta de asistencia monetaria para la primera mitad del año por parte del Gobierno ya supera el 79%.
Lo cierto es que “la meta monetaria con el FMI, que ya estaba incumplida de facto dadas las intervenciones en el mercado secundario de deuda en pesos, ahora está incumpliéndose de jure en $297.200 millones si hoy terminara el trimestre. Como agravante, la nueva asistencia llega cuando los depósitos del Tesoro en el BCRA quedaron en $66.000 millones al 12 de abril, por lo que no debe descartarse que llegue un nuevo AT antes de que el 19 de mayo liquide la licitación de mañana [por hoy]”, advirtió ayer Portfolio Personal Inversiones (PPI). Es cierto que, con un mes y medio para cerrar el trimestre, el Tesoro aún puede obtener financiamiento vía mercado y con ello cancelar AT para cumplir la meta formal. “Pero monetariamente no cambiaría la cuestión”, dicen.
El regreso de la monetización del déficit, tras ocho meses de abstención oficial, se produjo en marzo, pero sin sobrepasar los límites convenidos con el FMI tras la última revisión del acuerdo (ahora nuevamente en renegociación).
Pero la apelación a este recurso, en un contexto en el que la demanda de dinero no deja de caer y las señales de repudio al peso se hacen visibles de manera constante en fuertes pulsiones dolarizadoras, hace que cada peso extra emitido se convierta en combustible para la inflación de manera casi automática.
El ministro de Economía, Sergio Massa, había debutado en el cargo tras un pico de inflación superior al 7%, dando a entender que conocía los riesgos de seguir emitiendo en ese contexto y al asumir públicamente un compromiso para no volver a hacerlo ese año. Pero ahora, igual que al Gobierno en general, parece no importarle ese riesgo.
“Sigue funcionando a máxima potencia la máquina de imprimir pesos .... Total, la inflación no dio 8,4% en un mes (que equivale a 165% en un año) y la emisión no tiene nada que ver”, había observado sorprendido el economista Juan Ignacio Paolicchi, de la consultora Empiria, tras el giro anterior.
La aceleración en el ritmo de asistencia monetaria muestra que está en marcha nuevamente otro inquietante proceso de deterioro en las cuentas públicas, como viene señalando La cuestión es que llega cuando el patrimonio del BCRA ya está muy dañado y es público y notorio que la entidad ya ni cuenta con reservas netas positivas.
Ocurre que la mayor emisión obliga al ente monetario a tratar de esterilizar cada vez una mayor proporción de los pesos que pone en circulación, lo que aumenta el ritmo de expansión de su deuda remunerada, ya a punto de sobrepasar los $14 billones. Esto lo obliga a subir cada vez más las tasas de referencia y dispara el denominado déficit cuasi fiscal, que tras la última suba de tasas, ya se estima que “superará este año el 8% del PBI, frente al 4,3% del PBI el año pasado”, alertan en Delphos Investment
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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