“No hay más plata” El primer grito de guerra del presidente Milei
El líder libertario se siente habilitado a acelerar con un ajuste drástico
Por Martín Rodríguez Yebra
El presidente electo, Javier Milei
Javier Milei resumió en tres palabras la impronta inicial de su presidencia: “No hay plata”. Es un mantra que reemplaza a la imagen bizarra de la motosierra encendida y que a fuerza de repetirlo con tono deliberadamente lúgubre expresa una declaración de guerra contra el orden establecido.
El poder revistió a Milei de un pragmatismo evidente en sus posturas públicas, matizó sus odios, atenuó los decibles de su voz, pero –para sorpresa sobre todo de sus rivales– cristalizó su determinación de someter al Estado al ajuste más drástico y profundo del que se tenga memoria.
Cristina Kirchner, el derrotado Sergio Massa y los demás accionistas del peronismo unido descubren con perplejidad que Milei les plantea un juego inesperado. Propone al llegar al gobierno lo mismo o más de lo que había prometido, algo que ninguno de los anteriores presidentes con vocación de liberalizar la economía argentina había hecho. Carlos Menem se vanaglorió de que si decía lo que pensaba hacer nadie lo hubiera votado, y Mauricio Macri moderó sus objetivos ante la convicción de que la sociedad no estaba preparada para asumir el cambio en toda su dimensión.
“Javier tiene una tenacidad lindante con la obstinación y va a tratar de llevar adelante su idea”, vaticinó Rafael Bielsa, actual embajador en Chile, a quien han interrogado desde distintos despachos del oficialismo saliente por su experiencia como antiguo jefe de Milei en el grupo Eurnekian.
Si hiciera falta confirmación, el presidente electo bombardea declaraciones a diario en las que exhibe las piezas del rompecabezas que se propone armar. Dijo que aspira a privatizar los trenes, AYSA, los medios públicos, las acciones estatales de YPF; que le va a entregar Aerolíneas Argentinas a los empleados; que va a frenar la obra pública y que será implacable con el reparto de fondos discrecionales a las provincias. Se propone a recortar partidas presupuestarias por el equivalente a 5 puntos del PBI.
En sus análisis previos al desenlace electoral, Cristina Kirchner creía que un triunfo del libertario sería la consecuencia inevitable del decepcionante desempeño económico del Gobierno. Pero calculaba también que la diferencia había de ser ajustada, como ocurrió con Macri en el 2015, y que la debilidad estructural y la inexperiencia del nuevo presidente lo pondrían rápidamente a la defensiva. La resistencia tendría una base sólida para operar desde el primer día.
La ventaja de más de 11 puntos sobre Massa cambió el campo de batalla. Milei parece descifrar en ese número un mandato claro para desatar el shock sin darle tiempo a la recuperación de sus rivales. Que son los mismos que lo alimentaron durante la campaña con el sueño de usarlo como un instrumento para dividir a Juntos por el Cambio.
Al kirchnerismo le cayó la ficha de que esto no es 2015. Lo que tienen enfrente es un fenómeno nuevo, todavía con rasgos difusos, pero que logró imponer la narrativa del debate público durante toda la campaña, que tiene apoyos en todas las clases sociales, que ganó en 20 provincias y que llega al gobierno con una agenda de ruptura que no hizo el intento de esconder.
Cristina medita sus próximos pasos. Cuando invitó a Victoria Villarruel a reunirse con ella para iniciar la transición en el Senado mostró que entiende la magnitud del dilema. La esperó sin estridencias ni sermones, a pesar de que cuesta imaginar a una dirigente política que pueda considerar más ajena a sus coordenadas ideológicas. Apenas se reservó el discreto consuelo de que un momento que habrá sentido ingrato no quedara retratado en una foto.
El bastión bonaerense que Cristina aseguró con la reelección de Axel Kicillof como gobernador quedó amenazado por el opaco resultado del domingo, en el que Massa apenas superó por 1,5 puntos a Milei en la provincia. El voto libertario permeó hasta en el conurbano profundo, donde los dirigentes peronistas hallaron un rechazo inesperado a la masiva campaña del miedo al ajuste que se inyectó desde el poder.
Cómo será la resistencia
La ola de resistencia a Milei por ahora llega mansita a la orilla. El sindicalista de los pilotos Pablo Biró clamó que lo van a tener que matar antes de que el Estado se deshaga de Aerolíneas. Los gremios de la CGT oponen al “no hay más plata”, la bandera “ni un paso atrás”. Los piqueteros calientan motores con movilizaciones preventivas.
Pero los verdaderos jugadores del poder peronista saben que deben ser quirúrgicos en la reacción. ¿Se puede salir a atacar al presidente que acaba de sacar 55% de los votos? Cristina con esos números (en su caso, obtenidos en una primera vuelta) se lanzó a la fantasía del “vamos por todo”. Es plenamente consciente de que se requiere precisión, timing y conducción política para trazar un plan de oposición en estas condiciones. Primero que nada tienen que salir del aturdimiento de la derrota.
Milei da señales de que intuye la complejidad del duelo, mientras a su alrededor se construye un gobierno de manera caótica y acelerada, sin las ventajas que ofrecería ser parte de un partido político con historial de gestión y experiencia de mando.
Al lanzar desde el primer día la ofensiva contra eso que llama “la casta”, espera aprovechar el impulso de los votos para sortear la trampa que le plantea su famélica fuerza parlamentaria. Al menos en el discurso dejó atrás la fantasía de los plebiscitos y espera construir mayorías con el Pro macrista, los gobernadores del Juntos por el Cambio residual y con los peronistas no kirchneristas.
Lo tiene difícil. Los actores con los que debe negociar pueden ser víctimas colaterales del ajuste. Seduce a “todos los que quieran abrazar las ideas de la libertad”, pero la invitación no viene con financiamiento garantizado. Cada uno de los actores del sistema político tiene juego. Cada diputado vale. Cada gobernador puede ser decisivo. Pero, en medio del vendaval de la crisis, se aconseja estar guardia.
Una de las incógnitas centrales que persisten es cuál es la traducción completa que hizo Milei del mandato electoral. ¿Entiende que su triunfo tiene un enorme componente de voto prestado; que una porción de la ciudadanía priorizó la opción de terminar con un gobierno fallido? ¿O creerá que el éxito del domingo validó las excentricidades de su personaje público, sus posturas extremas en material social, el negacionismo del cambio climático, la banalización de los crímenes de la dictadura, los rasgos intolerantes con el que piensa distinto?
Los indicios de la primera semana sugieren que ha interpretado la prioridad que le imponen sus votantes circunstanciales: bajar la inflación a partir de una racionalización del Estado. Se enmendó a sí mismo con los gestos de reconciliación con el Papa, la cordialidad con China, la amabilidad con Joe Biden (al que atendió antes que a Donald Trump), la disposición a conversar civilizadamente con Alberto Fernández. Ha presentado el ajuste con términos dramáticos: “Si no lo hacemos, vamos hacia una hiperinflación que va a llevar al 90% de los argentinos a la pobreza”.
Con esa frase completa el sentido que le da al “plan no hay plata”, la contracara del “plan platita” que simbolizó la era Fernández-kirchner-massa.
El gigantesco desafío que le espera es no fallar en la receta. Quienes conocen a Milei coinciden en describirlo como un dogmático con una fe ciega en la capacidad del mercado para ordenar la vida material de las personas. El tamaño del desastre acaso lo obligue a flexibilizar posiciones, a afinar la empatía, a entrenar la aceptación de la crítica.
Apunta a contener la reacción populista cuando dice que los recortes no van a afectar a la “gente de bien” sino a “la política”. ¿Es posible desfinanciar la obra pública sin afectar a los obreros?, ¿puede suponerse que el cierre de empresas públicas no va a dejar empleados honestos en la calle? Si aplica un corte drástico a las transferencias nacionales con las que gobierna Kicillof la provincia, ¿es imaginable que el costo social vaya a ser nulo?
Carlos Rodríguez, el economista liberal que hasta hace poco asesoraba a Milei, respondió sin la cautela de quien ocupa un cargo: “Los argentinos van a sufrir. Cuando hay una guerra, ¿quiénes sufren? Los que van a pelear”.
Milei apuesta dosis monumentales de capital político en la promesa del ajuste sin daño, que solo afecte a los malos. La idea prendió en los votantes, pero tiene que pasar el test de la realidad. El hacha puede parecer tentadora mientras uno no sea el árbol.
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Un sistema político en ebullición
Javier Milei deberá buscar sustentación en partidos en plena crisis y en gobernadores a la expectativa
Adriana Balaguer

Un nuevo escenario político se está alumbrando. Javier Milei es presidente electo con la mayor cantidad de votos de la historia de la democracia argentina. El triunfo no es solo el fruto del apoyo de sus seguidores de la Libertad Avanza y de los partidarios de Mauricio Macri y Patricia Bullrich, quienes se arrimaron públicamente un mes antes. A juzgar por el casi 56 % que obtuvo el líder libertario, hubo un acompañamiento que estuvo lejos de ser cantado por las viejas estructuras partidarias y las más recientes coaliciones políticas. El voto fue, más que nunca, una resolución íntima. Aunque la grieta kirchnerismo-antikirchnerismo, sin duda, metió la cola y ayudó a definir.
Más allá del gran apoyo que supo cosechar, Milei necesitará tejer alianzas para que sus proyectos no naufraguen en el Congreso. Su gran desafío: la gobernabilidad. El peronismo mantendrá la primera minoría en ambas cámaras, lo que significa ser el portador de la llave para la sanción de las leyes claves con las que el líder libertario arrancará su gestión. Pero también será clave la participación de los distintos sectores que aún conforman Juntos por el Cambio (JxC), más allá de algunos portazos, como el de Elisa Carrió, líder la Coalición Cívica. Los libertarios apenas cuentan con 39 diputados y 7 senadores. Por algo, a la opción Cristian Ritondo, hombre de Bullrich, como presidente de Diputados, se sumó la de Florencio Randazzo, coequiper de Juan Schiaretti, y la de Miguel Ángel Pichetto, expertos en idas y vueltas del peronismo.
"El mapa político de la Argentina se está reconfigurando. ¿Seguiremos atados a antinomias old fashion o surgirán nuevas inspiraciones?"
“Milei es un presidente extrañamente débil. Digo extrañamente por lo extraordinario del caso. Tiene menos del 10% de las bancas del Senado, menos del 20% de las de Diputados. Es un presidente necesitado de armar acuerdos políticos que le den una sustentabilidad mínima”, explica el politólogo Lucas Romero. “Difícilmente Milei pueda construir una mayoría que le dé control del Congreso. Pero parte de JxC confluirá en una suerte de acuerdo de gobernabilidad o de cogobierno con apoyo legislativo que, proyectado, alcanzaría unas 90 bancas en Diputados y una veintena en el Senado. La gobernabilidad legislativa estará muy acotada y el Gobierno tendrá que ajustar su programa a las posibilidades que le ofrece esa circunstancia. Sin duda, también buscará aprovechar todos los márgenes decisionales que le ofrece el orden institucional, como los decretos de necesidad y urgencia”.
A partir del 10 de diciembre, quienes representan esos votos ganadores, pero también los perdedores, saldrán a la cancha para acompañar o rechazar un plan de gobierno del que solo se conocen algunos lineamientos. Nuevos y viejos rencores dictarán el curso de lo que vendrá. También las necesidades de supervivencia de gobernadores e intendentes que buscarán sobrevivir, más allá del color político declarado en la última campaña electoral. En ese sentido, los gobernadores de JxC ya dieron el miércoles señales como grupo de que están dispuestos a facilitar la “gobernabilidad”.
"La gestión de Milei –sus éxitos y sus fracasos– sería determinante para el decantado del nuevo escenario político."
El mapa político de la Argentina se está reconfigurando. ¿Seguiremos atados a antinomias old fashion o surgirán nuevas inspiraciones? ¿En el oficialismo habrá cogobierno con el PRO o solo una alianza coyuntural? ¿Qué será del resto de JxC? ¿Y del peronismo? ¿El kirchnerismo? ¿De qué dependerá la articulación de la oposición a Milei?
La nueva oposición
“La reconfiguración del sistema de partidos va a depender mucho de cómo se consolide la coalición de gobierno –señala Sergio Berensztein–. Y del éxito de la gestión. En general, la configuración de la oposición depende del oficialismo. Un oficialismo exitoso como el de Carlos Menem genera problemas para la consolidación de un proyecto opositor. En el caso de Menem tardaron como ocho años para armar algo lógico. En el ínterin fue una oposición muy débil que no solo no frenó ni condicionó la lógica de reformas sino que además tuvo que pactar la reforma de la Constitución y perdió la elección en el 95″.
La gestión de Milei –sus éxitos y sus fracasos– sería determinante para el decantado del nuevo escenario político.
Javier Milei, junto a Mauricio Macri y Patricia Bullrich
El sociólogo Marcos Novaro coincide con que la reestructuración del nuevo oficialismo llevará tiempo. “Viviremos un período donde tendremos una situación de ambigüedad, en el que no se sabrá dónde empieza y dónde termina el PRO, o dónde empieza y termina Juntos por el Cambio. Porque Carrió dice que JxC no existe más, que la Coalición Cívica se va, pero no escuché a ninguno de los legisladores de la Coalición Cívica decir lo mismo. Tampoco escuché a ningún radical decir lo que piensan hacer. A todos ellos les viene bien la ambigüedad. Para negociar en mejores términos con Milei, que necesita los votos de todo JxC y no solo los de los legisladores que siguen a Macri. Va a haber mucha migración –anticipa–. No sé si surgirá un espacio coordinado por Macri o directamente por la Libertad Avanza”.
"También el actual oficialismo tendrá que mover sus fichas. Primero, para rearmarse como oposición"
Liliana de Riz, socióloga, destaca: “La emergencia de una tercera fuerza victoriosa en el balotaje, liderada por un outsider propiciado por el oficialismo para dividir a JxC y sostenido luego de su victoria sobre JxC por Mauricio Macri y su candidata Patricia Bullrich, dejó a la fracción larretista del PRO y a la UCR huérfanos de electores. Parece claro que la opción por Massa de connotados dirigentes radicales haciendo gala de la libertad otorgada por el partido abonó el apoyo silencioso de radicales a la fórmula de Milei e hizo posible el triunfo holgado de un desconocido. Estos hechos conspiran contra la continuidad de un partido radical tal como lo conocemos hoy. Pareciera que su quiebre, como el de PRO, es un desenlace seguro, a menos que sepa procesar los cambios que impone el nuevo escenario político”.
Poder territorial
En adelante, cada actor tendrá sus motivos a la hora de mover sus fichas. Quienes tienen responsabilidades de gestión y deben responder a sus votantes también tendrán sus urgencias. “Los gobernadores y los intendentes de JxC tienen por lo menos tres motivos para seguir estando donde están: esa coalición les garantiza mayoría en sus legislaturas y consejos deliberantes y una mesa común para negociar con el gobierno nacional qué carga del ajuste les toca, y el ajuste de las arcas provinciales va a ser feroz. Además tienen juntos chances de habilitar sus planes presidenciales, el caso de Rogelio Frigerio, Alfredo Cornejo, Maximiliano Pullaro y Jorge Macri. Todos tienen poder territorial para hacerlo pesar en la política nacional. Los análisis que dicen Juntos por el Cambio no existe más me parecen un poco apresurados”.
También el actual oficialismo tendrá que mover sus fichas. Primero, para rearmarse como oposición. “El tsunami Milei obligará al peronismo a reorganizarse sobre nuevos ejes. El nuevo presidente no es peronista, aunque evoque para algunos la figura de Menem. Tampoco es radical. Es una fuerza política nueva”, dice De Riz.
En este sentido, Romero subraya: “En la Argentina teníamos dos coaliciones que en 2019 acumularon el 90% de los votos, con dos liderazgos bastante definidos. Este resultado electoral deja a esas dos coaliciones sin un liderazgo claro”.
Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa en la Asamblea Legislativa para ratificar los dos candidatos del balotaje 2023
Romero afirma que las tres figuras importantes del oficialismo hoy no pueden reclamar el liderazgo de su espacio. “Sergio Massa y Alberto Fernández quedaron muy golpeados. Eventualmente Cristina puede conservar parte del liderazgo que ha tenido, pero le va a costar volver a tener protagonismo. Imagino alguna posibilidad de unidad dentro del peronismo pero sin liderazgo, dentro de lo que fue el Frente de Todos o Unión por la Patria. Allí estarán los gobernadores de ese espacio, que van a tener predisposición de dialogo con el presidente electo. Algo parecido a lo que pasó tras 2015, cuando perdió el peronismo y hubo un sector del kirchnerismo, intransigente y opositor, y un sector del peronismo más dialoguista”.
Tal vez lo que le interese a Milei sea crecer sobre los intendentes, como Menem en su momento, dice Novaro. Es decir, transferirles fondos directamente para crear su propia base. “Y es posible que Axel Kicillof y Máximo Kirchner se alíen contra el gobierno nacional y traten de condicionarlo, para amenazar la gobernabilidad nacional, lo que siempre ha hecho el peronismo cuando tiene la provincia y no la nación. Pero quizá Kicillof sea más negociador y vaya por una vía de transacción. Si no, va a tener problemas pronto en Buenos Aires”.
El manejo de los recursos, señala Novaro, le puede dar a Milei “ventajas legislativas, apoyo para algunos proyectos de gobernadores que ya van a estar en rojo por la reducción de ingresos que provocó Massa”. Y en cuanto al futuro del candidato que perdió el balotaje, Novaro considera que su poder estará determinado por el apoyo que le puedan dar gobernadores que no quieren que Kicillof sea el sustituto de Cristina.
¿Y qué será del antagonismo kirchnerismo-antikirchnerismo? En principio, ha sido determinante para el triunfo de Milei, a quienes muchos votaron no por su paleta de propuestas libertarias sino para que el kirchnerismo pierda y salga de la escena.
"Lo que se vislumbra, entonces, es una escena más ideológica, con el progresismo de una lado y los sectores más liberales del otro"
“No daría por muerto al conflicto kirchnerismo-antikirchnerismo”, dice Romero. “Dentro del peronismo, el kirchnerismo ha logrado sobrevivir, como lo demuestran los tres gobernadores que ganaron la elección [Kicillof, Zamora e Insfrán], muy cercanos a Cristina. Incluso es posible que ella organice una suerte de entente detrás de la figura del bonaerense”. Además, “Milei le resulta muy útil a Cristina en el sentido de que el peronismo entrega el poder a un presidente que asume con un gobierno de minoría y débil. Que además va a querer implementar un programa radical que encontrará resistencia de todos los sectores progresistas, peronistas y no peronistas. De hecho, esto empuja a muchos sectores progresistas que estaban alejados a volver para conformar una opción progresista en contra de un gobierno de derecha como el de Milei”.
Ideologías
Lo que se vislumbra, entonces, es una escena más ideológica, con el progresismo de una lado y los sectores más liberales del otro. Una reconstrucción de los partidos más en clave izquierda-derecha, centro izquierda-centro derecha.
Más allá de cómo siga la película, no hay duda de que la gobernabilidad del nuevo gobierno no dependerá solo de su fortaleza legislativa sino también de cómo entrarán en juego los actores sociales, en manos de quienes está la administración de la conflictividad. Hay un tercer aspecto, menos ideológico o político, que es cómo administrará el ejido del Estado, un tablero con más esquinas que líneas rectas.
Imposible en estos tiempos vislumbrar la luz al final del túnel. Tampoco si lo que vendrá será turbulento, aunque podamos intuirlo. Tal vez ayude confiar en que las fuerzas políticas vayan haciendo camino al andar, de manera de poder darle un marco institucional a los acontecimientos futuros.
A modo de homenaje, De Riz cita a Torcuato Di Tella y su hipótesis sobre que algún día existirá un realineamiento partidario con radicales y peronistas a ambos lados del espectro partidario. Lo que tendría lugar, dice, “tras un período, cuya duración no conocemos, de fragmentación del arco partidario y búsqueda de rumbos para encaminar la transición”. Tal vez el terremoto Milei “contribuya a redefinir los alineamientos partidarios, menos identitarios y más vinculados a temas y problemas de quienes buscan representación”, dice la socióloga.
Javier Milei resumió en tres palabras la impronta inicial de su presidencia: “No hay plata”. Es un mantra que reemplaza a la imagen bizarra de la motosierra encendida y que a fuerza de repetirlo con tono deliberadamente lúgubre expresa una declaración de guerra contra el orden establecido.
El poder revistió a Milei de un pragmatismo evidente en sus posturas públicas, matizó sus odios, atenuó los decibles de su voz, pero –para sorpresa sobre todo de sus rivales– cristalizó su determinación de someter al Estado al ajuste más drástico y profundo del que se tenga memoria.
Cristina Kirchner, el derrotado Sergio Massa y los demás accionistas del peronismo unido descubren con perplejidad que Milei les plantea un juego inesperado. Propone al llegar al gobierno lo mismo o más de lo que había prometido, algo que ninguno de los anteriores presidentes con vocación de liberalizar la economía argentina había hecho. Carlos Menem se vanaglorió de que si decía lo que pensaba hacer nadie lo hubiera votado, y Mauricio Macri moderó sus objetivos ante la convicción de que la sociedad no estaba preparada para asumir el cambio en toda su dimensión.
“Javier tiene una tenacidad lindante con la obstinación y va a tratar de llevar adelante su idea”, vaticinó Rafael Bielsa, actual embajador en Chile, a quien han interrogado desde distintos despachos del oficialismo saliente por su experiencia como antiguo jefe de Milei en el grupo Eurnekian.
Si hiciera falta confirmación, el presidente electo bombardea declaraciones a diario en las que exhibe las piezas del rompecabezas que se propone armar. Dijo que aspira a privatizar los trenes, AYSA, los medios públicos, las acciones estatales de YPF; que le va a entregar Aerolíneas Argentinas a los empleados; que va a frenar la obra pública y que será implacable con el reparto de fondos discrecionales a las provincias. Se propone a recortar partidas presupuestarias por el equivalente a 5 puntos del PBI.
En sus análisis previos al desenlace electoral, Cristina Kirchner creía que un triunfo del libertario sería la consecuencia inevitable del decepcionante desempeño económico del Gobierno. Pero calculaba también que la diferencia había de ser ajustada, como ocurrió con Macri en el 2015, y que la debilidad estructural y la inexperiencia del nuevo presidente lo pondrían rápidamente a la defensiva. La resistencia tendría una base sólida para operar desde el primer día.
La ventaja de más de 11 puntos sobre Massa cambió el campo de batalla. Milei parece descifrar en ese número un mandato claro para desatar el shock sin darle tiempo a la recuperación de sus rivales. Que son los mismos que lo alimentaron durante la campaña con el sueño de usarlo como un instrumento para dividir a Juntos por el Cambio.
Al kirchnerismo le cayó la ficha de que esto no es 2015. Lo que tienen enfrente es un fenómeno nuevo, todavía con rasgos difusos, pero que logró imponer la narrativa del debate público durante toda la campaña, que tiene apoyos en todas las clases sociales, que ganó en 20 provincias y que llega al gobierno con una agenda de ruptura que no hizo el intento de esconder.
Cristina medita sus próximos pasos. Cuando invitó a Victoria Villarruel a reunirse con ella para iniciar la transición en el Senado mostró que entiende la magnitud del dilema. La esperó sin estridencias ni sermones, a pesar de que cuesta imaginar a una dirigente política que pueda considerar más ajena a sus coordenadas ideológicas. Apenas se reservó el discreto consuelo de que un momento que habrá sentido ingrato no quedara retratado en una foto.
El bastión bonaerense que Cristina aseguró con la reelección de Axel Kicillof como gobernador quedó amenazado por el opaco resultado del domingo, en el que Massa apenas superó por 1,5 puntos a Milei en la provincia. El voto libertario permeó hasta en el conurbano profundo, donde los dirigentes peronistas hallaron un rechazo inesperado a la masiva campaña del miedo al ajuste que se inyectó desde el poder.
Cómo será la resistencia
La ola de resistencia a Milei por ahora llega mansita a la orilla. El sindicalista de los pilotos Pablo Biró clamó que lo van a tener que matar antes de que el Estado se deshaga de Aerolíneas. Los gremios de la CGT oponen al “no hay más plata”, la bandera “ni un paso atrás”. Los piqueteros calientan motores con movilizaciones preventivas.
Pero los verdaderos jugadores del poder peronista saben que deben ser quirúrgicos en la reacción. ¿Se puede salir a atacar al presidente que acaba de sacar 55% de los votos? Cristina con esos números (en su caso, obtenidos en una primera vuelta) se lanzó a la fantasía del “vamos por todo”. Es plenamente consciente de que se requiere precisión, timing y conducción política para trazar un plan de oposición en estas condiciones. Primero que nada tienen que salir del aturdimiento de la derrota.
Milei da señales de que intuye la complejidad del duelo, mientras a su alrededor se construye un gobierno de manera caótica y acelerada, sin las ventajas que ofrecería ser parte de un partido político con historial de gestión y experiencia de mando.
Al lanzar desde el primer día la ofensiva contra eso que llama “la casta”, espera aprovechar el impulso de los votos para sortear la trampa que le plantea su famélica fuerza parlamentaria. Al menos en el discurso dejó atrás la fantasía de los plebiscitos y espera construir mayorías con el Pro macrista, los gobernadores del Juntos por el Cambio residual y con los peronistas no kirchneristas.
Lo tiene difícil. Los actores con los que debe negociar pueden ser víctimas colaterales del ajuste. Seduce a “todos los que quieran abrazar las ideas de la libertad”, pero la invitación no viene con financiamiento garantizado. Cada uno de los actores del sistema político tiene juego. Cada diputado vale. Cada gobernador puede ser decisivo. Pero, en medio del vendaval de la crisis, se aconseja estar guardia.
Una de las incógnitas centrales que persisten es cuál es la traducción completa que hizo Milei del mandato electoral. ¿Entiende que su triunfo tiene un enorme componente de voto prestado; que una porción de la ciudadanía priorizó la opción de terminar con un gobierno fallido? ¿O creerá que el éxito del domingo validó las excentricidades de su personaje público, sus posturas extremas en material social, el negacionismo del cambio climático, la banalización de los crímenes de la dictadura, los rasgos intolerantes con el que piensa distinto?
Los indicios de la primera semana sugieren que ha interpretado la prioridad que le imponen sus votantes circunstanciales: bajar la inflación a partir de una racionalización del Estado. Se enmendó a sí mismo con los gestos de reconciliación con el Papa, la cordialidad con China, la amabilidad con Joe Biden (al que atendió antes que a Donald Trump), la disposición a conversar civilizadamente con Alberto Fernández. Ha presentado el ajuste con términos dramáticos: “Si no lo hacemos, vamos hacia una hiperinflación que va a llevar al 90% de los argentinos a la pobreza”.
Con esa frase completa el sentido que le da al “plan no hay plata”, la contracara del “plan platita” que simbolizó la era Fernández-kirchner-massa.
El gigantesco desafío que le espera es no fallar en la receta. Quienes conocen a Milei coinciden en describirlo como un dogmático con una fe ciega en la capacidad del mercado para ordenar la vida material de las personas. El tamaño del desastre acaso lo obligue a flexibilizar posiciones, a afinar la empatía, a entrenar la aceptación de la crítica.
Apunta a contener la reacción populista cuando dice que los recortes no van a afectar a la “gente de bien” sino a “la política”. ¿Es posible desfinanciar la obra pública sin afectar a los obreros?, ¿puede suponerse que el cierre de empresas públicas no va a dejar empleados honestos en la calle? Si aplica un corte drástico a las transferencias nacionales con las que gobierna Kicillof la provincia, ¿es imaginable que el costo social vaya a ser nulo?
Carlos Rodríguez, el economista liberal que hasta hace poco asesoraba a Milei, respondió sin la cautela de quien ocupa un cargo: “Los argentinos van a sufrir. Cuando hay una guerra, ¿quiénes sufren? Los que van a pelear”.
Milei apuesta dosis monumentales de capital político en la promesa del ajuste sin daño, que solo afecte a los malos. La idea prendió en los votantes, pero tiene que pasar el test de la realidad. El hacha puede parecer tentadora mientras uno no sea el árbol.
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Un sistema político en ebullición
Javier Milei deberá buscar sustentación en partidos en plena crisis y en gobernadores a la expectativa
Adriana Balaguer

Un nuevo escenario político se está alumbrando. Javier Milei es presidente electo con la mayor cantidad de votos de la historia de la democracia argentina. El triunfo no es solo el fruto del apoyo de sus seguidores de la Libertad Avanza y de los partidarios de Mauricio Macri y Patricia Bullrich, quienes se arrimaron públicamente un mes antes. A juzgar por el casi 56 % que obtuvo el líder libertario, hubo un acompañamiento que estuvo lejos de ser cantado por las viejas estructuras partidarias y las más recientes coaliciones políticas. El voto fue, más que nunca, una resolución íntima. Aunque la grieta kirchnerismo-antikirchnerismo, sin duda, metió la cola y ayudó a definir.
Más allá del gran apoyo que supo cosechar, Milei necesitará tejer alianzas para que sus proyectos no naufraguen en el Congreso. Su gran desafío: la gobernabilidad. El peronismo mantendrá la primera minoría en ambas cámaras, lo que significa ser el portador de la llave para la sanción de las leyes claves con las que el líder libertario arrancará su gestión. Pero también será clave la participación de los distintos sectores que aún conforman Juntos por el Cambio (JxC), más allá de algunos portazos, como el de Elisa Carrió, líder la Coalición Cívica. Los libertarios apenas cuentan con 39 diputados y 7 senadores. Por algo, a la opción Cristian Ritondo, hombre de Bullrich, como presidente de Diputados, se sumó la de Florencio Randazzo, coequiper de Juan Schiaretti, y la de Miguel Ángel Pichetto, expertos en idas y vueltas del peronismo.
"El mapa político de la Argentina se está reconfigurando. ¿Seguiremos atados a antinomias old fashion o surgirán nuevas inspiraciones?"
“Milei es un presidente extrañamente débil. Digo extrañamente por lo extraordinario del caso. Tiene menos del 10% de las bancas del Senado, menos del 20% de las de Diputados. Es un presidente necesitado de armar acuerdos políticos que le den una sustentabilidad mínima”, explica el politólogo Lucas Romero. “Difícilmente Milei pueda construir una mayoría que le dé control del Congreso. Pero parte de JxC confluirá en una suerte de acuerdo de gobernabilidad o de cogobierno con apoyo legislativo que, proyectado, alcanzaría unas 90 bancas en Diputados y una veintena en el Senado. La gobernabilidad legislativa estará muy acotada y el Gobierno tendrá que ajustar su programa a las posibilidades que le ofrece esa circunstancia. Sin duda, también buscará aprovechar todos los márgenes decisionales que le ofrece el orden institucional, como los decretos de necesidad y urgencia”.
A partir del 10 de diciembre, quienes representan esos votos ganadores, pero también los perdedores, saldrán a la cancha para acompañar o rechazar un plan de gobierno del que solo se conocen algunos lineamientos. Nuevos y viejos rencores dictarán el curso de lo que vendrá. También las necesidades de supervivencia de gobernadores e intendentes que buscarán sobrevivir, más allá del color político declarado en la última campaña electoral. En ese sentido, los gobernadores de JxC ya dieron el miércoles señales como grupo de que están dispuestos a facilitar la “gobernabilidad”.
"La gestión de Milei –sus éxitos y sus fracasos– sería determinante para el decantado del nuevo escenario político."
El mapa político de la Argentina se está reconfigurando. ¿Seguiremos atados a antinomias old fashion o surgirán nuevas inspiraciones? ¿En el oficialismo habrá cogobierno con el PRO o solo una alianza coyuntural? ¿Qué será del resto de JxC? ¿Y del peronismo? ¿El kirchnerismo? ¿De qué dependerá la articulación de la oposición a Milei?
La nueva oposición
“La reconfiguración del sistema de partidos va a depender mucho de cómo se consolide la coalición de gobierno –señala Sergio Berensztein–. Y del éxito de la gestión. En general, la configuración de la oposición depende del oficialismo. Un oficialismo exitoso como el de Carlos Menem genera problemas para la consolidación de un proyecto opositor. En el caso de Menem tardaron como ocho años para armar algo lógico. En el ínterin fue una oposición muy débil que no solo no frenó ni condicionó la lógica de reformas sino que además tuvo que pactar la reforma de la Constitución y perdió la elección en el 95″.
La gestión de Milei –sus éxitos y sus fracasos– sería determinante para el decantado del nuevo escenario político.
Javier Milei, junto a Mauricio Macri y Patricia BullrichEl sociólogo Marcos Novaro coincide con que la reestructuración del nuevo oficialismo llevará tiempo. “Viviremos un período donde tendremos una situación de ambigüedad, en el que no se sabrá dónde empieza y dónde termina el PRO, o dónde empieza y termina Juntos por el Cambio. Porque Carrió dice que JxC no existe más, que la Coalición Cívica se va, pero no escuché a ninguno de los legisladores de la Coalición Cívica decir lo mismo. Tampoco escuché a ningún radical decir lo que piensan hacer. A todos ellos les viene bien la ambigüedad. Para negociar en mejores términos con Milei, que necesita los votos de todo JxC y no solo los de los legisladores que siguen a Macri. Va a haber mucha migración –anticipa–. No sé si surgirá un espacio coordinado por Macri o directamente por la Libertad Avanza”.
"También el actual oficialismo tendrá que mover sus fichas. Primero, para rearmarse como oposición"
Liliana de Riz, socióloga, destaca: “La emergencia de una tercera fuerza victoriosa en el balotaje, liderada por un outsider propiciado por el oficialismo para dividir a JxC y sostenido luego de su victoria sobre JxC por Mauricio Macri y su candidata Patricia Bullrich, dejó a la fracción larretista del PRO y a la UCR huérfanos de electores. Parece claro que la opción por Massa de connotados dirigentes radicales haciendo gala de la libertad otorgada por el partido abonó el apoyo silencioso de radicales a la fórmula de Milei e hizo posible el triunfo holgado de un desconocido. Estos hechos conspiran contra la continuidad de un partido radical tal como lo conocemos hoy. Pareciera que su quiebre, como el de PRO, es un desenlace seguro, a menos que sepa procesar los cambios que impone el nuevo escenario político”.
Poder territorial
En adelante, cada actor tendrá sus motivos a la hora de mover sus fichas. Quienes tienen responsabilidades de gestión y deben responder a sus votantes también tendrán sus urgencias. “Los gobernadores y los intendentes de JxC tienen por lo menos tres motivos para seguir estando donde están: esa coalición les garantiza mayoría en sus legislaturas y consejos deliberantes y una mesa común para negociar con el gobierno nacional qué carga del ajuste les toca, y el ajuste de las arcas provinciales va a ser feroz. Además tienen juntos chances de habilitar sus planes presidenciales, el caso de Rogelio Frigerio, Alfredo Cornejo, Maximiliano Pullaro y Jorge Macri. Todos tienen poder territorial para hacerlo pesar en la política nacional. Los análisis que dicen Juntos por el Cambio no existe más me parecen un poco apresurados”.
También el actual oficialismo tendrá que mover sus fichas. Primero, para rearmarse como oposición. “El tsunami Milei obligará al peronismo a reorganizarse sobre nuevos ejes. El nuevo presidente no es peronista, aunque evoque para algunos la figura de Menem. Tampoco es radical. Es una fuerza política nueva”, dice De Riz.
En este sentido, Romero subraya: “En la Argentina teníamos dos coaliciones que en 2019 acumularon el 90% de los votos, con dos liderazgos bastante definidos. Este resultado electoral deja a esas dos coaliciones sin un liderazgo claro”.
Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa en la Asamblea Legislativa para ratificar los dos candidatos del balotaje 2023Romero afirma que las tres figuras importantes del oficialismo hoy no pueden reclamar el liderazgo de su espacio. “Sergio Massa y Alberto Fernández quedaron muy golpeados. Eventualmente Cristina puede conservar parte del liderazgo que ha tenido, pero le va a costar volver a tener protagonismo. Imagino alguna posibilidad de unidad dentro del peronismo pero sin liderazgo, dentro de lo que fue el Frente de Todos o Unión por la Patria. Allí estarán los gobernadores de ese espacio, que van a tener predisposición de dialogo con el presidente electo. Algo parecido a lo que pasó tras 2015, cuando perdió el peronismo y hubo un sector del kirchnerismo, intransigente y opositor, y un sector del peronismo más dialoguista”.
Tal vez lo que le interese a Milei sea crecer sobre los intendentes, como Menem en su momento, dice Novaro. Es decir, transferirles fondos directamente para crear su propia base. “Y es posible que Axel Kicillof y Máximo Kirchner se alíen contra el gobierno nacional y traten de condicionarlo, para amenazar la gobernabilidad nacional, lo que siempre ha hecho el peronismo cuando tiene la provincia y no la nación. Pero quizá Kicillof sea más negociador y vaya por una vía de transacción. Si no, va a tener problemas pronto en Buenos Aires”.
El manejo de los recursos, señala Novaro, le puede dar a Milei “ventajas legislativas, apoyo para algunos proyectos de gobernadores que ya van a estar en rojo por la reducción de ingresos que provocó Massa”. Y en cuanto al futuro del candidato que perdió el balotaje, Novaro considera que su poder estará determinado por el apoyo que le puedan dar gobernadores que no quieren que Kicillof sea el sustituto de Cristina.
¿Y qué será del antagonismo kirchnerismo-antikirchnerismo? En principio, ha sido determinante para el triunfo de Milei, a quienes muchos votaron no por su paleta de propuestas libertarias sino para que el kirchnerismo pierda y salga de la escena.
"Lo que se vislumbra, entonces, es una escena más ideológica, con el progresismo de una lado y los sectores más liberales del otro"
“No daría por muerto al conflicto kirchnerismo-antikirchnerismo”, dice Romero. “Dentro del peronismo, el kirchnerismo ha logrado sobrevivir, como lo demuestran los tres gobernadores que ganaron la elección [Kicillof, Zamora e Insfrán], muy cercanos a Cristina. Incluso es posible que ella organice una suerte de entente detrás de la figura del bonaerense”. Además, “Milei le resulta muy útil a Cristina en el sentido de que el peronismo entrega el poder a un presidente que asume con un gobierno de minoría y débil. Que además va a querer implementar un programa radical que encontrará resistencia de todos los sectores progresistas, peronistas y no peronistas. De hecho, esto empuja a muchos sectores progresistas que estaban alejados a volver para conformar una opción progresista en contra de un gobierno de derecha como el de Milei”.
Ideologías
Lo que se vislumbra, entonces, es una escena más ideológica, con el progresismo de una lado y los sectores más liberales del otro. Una reconstrucción de los partidos más en clave izquierda-derecha, centro izquierda-centro derecha.
Más allá de cómo siga la película, no hay duda de que la gobernabilidad del nuevo gobierno no dependerá solo de su fortaleza legislativa sino también de cómo entrarán en juego los actores sociales, en manos de quienes está la administración de la conflictividad. Hay un tercer aspecto, menos ideológico o político, que es cómo administrará el ejido del Estado, un tablero con más esquinas que líneas rectas.
Imposible en estos tiempos vislumbrar la luz al final del túnel. Tampoco si lo que vendrá será turbulento, aunque podamos intuirlo. Tal vez ayude confiar en que las fuerzas políticas vayan haciendo camino al andar, de manera de poder darle un marco institucional a los acontecimientos futuros.
A modo de homenaje, De Riz cita a Torcuato Di Tella y su hipótesis sobre que algún día existirá un realineamiento partidario con radicales y peronistas a ambos lados del espectro partidario. Lo que tendría lugar, dice, “tras un período, cuya duración no conocemos, de fragmentación del arco partidario y búsqueda de rumbos para encaminar la transición”. Tal vez el terremoto Milei “contribuya a redefinir los alineamientos partidarios, menos identitarios y más vinculados a temas y problemas de quienes buscan representación”, dice la socióloga.
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