En Rosario, la violencia narco golpea a las escuelas
En un colegio que había cerrado por el asesinato de un estudiante quedó en evidencia el temor social: al reabrirse las puertas, solo se presentaron 12 de los 300 alumnos
Germán de los Santos
La escuela Estanislao López fue baleada la noche del jueves pasado
Cinco escuelas tuvieron que cerrar momentáneamente en los últimos días por la sucesión de muertes y ataques en Rosario. Dos de las últimas víctimas fueron menores de 13 y 14 años, cuyos homicidios impactaron en sus comunidades educativas. A la escuela Nº 1315 concurría uno de esos adolescentes asesinados y allí quedó en evidencia el temor social: al reabrirse las puertas solo se presentaron 12 de los 300 alumnos. Una situación similar se vive en clubes barriales, que suspendieron actividades en medio de una ola de amenazas.
ROSARIO.– Desde hace tiempo en Rosario la muerte se transformó en un lenguaje trágico que busca aportar mensajes, dentro de un negocio que tracciona a sangre. Es una dinámica que llevó a que Rosario tenga una tasa de homicidios cuatro veces más alta que el promedio nacional. En medio de ese esquema marcado por la violencia, desde hace tiempo muchas escuelas, donde hay víctimas entre sus estudiantes, y otras instituciones, como los clubes barriales, se transformaron en lugares de luto, bajo asedio de amenazas y tiros.
Esto se debe a que los menores de edad ponen sus cuerpos en negocios criminales que desde hace 15 años crecen sin freno. El sábado de la semana pasada, Maxi y Maite, de 13 y 14 años, fueron asesinados en el barrio La Cerámica, en el norte de Rosario, un lugar donde estalló una espiral de violencia que llevó a que colegios y clubes de la zona cierren ante el temor de sufrir atentados, como ya ocurrió después del crimen de Máximo Gerez, de 12 años, a principios de marzo en el barrio Los Pumitas. A eso se sumó un fenómeno inédito, que expandió el terror: el jueves a la noche se viralizaron mensajes por toda la ciudad, a través de mensajes de Whatsapp en los que se advertía que había “un toque de queda narco”. A partir de las 20, las calles se despoblaron. Muchos negocios, bares y restaurantes cerraron sus puertas ante la posibilidad de que esa fake news se transformara en algo real
Algo similar había ocurrido desde el fin de semana en el barrio La Cerámica, en el norte de Rosario, donde los vecinos manifestaban que los chicos habían sido asesinados al azar, según señalaron en esa zona que fue recorrida por la nacion. La gente advirtió que no buscaban a esos menores, sino que fueron víctimas de un plan para instalar el terror en un lugar donde se alteró en los últimos días el engranaje de la venta de drogas. Hace dos semanas, en ese barrio fue asesinado Jeremías Natanael López, de 16 años, en circunstancias similares.
La cifra de menores asesinados representa el 9,8 por ciento del total de homicidios que se produjeron desde enero hasta abril, según un informe del Observatorio de Seguridad Pública. Los pibes en estas tramas criminales son tanto víctimas como victimarios. En lo que va de este año se produjeron 124 asesinatos. En mayo se cometieron 20 crímenes, un promedio de uno por día.
El lunes pasado decenas de vecinos decidieron cercar el barrio La Cerámica. Instalaron piquetes en un radio de diez cuadras, con ramas y neumáticos encendidos para evitar -según ellos- que los narcos volvieran a matar a chicos. Esta situación repercutió en las escuelas de la zona. No hubo clases en las escuelas N° 1315 Itatí de Corrientes y la N° 540 Camino de los Granaderos, adonde iban Maxi y Maite. Al otro día decidieron reabrir, pero fueron muy pocos alumnos. A la escuela Itatí solo asistieron 12 chicos de los más de 300 que concurren diariamente. Los padres no mandaron a sus hijos al colegio ante el miedo de que se desataran balaceras.
Algo similar ocurrió en la escuela Fontanarrosa y en otra del barrio Rucci, cerca de La Cerámica. Y luego, el efecto se amplió a otros establecimientos del sur y oeste de Rosario. El viernes cerró la escuela Estanislao López, en Montevideo 6720, barrio Belgrano. La noche anterior habían sufrido un ataque a tiros.
“No sabemos qué hacer. Debemos abrir las escuelas porque son un lugar clave para contener la violencia, pero a la vez no podemos arriesgar a los maestros, padres y alumnos”, explicó un directivo de una de las escuelas de la zona norte de Rosario, que pidió el resguardo de su nombre.
La fiscal de la Unidad de Balaceras, Valeria Haurigot, que se creó hace dos años cuando comenzaron los ataques indiscriminados de bandas narco, dijo que “el fenómeno está en aumento por una razón fundamental: no se puede cortar porque los ataques se ordenan desde las cárceles, donde los grupos criminales siguen teniendo acceso a teléfonos celulares”.
Directivos, docentes, asistentes escolares y Amsafé Rosario, gremio que agrupa a los maestros estatales, se reunieron con autoridades del Ministerio de Educación, donde se acordó unificar horarios de entrada y salida, para que el movimiento sea durante las horas de luz natural, ante la difícil situación que atraviesa el barrio. También hubo compromiso de presencia policial en el ingreso y egreso a los establecimientos en los que todo es angustia.
“Hay mucha preocupación porque es muy terrible la situación, sobre todo, en zona norte, donde hemos tenido tres alumnos asesinados en pocos días”, admitió el titular del gremio que agrupa a los docentes estatales Amasafé Rosario, Juan Pablo Casiello.
“Nadie tiene una receta ni una solución inmediata. Las comunidades educativas somos víctimas de una situación que excede a las escuelas. Pero no podemos quedarnos encerrados y tampoco creemos en el camino de la militarización, que es el que se está tomando desde hace rato y, está demostrado, no es solución”, dijo el dirigente gremial.
Frente a esta situación, Amsafé Rosario convocó para el martes próximo, a las 11, a una concentración frente a la sede local de la gobernación, para reclamar medidas concretas y efectivas contra la violencia que afecta a la educación. Para que alumnos puedan participar de la manifestación, no habrá clases en las escuelas públicas rosarinas.
Esto ya sucedió el mes pasado, pero a pesar de la protesta no se vieron cambios en materia de seguridad.
Los tres crímenes que se produjeron en una semana conmovieron el barrio La Cerámica, ubicado en la zona norte de Rosario, que se gestó a partir de la década del 60 en torno a la fábrica de revestimientos. Por eso lleva ese nombre. Los vecinos están aterrorizados porque creen que las muertes fueron al azar, para demarcar con un mensaje un trasfondo teñido por la venta de drogas.
Por mensajes de Whatsapp que se empezaron a viralizar, los vecinos creen que un grupo narco irradia terror con el argumento de que seguirán matando hasta que aparezca un cargamento de diez kilos de cocaína que le habría robado otra banda a traición. El problema para los investigadores -según revelarones que nadie quiere declarar ni aportar algún indicio. Por un lado, en la Justicia desconfían de esta teoría y, por otro, los vecinos tienen miedo, por lo que nadie suministra datos claros. La trama navega en el territorio de los rumores, sobre la base de los asesinatos.
En la Agencia de Investigación Criminal estiman que dos familias están detrás de estos homicidios. Se trata de clanes que se disputan un terreno que quedó sin jefes de peso luego de que fue asesinado Marcelo Coto Medrano en septiembre de 2020, un hombre de la barra de Newell’s que abastecía a los búnkeres de la zona y tenía relación con Esteban Alvarado. El problema que enfrentan los investigadores es que se introducen en las tramas criminales cuando el conflicto estalla y las víctimas murieron. “Vamos detrás, juntando cadáveres”, gráfica un policía que se desempeña desde hace varios años en la fuerza.
Clubes, en riesgo
Desde los homicidios surge el terror. Es que a partir de los crímenes empiezan a viralizarse mensajes que provocan un miedo mayor en la gente; muchas veces los propios grupos criminales buscan eso también y lo generan, como ocurrió en el barrio Los Pumitas, tras el homicidio de Máximo Gerez, a principios de marzo pasado.
El martes a la tarde ocurrió un hecho llamativo en el club Sparta, en Parque Casas, que está ubicado también en la zona norte. Entre los socios de esa institución deportiva empezó a circular la versión de que iban a atacar la sede social. Decidieron suspender las prácticas de los chicos. “Amenazaron con balear el club Sparta de zona norte mientras conversábamos allí con vecinos. No es un hecho aislado, es lo cotidiano. Llamamos al 911, pero la policía tardó 30 minutos. Hay que pacificar Rosario y esa debe ser la prioridad de todos sin margen para ninguna diferencia”, escribió en su cuenta de Twitter el precandidato a intendente del socialismo Enrique Estévez.
Según contaron socios del club, no hubo una amenaza directa, pero sí empezaron a circular versiones que llevaron a que se suspendieran las actividades deportivas y sociales. La misma reacción tuvo el club de fútbol El Torito, donde surgió Ángel Di María, que decidieron cancelar las prácticas por temor a las balaceras
Al menos cinco establecimientos educativos fueron afectados esta semana por balaceras o la muerte violenta de alumnos; el martes próximo, docentes realizarán una protesta
Cinco escuelas tuvieron que cerrar momentáneamente en los últimos días por la sucesión de muertes y ataques en Rosario. Dos de las últimas víctimas fueron menores de 13 y 14 años, cuyos homicidios impactaron en sus comunidades educativas. A la escuela Nº 1315 concurría uno de esos adolescentes asesinados y allí quedó en evidencia el temor social: al reabrirse las puertas solo se presentaron 12 de los 300 alumnos. Una situación similar se vive en clubes barriales, que suspendieron actividades en medio de una ola de amenazas.
ROSARIO.– Desde hace tiempo en Rosario la muerte se transformó en un lenguaje trágico que busca aportar mensajes, dentro de un negocio que tracciona a sangre. Es una dinámica que llevó a que Rosario tenga una tasa de homicidios cuatro veces más alta que el promedio nacional. En medio de ese esquema marcado por la violencia, desde hace tiempo muchas escuelas, donde hay víctimas entre sus estudiantes, y otras instituciones, como los clubes barriales, se transformaron en lugares de luto, bajo asedio de amenazas y tiros.
Esto se debe a que los menores de edad ponen sus cuerpos en negocios criminales que desde hace 15 años crecen sin freno. El sábado de la semana pasada, Maxi y Maite, de 13 y 14 años, fueron asesinados en el barrio La Cerámica, en el norte de Rosario, un lugar donde estalló una espiral de violencia que llevó a que colegios y clubes de la zona cierren ante el temor de sufrir atentados, como ya ocurrió después del crimen de Máximo Gerez, de 12 años, a principios de marzo en el barrio Los Pumitas. A eso se sumó un fenómeno inédito, que expandió el terror: el jueves a la noche se viralizaron mensajes por toda la ciudad, a través de mensajes de Whatsapp en los que se advertía que había “un toque de queda narco”. A partir de las 20, las calles se despoblaron. Muchos negocios, bares y restaurantes cerraron sus puertas ante la posibilidad de que esa fake news se transformara en algo real
Algo similar había ocurrido desde el fin de semana en el barrio La Cerámica, en el norte de Rosario, donde los vecinos manifestaban que los chicos habían sido asesinados al azar, según señalaron en esa zona que fue recorrida por la nacion. La gente advirtió que no buscaban a esos menores, sino que fueron víctimas de un plan para instalar el terror en un lugar donde se alteró en los últimos días el engranaje de la venta de drogas. Hace dos semanas, en ese barrio fue asesinado Jeremías Natanael López, de 16 años, en circunstancias similares.
La cifra de menores asesinados representa el 9,8 por ciento del total de homicidios que se produjeron desde enero hasta abril, según un informe del Observatorio de Seguridad Pública. Los pibes en estas tramas criminales son tanto víctimas como victimarios. En lo que va de este año se produjeron 124 asesinatos. En mayo se cometieron 20 crímenes, un promedio de uno por día.
El lunes pasado decenas de vecinos decidieron cercar el barrio La Cerámica. Instalaron piquetes en un radio de diez cuadras, con ramas y neumáticos encendidos para evitar -según ellos- que los narcos volvieran a matar a chicos. Esta situación repercutió en las escuelas de la zona. No hubo clases en las escuelas N° 1315 Itatí de Corrientes y la N° 540 Camino de los Granaderos, adonde iban Maxi y Maite. Al otro día decidieron reabrir, pero fueron muy pocos alumnos. A la escuela Itatí solo asistieron 12 chicos de los más de 300 que concurren diariamente. Los padres no mandaron a sus hijos al colegio ante el miedo de que se desataran balaceras.
Algo similar ocurrió en la escuela Fontanarrosa y en otra del barrio Rucci, cerca de La Cerámica. Y luego, el efecto se amplió a otros establecimientos del sur y oeste de Rosario. El viernes cerró la escuela Estanislao López, en Montevideo 6720, barrio Belgrano. La noche anterior habían sufrido un ataque a tiros.
“No sabemos qué hacer. Debemos abrir las escuelas porque son un lugar clave para contener la violencia, pero a la vez no podemos arriesgar a los maestros, padres y alumnos”, explicó un directivo de una de las escuelas de la zona norte de Rosario, que pidió el resguardo de su nombre.
La fiscal de la Unidad de Balaceras, Valeria Haurigot, que se creó hace dos años cuando comenzaron los ataques indiscriminados de bandas narco, dijo que “el fenómeno está en aumento por una razón fundamental: no se puede cortar porque los ataques se ordenan desde las cárceles, donde los grupos criminales siguen teniendo acceso a teléfonos celulares”.
Directivos, docentes, asistentes escolares y Amsafé Rosario, gremio que agrupa a los maestros estatales, se reunieron con autoridades del Ministerio de Educación, donde se acordó unificar horarios de entrada y salida, para que el movimiento sea durante las horas de luz natural, ante la difícil situación que atraviesa el barrio. También hubo compromiso de presencia policial en el ingreso y egreso a los establecimientos en los que todo es angustia.
“Hay mucha preocupación porque es muy terrible la situación, sobre todo, en zona norte, donde hemos tenido tres alumnos asesinados en pocos días”, admitió el titular del gremio que agrupa a los docentes estatales Amasafé Rosario, Juan Pablo Casiello.
“Nadie tiene una receta ni una solución inmediata. Las comunidades educativas somos víctimas de una situación que excede a las escuelas. Pero no podemos quedarnos encerrados y tampoco creemos en el camino de la militarización, que es el que se está tomando desde hace rato y, está demostrado, no es solución”, dijo el dirigente gremial.
Frente a esta situación, Amsafé Rosario convocó para el martes próximo, a las 11, a una concentración frente a la sede local de la gobernación, para reclamar medidas concretas y efectivas contra la violencia que afecta a la educación. Para que alumnos puedan participar de la manifestación, no habrá clases en las escuelas públicas rosarinas.
Esto ya sucedió el mes pasado, pero a pesar de la protesta no se vieron cambios en materia de seguridad.
Los tres crímenes que se produjeron en una semana conmovieron el barrio La Cerámica, ubicado en la zona norte de Rosario, que se gestó a partir de la década del 60 en torno a la fábrica de revestimientos. Por eso lleva ese nombre. Los vecinos están aterrorizados porque creen que las muertes fueron al azar, para demarcar con un mensaje un trasfondo teñido por la venta de drogas.
Por mensajes de Whatsapp que se empezaron a viralizar, los vecinos creen que un grupo narco irradia terror con el argumento de que seguirán matando hasta que aparezca un cargamento de diez kilos de cocaína que le habría robado otra banda a traición. El problema para los investigadores -según revelarones que nadie quiere declarar ni aportar algún indicio. Por un lado, en la Justicia desconfían de esta teoría y, por otro, los vecinos tienen miedo, por lo que nadie suministra datos claros. La trama navega en el territorio de los rumores, sobre la base de los asesinatos.
En la Agencia de Investigación Criminal estiman que dos familias están detrás de estos homicidios. Se trata de clanes que se disputan un terreno que quedó sin jefes de peso luego de que fue asesinado Marcelo Coto Medrano en septiembre de 2020, un hombre de la barra de Newell’s que abastecía a los búnkeres de la zona y tenía relación con Esteban Alvarado. El problema que enfrentan los investigadores es que se introducen en las tramas criminales cuando el conflicto estalla y las víctimas murieron. “Vamos detrás, juntando cadáveres”, gráfica un policía que se desempeña desde hace varios años en la fuerza.
Clubes, en riesgo
Desde los homicidios surge el terror. Es que a partir de los crímenes empiezan a viralizarse mensajes que provocan un miedo mayor en la gente; muchas veces los propios grupos criminales buscan eso también y lo generan, como ocurrió en el barrio Los Pumitas, tras el homicidio de Máximo Gerez, a principios de marzo pasado.
El martes a la tarde ocurrió un hecho llamativo en el club Sparta, en Parque Casas, que está ubicado también en la zona norte. Entre los socios de esa institución deportiva empezó a circular la versión de que iban a atacar la sede social. Decidieron suspender las prácticas de los chicos. “Amenazaron con balear el club Sparta de zona norte mientras conversábamos allí con vecinos. No es un hecho aislado, es lo cotidiano. Llamamos al 911, pero la policía tardó 30 minutos. Hay que pacificar Rosario y esa debe ser la prioridad de todos sin margen para ninguna diferencia”, escribió en su cuenta de Twitter el precandidato a intendente del socialismo Enrique Estévez.
Según contaron socios del club, no hubo una amenaza directa, pero sí empezaron a circular versiones que llevaron a que se suspendieran las actividades deportivas y sociales. La misma reacción tuvo el club de fútbol El Torito, donde surgió Ángel Di María, que decidieron cancelar las prácticas por temor a las balaceras
Al menos cinco establecimientos educativos fueron afectados esta semana por balaceras o la muerte violenta de alumnos; el martes próximo, docentes realizarán una protesta
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