miércoles, 22 de noviembre de 2023

PABLO SIRVÉN, ANDRÉS OPPENHEIMER, NICOLÁS JOSÉ ISOLA, Y EDITORIALES

El Exocet reversible que nadie vio venir
Pablo Sirvén
Antes de que apodaran “el Loco” a Javier Milei, hubo otro presidente de la Nación, volcánico y disruptivo, pero tan ilustre como polémico, que mereció ese mote: Domingo Faustino Sarmiento.
Se anda repitiendo por ahí que el líder libertario es quien ha hecho más supersónicamente la carrera desde el llano hasta la presidencia de la Nación. Error: le llevó un breve tiempo similar en llegar hasta la Casa Rosada a Juan Domingo Perón, aunque en su caso lo hizo aupado desde el primer minuto en el lomo de una poderosa dictadura militar hasta su unción, por las masas obreras, el 17 de octubre de 1945.
Ojalá que del “padre del aula” (Sarmiento) Milei tome su inventiva y determinación para, al cabo de su gestión, brindar a la posteridad una profusa obra de gobierno, tal como lo hizo el gran sanjuanino y que saque del “primer trabajador argentino” (Perón) la fortaleza necesaria para disciplinar a las corporaciones (sindicales, patronales y movimientos sociales) sea por adhesión o porque sepa inspirar reverencial respeto.
Sabido es que cualquier administración no peronista asume con la desventaja de no contar con la aquiescencia de esos y otros factores de poder que suelen poner palos en la rueda y elevar la protesta hasta lo indecible desde el minuto uno, algo que no suelen hacer cuando gestiona cualquier facción justicialista sin importar cuán ineficiente pueda ser su desempeño (el actual gobierno y la gestión de Sergio Massa como ruinoso ministro de Economía lo demuestran una vez más).
Milei debe dejar atrás, cuanto antes, su desordenado dogmatismo, las provocaciones virtuales que lo llevaron a ser una exitosísima rockstar de las redes sociales y un ruidoso panelista televisivo para elevarse por encima de grietas y divisiones. Su prioridad tiene que ser convertirse en el jefe de Estado que la Argentina necesita ahora mismo para curar viejas y nuevas heridas. En esta hora tan crucial del país, la historia demanda de Milei que se transfigure en un estadista y que se aplique de verdad a ser mucho más de lo que el mismo supone que es.
Para ello deberá sosegarse, no entrar en discusiones estériles ni sentirse obligado a contestar preguntas/trampa que solo quieren enredarlo en las mismas polémicas de siempre. También deberá amordazar a sus propias fieras si estas no toman en serio la dimensión del nuevo escenario, tan alejado de los jueguitos atrevidos de la web.
Moderar y moderarse, ser flexible, buscar consensos. Entender que se gana el balotaje con votos propios y ajenos. Y que en menos de tres semanas se convertirá en el presidente de todos los argentinos, incluso de los 11,5 millones que no lo votaron. No significa que deba traicionar sus principios; solo que tendrá que dosificarlos con prudencia y contemplando que los remedios a aplicar no sean peores que las enfermedades que pretenda erradicar. La tarea que lo espera es monumental y delicada.
Si bien no es un tema que Milei enfatice por propia iniciativa, sí viene respondiendo ante distintas consultas periodísticas que privatizaría los medios públicos (TV Pública, Radio Nacional y la agencia Télam). No parece tan fácil de llevar a cabo eso rápidamente. En cambio sí solo es cuestión de voluntad política adecentar sus contenidos, corriéndolos del rancio oficialismo que hoy transitan sin suplantarlo por uno nuevo, a partir del próximo 10 de diciembre.
Ha quedado atrás la sucesión de elecciones nacionales más curiosas, disímiles y sorprendentes de la historia argentina contemporánea. En las PASO del 13 de agosto nos asombramos todos cuando picó en punta Javier Milei, que venía corriendo muy de atrás, no era favorito. Entonces desplazó al segundo lugar a Juntos por el Cambio (que sumaba en esa instancia los votos de Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta) y al tercero, al oficialista Unión por la Patria.
En la primera vuelta, el 22 de octubre, la sorpresa vino por el lado de Massa al tomar la delantera, nada menos que por seis puntos, dejar a Milei en segundo lugar y eliminar a Patricia Bullrich de la competencia. Finalmente, el domingo último, en el balotaje, todos nos volvimos a mirar azorados con la enorme diferencia de 11,5 puntos de ventaja que le sacó Milei a Massa.
¿Qué factores contribuyeron para que el voto fuera tan volátil y cambiante de una elección a otra? Sin duda, la aparición de un elemento extraño e imprevisto, una suerte de cuña entre las dos grandes coaliciones que ocupaban hasta ahora monopólicamente el centro del escenario político: el “tercero en discordia”, Javier Milei.
Tanto Juntos por el Cambio como el Frente de Todos (luego rebautizado Unión por la Patria) demostraron gran eficacia electoral en 2015 y 2019 respectivamente, pero dejaron bastante que desear a la hora de gobernar. Sin embargo, en los comicios legislativos de 2021, JxC retomó una contundente delantera que proyectaba un triunfo casi seguro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales que acaban de celebrarse.
En 2019, el peronismo había llegado a la conclusión de que para ganar debía unir a sus distintas corrientes internas, aun hasta las más enfrentadas entre sí. Al lograrlo, consiguió imponerse al macrismo con holgura en la primera vuelta. Pero ya en 2021 sus huestes notaron que el solo hecho de seguir unidos no les garantizaba la victoria en 2023. Entonces jugaron a la división de la oposición fortaleciendo a un simple “standupero” televisivo (así lo rotuló despectivamente Massa en el último debate), metiéndole fichas y armando sus listas. Les funcionó: lograron dejar fuera de carrera a JxC. Es algo que tanto Mauricio Macri como Patricia Bullrich habían detectado tempranamente y también Javier Milei, que había dicho que juntos en una fórmula con la titular de Pro habrían ganado en primera vuelta. Efectivamente, si se suman los porcentajes que consiguieron por separado superaban el 54%.
Si era tan simple, ¿por qué no lo hicieron antes? Por las mismas razones que cuando se decidieron a último momento, ocurrieron: la férrea oposición de la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica y una parte de Pro, que dejó a JxC en estado de disolución.
Las matemáticas, una vez más, no volvieron a fallar: el triunfo de Milei es producto de sus propios votos más los que le cedieron en bloque los votantes de Patricia Bullrich. La jugada de Macri/Bullrich volvió a soldar lo que el oficialismo había roto y Milei se convirtió entonces en un Exocet reversible que terminó impactando en el mismísimo Massa, sin que el “plan platita” ni la campaña del miedo pudiesen impedirlo. Increíble carambola.
La democracia argentina está cumpliendo 40 años y quiere celebrarlo repartiendo los tantos: La Libertad Avanza gobernará ahora a nivel nacional; Unión por la Patria seguirá administrando la provincia de Buenos Aires, y Juntos por el Cambio, como desde 2007, continúa a cargo de CABA.
Es hora de que las dirigencias de las tres coaliciones demuestren madurez, dejen las consignas y chicanas a un lado y se pongan a hacer seriamente lo único para lo que fueron votados: administrar con honestidad y eficiencia los distritos que tienen a su cargo. También que, de una vez, se acostumbren a dialogar sin zancadillas sobre aquellos temas en los que deban confluir. Nada más y nada menos.

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Contra la epidemia de soledad
,Andrés Oppenheimer


El reciente nombramiento de la conocida terapeuta sexual, doctora Ruth Westheimer, como “embajadora honoraria para el combate a la soledad” del estado de Nueva York –la primera de su tipo en Estados Unidos– no es algo trivial: el aislamiento social es una epidemia que está matando a cada vez más gente en todo el mundo.
Pude aprender mucho sobre este flagelo en los últimos 6 años, tras entrevistar a la ministra de la soledad de Gran Bretaña y otros funcionarios en más de una docena de países mientras realizaba la investigación para mi nuevo libro Cómo salir del pozo, sobre lo que están haciendo los países más felices del mundo para combatir el descontento y la depresión. El 15 de noviembre, pocos días después del nombramiento de Westheimer en Nueva York, la Organización Mundial de la Salud declaró la soledad una “prioridad mundial”.
Además de Gran Bretaña, Japón también creó un ministerio de la soledad, y el cirujano general de EE.UU. Vivek Murthy dio a conocer un informe este año en el que instó a Washington a tomar medidas urgentes contra la “epidemia de soledad y aislamiento”. Una encuesta reciente de Gallup realizada en más de 140 países muestra que casi 1 de cada 4 personas en todo el mundo se siente muy o bastante sola. Según la OMS, el aislamiento social provoca, entre otras cosas, problemas cardiovasculares, deterioro cognitivo y adicciones. Por suerte, varios países están tomando medidas concretas para combatir el aislamiento social, promoviendo las conexiones sociales.
Según me explicaron funcionarios británicos, la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido estuvo incluyendo preguntas sobre la felicidad personal y la soledad en su censo anual desde hace más de una década. Con esa información, las autoridades de salud pueden localizar focos de soledad en cualquier ciudad o barrio, a menudo provocados por el cierre de una fábrica o por un aumento del crimen. De esta manera, se pueden mandar asistentes sociales a un bloque urbano específico con una alta concentración de gente sola, preguntar a los residentes cuáles son sus pasatiempos favoritos y luego planificar actividades sociales después de horas en la escuela más cercana. Parece una solución obvia, pero pocos países lo están haciendo sistemáticamente.
Gran Bretaña también creó el puesto de “recetador social” en la mayoría de los hospitales. Según me explicaron funcionarios británicos, un 20% de la gente que va a un hospital no necesita una receta médica, sino una “receta social”. Los más de 3500 “recetadores sociales” del Reino Unido tienen una base de datos con casi 10.000 grupos comunitarios –desde coros y talleres literarios hasta clubes de jardinería–, y conectan a los pacientes que necesitan una “receta social” con sus grupos preferidos cerca de sus casas. En Dinamarca, los funcionarios de salud me dijeron que hay 101.000 grupos comunitarios, cifra récord para un país de sólo 5,7 millones de habitantes. Por ley, los 98 gobiernos locales de Dinamarca deben ofrecer espacio en las oficinas públicas o en las escuelas después de horas para grupos cívicos, culturales, deportivos y de voluntarios.
Dinamarca figura casi todos los años como uno de los países más felices del mundo en el ranking de 137 países del Reporte Mundial de la Felicidad, precisamente por su rica vida comunitaria, me dijeron varios expertos en Copenhage. Por ejemplo, Dinamarca tiene 3 veces más grupos de coleccionistas de estampillas que México, país cuya población es 20 veces mayor. Curiosamente, la reciente encuesta de Gallup encontró que los jóvenes se sienten más solos que los adultos mayores. Para combatir la soledad de jóvenes y adultos, el Reino Unido ofrece sesiones de terapia en línea gratuitas en su sitio web “Every Mind Matters”. Es un psicólogo robótico al que se puede acceder de forma anónima, y funciona bastante bien.
Hay muchas soluciones prácticas para combatir la epidemia de la soledad. Es hora de que todos los gobiernos sigan los pasos de países como el Reino Unido y Dinamarca, y empiecen a tomar medidas para aumentar la conexión social de la gente. No es muy difícil hacerlo, ahorra a los gobiernos un dineral en gastos hospitalarios, y ayuda a combatir el descontento y a aumentar la felicidad de la población.

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Massa, el calculador derrotado
Nicolás José Isola
Una elección es una disputa narrativa por el poder, por eso el coacheo es relevante. El problema es cuando ese coacheo no es creíble y el protagonista no logra ser natural. Los seres humanos estamos formateados para captar cuando alguien nos quiere vender algo o cuando está siendo sincero, es decir, que, aun con sus errores, no está queriendo mentirnos.
Si algo tiene Milei es que está todo ahí cuando habla: se pone colorado, se irrita, colapsa y repite: “O sea, digamos”. En algún punto, y a su pesar, le cuesta mucho dejar de ser auténtico. Este mismo aspecto lo limitó en el último tiempo de campaña, porque esa autenticidad era leída como agresiva, pulsional, descontrolada. Pero nadie dudaba de que no había acting ni coacheo: la explosión era real y no prefabricada. Su verborragia ofensiva no pocas veces le jugó en contra.
En esta campaña, entre otras muchas cosas, en términos comunicacionales la autenticidad frontal y torpe de Milei le ganó al cálculo milimétrico, manipulador y actuado de Sergio Massa. La ciudadanía está destruida, cansada, pauperizada. Cuando uno está en esa situación detesta que le mientan o le sobreactúen cosas. Cuando los seres humanos estamos mal queremos y pedimos frontalidad. La verdad a secas. Sin más.
Massa ya traía el historial de caer siempre bien parado con su dudoso caleidoscopio moral. Había dejado muchos años atrás el hogar de sus padres kirchneristas y tuvo que volver porque su Microemprendimiento Renovador no había dado todos los frutos que él esperaba. Quien había prometido eliminar a los ñoquis ahora espolvoreaba la harina sobre la masa. Era uno más en la casa de pastas. Allí consiguió hacer lo que él sabe hacer como nadie: eliminar competidores internos y ser el único candidato de aquella fuerza. Lo cierto es que las personas angustiadas quieren escuchar la verdad, aunque duela. Detestan las poses en sus líderes, porque esas poses muestran que no son como ellos, que no sufren y sienten como ellos. En suma, que no los entienden.
Cuando a una narrativa se le ven los hilos manipuladores pierde impacto. A nadie le gusta que lo manejen. Durante las últimas semanas, Massa quiso insuflarle terror a la sociedad y la sociedad le contestó dándole el susto de su vida. Massa y sus estrategas de campaña no mensuraron que no hay nada que genere más miedo que una inflación galopante o caer en la propia condición social. En la Argentina hay médicos que son pobres, eso no existe en ningún país del mundo. Es una especialidad de la casa. Massa hizo mal las cuentas, no notó que no existe mayor dolor que ver a un hijo emigrar porque no tiene condiciones para permanecer. No hay plan platita para ese nudo en la garganta. Massa no se dio cuenta de que sufrir robos a diario en las calles o tener una tasa de pobreza histórica es lo más pavoroso que puede ocurrir.
A su campaña del estrés le sumó su rostro falso para expresar emociones. Puede aprenderse todo un discurso de memoria, pero su rostro nunca termina de sentir lo que sus labios están diciendo. Esa disociación es letal. Sobre todo si en el camino uno se burla de un joven que no consiguió renovar su pasantía. En ese debate mostró una capacidad inmensa para atacar y herir. Todos lo dieron por vencedor, pero no hubo en él ni una mueca de vulnerabilidad sincera ante su pésima gestión que hundió a millones de rostros en la pobreza.
Anteayer la ciudadanía dio el veredicto sobre su gestión económica y sobre su campaña de terror y despilfarro. El gran simulador fue derrotado por un sujeto encendido que transpira cuando grita. Agotado, el ciudadano eligió al que lo tocó emocionalmente. El boomerang del miedo se incrustó en la cara de su creador.

Filósofo, PhD, coach ejecutivo y experto en storytelling; exconsultor de la Unesco

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El desafío de Milei: convertir el hartazgo en esperanza
El presidente electo deberá sumar acuerdos políticos de largo alcance para ver facilitada la gobernabilidad y poder solucionar los problemas del país
La mayoría de los ciudadanos que le dieron el triunfo a Javier Milei no percibieron que su soberana decisión pudiese ser equiparada a un salto al vacío, como pretendía el oficialismo. De ningún modo podía ser concebido ese voto de tal forma cuando gran parte de la población ya tenía la sensación de estar en el fondo del mar. La campaña del miedo que intentó imponer la coalición gobernante fue insuficiente frente al hartazgo de la sociedad ante las prácticas corruptas del kirchnerismo y un modelo económico agotado que nos condujo a niveles de inflación del 142% interanual que no se sufrían desde hacía 32 años y a tasas de pobreza superiores al 40%.
El electorado que le dio la espalda al oficialismo esta vez pareció decirle definitivamente basta a una dirigencia empeñada en garantizarles impunidad a la vicepresidenta de la Nación y a otros funcionarios kirchneristas. Del mismo modo, desconfió de quien puso su gestión al frente del Ministerio de Economía al servicio de sus planes electorales, sometiendo al país a un despilfarro de recursos pocas veces visto, propio del más rancio populismo.
Una economía que muestra signos de estancamiento desde hace 15 años, un déficit fiscal crónico como consecuencia de un Estado tan elefantiásico como ineficiente, un mercado cambiario sujeto a cepos que impone cada vez más trabas al comercio exterior, políticas tributarias asfixiantes para el sector productivo, elevadas tasas de empleo informal y más de 18 millones de personas por debajo de la línea de pobreza marcaron el contexto en que la ciudadanía optó esta vez por llevar al poder a una fuerza política nueva, cuyos líderes carecen de antecedentes relevantes en la función pública, más allá de apenas un par de años como diputados nacionales.
La herencia que recibirá el nuevo gobierno nacional da cuenta de una de las peores crisis económicas de la historia argentina. Además de una dinámica inflacionaria similar a la del Rodrigazo de 1975, exhibe un Banco Central quebrado, con reservas negativas del orden de los 12.000 millones de dólares, y pasivos remunerados (Leliq) que superan los 23 billones de pesos y ya alcanzan el 10% del PBI; niveles de emisión monetaria insostenibles y un riesgo país de 2500 puntos que nos ha puesto otra vez fuera del mercado financiero internacional, al margen de haberse incumplido con las metas fiscales negociadas con el FMI.
Ni empezar a resolver este caótico estado de cosas, ni avanzar hacia un Estado limitado, ni poner fin a los regímenes de privilegio de una casta acostumbrada a vivir de las prebendas estatales entre la cual hay dirigentes políticos, empresarios y sindicalistas será fácil para Milei. Mucho menos con una representación parlamentaria que apenas constituye el 15% de la totalidad de la Cámara de Diputados de la Nación y el 10% del Senado, y sin gobernadores aliados.
Sin duda, el principal capital del futuro jefe del Estado es el acompañamiento del 55,6% de los votantes. Pero a esta base electoral, de origen heterogéneo, Milei deberá sumar necesariamente acuerdos políticos de largo alcance para ver facilitada la gobernabilidad. La idea de unidad nacional lanzada por su competidor Sergio Massa podía carecer de credibilidad en alguien que, como el ministro de Economía, ha exhibido numerosas máscaras a lo largo de su trayectoria política. Pero no por eso debería ser desechada. Resultan positivas las primeras palabras del futuro presidente tras confirmarse su triunfo electoral, en el sentido de que “todos aquellos que quieran sumarse a la nueva Argentina serán bienvenidos”.
No son pocos los problemas que atraviesa el país a partir de los cuales se podrían alcanzar amplios consensos que se traduzcan en políticas de Estado que se sitúen al margen de las rencillas partidarias. La lucha contra el narcotráfico es una de esas cuestiones, que no fueron mencionadas por Milei en su primer mensaje como presidente electo. Dejar atrás la inflación y sus consecuentes efectos en el incremento de la pobreza debería ser parte de otra política de Estado.
Milei ha demostrado que tiene claro lo que desea para el país y que tiene un sueño: volver a poner a la Argentina entre las principales potencias económicas del mundo abrazando las ideas de libertad que nos legaron Juan Bautista Alberdi y nuestros padres fundadores. También ha dejado testimonio de su voluntad de avanzar hacia cambios drásticos que dejen atrás la idea del Estado populista, por un camino en el que no habrá lugar para la tibieza ni para el gradualismo. Su desafío es llevar adelante ese programa persuadiendo a muchos de quienes lo votaron sin estar demasiado convencidos de apoyarlo, con la Constitución en la mano, respetando el principio republicano de división de poderes y anteponiendo la indispensable prudencia y la tolerancia de la que todo presidente que apunte a convertirse en estadista debe hacer gala. Solo así podrá transformar el hartazgo que potenció su éxito electoral en genuina esperanza.
Dejar atrás la inflación y sus efectos en el incremento de la pobreza debe ser una política de Estado

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Futbolistas que dan el ejemplo
La tan oportuna como creativa decisión de los seleccionados de Israel y Polonia para rendir homenaje a las personas asesinadas, torturadas y secuestradas por la organización terrorista Hamas merece ser elogiada. No solo porque constituye un acto de humanidad hacia quienes perdieron la vida o están padeciendo en grado sumo los efectos de semejante barbarie, sino porque se produjo a pesar de la negativa de la UEFA a que se realizara un minuto de silencio previo al partido que disputaron por las eliminatorias de la Eurocopa Sub 21.
Esa equivocada decisión de las autoridades deportivas no impidió que los jugadores hallaran la forma de homenajear a las víctimas. El partido comenzó, pero ninguno de los 22 se movió de su lugar durante el primer minuto del encuentro. Sortearon así la insensibilidad de directivos demasiado apegados a normas que sí se suelen modificar cuando de hacer otros homenajes se trata.
Esos 22 jóvenes, los suplentes, el árbitro y quienes los acompañaron en ese momento de profundo recogimiento han demostrado su valía frente a la necedad, han priorizado el respeto y han dado fe de su don de gente.
Una vez más, hechos como ese muestran claramente cuán lejos están muchas autoridades de los sentimientos del común de la gente. En el deporte sucede como en la política: la falta de empatía y de solidaridad lleva a transitar por la ruta equivocada. Afortunadamente, otros muchos se pronuncian de forma apropiada y se esfuerzan por enderezar la maractual cha hacia el camino correcto.
Desde ya que no es la primera vez que ocurre una situación de este tipo en un campeonato. En nuestro país, en 2013, al cumplirse un año de la tragedia ferroviaria de Once, en la que murieron 51 personas, los deudos y amigos de las víctimas tuvieron que alzar la voz para lograr que se hiciera un minuto de silencio en las canchas durante los partidos. Después de mucho batallar, les fue concedido.
El partido entre Polonia e Israel finalmente se jugó. Polonia se impuso por 2 a 1. Pero el resultado más importante ya se había logrado al comienzo del encuentro, cuando los jóvenes deportistas de los dos países se las ingeniaron para recordar a las víctimas, honrar sus memorias y pedir por la paz.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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