sábado, 11 de febrero de 2023

EL CRIMEN DE NAYLA




Vecinos de la villa 1-11-14 aseguran que las balaceras son constantes y que se acostumbraron al miedo
Afirman que frente a los permanentes robos un grupo de habitantes del barrio Padre Ricciardelli se organizó para realizar recorridas de vigilancia nocturna
Josefina Gil MoreiraCarmen Torrilla, tía de Nayla, reclama justicia al igual que vecinos de la villa 1-11-14
En la esquina de la calle 10 y Bonorino, en el barrio Padre Rodolfo Ricciardelli, conocido como la villa 1-11-14, en el Bajo Flores, los vecinos improvisaron un altar. Hay flores blancas, un pequeño pony rosa y chupetines sabor a frutilla. Son algunas de las cosas que le gustaban a Nayla Torrilla, una niña de cuatro años que el martes pasado fue asesinada en una balacera ocurrida en esa misma esquina.
El reloj marca las 17. Pasaron dos días desde que a las 22 de un martes como cualquier otro una de las al menos 32 balas que volaron por el aire terminó con la vida de Nayla. Los vecinos están impactados, pero no sorprendidos.
Están acostumbrados a convivir con el miedo a morir en cualquier momento como consecuencia de las habituales balaceras que irrumpen en medio de cualquier calle. Por eso se ven pocos chicos. Sus padres prefieren que se queden en sus casas para no correr el riesgo de convertirse en otra víctima inocente de la violenta trama que se teje en la zona.
Blanca Arce vive en el barrio desde 1995. Crio a sus dos hijas allí y no quiere irse, quiere que el barrio se transforme en un lugar mejor, pero dice que la situación está fuera de control. “Las balaceras son habituales, matan inocentes todo el tiempo, pero acá hay una criatura de cuatro años muerta. Se traspasaron todos los límites y se terminaron los códigos. Yo quiero que el barrio se transforme porque tenemos gente trabajadora y profesional. Basta de que los chiquitos estén en las piezas todo el día porque la gente tiene miedo de dejarlos andar por la calle”, dijo.
La palabra miedo se repite entre los testimonios de los pocos vecinos que se animan a hablar con la prensa. Además del pavor a morir por una bala perdida, está el temor a levantar la voz porque los “marcadores” están mirando todo el tiempo. Son personas que están dando vueltas permanentemente y que en cuanto ven periodistas, policías o presencias ajenas al barrio comienzan a silbar como una forma de aviso.
“Unos días antes de las fiestas ocurrió una balacera similar a la del martes. Primero se sintieron como pasos de caballos muy fuertes que se acercaban y después fueron como 20 minutos de balas. La gente se escapaba corriendo, fue una locura. Ese día no hubo muertos de milagro”, recordó con lágrimas en los ojos una vecina que pidió resguardar su identidad.
“Incluso ayer al mediodía volvió a haber otra balacera en la misma zona. No hay pudor. Acá ya estamos acostumbrados a escuchar las balas, pero no a perder niños”, sostuvo otra mujer que dice salir de su casa solo para ir a trabajar por el miedo a quedar entre medio de un tiroteo.
Ante los constantes robos y violentos ataques, hace diez días, un grupo de vecinos comenzó a patrullar las calles durante las noches. Empezaron siendo 30 personas, pero después del crimen de Nayla, ayer ya eran “miles”, aseguraron. Salen con palos de escoba y caminan entre los pasillos del barrio haciendo ruido, reclamando.
Si bien fuentes de la investigación dijeron a la nacion que todavía no se sabe si el móvil del ataque del martes pasado fue por una guerra narco, una disputa entre bandas de ladrones o un ajuste cuentas, lo que sí se sabe es que desde hace poco más de dos décadas, la 1-11-14 es una zona caliente del negocio millonario del narcomenudeo y que la guerra por el territorio y los ajustes de cuentas en el barrio 1-11-14 equilibra o alteran la tasa de homicidios en la ciudad de Buenos Aires: uno de cada seis homicidios dolosos en la ciudad se produjo en ese enclave del Bajo Flores.
De acuerdo con los vecinos, la presencia de la Gendarmería Nacional, encargada de la seguridad de la zona, no impide que ocurran los robos ni las balaceras. “No hacen nada”, aseguran.
En la parroquia Madre del Pueblo, ubicada a metros de la esquina donde Nayla perdió la vida, vecinos y familiares de la menor se encargaron de los preparativos para velar a la niña. Colgaron globos blancos, apoyaron una corona de flores sobre el piso, debajo de una cruz, y escribieron en una pizarra “Tu pasaje por esta vida fue breve, pero el amor que nos diste fue infinito. Descansa en paz con Dios. Te amamos, peque”.
Carmen Torrilla es la tía de Nayla. El martes ella escuchó los tiros y salió corriendo hacia la casa de su hermana. “Era una balacera bárbara”, recordó. Después de eso, sus recuerdos se vuelven difusos. “No se ni quién fue ni cómo fue, solo sé que cuando me enteré que habían baleado a mi sobrina agarré un remise y me fui al hospital volando”, dijo.
Nayla era la menor de la familia. Sus hermanas, Esmeralda, de ocho años, y Celeste, de diez, contaron que a la niña le gustaba jugar a la mancha y a las escondidas, cantar, bailar, mirar al dibujito animado Pepa y que su color favorito era el rosa.
“Todo el tiempo hay balaceras acá, estamos en una villa. El dolor que sentimos al ver a Nayla dentro de esa bolsa negra, chiquitita, no lo puedo explicar”, dijo Carmen.


Buscan pistas en redes sociales sobre los tiradores que mataron a la niña
Los investigadores tienen la certeza de que los asesinos viven en el Bajo Flores, pero aún no lograron determinar la identidad de esos hombres ni el móvil del crimen
Gendarmes patrullan en la villa 1-11-14
Todos afirman que los tiradores que mataron a Nayla Torrilla, la niña de 4 años asesinada de un balazo en el pecho cuando jugaba en uno de los pasillos de la villa 1-11-14, en el Bajo Flores, son de la zona, pero nadie los conoce “personalmente”. Ahora, los investigadores del homicidio buscan en redes sociales y en declaraciones testimoniales información que permita identificar a los autores del crimen.
Así lo pudo reconstruir la nacion de fuentes de la investigación. Torrilla murió en el Hospital General de Agudos Parmenio Piñero, donde fue trasladada gravemente herida al recibir un balazo en el pecho. Todo ocurrió en la noche del martes pasado, a las 22, en Bonorino y Calle 10, en la villa 1-11-14 en el Bajo Flores. Los tiradores dispararon 32 proyectiles presumiblemente desde un Renault 19 gris.
“Ya están identificados, son del barrio, los están buscando. Son dos chicos, no son bandas. En el medio de problemas de ellos, quedó mi hija. Lo único que sé es que perdí a mi hija”, dijo Alcira, la madre de la víctima.
En el ataque a tiros, un joven de 19 años fue herido de un balazo en una pierna. Fue identificado por fuentes policiales como William Arsamendia Escobar.“Arsamendia Escobar sostuvo que le quisieron robar la bicicleta y el teléfono celular y que cuando salió corriendo comenzaron a dispararle”, sostuvo a la nacion una fuente del caso.
“Cuando fue mi hermana a buscarla, mi hija estaba tirada en el suelo. Yo la agarro y me fui corriendo al hospital y se me murió mi hija en mis brazos. Me la arrebataron de mis brazos. Lo único que quiero es justicia por mi hija. No manden gendarmes para nada, lo que queremos es gendarmes para que nos cuiden”, sostuvo, quebrada en llanto, la madre de Nayla en su primeros contactos con periodistas.
La investigación está a cargo del fiscal criminal y correccional porteño Eduardo Cubría, con la colaboración de detectives de la División Homicidios de la Policía de la Ciudad.
“Los investigadores todavía no tienen en claro si el ataque a balazos se trató de una disputa territorial o una venganza. Si de fondo hay un tema de narcotráfico, no lo tenemos claro aún”, afirmó una fuente del caso.
Las filmaciones de las cámaras de seguridad instaladas en las cercanías de la escena del crimen no aportaron información de relevancia para los investigadores. Según pudo saber la nacion de fuentes al tanto de la pesquisa, las primeras personas en declarar fueron la madre y una tía de la niña asesinada y el joven herido de un balazo.
La zona más peligrosa
Los investigadores intentan determinar el móvil del ataque. Si bien la villa 1-11-14 es el territorio más peligroso en la ciudad de Buenos Aires, ya que allí se comete uno de cada seis homicidios en el distrito, tampoco es común que en los asesinatos en ese asentamiento se encuentren tantos proyectiles usados en una balacera.
Los antecedentes de venganzas narco sostienen como posible móvil un ajuste de cuentas en el que la menor habría sido víctima por estar en el lugar y momento equivocados. En general, esos episodios de homicidios con disparos en ráfaga representan la voluntad de los atacantes de hacer visible su poder de fuego, su dominio sobre vida y muerte en una zona. Situación bastante alejada, al menos en la experiencia, de problemas entre bandas de ladrones. Esos clanes son en buena parte satélites de las organizaciones narco que dominan la villa 1-11-14.

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