El plan con el que llega el nuevo presidente
José Del Rio
“Los odian. Los tratan de ladrones y ellos no entienden que el sistema cambió. Para la política yo soy un error del sistema. Sin embargo, el error es no entender que el modelo no es el mismo. La sociedad refleja un hartazgo independientemente de los nombres. El que viene es un nuevo modelo al que los políticos todavía no entienden”.
La frase corresponde a Javier Milei, flamante presidente electo de la Argentina, con el 55,75% de los votos. Es, tal vez, la mejor síntesis de lo que ocurrió ayer y de lo que puede suceder desde el 10 de diciembre cuando finalmente asuma. Su electorado tiene también una diferencia existencial respecto de anteriores disputas. No se trata de votantes de izquierda o de derecha, de peronistas o antiperonistas, de kirchneristas o macristas, de empresarios o sindicalistas, sino de una liga que cruza transversalmente segmentos socioeconómicos, ideologías pero con un gran denominador común: “el hartazgo con lo conocido”.
Eso lo hizo tal vez más inasible para la campaña del miedo que lo corría con venta de órganos, cierre de las escuelas públicas, el supuesto final de la gratuidad del sistema sanitario y hasta la eliminación de las jubilaciones, que él mismo se encargó de desmentir una y otra vez hasta con el spot de cierre.
El hito de ayer es aún mayor si se considera que el “plan platita 3” no escatimó en recursos tras la derrota en las PASO. Había que emitir dinero para ofrecer programas para “todos y todas”. Así es como unos $3 billones se volcaron a los sectores más disímiles. Es decir, el equivalente a 1,5% del producto bruto interno de un país que necesita ordenar sus cuentas. Eso combinado con la idea de “poner en Google lo que dice Milei”. Una invitación que hizo Massa no solo en el último debate. Fue una estrategia que incluyó desembolsos en propaganda digital de al menos $38 millones en los 19 días que corrieron de noviembre antes del balotaje incluyendo el fin de semana de veda, según reveló Todo valía por un voto. Pero no alcanzó.
Ayer se repitió la máxima de la mayoría de las elecciones desde 1983 y es que siempre que la economía cae, el oficialismo pierde, salvo la de 1995 cuando en pleno efecto Tequila y con miedo a perder el uno a uno se rompió la máxima.
La ilusión que supone una diferencia de casi 12 puntos en un balotaje frente a su competidor genera también una expectativa muy difícil de saldar en un país que llegará a diciembre al borde de la hiperinflación y con respirador artificial. De ahí que en la reunión que Milei mantendrá hoy con el presidente Alberto Fernández se pondrá a su disposición una transición con Miguel Pesce, presidente del Banco Central, y Raúl Rigo, secretario de Hacienda. El rol de Sergio Massa generaba anoche infinidad de rumores y una suma de incertidumbre.
“Va a esperar a la reunión de Alberto y Milei para tomar una decisión”, afirmó una alta fuente de Balcarce 50 con relación al futuro del ministro. El dato no es menor. En 48 horas vencen acuerdos que tienen artificialmente bajos a más de 50.000 productos clave en el consumo cotidiano de los argentinos a través del denominado programa Precios Justos. Las tarifas de gas, electricidad y transporte volvieron a registrar en los últimos cuatro años un retraso con respecto a la evolución de los precios en general de la economía, que fue contrarrestado con un aumento en los subsidios del Estado. Los combustibles también están retrasados y hasta el momento la idea de continuidad mantenía al empresariado silbando bajito ante la falta de insumos y la imposibilidad de hacer frente a sus obligaciones en el exterior. Las deudas con las casas matrices se acumulan y las líneas de producción empiezan a sentir los faltantes de insumos clave.
El secreto mejor guardado
“Libres”, tituló ayer en sus redes sociales con el símbolo de unas cadenas rotas Marcos Galperin, creador de Mercado Libre, y tal vez el empresario más importante de la República Argentina con relación al fin del gobierno de los Fernández. Cristiano Rattazzi, ex presidente de Fiat Chrysler y Martín Migoya, número uno de Globant, también comentaron el resultado. Hasta el propio Elon Musk, dueño de X, aplaudió el futuro poselecciones.
La liga de quienes compiten en el mundo y por ganar mercados internacionales celebró ayer con creces el resultado argentino. Muchos lo hicieron desde Uruguay. En tanto, la que suele hacer negocios con el estado y busca la “protección” se mostró más que preocupada por lo que viene no tanto para el país sino para sus propios bolsillos. Ardían los grupos de WhatsApp de los empresarios textiles. La campaña de Milei demostró tener mucho menos de artesanal de lo que imaginaban sus rivales. El hombre que en pleno debate se incomodó con los tosedores pero que es fanático de la ópera, al punto de haber escuchado 36 horas sin parar el CD de Norma cuando se lo regalaron, tiene ahora nuevos objetivos en la mira. Ayer ratificó que avanzará con su plan de gobierno para el cual le quedan algunos nombres por sellar. Dejará ocho ministerios: Economía, Relaciones Exteriores, Capital humano, Infraestructura, Seguridad, Interior, Defensa y Justicia.
En los próximos días hará un lanzamiento oficial de cada uno. Plantea la dolarización como el disparador de ordenamiento económico y una reforma laboral para ir hacia un sistema de seguro de desempleo como el de Estados Unidos. El cepo, dice, desaparece por la dolarización que no será inmediata.
El primer paso importante pasa por desactivar la pelota de Leliq idealmente antes de abril. Para ello Emilio Ocampo trabaja en un sistema de silos entre técnicos, abogados, ejecutivos contables y estudiosos de las normativas con los que intenta abordar cada una de las aristas que supone su proyecto en el Banco Central.
Ocampo se comprometió a presentarle los avances del plan en los próximos días. Se viene en ese sentido una evangelización de lo que supondrá eventualmente su rol futuro. Un congelamiento inmediato de la oferta de pesos y fijar el tipo de cambio de referencia son los dos primeros pasos que tomaría. También la dolarización del dinero bancario, algo que suponen con la simplicidad de un asiento contable.
“Cerraremos la fábrica de falsificación de dinero y de papeles pintados para siempre”, se le escuchó al referente del Central en las últimas horas. Sin embargo, eso no supone eliminar la Superintendencia de Entidades Financieras y seguramente implica una reorganización funcional y financiera del Central tal como se lo conoce en la actualidad. No es un cierre en el sentido literal. Tampoco buscará generar un efecto “puerta 12” con los pesos argentinos de una manera inmediata.
“Existirá la libertad de canjear los pesos por los dólares una vez que se congele la emisión y se fije el tipo de cambio de referencia”, se escuchó por lo bajo. Habría una agenda de privatizaciones y un modelo de reforma fiscal que será presentado por sus autoridades. Asegura que tiene contactos con varios de los sindicatos y muchos de ellos están de acuerdo con una reforma laboral porque “sumarán más agua a su negocio y no como ahora, donde hay demasiado empleo en negro. A ellos también les gusta el mercado porque tienen mucho para ganar”, afirmó en un encuentro.
Para su proyecto contra el narcotráfico se basará en todo lo contrario a la escuela Zaffaroni. “El que las hace, las paga. Hoy las víctimas sufren y no los victimarios”, resumió en otra de las respuestas. Propone una nueva ley de defensa, de seguridad interior y de inteligencia de las que por ahora se conoce demasiado poco. Los detalles de su programa económico los esgrimió hace años en un libro de su coautoría junto a Diego Giacomini y Federico Ferrelli Mazza, llamado Política económica contrareloj.
Por su parte, Nicolás Posse, eventual jefe de gabinete de Milei, trabaja con mucho sigilo en otra iniciativa que marcaría la agenda de gobierno de corto plazo: una ley ómnibus. El extitular de los aeropuertos del sur del país y hoy organizador de la estructura ministerial de Milei trabaja con varios protagonistas de la reforma del estado en los ‘90. Será un proyecto que se mandaría en simultáneo y para el que convocarían a sesiones extraordinarias en caso de ser elegidos. Allí entraría todo lo vinculado con la reforma del estado, cada uno de los pasos necesarios para la reducción del gasto público, la eliminación de impuestos y la apertura comercial irrestricta.
Por otro lado, Sandra Pettovello, quien asumiría el rol de ministra de Capital Humano, tiene bajo su paraguas la educación, salud y trabajo y es el nexo con los sindicatos para el plan de modernización laboral inspirado en lo que ya se implementó en la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (Uocra) con sus seguros de desempleo.
El sindicato liderado por Gerardo Martínez constituyó un fondo donde el empleador deposita -durante el primer año de trabajo- el 12% del salario mensual del trabajador a una cuenta bancaria. En el segundo año de relación laboral, ese porcentaje se reduce al 8%. El monto genera intereses a favor del trabajador, que son inembargables y de libre disponibilidad una vez que se termina el vínculo laboral.
“Son varios puntos que ya se analizan, pero este es uno de ellos”, admitieron cerca de la licenciada en Ciencias de la Familia por la Universidad Austral.
Un hombre de bajo perfil
Por su parte, Guillermo Ferraro fue formalizado también como eventual ministro de Infraestructura. El exdirector de KPMG Argentina conoció a Milei cuando ambos trabajaban desde roles distintos en el proyecto del corredor bioceánico Aconcagua, que consistía en un tren de alta tecnología que uniría el Atlántico y el Pacífico, incluyendo un túnel de baja altura de 52 kilómetros de largo que cruzaría la Cordillera de los Andes. Ferraro tuvo también un rol en la Secretaría de Industria durante la presidencia de Eduardo Duhalde y en el gobierno porteño durante la gestión de Mauricio Macri. Se especializa desde hace más de 30 años en la estructuración financiera de negocios vinculados a grandes proyectos de infraestructura y la reingeniería de procesos en el sector público.
La lista de nombres en las sombras también sigue creciendo. Héctor Rubini, otro hombre del CEMA, colabora con cómo debería ser la transformación de la banca y su nueva arquitectura. Pero la gran novedad es la cacería de nuevos libertarios que continuará desde hoy y donde una ficha aparece como la carta mejor guardada: quién será finalmente el ministro de Economía de Milei, algo que anoche tampoco quiso develar. El egresado del Cardenal Copello sabe que vienen horas decisivas y donde cada una de las definiciones será parte de esta nueva etapa de su vida. Una etapa en la que cada vez que habla de las fuerzas del cielo no lo hace en sentido figurativo sino literal. Después de todo, él había anticipado a los propios que este era su momento y no solo por su propia decisión. “Es una cuestión de fe”, concluyó.●
En 48 horas vencen acuerdos de precios por unos 50.000 productos claves de la economía
“Libres”, tuiteó ayer Marcos Galperin. Elon Musk celebró también el resultado
La campaña de Milei demostró ser menos improvisada de lo que parecía al inicio
Los registros automotores y las patentes están en su mira de gobierno
La cacería por los puestos que le queda completar se reinició
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Los dilemas y desafíos de una compleja transición de apenas 19 días
Diego Cabot
Finalmente, el proceso electoral que inició formalmente en junio terminó con el contundente triunfo de Javier Milei. Desde aquella tarde de inscripción de fórmulas, las urgencias de la economía, que entonces ya eran extremas, entraron en modo pausa.
Con la nueva configuración de la Casa Rosada, empieza la primera cuenta regresiva rumbo al cambio de mando. Ahora sí se podrá ver la calidad democrática de la Argentina y, puntualmente, de los contrincantes en el balotaje. Los que miran esta escena son, ni más ni menos, que los argentinos cansados y agotados de sostener la vela política mientras las soluciones a los problemas de sus bolsillos pasan a segundo plano.
Cuando el candidato y ministro de Economía subió al escenario, pasadas las 20, se le veía de lejos la cara de derrota: no era para menos. Pese a contar con la billetera más impresionante que se haya visto en una campaña, Sergio Massa no pudo contra La Libertad Avanza (LLA). Como dijo el perdedor, a Javier Milei lo separan 19 días de que le coloquen la banda presidencial. Para ser más precisos: 13 días hábiles.
Justamente, ese tiempo será vital para entender la verdadera dimensión del país que heredará el libertario. Sucede que muchas variables que importan, y mucho, estaban atadas a la expectativa del triunfo del, por ahora y al cierre de esta edición, ministro de Economía. Con un presidente en ejercicio, Alberto Fernández, que abandonó la gestión hace más de un año, y con todos los ministerios apagados, Massa se dedicó a una gestión personalista y política, alejada de cualquier otro plan que no fuera aguantar a fuerza de emisión, inflación y negociaciones puntuales con algunos sectores.
Que se entienda: teléfono y conversaciones para llegar. No más que eso.
Por caso, los precios de los alimentos, de los combustibles y de la gran mayoría de los bienes de la economía están atados con alfileres por el Gobierno, maniatados por el miedo que Massa y su equipo les infligían a los empresarios de esos sectores para sostener el statu quo.
La semana pasada, un ejecutivo que maneja una empresa en el sector de consumo masivo contaba que había una sola orden: que las góndolas no quedaran vacías. Eso, además de mantener los valores dentro de la burbuja ilusoria de Precios Justos, era toda la gestión del Gobierno para el sector. De hecho, no importaba demasiado que la góndola estuviera llena de un solo producto, lo central era ocupar el espacio.
Ese esquema esconde, por caso, la dificultad para abastecerse que tienen las grandes cadenas de supermercados. Sucede que los fabricantes de alimentos y bebidas prefieren vender a los autoservicios o súper chinos, que pagan, y cobran, alrededor de un 30% más. Ahí se validan otros precios.
Ese esquema de valores desdoblados se sostenía en los llamados y las amenazas de Matías Tombolini, secretario de Comercio. Nadie asegura que aquella áspera voz en el teléfono genere aquel efecto anestesia que tenía hasta el viernes pasado, cuando su jefe, Massa, tenía pólvora en sus bolsillos.
El dólar, por ejemplo, es otro caso de administración artesanal. Ese termómetro que se desprende de la cotización libre de la moneda había sido tabicado por la AFIP con persecuciones policiales en busca de algún que otro bolsero de poca monta.
La imagen de algunos procedimientos en la City se usaba como materia prima para presionar a los grandes de verdad. Nada de planes en materia cambiaria. Teléfono y no mucho más.
En este tiempo electoral, desde junio hasta ahora, jamás se pensó en ninguna política pública destinada a solucionar los problemas de fondo. Más bien lo contrario. Si algo estuvo en la mirada del candidato y ministro era la campaña. No importaba el costo, solo valía mantenerse en el poder. La política antiinflacionaria de Massa se limitó a la presión sobre muchos empresarios que, mansos, entregaron un tiempo mientras apostaron por el triunfo.
Pero el calendario consumió los días. Más allá del feriado de hoy, a Massa le tocará ver cómo se desarma su castillo de naipes. La duda es ver si lo hará como ministro o si en realidad volverá al llano después de decidir la renuncia, algo que nadie descarta.
No resulta serio pensar en una licencia, como en las últimas horas dejó trascender el propio ministro. Los cargos ejecutivos, y más aún los que tienen que ver con el dinero, los salarios y las prioridades de la gente, se ejercen o se renuncia. Suena a humorada pedir licencia por 13 días hábiles que quedan hasta el 10 de diciembre. O mejor, sería un acto de cobardía optar por una licencia para evitar la renuncia.
Finalmente, más allá de la voluntad de Massa y Milei, la transición tendrá una dinámica propia. Claro que ambos, con madurez y convivencia, algo que no han mostrado hasta ahora, bien pueden mejorar los largos 19 días que quedan. Massa se ha quedado sin poder de administración y Milei todavía no puede administrar.
Dos horas más tarde que Massa, el libertario, que fue presentado por su hermana Karina, dio su primer discurso como presidente electo. Dos veces pronunció la fecha del 10 de diciembre. Está claro que ese día asumirá, pero se encargó de subrayar que hasta entonces las responsabilidades son de este gobierno.
El líder de La Libertad Avanza teme que ya no solo herede una pesada situación económica, sino que, además, le endosen los últimos 20 días de gestión del trío Fernández/Fernández/Massa. De hecho, abrumados por la derrota, hay quienes dicen que ya no hay ningún incentivo para mantener la administración del Gobierno.
Milei ganó prácticamente en todo el país. Nuevamente, como aquella vez con Mauricio Macri, los votos de Córdoba fueron abrumadores. Uno de los tres millones de diferencia que hubo con Massa los cosechó en el categórico 75,05% a 25,9% que estampó en esa provincia. Un consejo para el presidente electo: para hablar con acento cordobés se deberá estirar la vocal precedente a la sílaba acentuada.
Faltan 19 días para que Milei se siente en el sillón de presidente. Los argentinos esperan que no se cumpla aquel clásico de Joaquín Sabina. Que no sean “19 días y 500 noches”.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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