“El aumento de la frecuencia cardíaca logra una buena vascularización de las piernas y los brazos”
CONRADO ESTOL
Mantener arterias sanas es el mejor seguro para una larga expectativa de vida con buena salud. Pero la acumulación de placas de colesterol en la pared de las arterias es un proceso normal con el paso de los años y la principal causa de infarto cardíaco, accidente cerebrovascular –ACV– y pérdida de memoria. Este proceso es acelerado por varios factores como el cigarrillo, la ingesta de alcohol, la mala alimentación con o sin exceso de peso, la falta de ejercicio, el estrés, las alteraciones del sueño, la hipertensión, la diabetes y –de gran importancia– la carga genética personal.
A la hora de hablar de colesterol, hay que diferenciar entre el malo y el bueno. En el primer caso, existe una asociación entre el llamado colesterol LDL –malo– y la ocurrencia de enfermedad vascular. Mientras que el HDL se lo reconoce como el bueno porque protege contra la enfermedad vascular ya que transporta el colesterol para sacarlo del cuerpo. El colesterol bueno aumenta muy levemente con ejercicio y nutrición adecuada y aún no existe una medicación que lo incremente.
Por otra parte, es sabido que el ejercicio, la nutrición sana y varios medicamentos disminuyen el colesterol malo.
Para sorpresa y menos conocido, existe un tercer tipo de colesterol que padecen quienes tienen una historia familiar o personal de enfermedad vascular sin explicación aparente. Se trata de la lipoproteína (a), una forma de colesterol que en general no se estudia y explica que personas menores de 55 años puedan tener infartos cardíacos o ACV. Si existe un colesterol bueno –HDL– y otro malo –LDL– es razonable llamar “muy malo” al colesterol de la lipoproteína (a). Y este sobrenombre se justifica ya que la lipoproteína (a) no solo genera aterosclerosis como el colesterol malo –LDL–, sino que además favorece la formación de trombos –coágulos–. La lipoproteína (a) no mejora con los medicamentos disponibles para bajar el colesterol, pero actualmente está en curso un estudio que definirá si una nueva medicación previene infartos causados por su exceso.
La dieta
En muchos casos hace falta un doctorado en bioquímica para entender las etiquetas de los alimentos en el supermercado o las instrucciones de ciertas dietas. ¿No es posible definir claramente el tema de las grasas en las comidas? Obviamente que sí: la dieta ideal no debe estar compuesta por alimentos ultraprocesados y sí basada en frutas, verduras y legumbres. A esto se puede agregar algo de lácteos y carnes blancas, pescado, fundamentalmente caballa, arenque, trucha, salmón y atún y una cantidad limitada de otras carnes. El pescado grasoso tiene altas concentraciones de omega-3, que reducen los triglicéridos, la presión arterial y el riesgo de un problema cardíaco. También hay que tener en cuenta que los alimentos de confitería contienen grasas hidrogenadas –llamadas aceites vegetales parcialmente hidrogenados o grasas trans–, que son grasas que se solidifican a la temperatura ambiente y que estimulan la acumulación de placas arteriales. Las galletas dulces, tortas y productos de snack están basado en este tipo de grasas perjudiciales.
Una yema de huevo concentra 190 mg de colesterol que es casi toda la cuota de colesterol diario aceptable (300 mg/día). Sin embargo, más importante que el alto contenido de colesterol es que el huevo también contiene trimetilamina que en el cuerpo se transforma en un potente estimulador de la aterosclerosis por lo que es recomendable que una persona sana no consuma más de un huevo por día. Una alternativa para personas con riesgo cardiovascular es usar solamente las claras, que contienen proteína.
Las grasas en aceites como el de oliva y el de los frutos secos también disminuyen el riesgo de enfermedad cardiovascular. El aceite de oliva es un reemplazo ideal para la margarina y la manteca. Los cereales naturales –no los procesados con agregado de azúcar–, vegetales con fibra, la palta y frutas como la banana contribuyen a reducir el colesterol malo –LDL–. Un buen consejo es comer todo lo anterior pero poco. Por otra parte, el ejercicio frecuente y con la intensidad adecuada tiene un efecto significativo en la reducción de los niveles de colesterol. Por esto aconsejo que cualquier acción para reducir el riesgo cardiovascular esté asociada con un programa de ejercicios. La fórmula del éxito estará completa cuando la combinación de una nutrición sana y un ejercicio –aunque sea caminar 5000 pasos por día– aseguren un peso adecuado.
En síntesis, el colesterol medido en la sangre es similar en la mayoría de las personas y lo que define el riesgo de infarto es la cantidad de placa acumulada en la pared de las arterias. Por eso la evaluación individualizada es clave .
Neurólogo y referente en salud y bienestar
Mantener arterias sanas es el mejor seguro para una larga expectativa de vida con buena salud. Pero la acumulación de placas de colesterol en la pared de las arterias es un proceso normal con el paso de los años y la principal causa de infarto cardíaco, accidente cerebrovascular –ACV– y pérdida de memoria. Este proceso es acelerado por varios factores como el cigarrillo, la ingesta de alcohol, la mala alimentación con o sin exceso de peso, la falta de ejercicio, el estrés, las alteraciones del sueño, la hipertensión, la diabetes y –de gran importancia– la carga genética personal.
A la hora de hablar de colesterol, hay que diferenciar entre el malo y el bueno. En el primer caso, existe una asociación entre el llamado colesterol LDL –malo– y la ocurrencia de enfermedad vascular. Mientras que el HDL se lo reconoce como el bueno porque protege contra la enfermedad vascular ya que transporta el colesterol para sacarlo del cuerpo. El colesterol bueno aumenta muy levemente con ejercicio y nutrición adecuada y aún no existe una medicación que lo incremente.
Por otra parte, es sabido que el ejercicio, la nutrición sana y varios medicamentos disminuyen el colesterol malo.
Para sorpresa y menos conocido, existe un tercer tipo de colesterol que padecen quienes tienen una historia familiar o personal de enfermedad vascular sin explicación aparente. Se trata de la lipoproteína (a), una forma de colesterol que en general no se estudia y explica que personas menores de 55 años puedan tener infartos cardíacos o ACV. Si existe un colesterol bueno –HDL– y otro malo –LDL– es razonable llamar “muy malo” al colesterol de la lipoproteína (a). Y este sobrenombre se justifica ya que la lipoproteína (a) no solo genera aterosclerosis como el colesterol malo –LDL–, sino que además favorece la formación de trombos –coágulos–. La lipoproteína (a) no mejora con los medicamentos disponibles para bajar el colesterol, pero actualmente está en curso un estudio que definirá si una nueva medicación previene infartos causados por su exceso.
La dieta
En muchos casos hace falta un doctorado en bioquímica para entender las etiquetas de los alimentos en el supermercado o las instrucciones de ciertas dietas. ¿No es posible definir claramente el tema de las grasas en las comidas? Obviamente que sí: la dieta ideal no debe estar compuesta por alimentos ultraprocesados y sí basada en frutas, verduras y legumbres. A esto se puede agregar algo de lácteos y carnes blancas, pescado, fundamentalmente caballa, arenque, trucha, salmón y atún y una cantidad limitada de otras carnes. El pescado grasoso tiene altas concentraciones de omega-3, que reducen los triglicéridos, la presión arterial y el riesgo de un problema cardíaco. También hay que tener en cuenta que los alimentos de confitería contienen grasas hidrogenadas –llamadas aceites vegetales parcialmente hidrogenados o grasas trans–, que son grasas que se solidifican a la temperatura ambiente y que estimulan la acumulación de placas arteriales. Las galletas dulces, tortas y productos de snack están basado en este tipo de grasas perjudiciales.
Una yema de huevo concentra 190 mg de colesterol que es casi toda la cuota de colesterol diario aceptable (300 mg/día). Sin embargo, más importante que el alto contenido de colesterol es que el huevo también contiene trimetilamina que en el cuerpo se transforma en un potente estimulador de la aterosclerosis por lo que es recomendable que una persona sana no consuma más de un huevo por día. Una alternativa para personas con riesgo cardiovascular es usar solamente las claras, que contienen proteína.
Las grasas en aceites como el de oliva y el de los frutos secos también disminuyen el riesgo de enfermedad cardiovascular. El aceite de oliva es un reemplazo ideal para la margarina y la manteca. Los cereales naturales –no los procesados con agregado de azúcar–, vegetales con fibra, la palta y frutas como la banana contribuyen a reducir el colesterol malo –LDL–. Un buen consejo es comer todo lo anterior pero poco. Por otra parte, el ejercicio frecuente y con la intensidad adecuada tiene un efecto significativo en la reducción de los niveles de colesterol. Por esto aconsejo que cualquier acción para reducir el riesgo cardiovascular esté asociada con un programa de ejercicios. La fórmula del éxito estará completa cuando la combinación de una nutrición sana y un ejercicio –aunque sea caminar 5000 pasos por día– aseguren un peso adecuado.
En síntesis, el colesterol medido en la sangre es similar en la mayoría de las personas y lo que define el riesgo de infarto es la cantidad de placa acumulada en la pared de las arterias. Por eso la evaluación individualizada es clave .
Neurólogo y referente en salud y bienestar
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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