Fatto in casa
Si algo positivo quedó de la cuarentena fue el retorno a la cocina. Durante el último año y medio, todos se animaron a una nueva destreza culinaria y la de producir pasta casera (¡como hacía la nonna!) llevó la delantera. Así, la legendaria máquina que fabrica fideos pasó a ser furor y a la marca más difundida, con 70 años de historia, se sumaron otras opciones. Lo mismo pasó con el modelo clásico, rojo y plateado, e incluso se aggiornaron algunos formatos –bien porteños– ahora fileteados. ¿El plus? Los accesorios: sello para sorrentinos, tabletas para ravioles, y la rueda corta pasta, entre otros. Solo queda decir: ¡Fatto in casa!
Menos amigos, ¿mejor salud mental?
Advierten sobre los riesgos de haber reducido el círculo de amistades en la cuarentenaS.
A. R. 
Los martes era el día de salida con los compañeros del gimnasio, los jueves con los chicos de fútbol y los viernes era asado con “los amigos de siempre”. Así transcurría la rutina social prepandemia de Daniel Suárez. “En los primeros meses de la cuarentena nos seguimos comunicando en los grupos de Whatsapp, pero de a poco eso fue decayendo. Y ahora que volví a juntarme con amigos, los encuentros son menos numerosos. De hecho, comencé a evitar las salidas por rutina”, cuenta este empleado administrativo de 32 años.
El caso de Daniel es paradigmático. Las restricciones a la vida social que impuso la cuarentena llevaron no solo a reducir el círculo de contactos, sino que muchos incluso aprovecharon para depurar su círculo de amistades. La ruptura de la cotidianeidad ofreció la excusa perfecta para posponer llamados, dejar pendientes encuentros (virtuales o presenciales) y reformular la lista de amigos a una suerte de círculo de confianza.
“Durante la cuarentena, nos vimos obligados por razones sanitarias a disminuir o incluso suprimir el contacto con los otros: familiares, compañeros de trabajo, conocidos e incluso amigos –dice Juan Eduardo Tesone, doctor en psicología y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)–. Los pocos encuentros que cada uno se permitió tener, dentro del marco del confinamiento, nos llevaron a privilegiar con quienes uno quería estar, haciendo una cruel pero significativa selección de aquellas personas cuyo vínculo consideramos más válido”.
De alguna manera, la limitada posibilidad de interacción operó como estímulo para la jerarquización de los encuentros. Algunos optaron por hacer foco en la familia, otros en los amigos, aunque en la mayoría de los casos se dio un mix en el que se priorizó lo genuino del vínculo. “Aun con las limitaciones necesarias, la intimidad puede ser una experiencia enriquecedora. Es posible que los vínculos sean más pequeños, y esto es vivido por cada quien de diferentes maneras”, comenta Gabriela Goldstein, psicoanalista y presidenta de la APA.
Pero ahora, en el regreso a la vida social a raíz de la flexibilización de las restricciones a los encuentros sociales, muchos insisten en mantener sus “burbujas” de amigos. “Definitivamente, al menos por ahora no tengo todavía ganas de encuentros masivos ni de reuniones porque sí. Prefiero seguir solo en contacto con esos pocos amigos con los que mantuve una relación cotidiana, virtual, durante estos meses de aislamiento”, asegura Diana Baso, contadora de 35 años.
Pero la reducción del circulo social, advierten los especialistas, también puede conllevar cierto empobrecimiento vincular. “Más allá de esta puesta en valor de lo importante para cada uno, la interacción con el otro se vio reducida y por ende los estímulos creativos que permite dicha interacción. No solo los seres queridos nos aportan; en la interrelación se enriquece nuestra vida y eso también forma parte de la alegría de vivir”.
“La alienación en vínculos cerrados o que tienen dimensión endogámica puede ser un efecto negativo de esto –agrega Goldstein–. La diversidad y la diferencia son valores muy importantes para la vida social y cultural, que son necesarias para la subjetividad y la subjetivación”.
Los martes era el día de salida con los compañeros del gimnasio, los jueves con los chicos de fútbol y los viernes era asado con “los amigos de siempre”. Así transcurría la rutina social prepandemia de Daniel Suárez. “En los primeros meses de la cuarentena nos seguimos comunicando en los grupos de Whatsapp, pero de a poco eso fue decayendo. Y ahora que volví a juntarme con amigos, los encuentros son menos numerosos. De hecho, comencé a evitar las salidas por rutina”, cuenta este empleado administrativo de 32 años.
El caso de Daniel es paradigmático. Las restricciones a la vida social que impuso la cuarentena llevaron no solo a reducir el círculo de contactos, sino que muchos incluso aprovecharon para depurar su círculo de amistades. La ruptura de la cotidianeidad ofreció la excusa perfecta para posponer llamados, dejar pendientes encuentros (virtuales o presenciales) y reformular la lista de amigos a una suerte de círculo de confianza.
“Durante la cuarentena, nos vimos obligados por razones sanitarias a disminuir o incluso suprimir el contacto con los otros: familiares, compañeros de trabajo, conocidos e incluso amigos –dice Juan Eduardo Tesone, doctor en psicología y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)–. Los pocos encuentros que cada uno se permitió tener, dentro del marco del confinamiento, nos llevaron a privilegiar con quienes uno quería estar, haciendo una cruel pero significativa selección de aquellas personas cuyo vínculo consideramos más válido”.
De alguna manera, la limitada posibilidad de interacción operó como estímulo para la jerarquización de los encuentros. Algunos optaron por hacer foco en la familia, otros en los amigos, aunque en la mayoría de los casos se dio un mix en el que se priorizó lo genuino del vínculo. “Aun con las limitaciones necesarias, la intimidad puede ser una experiencia enriquecedora. Es posible que los vínculos sean más pequeños, y esto es vivido por cada quien de diferentes maneras”, comenta Gabriela Goldstein, psicoanalista y presidenta de la APA.
Pero ahora, en el regreso a la vida social a raíz de la flexibilización de las restricciones a los encuentros sociales, muchos insisten en mantener sus “burbujas” de amigos. “Definitivamente, al menos por ahora no tengo todavía ganas de encuentros masivos ni de reuniones porque sí. Prefiero seguir solo en contacto con esos pocos amigos con los que mantuve una relación cotidiana, virtual, durante estos meses de aislamiento”, asegura Diana Baso, contadora de 35 años.
Pero la reducción del circulo social, advierten los especialistas, también puede conllevar cierto empobrecimiento vincular. “Más allá de esta puesta en valor de lo importante para cada uno, la interacción con el otro se vio reducida y por ende los estímulos creativos que permite dicha interacción. No solo los seres queridos nos aportan; en la interrelación se enriquece nuestra vida y eso también forma parte de la alegría de vivir”.
“La alienación en vínculos cerrados o que tienen dimensión endogámica puede ser un efecto negativo de esto –agrega Goldstein–. La diversidad y la diferencia son valores muy importantes para la vida social y cultural, que son necesarias para la subjetividad y la subjetivación”.
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