miércoles, 22 de noviembre de 2023

JORGE OSSONA, DELIA FERREIRA RUBIO, REYMUNDO ROBERTS


Los interrogantes de una Argentina indescifrable
Jorge Ossona
La Argentina es un país excéntrico, aunque de regularidades bastante predecibles. La democracia de masas alteró desde 1930 la estabilidad política solo recuperada –y no sin reservas– desde 1983. Pero la saga disruptiva dejó una huella aún insuperada: los grandes reordenamientos de la representación suelen ocurrir luego de los procesos electorales y no antes. Sus vísperas solo preludian tormentas que suelen desconcertar a todos los pronósticos. Así ocurrió en 1989, en 2007, en 2011, en 2015 y en 2019.
La coyuntura actual no será la excepción: la ruptura ya pulverizó a la fuerza opositora que hasta hace solo unos meses parecía la destinataria natural de heredar a una gestión desencaminada y disfuncional. Pero el desacople de Juntos por el Cambio y la coalición fáctica de Pro con La Libertad Avanza está lejos de exhibir sus implicancias ultimas, y más bien se inscribe en un movimiento mayor que, más temprano que tarde, también sacudirá al oficialismo pamperonista. ¿Se consumará ese reacomodamiento en el lapso hasta las próximas elecciones de mitad de mandato o será el comienzo de una transición de mayor duración? Interrogante que solo admite su formulación. El resto lo hará el azar conjugado con la dinámica de otros niveles. Sin duda que entre todos ellos sobresale el económico.
Hace más de una década que el país yace estancado por, entre múltiples razones, el anacronismo pertinaz de políticas fallidas reeditadas como exitosas. Razón suficiente para espantar las inversiones que en un mediano plazo podrían extraernos del letargo y la decadencia anclados en intereses estamentales por ahora irreductibles. No obstante, ¿será cierto que vislumbra una tendencia expansiva ya detectable en algunas variables, o estas no son sino un nuevo espejismo de nuestra incorregible ciclotimia colectiva?
Otro acertijo que retroalimenta al anterior y que confluye con otra regularidad: nuestros ciclos económicos son precedidos por explosiones inducidas y, al mismo tiempo, denegadas por sus protagonistas. Las de 1989 y 2001 aún resuenan fantasmagóricas.
Ambas representan, asimismo, otra anomalía novedosa: la sociedad más igualitaria de la región exhibe una pobreza a contramano de la mayor parte de América Latina. Su sombra se ha deglutido a una porción significativa de trabajadores y ya carcome a importantes segmentos de las clases medias indefensas y desprovistas de instrumentos de presión. A diferencia de los carenciados estructurales, ni siquiera puede participar de las migajas de una torta que se achica. La desintegración comenzó poco antes de la fundación de la democracia contemporánea. Sus dirigentes primigenios juzgaron la pobreza como transitoria y achacable a los diferentes demonios de nuestros relatos nacionales facciosos. Desde hace veinte años –y en virtual coincidencia con el cataclismo de 2001– no ha hecho más que solidificar una marginalidad cuya violencia flagela a la cotidianeidad de los grandes conurbanos.
Las sobreactuadas constricciones de una parte no menor de nuestras elites políticas contemporáneas simulan otra paradoja: la carencia se ha convertido en el manantial de su prosperidad, cuya fisiología venal se oculta detrás de una espesa nube de impunidad. Aun así, las nuevas tecnologías, sus obscenas pujas internas y los retazos de una ciudadanía aun resistente en los medios de comunicación, la academia y la justicia se han encargado de perforarla dejando al descubierto los eslabones de una cadena que está todavía lejos de dilucidarse en toda su dimensión. La indignación republicana que emergió en 2008 y se prolongó hasta las postrimerías de la década siguiente parece haberse diluido en el fatalismo sustentado en la convicción de la incorregibilidad.
¿Será así, o la rebelión contra la administración perversa de la pobreza está recorriendo caminos tan novedosos como desafiantes a las anteojeras de perspectivas tan rutinizadas como extempóreas? ¿Incubaran estos senderos las claves de una recomposición social acorde con aparentes destellos de la economía? ¿Se ajustará la cultura política a esta nueva chance, o se encargará de triturarla como lo ha venido haciendo, implacable, durante el último septenio?
Una cosa es segura: la montaña rusa del proceso electoral que acaba de finalizar contiene un mensaje que deberá decodificarse con la sutileza de un refinado catador. La Argentina lo aguarda, una vez más, impaciente; conjugando la estridencia con un silencio que apabulla. Y que desconcierta a los espíritus simplistas que presumen conocer a las sociedades humanas.

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Transparencia e integridad, pilares de la democracia
Delia Ferreira Rubio
Integridad, transparencia y lucha contra la corrupción son pilares básicos de la democracia y –más allá de los desafíos económicos– deben formar parte de las prioridades del nuevo gobierno. La corrupción es una de las raíces de la decadencia argentina. Afecta la legitimidad del sistema de gobierno, la relación de representación política, la confianza en las instituciones, el Estado de Derecho y la calidad de las políticas públicas.
Luego de años de normalización de la corrupción, de abuso de los recursos públicos con fines partidarios, de desmantelamiento y captura de los mecanismos de control, y de flagrante impunidad, la agenda de integridad requiere múltiples intervenciones. Hay que revisar la legislación, adoptar diseños institucionales apropiados, garantizar que los organismos de control sean independientes, tengan la capacidad y recursos necesarios y cuenten con las facultades legales y la competencia indispensable para cumplir sus funciones. Pero todo eso no basta.
Es indispensable que las autoridades asuman una conducta ejemplar. Ya no hay más espacio ni excusa para los privilegios, las excepciones y los abusos del poder.
¿Por dónde empezar para mostrar ese compromiso con la transparencia? En materia electoral, la prioridad es la adopción de la boleta única de papel, como ya se utiliza en Córdoba, Santa Fe, en el exterior y en las cárceles. Terminemos con el espacio para las sospechas, las avivadas y los negociados. Toda la oferta electoral garantizada en el cuarto oscuro, no más robo de boletas, no más boletas truchas y todo ello sin dilapidar fondos públicos.
En segundo lugar, se debe eliminar la intervención del gobierno de turno en la administración electoral. No hay transparencia sin independencia e imparcialidad de la autoridad electoral. El partido de gobierno es siempre uno de los competidores. No puede estar encargado de decidir, por ejemplo, sobre el acceso de la ciudadanía a los datos de resultados del escrutinio provisorio.
En materia de financiamiento de las campañas, el problema no está tanto en las reglas, sino en su implementación. En particular, corresponde en lo inmediato investigar el financiamiento de la campaña de Unión por la Patria en el ciclo electoral 2023. La exteriorización de gastos difícilmente se ajuste a los límites de ley y, mucho más importante aún, debería investigarse el uso de recursos públicos con fines proselitistas.
Además, es necesario incluir a todos los actores relevantes en la obligación de transparencia del financiamiento político. Si solo se controla a los partidos, pero no a los candidatos y a las fundaciones y asociaciones afines, se están creando ventanas de oportunidad para la opacidad y el secreto que son la antesala de la corrupción.
La lucha contra la corrupción -que incluye el efectivo acceso a la información pública, la reconstrucción de la ética pública, el fortalecimiento de los órganos de control y el fin de la impunidad- exige ajustes legislativos en la ley de ética pública y un serio rediseño de la oficina Anticorrupción (oA). Esta es una deuda de todos los gobiernos, de todos los colores políticos, en los últimos veinte años.
Si quien controla depende del controlado, es evidente que no puede cumplir adecuadamente su función. No se trata de poner al frente de ese organismo a alguien de la oposición o propuesto por la oposición. Ese mecanismo es puramente decorativo.
La lucha contra la corrupción no se debe desarrollar de acuerdo con la lógica gobierno-oposición. Lo que hace falta es dotar a la oA de independencia, capacidad y competencia. Solo si se garantizan estas tres condiciones, la oficina Anticorrupción podrá contribuir a romper el circuito de la corrupción que se define en tres etapas: robar/esconder/ disfrutar. En este sentido sería aconsejable adoptar un esquema institucional similar al del defensor del pueblo.
Es necesario revisar las normas penales y procesales para facilitar la investigación de los casos de corrupción, la denuncia de casos, la colaboración internacional en los casos de gran corrupción. La protección del derecho de defensa y del debido proceso no significa generar un engranaje que de tan complicado solo lleva a la prescripción de la acción o de la pena, en un minué de recursos. El resultado es la impunidad. Y la impunidad como elemento de la cultura de las no-consecuencias, genera más incentivos para la corrupción.

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Carta a Massita: fullero, te fallaron las fullerías

Carlos M. Reymundo Roberts

Sergio Tomás querido, me dirijo a vos con todo respeto. Vaya por delante mi pésame, de lo más sentido. Cómo te boxearon. Te sopapearon de lo lindo. Además, perdiste con un peso pluma; un livianito que después de ganarte quedó loco de contento. Mis respetos también al presidente electo, que habiéndote vencido ya puede alardear de tener su existencia justificada: desmassificó el país.
Se habló mucho de que era una lucha desigual. De un lado, vos, monarca de todas las categorías, atleta de los cargos públicos, toda una vida yendo y viniendo por los pasillos del poder. Del otro, un recién llegado, un panelista de TV, un inestable, una inspiración canina. La casta contra el descastado. En este rincón, el Mago, Tigre, Ventajita; en aquel, Chucky, Peluca, El Loco. Vos, artesano de la política, constructor de alianzas, inversión de banqueros y empresarios; él, Twitter, TikTok, Instagram. Tan poca cosa y te atrapó en sus redes.
En la hora del fracaso, cuando todos huyen de vos, y a vos te asaltan las ganas de huir de todo, contá conmigo. Acá tenés un hombro donde apoyar tu cabeza. Contá también con Alberto, que ya anteanoche se mostró dispuesto a reasumir la presidencia. No tendría tan en cuenta a Cristina, que, la conocemos, andará por ahí entre suspirando y riéndose. Porque ella es así: mira la vida a través del prisma del poder, y tu caída de alguna forma le posterga el doloroso tránsito a la clase pasiva.
Sin duda sospechaba que vos tratarías de quitarla del medio –siempre fue una malpensada– y ahora disfrutará con la nueva oportunidad que le da el destino. En pocas horas se nos va a Italia a dar una clase magistral sobre democracia (me dicen que viene metiéndose en tema desde hace meses) y a charlar con el Papa.
Sergio Tomás, vos que tenés amigos en los sótanos, ¿se podrá hacer algo para acceder a lo que conversen? Te lo pido por favor, y juro no publicar una línea, salvo que me lo pidas. ¿Cómo le explicará lo de anteayer? “Bueno, Jorge, nada que nos sorprenda. Yo acepté bajar a Wado porque estaba convencida de que íbamos a una catástrofe electoral. Con ese presidente, qué querés. Y, todo hay que decirlo, con ese ministro de Economía. Es el único dirigente político importante del país al que nunca quisiste recibir. Claro, qué vivo: el diablo puede meter la cola en todos lados, menos a vos, jajaja”.
Oídos sordos, Massita. Para ella y para los que empiecen a desfilar por los micrófonos marcándote los errores. Los mismos que hasta ayer te rendían pleitesía mañana dirán: rendite. Incluso te llamarán fullero, subiéndose al carro de Cristina. Una injusticia. No puede ser recordado como fullero alguien al que le falló la principal fullería. Había sido una genialidad financiar a Javier para dividir a la oposición, pero después el tipo pactó con Macri y Pato, y el voto opositor se volvió a unir contra vos. Tanto laburo, sobre todo tanta guita puesta en este chabón, para terminar haciéndolo presidente. Mi recomendación, querido amigo: terapia; urgente, clavá tres sesiones por semana, porque vas a necesitar mucha ayuda. ¿Cómo convivir con el drama existencial de ya no poder ser llamado ni Mago, ni Tigre, ni fullero?
Si me permitís, otra recomendación. Nada de ver los memes. En serio, son demasiado crueles. Apenas te cuento uno, a modo de ejemplo: “Hola, Javier, soy Sergio. Por sí o por no: ¿tenés un laburo para mí?”. Va otro. “Massa cumplió su promesa: no quedará un solo ñoqui de La Cámpora”. OK, uno más, pero es el último. Debajo de una foto de tu querida Malena, con cara de enojada (cara de Malena), una recomendación: “Desde mañana tomen agua mineral”.
Te lo anticipé: son de una maldad inaudita.
Ya que estoy en modo consejero: no entraría en una fase de culpa y arrepentimiento, porque eso dejaría tu ego y tu imagen por el piso. No te veo diciendo: “Perdón, argentinos, en la campaña me patiné 15.000 millones de dólares, o sea, tres puntos del PBI. Prometo no hacerlo nunca más”. No digas cosas que afecten tu credibilidad, activo que debés resguardar. No admitas que le bancaste la campaña a Milei. No cuentes cuánto les pagabas a tus asesores extranjeros. No digas que la campaña del miedo era una sarta de mentiras. No reveles lo que le concediste a China a cambio de un puñado de yuanes. Negá que hayas preparado el debate con informes de espías.
En pocas palabras: ni se te ocurra entregar el Massa que llevás adentro. Que no te vean el alma.
Anteanoche felicitaste a Milei. Muy bien. Se me ocurre que también deberías felicitar a Macri y a Patricia, que, seamos justos, consiguieron un Qatar II. Saludalo a Alberto en su vuelta al laburo, y no te olvides de despedir a Cris cuando parta rumbo a Italia.
Un último reconocimiento podría ser para Gildo Insfrán, el gran caudillo que salió indemne. De Formosa se viene la renovación peronista. Grande, Massita. Vos lo hiciste.


http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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