El control de la Hidrovía es otro foco de tensión entre China y EE.UU.
Se trata de la vía desde donde sale el 80% de las exportaciones; el embajador Stanley apoyó a la empresa belga a cargo del dragado; el Gobierno frenó la licitación, pero los chinos esperan agazapados
Jaime Rosemberg
La imagen, potente y con evidente mensaje político, fue seguida con atención en la Casa Rosada y el Ministerio de Transporte. “Que gran oportunidad para aprender de primera mano sobre el importante trabajo de dragado que hace del río Paraná una vía eficaz y eficiente para el transporte de bienes dentro y fuera del país. Gracias a @ jandenulgroup por la invitación y al Emb. @Karldhaene por acompañarnos”, escribió hace dos semanas el embajador norteamericano Marc Stanley en referencia a su paso por las dragas que la empresa belga Jan de Nul tiene en Corrientes. Se trata de un tramo argentino de la Hidrovía Paraná-paraguay, que concentra el 80% de las exportaciones del país y que es codiciada por China en su pelea global con Estados Unidos para aumentar su influencia en la región.
La foto expresa lo que en voz baja dejan trascender fuentes cercanas a esas dos embajadas: que Estados Unidos y Bélgica, un aliado europeo tradicional, no están dispuestos a ceder ante las pretensiones de China, que intentó sin éxito el año pasado participar de la licitación para controlar la denominada Vía Navegable Troncal, hoy bajo la administración de la Administración General de Puertos (AGP), que maneja el técnico kirchnerista José Beni, e incluye el cobro de peajes a las barcazas que atraviesan ese recorrido.
“Sabíamos que la foto iba a ocurrir. No hicimos nada porque la verdad es que queremos una licitación internacional transparente, donde todos puedan participar”, señalaron desde el Ministerio de Transporte, que maneja Diego Giuliano, un rosarino cuyo jefe político es Sergio Massa. Mientras desde la embajada de Estados Unidos sugirieron que se trataba de un “viaje programado” con anticipación, las sucesivas advertencias del gobierno de Joe Biden sobre la influencia china, en temas como el 5G o los aviones de caza que China pretende venderle al país, confirman que la preocupación es real y tangible. Existe cierta preocupación en Estados Unidos a que Alberto Fernández, antes de abandonar la gestión, encargue por decreto a la AGP una nueva licitación que habilite a China a volver a la carga por el negocio que significa el manejo de la autopista fluvial.
En tren de tranquilizar los ánimos, y mientras hablan de “lobby” estadounidense, desde el Gobierno recordaron que mientras la AGP administra la Hidrovía “por tiempo indeterminado” y subcontrata a Jan de Nul para el dragado de la vía Paraná-paragay, es el Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable (Ecovina), con sede en Rosario y creado hace dos años, el encargado de llevar adelante la nueva licitación, que tiene plazos vencidos desde hace más de dos años.
El jueves pasado, el Ecovina –que nuclea a representantes de las provincias atravesadas por la vía navegable y tiene sede en Rosario– llevó adelante su primera reunión con nuevo presidente, Abel De Manuele, un abogado cercano al fallecido ministro de Transporte Mario Meoni que también tiene con vínculos aceitados con Massa. Allí estuvo Giuliano, aunque ningún representante de la AGP.
Desde el Instituto Patria, el búnker kirchnerista al que responde Beni, aseguraron que tanto Jan de Nul como el Ministerio de Transporte están “conformes con lo que están haciendo desde la AGP como mejoras en las condiciones de trabajo”.
De esta manera, buscaron disipar temores de influencia del gigante asiático para quedarse con el dragado y balizamiento de la vía navegable.
Lo paradójico es que, desde el Gobierno, aseguraron que los gobernadores de Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires, que componen el ente, “quieren que haya más control estatal sobre la Hidrovía”, al tiempo que la misión de ese ente, que hasta agosto pasado manejaba el intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, era facilitar una licitación que dé previsibilidad a nuevos administradores.
Licitación
Hace un año, el Gobierno frenó el proceso licitatorio para dar el servicio de dragado y balizamiento. Al proceso se había presentado, entre otras, la empresa China Communications Construction Company (CCCC), descalificada “por no tener suficientes antecedentes y no cumplir los requisitos” para hacerse cargo, según fuentes oficiales al tanto del trámite. Antes de que culminara el proceso, y según un documento aportado en aquel entonces por la diputada nacional Mariana Zuvic (Coalición Cívica-ari), la empresa le envió una carta al embajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja, quejándose de modo elíptico por la transparencia del proceso, que terminó-cautelar judicial mediante-otra vez en manos de Jan de Nul y su filial argentina, Compañía Sudamericana.
El temor de Estados Unidos y Bélgica a perder su influencia no se disipó. En un momento clave para el Gobierno, en el que la estrategia es recurrir a todos sus contactos internacionales posibles para obtener el ansiado salvataje económico que le permita fortalecer sus reservas, el temor es que un guiño a China lleve consigo algún camino para quedarse con el control de la Hidrovía, lo que equivale a controlar–en buena medida– el comercio de granos y otros productos que navegan por las aguas del río Paraná, y que al Estado argentino le deja unos US$28 millones anuales en concepto de peajes.
¿Llegará el decreto del Presidente con el llamado a licitación? “No le dan los tiempos. Este es un Gobierno que está de salida, ¿quién lo va a acompañar?”, sostuvieron desde la Casa Rosada, intentando despejar los temores de Estados Unidos, a quien la Argentina, y su ministro de Economía, necesitan como el agua para conseguir ayuda adicional del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Solo de peajes, el Estado recauda unos US$28 millones anuales
Republicanos, el Congreso y la Casa Blanca. Cualquier funcionario argentino que pise la capital norteamericana se topará, irremediablemente, con alguna pregunta sobre el vínculo con Pekín. En la Argentina, la hidrovía, la red 5G, el litio, el desarrollo de infraestructura crítica, la estación espacial en la Patagonia –a la que el New York Times le dedicó un amplio artículo en 2018– o la compra de aviones caza son rincones donde late la puja global entre Washington y Pekín.
En su testimonio en el Congreso, Richardson hizo hincapié en dos temas: la red 5G, y los minerales críticos, como el litio. Richardson indicó que dejar la red 5G en manos de Huawei representaba una “potencial amenaza de contrainteligencia”, y el interés de China por extraer minerales críticos, como el litio, podían “desestabilizar la región” y erosionar las condiciones para invertir. Brian Nichols, el principal diplomático de Estados Unidos para América latina, dijo a esta semana al salir de
la Conferencia de las Américas organizada por el Council of the Americas que para Estados Unidos la red 5G debía ser “segura y privada”.
“Creemos que la tecnología 5G debe ser segura y privada y los inversores en ese sector deben garantizar que la información y los datos de las personas no van a terminar en manos del Partido Comunista Chino”, dijo Nichols. “Queremos brindar a las personas las opciones que necesitan para tener inversiones seguras y transparentes, ya sea en tecnología de la información, 5G o infraestructura”, agregó.
Michael Shifter, senior fellow del Diálogo Interamericano, remarcó a que las preocupaciones
En Estados Unidos sobre el papel de China en el hemisferio tienen ya un número de años, pero se han intensificado “dramáticamente” recientemente, en parte por la alarma que genera el riesgo a quedar expuestos a un mayor espionaje chino.
“Una cosa es que la Argentina exporte soja a los chinos, y otra muy distinta es que China venda e invierta en alta tecnología en toda la región en el contexto de una mayor competencia y de tensiones geopolíticas. Hoy está en un nivel diferente, ya que Washington está alarmado por los riesgos de la vigilancia y el espionaje chinos que acompañan a su involucramiento económico en evolución en América Latina”, señaló.
El último funcionario que hizo hincapié en los focos de inquietud fue el embajador norteamericano en Buenos Aires, Marc Stanley, esta semana, durante una charla en Washington con el embajador argentino, Jorge Argüello. “Los amigos no dejan que los amigos conduzcan borrachos”, dijo Stanley, en tono de broma, para graficar que, en la mirada de Estados Unidos, es riesgoso hacer negocios con China.
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El avance de China en la región: una preocupación creciente en Washington, que aún busca sus respuestas
La red 5G, los minerales como el litio, el fondeo de infraestructura crítica y la posibilidad de una creciente presencia militar generan alarma en Estados Unidos
Rafael Mathus Ruiz
CORRESPONSAL EN EE.UU.
WASHINGTON.- La jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, general Laura Richardson, dedicó un trecho de su último testimonio en el Congreso a la creciente presencia de China y Rusia en América latina. Los llamó “actores malignos”. China invierte en infraestructura crítica, puertos, instalaciones cibernéticas y espaciales que pueden tener un doble uso para actividades comerciales y militares, alertó. Ante cualquier conflicto global, China podría aprovechar puertos estratégicos para “restringir el acceso de barcos comerciales y navales” de Estados Unidos.
“Lo que me preocupa como Comandante es la miríada de formas en que la República Popular China está extendiendo su influencia maligna, ejerciendo su poderío económico y realizando actividades en zona grises para expandir su acceso militar y político y su influencia”, indicó Richardson. “Este es un riesgo estratégico que no podemos aceptar ni ignorar”, agregó después.
Históricamente, Estados Unidos y Europa han sido los principales inversores y socios comerciales de la región. Pero eso comenzó a cambiar a principios de siglo. El comercio con China pasó de 18.000 millones de dólares a 450.000 millones en apenas dos décadas, y se espera que alcance los 700.000 millones para 2035, el volumen actual del comercio con Estados Unidos, según el testimonio de Richardson. Desde 2005, China invirtió más de 153.000 millones de dólares, y otorgó préstamos por otros 140.000 millones, según un reciente informe del Departamento de Estado elevado al Congreso. Veintiún países del hemisferio, incluido la Argentina, se han sumado a la iniciativa Belt and Road, la nueva “Ruta de la Seda”.
Con esos números de telón de fondo, el avance de China en América latina es una preocupación crítica en Washington al mirar a la región, compartida por demócratas y republicanos, el Congreso y la Casa Blanca. Cualquier funcionario argentino que pise la capital norteamericana se topará, irremediablemente, con alguna pregunta sobre el vínculo con Pekín. En la Argentina, la hidrovía, la red 5G, el litio, el desarrollo de infraestructura crítica, la estación espacial en la Patagonia –a la que el New York Times le dedicó un amplio artículo en 2018– o la compra de aviones caza son rincones donde late la puja global entre Washington y Pekín.
En su testimonio en el Congreso, Richardson hizo hincapié en dos temas: la red 5G, y los minerales críticos, como el litio. Richardson indicó que dejar la red 5G en manos de Huawei representaba una “potencial amenaza de contrainteligencia”, y el interés de China por extraer minerales críticos, como el litio, podían “desestabilizar la región” y erosionar las condiciones para invertir. Brian Nichols, el principal diplomático de Estados Unidos para América latina, dijo esta semana al salir de la Conferencia de las Américas organizada por el Council of the Americas que para Estados Unidos la red 5G debía ser “segura y privada”.
“Creemos que la tecnología 5G debe ser segura y privada y los inversores en ese sector deben garantizar que la información y los datos de las personas no van a terminar en manos del Partido Comunista Chino”, dijo Nichols. “Queremos brindar a las personas las opciones que necesitan para tener inversiones seguras y transparentes, ya sea en tecnología de la información, 5G o infraestructura”, agregó.
Michael Shifter, senior fellow del Diálogo Interamericano, remarcó que las preocupaciones en Estados Unidos sobre el papel de China en el hemisferio tienen ya un número de años, pero se han intensificado “dramáticamente” recientemente, en parte por la alarma que genera el riesgo a quedar expuestos a un mayor espionaje chino.
“Una cosa es que la Argentina exporte soja a los chinos, y otra muy distinta es que China venda e invierta en alta tecnología en toda la región en el contexto de una mayor competencia y de tensiones geopolíticas. Hoy está en un nivel diferente, ya que Washington está alarmado por los riesgos de la vigilancia y el espionaje chinos que acompañan a su involucramiento económico en evolución en América Latina”, señaló.
El último funcionario que hizo hincapié en los focos de inquietud fue el embajador norteamericano en Buenos Aires, Marc Stanley, esta semana, durante una charla en Washington con el embajador argentino, Jorge Argüello. “Los amigos no dejan que los amigos conduzcan borrachos”, dijo Stanley, en tono de broma, para graficar que, en la mirada de Estados Unidos, es riesgoso hacer negocios con China. Stanley reconoció otra realidad: Washington corre con desventaja para competir con Pekín, y necesita “más herramientas” para emparejar el terreno. Richardson también lo admitió en su testimonio. Las actividades de China en la región están “fuertemente subsidiadas”, indicó, a través de las empresas estatales chinas que ofertan proyectos de infraestructura a bajo costo desplazando a competidores locales e internacionales.
Sospechas de corrupción
Una fuente republicana en el Congreso ofreció además otra inquietud que existe en Washington: el dinero chino es una fuente de corrupción. “Los esfuerzos y las inversiones para contrarrestar la presencia de China en el hemisferio son imperativos para la seguridad nacional norteamericana”, dijo la fuente republicana. “Desde hace tiempo, como lo ha hecho a través del mundo, China ha estado invirtiendo en infraestructura crítica en América latina. Esto presenta un desafío crítico para EE.UU.. El capital chino fondea la corrupción que deshace países y las consecuencias pueden no ser inmediatas, pero son inevitables”, afirmó.
Larry Summers, economista estrella de Estados Unidos y asesor informal del presidente, Joe Biden, ofreció recientemente una frase en Twitter que, dijo, escuchó de alguien del mundo en desarrollo, y que resume la puja y el dilema que conviven en la región: “Lo que recibimos de China es un aeropuerto. Lo que recibimos de Estados Unidos es un sermón”. La creciente preocupación y las advertencias cada vez más habituales sobre el avance de China en la región han abonado una sensación de urgencia en la capital norteamericana, pero, como indicó Stanley, a Estados Unidos aún le faltan “herramientas”.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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