La semana pasada terminamos nuestra habitual columna contando el desafío que tendrán los juristas para definirse frente a la situación que generan las organizaciones que se manejan de manera descentralizada y que tienen una fundación o similar que se ocupa de proponer e implementar cambios en la misma.
El dilema surge porque los “dueños” de esas organizaciones, quienes toman las decisiones sobre el futuro de esas plataformas, son los dueños de los tokens de gobernanza que hacen las veces del equivalente de una acción en una empresa pero su identidad es desconocida.
El carácter descentralizado y su anonimidad hacen, sin embargo, que su administración sea complicada. Después de todo, la tecnología cambia, se desarrollan nuevas aplicaciones y es importante para esas plataformas tener la posibilidad de mantenerse al tope de las demandas de sus usuarios. Sin una cabeza definida para tomar las decisiones, todo se hace cuesta arriba.
La solución suele ser “contratar” a una fundación que haga propuestas a los propietarios de los tokens, quienes se encargan de votar por sí o por no a las mismas, y a cuyo cargo también suele quedar su implementación. Para colmo de males, quienes manejan la fundación suelen ser los mismos que desarrollaron la plataforma en primer lugar.
Fue el caso de Uniswap, una casa de cambios crypto descentralizada (DEX por sus siglas en inglés), el que describimos hace sólo 7 días. En septiembre del año pasado había lanzado su token de gobernanza y cuya fundación, Uniswap Labs, empezó a ser investigada por la SEC (Securities and Exchange Commission) la semana pasada.
En una movida similar, dYdX, uno de los exchanges descentralizados especializados en soluciones DeFi (Finanzas Descentralizados) más importantes del mundo, lanzó su token de gobernanza y lo regaló a los traders que habitualmente usaban la plataforma.
Lo hizo sin embargo con una particularidad, no lo abrió a traders cuya dirección IP pertenezca a los Estados Unidos. Pareciera que tomó nota de lo ocurrido con UniSwap y de hecho, cuando uno intenta reclamar sus tokens, la plataforma lo hace cambiar de página de internet y le muestra un mensaje en el que aclara que para participar de la gobernanza uno debe acudir a la página de “dYdX Foundation” que es “independiente y no tiene afiliación con dYdX Trading Inc”.
Parece clave poder separar los tantos entre la plataforma y la fundación. La pregunta del millón es si la SEC se conformará con ese formato, permítanme dudarlo.
Se trata de la misma SEC que ahora va sobre Coinbase, uno de los exchanges centralizados más grandes del mundo, por su producto Lend, que le permitiría a sus usuarios obtener intereses del 4%. Aquel viene a ser el alter ego del famoso Binance, tratando de mostrarse como más seguro y regulado que el exchange de origen chino y sin una clara jurisdicción oficial.
Tan preocupados están los reguladores con este tipo de productos que el aviso se hizo de manera preventiva antes de que el producto se lanzara oficialmente. Avizoran que en el horizonte se están desarrollando en el mundo cripto productos similares a lo que habitualmente se conoce como “Shadow Banks” (bancos en la sombra), que incluyen por ejemplo a los money market funds y que se dedican realizar actividades bancarias sin una debida regulación de la autoridad monetaria.
A pesar de todo, Coinbase anunció que busca recaudar US$ 1.500 millones en una emisión de deuda privada con el propósito de seguir desarrollando su producto y, atención, de realizar potenciales adquisiciones de otras empresas.
Son adquisiciones que están a la orden del día en el ecosistema. Claro, es un mundo nuevo y en crecimiento.
Es el caso también de Mastercard.
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