lunes, 20 de noviembre de 2023

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ Y DE ALCONADA MON


Un país harto eligió otra cosa
La sociedad argentina decidió abandonar el territorio conocido para adentrarse en un tiempo político cargado de innovaciones
Joaquín Morales Solá
Javier y Karina Milei
Cayó vencido por su propia artimaña. Sergio Massa fue sepultado ayer por una avalancha de votos a favor de Javier Milei, el candidato que él ayudó a crecer para dividir a la oposición y arruinarle la vida a Juntos por el Cambio. La sociedad argentina debió entrever esa treta, porque ayer decidió abandonar el territorio conocido, ciertamente devastado, para adentrarse en un tiempo político novedoso, cargado de innovaciones. Son esos instantes en que una clara mayoría social prefiere salir de donde está, por la puerta que fuere, porque intuye que cualquier alternativa será mejor que la que le tocó padecer hasta ahora.
La Argentina también se reconcilió ayer con la lógica política, que había desafiado en las elecciones de este año como un enajenado que desconoce la ley de la gravedad. No porque le haya dado el triunfo a Milei, sino -y sobre todo-, porque no premió a un ministro de Economía de una economía desquiciada. Durante la gestión de Massa, la inflación se duplicó, el precio del dólar paralelo se cuadriplicó y la pobreza se abatió sobre un número importante de argentinos, entre tres y cuatro millones de personas más, según cómo se la mida. ¿Podía el jefe de una economía tan destruida ganar la presidencia de la Nación? Si eso hubiera ocurrido, deberíamos estar haciéndonos ahora preguntas más profundas, ya no solo sobre la política, sino también sobre las condiciones de una sociedad muy particular. Pero eso no sucedió.
El presidente electo, Javier Milei, saluda a los simpatizantes de La Libertad Avanza.
Es cierto que ningún otro candidato a presidente (ni siquiera los dos Kirchner y su proverbial desparpajo político) había usado con tanto descaro los recursos del Estado en beneficio propio como lo hizo Massa. Las últimas semanas del ministro fueron una oscilación permanente entre el supuesto estadista consensual y abierto, como quería ser reconocido, y el candidato que gasto más de 2 puntos del PBI -una cifra monumental- en provecho de sus intereses personales, que es lo que realmente fue. Ni siquiera se privó de cerrar su campaña electoral en un colegio público que está, además, bajo la jurisdicción de la Universidad de Buenos Aires, como es el secundario Carlos Pellegrini. Las universidades son por definición un mosaico diverso de ideas y, más que nada, ajenas a la interferencia de los gobernantes políticos.
Nada detuvo a Masa. Atravesó toda la campaña electoral sin detenerse ni un instante en la audacia ni en la provocación de sus actos como candidato y ministro de Economía. Eso lo llevó hasta la inexplicable cima donde habitó hasta anoche. Suficiente. Milei lo vapuleó con una derrota de más de once puntos porcentuales, que no es habitual en los balotajes, en lo que se gana o se pierde, por lo general, por dos o tres puntos. Las provocaciones de Massa ni siquiera concluyeron cuando tomó nota de que había perdido de mala manera. Dijo cuando aceptó la derrota, antes de que se conociera cualquier dato oficial, que desde el lunes la economía dependerá del presidente electo; es decir, de Milei. Falso. La economía seguirá dependiendo, hasta el 10 de diciembre, del actual ministro de Economía; es decir, de Massa. Milei solo podrá hacer contribuciones verbales a la serenidad de las cosas, pero no tendrá hasta que asuma la jefatura del Estado ningún recurso fáctico para aplicar sus políticas, buenas o malas.
Durante la gestión de Massa, la inflación se duplicó, el precio del dólar paralelo se cuadriplicó y la pobreza se abatió sobre un número importante de argentinos, entre tres y cuatro millones de personas más, según cómo se la mida
Fue tal la magnitud de la derrota que Massa ni siquiera podrá echar mano a su plan B, que consistía en encabezar la renovación del peronismo. Un peronista que perdió de esa manera ante un político aficionado difícilmente podrá consumar el crimen político de Cristina Kirchner, de su hijo Máximo y de La Cámpora. No obstante, los allegados a Massa sostenían anoche, entre anonadados y desafiantes, que su líder proyectaba colocarse al frente de la renovación peronista y que para eso cuenta con el beneplácito de los gobernadores de su partido. ¿Cuenta o contaba? Massa debió describir ante los mandatarios un resultado probable muy cercano a Milei, aún con el triunfo de este, y por eso los complicó en su conspiración contra los Kirchner. Pero lo de anoche fue un desastre electoral sin paliativos; un resultado parecido se vivió solo en 2011 con la reelección de Cristina Kirchner, pero en beneficio de ella, no en contra. Una cosa es que Massa haya quedado debilitado para enfrentar a Cristina; otra cosa es que ella haya recobrado fuerza. Eso no es cierto. Ella está más débil que nunca, expuesta a la ambición de un peronista eficiente dispuesto a desbancarla del liderazgo partidario. Acaba de hacer lo que hizo siempre: pretende refugiarse detrás de la sotana de papa Francisco. Otra vez quedó claro que los políticos argentinos no piensan en el pontífice, sino en la conveniencia supuesta de ellos mismos.
Si la señora de Kirchner no puede presentarse a una elección por la homérica mala imagen que la acompaña, ¿por qué lo somete al Papa a ese contagio innecesario? Porque le conviene. No hay otra explicación. Desde 2015, Cristina intentó varias veces verse con el jefe de la Iglesia católica, sobre todo cuando arreciaban las investigaciones judiciales sobre ella. El Papa evitó siempre ese encuentro, pero ahora se lo está pidiendo quien es todavía la vicepresidenta de su país.


Las sobreactuaciones en el teatro, en la vida o en la política terminan mal. Un analista de opinión pública señalaba el viernes pasado que la campaña del miedo de Massa había pasado todas las barreras existentes de la prudencia. Miedo a quedar sin salud (la salud se está cayendo ahora); miedo a no poder vacunarse (justo ellos que les esquivaron a las vacunas más eficaces contra el Covid); miedo a perder los subsidios para el consumo de energía eléctrica y gas (Massa aumentó considerablemente esas tarifas), y miedo hasta de quedarse sin transporte. Todos esos miedos fueron instalados y machacados con insistencia ante argentinos que ya surfean una tragedia, y que no estaban dispuestos a tenerle más miedo al porvenir que a la realidad dura, visible y tangible que viven. Massa ya se había pasado de pícaro cuando en el último debate, una semana antes del balotaje, jugó con Milei como un viejo político, baqueano de todos los artificios, frente a un inexperto que casi no se pudo defender. Los profesionales de la política dijeron que Massa había ganado el debate, pero la gente común se solidarizó con la víctima, con ese Milei arrinconado por un profesional de las zancadillas.
Milei es un interrogante sin respuestas. Su única oferta consistió en que él significa el cambio, y su carta de presentación dice que es un hombre sin pasado en una política que clamaba por algo nuevo. No necesitó nada más ante una sociedad que se cansó (se hartó, más bien) de buscar entre las alternativas de la política clásica. El final de anoche boceta el país de la sociedad enojada, fatigada y decepcionada que venían describiendo los analistas de opinión pública más serios. Las tres encuestadoras más prestigiosas del país (por estricto orden alfabético: Aresco, dirigida por Federico Aurelio; Isonomía, bajo la conducción de Juan Germano y Pablo Knopoff, y Poliarquía, conducida por Eduardo Fidanza y Alejandro Catterberg) habían anticipado el viernes un triunfo de Milei por una diferencia cercana al siete u ocho por ciento con respecto de Massa. El desastre oficialista fue peor: Milei superó en 11,39 puntos porcentuales a Massa.
Milei es un interrogante sin respuestas. Su única oferta consistió en que él significa el cambio, y su carta de presentación dice que es un hombre sin pasado en una política que clamaba por algo nuevo
Sabemos muy poco de Milei. Él conoce de economía (sobre todo de macroeconomía), pero es evidente que le falta experiencia política, carencia que fue precisamente lo que valoró la sociedad. En adelante podrá inclinarse hacía una política dialoguista e institucional como la que propone su principal asesor político, Guillermo Francos, tal vez su ministro del Interior, y su eventual canciller, la reconocida economista Diana Mondino, o dar rienda suelta a su carácter aparentemente volcánico. Pero, ¿es cierto ese carácter o fue parte de su mejor estrategia electoral? ¿Acaso, pudo ser durante quince años jefe del equipo de economistas de unos de los hombres más ricos del país, Eduardo Eurnekian, quien se deja llevar fácilmente por los humores del momento? Difícil, sino imposible. Por algo, eligió a Francos y a Mondino (para poner solo dos ejemplos) y no a cascarrabias como él aparentaba ser. De todos modos, asumirá también el presidente parlamentariamente más frágil desde la restauración democrática. Nunca desde 1983 hubo un presidente con solo 39 diputados y ocho senadores, menos del 20 por ciento de la Cámara de Diputados y poco más del 10 por ciento del Senado. Demasiado poco.
Las negociaciones y los acuerdos serán obligatorios y permanentes. Además, sus propuestas más controversiales necesitan de la aprobación del Congreso. Otras, como la aniquilación del Banco Central o la dolarización, requerirán de una reforma de la Constitución, que estipula que habrá un “banco estatal” que se encargará de “emitir moneda y de fijar su valor”. Queda claro que ambas cosas, el Banco Central y la moneda nacional, están en la Constitución. Una reforma de la Constitución necesita que los dos tercios de cada cámara del Congreso disponga la necesidad de abrir la ley de leyes. Solo dos líderes con el peso político y parlamentario de Raúl Alfonsín y Carlos Menem pudieron en los tiempos modernos cambiar algunas cosas de la Constitución, no su preámbulo ni su declaración de derechos y garantías.
Javier Milei y La Libertad avanza ganaron en casi todo el país
Mauricio Macri y Patricia Bullrich pudieron anoche mirarse al espejo y decir que ellos habían percibido mejor que otros el estado de ánimo de la sociedad. De hecho, según casi la unanimidad de los encuestadores, Milei comenzó una irrefrenable curva ascendente en la intención de votos cuando recibió el apoyo de Macri; sectores sociales importantes dedujeron que el expresidente podría resolver la inexperiencia del candidato libertario. Quizás Macri lo sabía o lo intuyó porque en sus últimas apariciones públicas subrayó que su apoyo a Milei estaba condicionado a la racionalidad de las políticas y las propuestas de este. Pero lo supo el propio Milei, que anoche agradeció especialmente el apoyo de Macri y de Bullrich cuando ya se conocía la dimensión de su victoria. El candidato libertario pudo arrastrar hacia él todos los votos que cosechó laexcandidata presidencial en la primera vuelta, y también algunos votos que fueron de Juan Schiaretti. Milei y Macri hablan más de lo que se sabe; el líder libertario lo llama “presi” en la intimidad al exjefe del Estado.
Debe reconocerse, no obstante, que Juntos por el Cambio no será como fue. Anoche mismo, Elisa Carrió anunció su alejamiento de esa coalición cuando la consideró “rota” y adelantó que su partido “recobraba su plena autonomía”. En palabras simples: ella y la Coalición Cívica ya no están en Juntos por el Cambio. El radicalismo se expresó de maneras muy distintas. El gobernador electo de Mendoza, Alfredo Cornejo, un candidato para reemplazar a Gerardo Morales en diciembre en la presidencia del radicalismo, saludó con párrafos cordiales el triunfo de Milei. Otro candidato a liderar el radicalismo, el gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, informó temprano que en su provincia había ganado Milei. Gerardo Morales, Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti, que expresan a la franja más cercana a Massa entre los radicales, guardaron prudente silencio. Ni siquiera es posible asegurar que Pro, el partido fundado por Macri, seguirá siendo tal como fue. También Macri debió advertir que la coalición que él acompañó a construir ya no sería la misma. El fin de semana pasado, le dedicó un duro tuit a Gerardo Morales, que este le contestó de la peor manera.
El peronismo y Juntos por el Cambio se reconfigurarán de tal manera que, seguramente, dentro de poco nadie los reconocerá. El peronismo se sacudirá de kirchnerismo y es probable que, como sucedió siempre con ese partido, el liderazgo nuevo llegue también con propuestas de cambios en la dirección en que camina el mundo. Sería una buena noticia si la política local empezara a debatir según los paradigmas de las grandes naciones; si dejará de lado definitivamente la triste y caótica excepcionalidad argentina.

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ELECCIONES
2023
Javier Milei
El candidato místico obsesionado con el dólar

 Hugo Alconada Mon
Arquero impetuoso, cantante rolinga, economista libertario, escritor cuestionado, líder bilardista. Javier Milei vive por estas horas el fin de semana más importante de su vida. Puede llegar al lunes como Presidente electo. Una realidad muy distinta a la que padeció hace pocos años, cuando debió optar si comía él o su perro. Ahora, la “batalla cultural” que promovió puede depositarlo en la Casa Rosada. Y acaso esa sea clave de su ascenso fulgurante: Milei encarna un sentimiento social de bronca y frustración con la dirigencia tradicional que carecía de representación política en la Argentina. Su camino fue arduo. Muy. El domingo de las elecciones generales, 22 de octubre, cumplió 53 años. Lo poco que se sabe de su infancia y adolescencia es áspero y doloroso. Padeció violencia física y psicológica en su casa y bullying en el colegio Cardenal Copello de Villa Devoto, contó más de una vez, abusos que lo llevaron a cortar todo vínculo con sus “progenitores” durante años, sin interés alguno por calificarlos como “padres” o “papás”. El vínculo con “Beto” (80), colectivero devenido empresario del transporte, y Alicia (72), ama de casa, fue nulo por largo tiempo. Sólo se restableció cuando el Covid-19 dominó el mundo, gracias a la intercesión de dos figuras decisivas en la vida de Milei: el economista Diego Giacomini, el gran y quizá único amigo íntimo que ha tenido -aunque luego siguieron caminos diferentes-, y su hermana Karina, su sostén emocional. El vínculo fraterno es estrechísimo. Él la define como “la jefa”. O más. Como en septiembre de 2021, cuando Viviana Canosa le preguntó cómo es el vínculo entre ellos. “Vos sabés que Moisés era un gran líder, pero no era bueno divulgando. Entonces Dios le mandó a Aarón para que, digamos, divulgue. Bueno…”, respondió, emocionándose. “Kari es Moisés y yo soy solo un divulgador, nada más”.UNA INFANCIA DURA. Hijo de un colectivero devenido empresario del transporte y una ama de casa, Milei sufrió violencia física y psicológica en su casa
De aquellos primeros años le quedaron un apodo y dos aficiones. “El loco”, lo llamaron en el colegio. Y así lo conocían, también, en las inferiores del club Chacarita, donde lo recuerdan como un arquero impetuoso que se lanzaba de cabeza, si era necesario, contra los tapones de los delanteros rivales. Tiempos en que ostentaba una melena rubia con flequillo al estilo Rod Stewart, aunque lo suyo eran los Rolling Stones, a los que rendía tributo con “Everest”, la banda con la que atisbó cierta fama de “rockstar”. En la Universidad de Belgrano estudió Economía y cosechó su primera experiencia laboral. Fue como pasante, seis meses, en el Banco Central (BCRA), aunque terminó mal, como debió admitir ante la insistencia de Sergio Massa durante el debate del domingo. Se graduó, completó su primera maestría y sumó otra en la Universidad Di Tella, mientras terminaba de consolidar su adhesión a las ideas libertarias o al “anarcocapitalismo”, como él lo caracterizó. Aquellas experiencias iniciales en el mercado laboral le permitieron concluir sus estudios, tras otra pelea con su “progenitor”. También lo mostraron muy lejos de su repudio posterior a la “casta”. Asesoró al legislador nacional Ricardo Bussi y fue el economista jefe de la Fundación Acordar, el think tank que montó Guillermo Francos para proveerle ideas a la campaña presidencial del entonces gobernador Daniel Scioli, del mismo modo que entre 2013 y 2015 se acercó al búnker de Massa junto a Giacomini y Guillermo Nielsen. Y trabajó en Aeropuertos Argentina 2000 para Eduardo Eurnekián, figura señera de los contratistas del Estado. Fueron años duros para Milei. Debió hacer malabares para llegar a fin de mes, recuerdan sus allegados, mientras afrontaba muy serios problemas con la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Fueron tiempos en los que contaba con un solo y gastado traje oscuro a rayas y llegó a pesar 120 kilos por una opción de vida: comió pizzas durante mucho tiempo para comprarle mejor comida a “Conan”, su perro.
REFUGIO EMOCIONAL. “Kari es Moisés y yo soy solo un divulgador, nada más”, llegó a decir sobre su hermana
La relación con el mastín inglés fue profunda y compleja. Milei lo definió como su “hijo”. Y sostiene que Dios les tiene asignada una misión aun mayor, según coincidió una docena de fuentes consultadas  durante los últimos meses. Milei ha llegado a sostener entre sus íntimos que él y “Conan” se conocieron hace 2000 años, en el Coliseo romano. Eran gladiador y león, pero no llegaron a pelear. Porque “el Uno”, como el economista alude a Dios, les comunicó que unirían fuerzas cuando llegara el momento indicado. Y ese momento llegó. En la Argentina de 2023. En público evita ahondar por la senda mística. “A mí me han pasado cosas muy fuertes que exceden toda explicación científica”, fue lo máximo que contó cuando Luis Novaresio le preguntó por qué creía en Dios si la existencia divina era incomprobable. Pero Milei está convencido de que “el Uno” le habla, aunque a veces recurra a las dotes tarotistas de su hermana para evaluar en quién puede confiar, o a la veterinaria Celia Melamed para conversar con sus perros, algo que no confirmó ni desmintió en una entrevista con el diario El País de España. “Lo que yo haga puertas adentro de mi casa es problema mío”, dijo. Otras veces, salió al cruce de las preguntas como cuando calzaba guantes. “¿Sabés cuál es la diferencia entre un genio y un loco? El éxito”, planteó. Una visión de la vida que lo emparenta con Carlos Salvador Bilardo, campeón del mundo como jugador de Estudiantes de La Plata y como técnico de la Selección Argentina. “Yo soy bilardista”, confirmó Milei, “en lo único que creo es en el resultado”.CÍRCULO ÍNTIMO. Karina, su hermana, es su sostén emocional

Católico de origen, Milei se inclinó hacia el judaísmo durante los últimos años. Recurre al rabino Axel Shimon Wahnish como su guía espiritual mientras estudia la Torá. Tiene a Moisés como su “ídolo” y a Eduardo Elsztain como punto de referencia, lo que lo ha llevado a definirlo como uno de los empresarios locales que más respeta. Milei está convencido, además, que “el Uno” y él comparten una visión económica y abreva para sostenerlo en las ideas del catedrático Jesús Huerta del Soto. “Dios es libertario”, pregona el español desde YouTube, donde afirma que “el Estado es la encarnación del Maligno, del demonio, la correa de transmisión del mal”. Esa misma visión la aplica a sus interlocutores y rivales, a quienes define en términos religiosos. Al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, por ejemplo, lo definió como “Mefistófeles” ante un interlocutor que dialogó  , del mismo modo que calificó al Papa Francisco, el argentino Jorge Bergoglio, como “un demonio en la tierra”. Antes y después de esos y otros comentarios incendiarios, Milei acudió a un psicólogo, todos los viernes por la tarde, aunque los encuentros terminaron de manera abrupta. El profesional falleció durante la pandemia. Luego acudió a otro terapeuta, pero abandonó las sesiones mientras leía “La muerte de la muerte”, un libro de David Wood y José Luis Cordeiro sobre “la posibilidad científica de la inmortalidad física y su defensa moral”. Pero entre los suyos explicó de otro modo su decisión de cortar con la terapia: “Ya abordé los temas que me preocupaban”, les comunicó. “Ya estoy curado”.PAREJA. Poco se sabe de la vida amorosa del liberario, que mantuvo una relación con Daniela Mori, exintegrante del grupo Las Primas y desde hace unos meses está de novio con la humorista Fátima Florez
En público, alude muy poco a esa faceta de su vida, que el periodista Juan Luis González abordó en “El loco”. Pero en mayo de 2022, por ejemplo, acusó a Rodríguez Larreta de querer inmiscuirse en su “historia clínica”, según le dijo a Laura Di Marco. “Una de las amenazas que recibo es: o accedo a correrme de la política o cuenta qué psicofármacos tomo”. Para entonces ya había decidido clonar a Conan, esa posibilidad que evaluaba hacía tiempo. Lo esbozó en público en un congreso en la que se abordó el concepto de “singularidad tecnológica”. En privado, buscó un laboratorio en Estados Unidos. Así aparecieron sus cuatro “nietitos”, como los definió, con nombres de economistas. Los mastines ingleses Milton [por Milton Friedman], Murray [por Murray Rothbard], y Robert y Lucas [por Robert Lucas]. Fueron tiempos de desafíos emocionales para Milei. Él mismo definió a su departamento en el barrio de Abasto –regalo de su padre, que luego invocó ese regalo para la extorsión emocional- como lo más parecido a “Kosovo”. Y novió durante meses con la cantante Daniela Mori, otrora integrante del grupo Las primas. El romance no prosperó, pero ella guarda de él los mejores recuerdos. Porque cuando diagnosticaron con cáncer a su hija, él mostró su mejor faceta. “Eso no lo olvidaré jamás”, le reconoce ella.
”EL LOCO”. Recibió ese apodo en sus años de juventud, tiempos en los que se destacaba como un buen arquero, aunque agresivo
Sin Giacomini, ni Mori a su lado, muerto “Conan” y previó a la irrupción de Fátima Florez en su vida afectiva, Karina incrementó su ascendencia emocional sobre él. Traducción: poder de influencia y decisión. En los hechos, ella define quién puede acercarse a su hermano o quién recibe la bendición para ser candidato o candidata dentro del espacio. Pasó de vender tortas decoradas a través de su cuenta de Instagram a evaluar “energías” y “constelaciones” de aquellos que se acercan al espacio libertario, trances y tarot mediante. Ante la AFIP, Karina Milei figura registrada en el rubro 960990: actividades de astrología y espiritismo, entre otros. Pero ella toma con humor los comentarios que la rodean. Al punto que difundió entre sus allegados una foto suya vestida como “bruja”, como ella misma se calificó. Vestida de blanco, de pies a cabeza, aunque ella también fija límites a Milei tras algunos traspiés, como cuando entreabrió la puerta a la venta de órganos o cuando necesita ajustar su mensaje, como en los intermedios de los debates presidenciales.OTROS TIEMPOS. Milei está enfrentado con su exaliado José Luis Espert y se alejó del economista Diego Giacomini
La relación de Milei con la prensa es ambivalente. Ganó exposición y reconocimiento público, sumó seguidores en las redes, cosechó charlas y asesorías y elevó sus honorarios gracias a su irrupción en canales y radios, pero recela de los periodistas y se enfurece ante cualquier pregunta que esboce siquiera un disenso. Así insultó o destrató a numerosos reporteros en todo el país y pretendió escoger preguntas y vedar temas. ¿Conclusión? Tanto el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) como la Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina (Adepa) emitieron comunicados en defensa de la libertad de expresión. El libertario no puede alegar inexperiencia al lidiar con la prensa. Lleva ya más de ocho años en las grandes ligas. Comenzó con Giacomini en el programa Hora clave, que en abril de 2015 conducían Mariano Grondona y Pablo Rossi por Canal 26, aunque su salto al estrellato fue gracias al Grupo América, de los empresarios Daniel Vila, José Luis Manzano, Claudio Belocopitt y, otra vez, Eurnekián, figura constante en la vida de Milei. Desde Juntos por el Cambio arguyen que Milei ganó aire en el Grupo América porque sirvió de ariete en la puja que “el Armenio” mantenía con el entonces presidente Mauricio Macri por la concesión de Aeropuertos Argentina 2000. Pero eso explicaría una faceta, apenas, de la realidad. Porque Milei, con su estilo descontracturado, su lenguaje llano y hasta con sus exabruptos captó la atención de una audiencia harta de economistas inentendibles y políticos insípidos que repiten la papilla preparada por sus equipos de marketing.
“FENÓMENO MILEI”. El libertario encarna un sentimiento social de bronca y frustración que carecía de representación en la política argentina
Aunque jamás había militado o siquiera mostrado interés por la política, el salto se dio por decantación. O casi. Milei ingresó de la mano de otro economista, José Luis Espert, con el que se llevaba mal y terminó peor. Muchos vieron detrás a Eurnekián. Pero reducir su recorrido político al influjo de un empresario también sería un error. Milei llenó un espacio que estaba vacío. O en términos economicistas: encarnó la oferta que cubre la demanda por algo distinto tras dos décadas de frustraciones con el kirchnerismo y Juntos por el Cambio. ¿Qué lo llevó a dar el salto a la política? ¿Quiso demostrarle al “progenitor” que no era un inútil, como “Beto” repetía entre sus allegados, en línea con las tortuosas relaciones que Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Mauricio Macri mantuvieron con sus padres? ¿Se limitó a acatar los planes que “el Uno” tenía previstos para él y para “Conan”? ¿Fue un ariete de Eurnekian y otros empresarios para defender sus intereses y debilitar al macrismo? ¿Fue el instrumento de Massa para morderle votos por derecha a Juntos por el Cambio, como planteó su publicista, Ramiro Agulla? ¿Nada de eso? ¿Todo eso y más? Una y otra vez, Milei ofreció una respuesta: explicó que había llegado el momento de encarar la “batalla cultural” contra la “casta”, integrada ´por “chorros”, “parásitos” y “ladrones” de uno y otro lado de la grieta. Mal no le fue esa prédica. Lideró las PASO, aunque tras el 22 de octubre concentró sus diatribas sólo contra el kirchnerismo y guardó sus dardos contra Macri, Raúl Alfonsín y muchos dirigentes del PRO, el radicalismo y la Coalición Cívica.
FRENTE OPOSITOR. Luego de derrotarla en las elecciones, Milei recibió el apoyo de Patricia Bullrich y se alió con Macri
Su camino hacia la Casa Rosada acumula más controversias. Entre otras, por la expulsión masiva de referentes y militantes de la primera hora –como Carlos Maslatón, Emmanuel Dannan, Álvaro Zicarelli, Eduardo Prestofelippo, Mila Zurbriggen o Mario Russo, entre otros-. También, por denuncias de plagio en sus obras –como su libro “Pandenomics”-, y reproches por exigir honorarios que oscilan entre los 3000 y 50.000 dólares por dar una charla, reunirse con potenciales inversores o asistir a un evento, lo que así fue confirmado  por empresarios y consultores al tanto de sus exigencias. Las turbulencias dinerarias también abarcan cómo definió su círculo íntimo quiénes se postularían por el espacio libertario en distintos puntos del país. Incluye el uso de partidos que son “sellos de goma” y exigencias en dólares, lo que derivó en una investigación penal por la posible compraventa de postulaciones a concejales, intendentes, legisladores provinciales y nacionales que tramita en los tribunales federales de Comodoro Py. Eso no es todo. Milei también debe lidiar con las sospechas sobre un acuerdo en las sombras con el oficialismo. Esa presunta componenda que denuncian figuras que se abrieron del espacio, como Juan Carlos Blumberg, le permitiría a Massa definir quiénes se quedarían con ciertas postulaciones en las listas libertarias a cambio de financiamiento, un acuerdo que no sería novedoso desde el retorno de la democracia en 1983. Más sorpresivo resultó la premura con que Milei y Macri unieron fuerzas tras los resultados del domingo 22 de octubre, impulsando una reconfiguración de todo el espectro opositor y el final de Juntos por el Cambio tal y como se lo conocía. Ahora, las últimas encuestas muestran que Milei podría ganar. Y si eso no ocurre, ya alcanzó su otro objetivo: llevó la “batalla cultural” a dos bastiones del kirchnerismo: los jóvenes y los que menos tienen. Aunque para un bilardista el segundo puesto no sea consuelo.

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