Cambio climático y polución del aire, la mayor amenaza a la vida humana en el planeta
En la reunión de París en 2015 se acordó llegar en 2100 a un aumento de temperatura de 1,5 grados por encima de la temperatura de la era preindustrial; esa meta ya es imposible de cumplir
Conrado J. Estol
Hace pocos meses, fue fácil ver –o no ver– la ciudad de Rosario cubierta por la polución del aire por incendios que ocurrían a la distancia. Pero sí se pudo ver el monte Everest desde el valle de Katmandú a 200 km de distancia por la disminución en la polución debida a la reducción de emisiones de carbono como consecuencia de la pandemia por Covid-19. El cambio climático y la polución del aire son parte del mismo problema y no es exagerado decir que son la mayor amenaza a la vida de los seres humanos en el planeta. Esto lo expresaron 200 revistas científicas que, en todos los continentes, publicaron en forma simultánea un editorial sobre cambio climático y expresaron en forma elocuente la catástrofe que enfrentamos.
Es simple y grave: siete millones de personas mueren anualmente –esto es más del 10% de todas las muertes– como consecuencia de la polución del aire. Y esas muertes son prevenibles. En la reunión sobre Cambio Climático de París en 2015, se acordó iniciar acciones para llegar, en 2100, a un aumento de temperatura en el planeta de 1,5 grados por encima de la temperatura de la era preindustrial. Esta meta ya es imposible de cumplir, y se espera que el aumento para ese año esté cerca de los tres grados. Esto debería preocuparnos, ya que el experto en biodiversidad Peter Raven ha publicado que un aumento de la temperatura de seis o más grados será difícilmente compatible con la vida humana.
El problema que genera el cambio climático es por la combustión de combustibles fósiles con emisión de dióxido de carbono que se acumula en la atmósfera. La producción de energía, de químicos, la agricultura, los autos, la minería y los hogares son los mayores productores de carbono atmosférico. La mayoría de las personas de bajo nivel socioeconómico son las que menos contribuyen al cambio climático pero las que más seriamente sufren las consecuencias. El 85% de las muertes por la polución ocurre en países emergentes y, por ejemplo, el África subsahariana contribuye solo con el 1% al cambio climático.
El aumento de temperatura promedio superior a los 1,5 grados que se espera en los próximos 20 años triplicará las olas de calor y las muertes asociadas a ellas. En el verano de 2022, en la costa oeste de EE.UU. murieron 600 personas por el calor, y para 2050 se calcula que en ese país morirán 60.000 personas por año. Los huracanes serán más frecuentes y más destructivos, los incendios en Europa aumentarán. La temperatura promedio de los países del hemisferio norte se moverá 1000 km hacia el Ecuador lo que hará que crezcan palmeras en Londres. Unos tres mil millones de personas deberán migrar. La pérdida de biodiversidad arroja proyecciones sobre la extinción de hasta dos millones de especies animales y vegetales en las próximas décadas. Ocurrirán sequías e inundaciones por igual. El aumento del nivel del agua en los océanos amenaza la existencia de los 300.000 habitantes de la isla Vanuatu en el Pacífico. En 2050 no habrá hielo durante el verano en el Ártico. La alteración del ecosistema aumentará la posibilidad del pasaje de virus a animales y luego a humanos, generando mayor probabilidad de nuevas pandemias. Debido a que ocurren unos 40.000 incendios intencionales por año, el Amazonas ha pasado de ser un absorbedor de dióxido de carbono a ser un emisor. El cambio se debe a la deforestación, mayormente ilegal y con objetivos para ganadería y minería, que ha sufrido en el 17% de su superficie el antiguamente llamado “pulmón del planeta”. Brasil se ha comprometido a reforestar 12 millones de hectáreas. Como dice un viejo proverbio oriental, el mejor momento para plantar un árbol es hace 20 años y el segundo mejor momento es hoy.
Además, los días más calurosos empeoran el estado de personas con enfermedad mental, aumentan los accidentes de trabajo, incrementan el número de infartos e infecciones, empeoran las enfermedades crónicas y aumentan el número de crímenes. Debemos volver a leer El Principito, donde queda claro que “lo esencial es invisible a los ojos”. Igual que lo es la polución de partículas y gases que contaminan el aire que respiramos. Las sociedades cardiológicas más importantes y la Organización Mundial de la Salud han definido la polución del aire como un factor de riesgo vascular igual que la hipertensión o la diabetes. La exposición a las partículas que contaminan el aire causa infartos de miocardio, ACV, pérdida cognitiva, arritmias, muerte súbita y otras consecuencias vasculares. Las partículas en el aire entran en la circulación a través de los pulmones y así dañan las paredes de las arterias.
Si bien lo intuitivo es pensar que el principal daño causado por la polución ocurre en los pulmones, casi el 70% de la mortalidad es por enfermedad arterial, ya que la polución acelera el proceso de la aterosclerosis. Malformaciones cardíacas ocurren en fetos de madres expuestas a polución. La polución también causa enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer de pulmón e infecciones pulmonares. El problema es tan complejo que se calcula que en California un 20% de la polución del aire se origina en China y llega a los EE.UU. por vientos a través del Pacífico.
Casi el 100% de la población en Asia está expuesta a niveles altamente tóxicos de polución. En muchas ciudades, estos niveles llegan a ser 100 veces superiores al considerado aceptable. ¡En Nueva Delhi, se alcanzan picos de hasta 250 veces el nivel aceptable! Cuando eso ocurre tienen que suspender clases, cerrar aeropuertos, desviar el tránsito, las guardias médicas se saturan por consultas de conjuntivitis y problemas pulmonares y se tiene que regar el aire con agua para que las partículas de polución precipiten. Caminar un día en esas condiciones equivale a fumar dos paquetes de cigarrillos. A Nueva Delhi en esos momentos se la ha llamado una “cámara de gas”.
En los años 70, después de que EE.UU. aplicó la ley de aire puro, la polución ambiental disminuyó 70% y contribuyó a un aumento de 250% del PBI. En California se han comprometido a que, a partir de 2035, prohibirán la venta de autos que usen nafta. La polución del aire causa más muertes que la polución del agua, la de la tierra y la ocupacional combinadas. También causa tres veces más muertes que las ocurridas por tuberculosis, malaria y VIH, y 15 veces la cantidad de muertes por guerras.
La transición a energías renovables está ocurriendo, pero no con el ritmo necesario. Aumentó la producción de gas natural, pero la generación de energía que deriva en emisión de carbono se sigue usando con la misma intensidad de siempre. El cambio no es simple, como lo muestra Alemania, que con una inversión de medio billón de dólares en 20 años ha pasado de obtener el 84% de su energía con combustibles fósiles a un 76%. Las actividades que más contribuyen a la generación de emisión de gases y partículas tienen fuertes incentivos económicos para no disminuir su actividad.
La comunidad científica y los medios debemos tomar la iniciativa para generar conciencia sobre la grave amenaza que enfrentamos. La población general cree, equivocadamente, que el problema solo es un agrandamiento del agujero de ozono, un leve aumento de la temperatura, una pequeña proporción de hielo polar derretido y quizás un crecimiento en los niveles de los océanos que podría causar la muerte de algunas especies que viven en lugares distantes y aislados. La mayor parte del planeta desconoce las consecuencias de esta catástrofe autocausada, que, más apropiadamente que “cambio”, debería llamarse “crisis climática”. La alarma del tsunami está sonando y pocos le prestan atención. Como acertadamente dijo el secretario general de las Naciones Unidas: “Estamos en una autopista yendo hacia el infierno climático y seguimos con el pie sobre el acelerador”.
Médico; autor de publicaciones científicas sobre polución del aire y enfermedad vascular; disertante en la conferencia “Cambio climático, polución del aire y salud”, en la Academia Pontificia de las Ciencias, Vaticano (2017)
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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