lunes, 11 de julio de 2022

RENTABILIDAD VERDE


RENTABILIDAD VERDE Emprendimientos exitosos y sin impacto ambiental
Una nueva generación de hombres y mujeres de negocios dispuestos a reinventar nuestras formas tradicionales de producción y consumo
Manuel Torino
Un estudiante universitario cordobés de 22 años. Un empresario con extensa trayectoria en negocios gastronómicos. Una joven analista con pasado en las Naciones Unidas. Un fotógrafo amante de los viajes. Un ingeniero industrial que dejó su trabajo en una multinacional. A primera vista los perfiles lucen distintos, pero tienen mucho más en común de lo que parece. Los unen al menos tres características. La primera es la más evidente: todos son emprendedores que desarrollaron su propio negocio. La segunda es una cuestión de propósito: todos trabajan creando soluciones para reducir el impacto ambiental. Y la tercera es quizás la más difícil de alcanzar en Argentina: todos son exitosos en términos económicos.
En el fondo, se trata de una nueva generación de hombres y de mujeres de negocios dispuesta a repensar la forma en que producimos y consumimos. Y coinciden también en el diagnóstico: nuestro planeta está en números rojos. Al respecto, el pasado 24 de junio la Argentina entró en default ambiental, como se denomina al día en que un país agota los recursos naturales que debería estar disponibles para todo el año. Como señalan desde la Fundación Vida Silvestre, esto significa que durante los próximos seis meses estaremos consumiendo a crédito nuestros recursos futuros al haber gastado el presupuesto ecológico previsto para todo el 2022 (una cifra que calcula a nivel mundial la organización Global Footprint Network, a partir del impacto de las actividades humanas sobre los recursos naturales que tenemos y cómo los utilizamos). Al ritmo que consumimos, dicen, la cantidad de recursos y servicios ambientales requeridos para abastecer nuestras necesidades a nivel global equivale a 1.75 planetas Tierra, esto significa que estamos usando un 75% más de recursos naturales de lo que los ecosistemas de nuestro planeta pueden regenerar en un año.
Como respuesta al apremiante escenario, estos emprendedores basan sus proyectos en el concepto de la economía circular. ¿De qué se trata? Como contracara al modelo lineal de extracción, producción, consumo y desperdicio, la economía circular promueve una solución virtuosa, en la que los residuos pueden ser aprovechados como recursos. A continuación, algunas historias de negocios sustentables:
BAUMM De parapentes a camperas
En 2005 la sustentabilidad no estaba en agenda y el concepto de reutilización era una rareza. Eso no detuvo a Rodrigo Chapero (diseñador industrial) y a Lucas Desimone (fotógrafo) cuando decidieron crear Baumm, una marca que buscaba convertir residuos en accesorios de indumentaria. Fueron años de prueba y error hasta que dieron con su materia prima perfecta: los parapentes en desuso. Hoy la marca lleva 50.000 ítems vendidos en base a unos 20.000 m2 de parapentes, paracaídas, kites y otros materiales que ya no se utilizan. Y sus coloridas camperas de diseño se exportan a Asia. “Se diseña con lo que hay disponible, con los parapentes que volaron y volvieron, con los colores de cierres que entraron en ese momento como insumo. Por eso no trabajamos con temporadas, ni con colores de moda, ni con ningún agente externo que pueda indicarnos por dónde ir o qué debemos hacer. El material manda siempre”, dice Desimone, hoy a cargo del emprendimiento. Y agrega: “La crisis ambiental es enorme. Es tal el desorden, el caos, la ruptura del ser humano en relación con la naturaleza, que no lo vamos a resolver separando plásticos. Creo más en algo energético antes que en lo físico o real. La idea es aprovechar siempre lo que ya existe”.
ARQUEA De aceite usado a biocombustible
Bruno Busconi tenía 20 años cuando creó Arquea, un emprendimiento cordobés que busca revolucionar el posconsumo de aceite, fomentando su reutilización para generar biodiésel.
El aceite vegetal usado, también conocido por las siglas AVU, es un enemigo silencioso para el ambiente. Un litro de aceite usado puede contaminar más de mil litros de agua o arruinar tierras fértiles durante désustentables cadas si no se lo trata adecuadamente. Investigando sobre las posibles alternativas de reutilización junto a su padre, Busconi comprobó que el aceite de girasol usado servía para hacer biodiésel porque contaba con condiciones similares. Pronto empezaron a hacer pruebas y hoy Arquea trabaja con los grandes generadores de este residuo en Córdoba Capital. Los pasos son éstos: comienza con la recolección del AVU, luego se traslada en camionetas 100% propulsadas a biodiésel, se le da tratamiento al residuo y se produce biodiésel apto para motores y glicerol (un jabón desengrasante muy codiciado por los restaurantes), utilizando el mismo combustible para la recolección y venta.
“Trabajamos con restaurantes, bares, hamburgueserías y otros comercios, ofreciendo bidones totalmente reciclados y retornables, un sistema de recolección cada 15 días con certificado de reciclado y planilla de seguimiento para cuantificar los litros”, explica Busconi, estudiante de la licenciatura en Ambiente y Energías Renovables en la Universidad Siglo 21 en Córdoba. “Es un emprendimiento que tiene como eje principal la economía circular, ya que usa un residuo como materia prima para hacer un nuevo producto”.
Arquea ya cuenta con 200 clientes, entre locales gastronómicos, cooperativas y municipios. En total, recopila unos 6000 litros de aceite usado por mes.
QUALIA De Desechos plásticos a anteojos
Cada año el mundo produce aproximadamente 380 millones de toneladas de plástico. Y apenas un 9% de ese material se recicla. Cuando tomó conciencia de esta realidad, Martín Vázquez entendió que debía hacer algo al respecto y fundó Qualia, una start up que utiliza plástico reciclado para fabricar anteojos. “Tenía una preocupación por los temas ambientales”, cuenta este ingeniero industrial, que renunció a su trabajo en una multinacional para apostar
un emprendimiento con propósito. Empezó por fabricar sus propias máquinas caseras de reciclaje basadas en planos bajados de internet en su casa de San Nicolás, a 230 km de la ciudad de Buenos Aires. Familiares, amigos y hasta desconocidos se entusiasmaron con el proyecto y todas las semanas le separaban los residuos que consumían. Lo que inclinó a Vázquez a decidirse por los anteojos como su producto insignia fue la fuerza que este objeto tiene a la hora de comunicar un mensaje.
“El anteojo tiene una enorme visibilidad cuando lo usás, te define”, afirma el emprendedor, que vio una oportunidad de negocio donde otros sólo veían basura. Tuvo que superar obstáculos, por supuesto. La falta de acceso a financiamiento, la búsqueda de materia prima de calidad y de recicladores dispuestos a participar del proyecto fueron algunos de ellos. “Lo más difícil fue mantenerme firme en mis ideas cuando todo parecía negro”, reconoce. Actualmente Qualia, que se comercializa online, ya lleva convertidos más de 10.000 kilos de basura en anteojos y sus productos llegaron a las manos –o mejor dicho a los ojos– del entonces presidente Mauricio Macri.
“En Qualia siempre decimos que queremos cambiar el mundo. Pero eso no va a depender de la cantidad de plástico que reciclemos sino de la cantidad de personas que logremos inspirar”, explica Vázquez. Y si de inspiración se trata, parte de las ganancias de Qualia se destinan a reforestar bosques nativos en la Patagonia y a apoyar proyectos solidarios de oftalmología en comunidades del Gran Chaco.
RECIQLO De vidrio a fertilizante e insumos para la industria
“Somos una empresa de tecnología que a través de la economía circular desarrolla productos para la construcción, la industria y el agro a partir del reciclado de vidrio”, se definen en el espacio de un tuit los creadores de Reciqlo, una de las pocas empresas argentinas con perfil triple R que logró escalar su negocio y exportarlo a otros países. El emprendimiento nace con la idea de darle una solución al problema del vidrio como residuo, que representa una parte considerable del volumen de los basurales. Además de ocupar espacio, el vidrio genera un ambiente propicio para el desarrollo de mosquitos que propagan el dengue y la fiebre amarilla. Además, en verano estos envases pueden generar un efecto lupa, provocando focos de incendios.
“El vidrio es uno de los residuos sólidos urbanos menos tratados. Sin embargo, es un material que está hecho principalmente de silicio, uno de los elementos más presentes en la naturaleza. Esto lo hace 100% reciclable y se puede usar infinitas veces en nuevos envases y otros productos”, sostiene Carolina Duque, socia y CTO de Reciqlo, que actualmente cuenta con operaciones en Argentina, Paraguay y Perú.
Uno de los productos estrella del startup fundado por Jorge Fernández Moreno, Charlie de Achával y Gustavo Chopieta, es un fertilizante para suelos y plantas 100% natural y proveniente del reciclado de vidrio. “Este mejorador combate la desertificación de suelos degradados y mejora la superficie terrestre, provocando entre otras cosas una mayor absorción de CO2 por parte de la tierra y las plantas. Al aplicarlo también funciona como un dosificador hídrico, lo cual genera un ahorro en riego y energía, y disminuye huella de CO2 y la huella hídrica”, explican los socios.
Consultados sobre el potencial de la economía circular y de los negocios de impacto en un mercado voa látil como el argentino, responden: “El potencial es grande, el problema está en la falta de leyes, como la de ‘responsabilidad extendida al productor’, que compromete a los grandes generadores de residuos sólidos urbanos a responsabilizarse por lo que generan. Este tipo de normativas son clave para el crecimiento de proyectos con impacto ambiental”.
TOYOTA De residuos industriales a merchandising y autopartes
No todos los protagonistas de la economía circular son pequeñas y medianas empresas con propósito. Por distintas razones –regulaciones ambientales, demanda de los consumidores, estricto convencimiento, o una combinación de ellas–, cada vez son más las grandes compañías que incorporan los criterios ambientales al corazón de sus operaciones. Un caso paradigmático es el de Toyota Argentina, que además de acelerar en la electrificación de sus autos, lanzó Kankei, un programa de innovación en economía circular entre sus colaboradores. “El objetivo es migrar del modelo de producción y consumo lineal de la industria hacia un sistema de economía circular y así mitigar la huella ambiental de la operación de Toyota”. explican desde la planta de Zárate. El proceso comienza con la clasificación de los residuos industriales en el punto de origen y su identificación con códigos de barra. A partir de ahí estos materiales se revalorizan como insumos para la fabricación de autopartes de Hilux y el desarrollo de productos de merchandising.
La iniciativa ya logró recuperar cerca de 4000 kg de paragolpes para la elaboración de 200.000 nuevos parachoques y una tonelada de plástico para la producción de 367.000 antenas. A su vez, se enviaron más de 540 toneladas de residuos para la generación de combustible alternativo para la industria hormigonera, lo que permitió ahorrar 292.750 m3 de gas natural. Por otro lado, se utilizaron 11.805 kg de plástico reciclado para fabricar anteojos, conservadoras y cajas plegables. “Sabíamos que nuestro programa de Economía Circular había logrado un impacto ambiental positivo y una mejor competitividad por reducción de costos, pero queríamos dar un paso más. Así, desde febrero de 2022, comenzamos a visitar espacios de economías populares en Buenos Aires para integrarlas con nuestra cadena de valor. Lo hicimos a través de dos actividades: la generación de materiales consumibles para nuestra línea de producción y la elaboración de productos de merchandising a partir de material recuperado”, concluye Santiago Sellart, Project Leader del Área de Residuos de Toyota Argentina.

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