De Mechi Bove y dirección de Diego Reinhold.
Paseo La Plaza, Corrientes 1660
Funciones: miércoles, jueves y domingos, a las 20; viernes, a las 21, y sábados, a las 19.30 y 21.30.
Desde $4800.
Graciela Tenenbaum. “Muchos me cuentan que vivieron con sus madres hasta los 45”
Famosa por sus trabajos en cine y TV, descuella en Mi madre, mi novia y yo, el boom teatral que comparte con Sebastián Presta y Vicky Almeida
Leni González | Santiago Filipuzzi
En el corazón del llamado circuito comercial o empresarial, ese donde todas las variables deben ajustarse al factor riesgo, una obra sin estrellas “ultraluminarias” brilla a todo color por pura química teatral: una autora nacional, Mechi Bove; un director, Diego Reinhold, que sabe batir calidad y entretenimiento; y un elenco afilado para el encantamiento de la comedia, un género que sólo fluye en condiciones de sincronicidad, exactamente lo que sucede en Mi madre, mi novia y yo entre Sebastián Presta, Victoria Almeida y el alma de la fiesta, Graciela Tenenbaum, una actriz con muchísimo camino recorrido a quien esta vez le toca un protagónico al que se abraza con pasión las seis funciones semanales en el Paseo La Plaza.
“Con letra sabida, no hay mal actor, pero después cada uno le pone su impronta. Me gusta buscarle el alma a los personajes”, dice la Tenenbaum, actriz muy querida en el medio y muy respetada por sacarle el jugo a cada papel por más supuestamente chiquito que parezca. Ejemplos en televisión: Máxima en Valientes, la mucama que tenía un romance con Alejandro “Huevo” Müller (por lo que fue nominada a los Martín Fierro); Mirna en Soy tu hombre, la asistente de Michelle (Claudia Fontán) de quien se enamoraba; Mirta en Los exitosos Pells; Raquel en Cien días para enamorarse; en varios episodios de Mujeres asesinas, entre muchas otras ficciones hasta la serie mexicana Diario de un gigoló, ahora en Netflix. “Mucha televisión, mucho cine y mucho teatro y me pude adaptar a todo. La TV es muy rápida, es vertiginoso el ritmo, de un día para el otro tenés que saber la letra. El teatro es algo vivo, comunión con el público, los sentís respirar. Y el cine es maravilloso, son largas horas de espera, quizás estás todo un día para filmar una escena que repetís un montón de veces. Tenés que adaptarte, no todos pueden sin agotarse, pero me gusta tanto que pude”, dice.
En Mi madre, mi novia y yo, Graciela es Victoria, una madre agobiante, muy posesiva, que vive con Fernando (Presta), su único hijo de más de 40 en su casa en Lomas de Zamora. Para Nochebuena, el hijo ha invitado a su novia, Leticia (Almeida) con quien proyecta armar una familia y mudarse, peligro que la mamá intentará ahuyentar con sus avasallantes métodos.
–¿Existe todavía ese tipo de vínculos entre madres e hijos?
–Sí, son relaciones simbióticas que permanecen más de lo que pensamos. Muchos se me acercan y me cuentan que convivieron con sus madres hasta los 45 o que tienen una suegra así o “yo soy como vos”. Es una mujer posesiva pero que puede comprenderse, la podés entender porque le pasaron cosas muy duras en el pasado y se aferró al hijo.
–Son tres intérpretes muy diferentes, con recorridos muy variados. ¿Cómo se acoplaron?
–Llegué a este papel por un amigo mío, Ignacio Paglieri, que le mostró cosas que yo había hecho a Sebastián Presta y él quiso que estuviera. Es cierto que somos muy distintos y eso lo hace muy rico, hay mucha alquimia entre nosotros. Al principio, cada uno propuso lo suyo, yo soy muy de proponer, y Diego Reinhold, a quien ya conocía, tomó muchas cosas. Y se va armando, te vas tirando la pelota uno al otro. Diego es un director brillante, sumamente obsesivo, y tiene el timing de la comedia que es de partitura, tiene que tener ritmo. A veces se la menosprecia pero es muy difícil de hacer, la gente no se ríe de cualquier cosa.
–¿Cuál fue tu primer trabajo artístico?
–Lo primero que me salió fue Drácula, dirigida por Pepe Cibrián Campoy. Me gusta cantar pero soy intérprete, puedo interiorizar y expresar lo que digo pero no tengo esos registros agudos para el musical. Pepe es sumamente exigente y se fijaba en las coreografías, enseñaba y al otro día se fijaba que yo lo sabía, lo había aprendido. Es que soy muy trabajadora, le doy y le doy. En Drácula estuve desde el estreno, después nos fuimos de gira y, a los tres años, volvimos al Luna Park y me salieron otras cosas, ya no estuve. Actué como Pueblo, como la Posadera y fui el tercer reemplazo de Nani, que encarnaba Laura Silva. Después con Pepe estuve en Aquí no podemos hacerlo (en el Teatro Nacional Cervantes, 1994). Muchas de mis amigas me quedaron de aquella época con Pepe, como Alejandra y Lucrecia Rago, y Fernanda Cuyás que está en España.
–¿Tus padres te vieron actuar?
–¡Sí! Mi padre falleció hace seis años y mi mamá –que reconoce: “yo le puse muchos palos en la rueda a Graciela”– está chocha, me dice: “qué suerte que escuchaste tu corazón”. Tengo una hermana, con quien nos llevamos 21 meses y no tiene nada que ver con esta profesión, que también disfruta mucho de lo que hago. Ahora no estoy en pareja, lo estuve durante muchos años, y vendrá si tiene que venir. No es algo preocupante para mí, tal vez antes sí cuando pensaba en la maternidad, pero ya no, pienso en mi profesión, en superarme, en crecer, y estoy feliz.
–¿El protagonismo, la mayor exposición, tardó en llegar? ¿Qué pensás sobre eso?
–Siempre me sentí protagonista de lo que me tocaba, del papel que tenía. Están los elegidos de siempre y los productores deciden sobre la base de lo que consideran que va a tener más rating o lo que sea, esto pasa. Yo laburo mucho con el corazón, el personaje que sea aunque sea chiquito y eso hace que pegue y crezca y te vuelvan a llamar. De a poco fui ganando lugares y soy muy querida en el medio. Es cierto que la tele tiende a estereotiparte porque les es más fácil llamarte para lo probado y lo que saben que les vas a rendir. Yo le pedí a Adrián Suar (Polka, eltrece) otros papeles, como en Mujeres asesinas, y si hacia la mucama o “la amiga de”, trataba de cambiar, de buscarles otra cosa, proponía cosas y aceptaban, por ejemplo el estar enamorada de la Gunda (Claudia Fontán) en Solamente vos fue una propuesta mía.
–Entre tantas experiencias laborales, ¿pasaste malos momentos?
–Me gusta el buen trato y entender qué quieren. Alguna vez me dijeron que era muy sensible y tenía que aprender… En Verano del 98 era la madre de Romina Ricci y Celeste Cid y, no daré nombres, alguien me dijo eso, pero una se va haciendo fuerte para decir lo que piensa y respetarse.
–¿Y con los compañeros?
–Una no se hace amiga de toda la gente, venís a trabajar. Siempre están los creídos o los que tienen ese lugar porque se lo dan los productores. Me pagan por trabajar, si hago amigos, maravilloso, pero si no, mis amigos están afuera. Por eso siempre traté de buscar un lugar sano, dar lo mejor como actriz sin envidias, sin competencias.
–¿Qué hiciste durante la pandemia?
–Di clases, me animé por Zoom a cursos de humor con grupos muy heterogéneos, docentes, directoras de escuela, peluqueros, médicos, abogadas, de 30 a 80 años y de distintos lugares del país, para superar el miedo al ridículo, dejar volar la imaginación sin importar si lo estás haciendo bien o mal. No pude seguir al comenzar a trabajar con ensayos y grabaciones, combinar horarios se complicaba. Lo hice con muchísimo amor y cuando pueda, voy a volver a hacerlo. Fue un logro psíquico que me permitió sentirme bien y serles útil a otras personas. Me di cuenta de que tenía mi casa, tenía para comer, no era la guerra. Por supuesto que hubo gente que lo pasó mal y perdió mucho pero yo pude rescatar eso.
No pudo realizar las últimas cuatro funciones del año pasado por un accidente: se cayó en la calle y se lastimó mucho, le enyesaron un brazo y se rompió dos dientes. Después de Reyes, ya repuesta y pasado el receso por las Fiestas, la obra volvió para quedarse hasta el domingo 23 de abril y continuar con una gira. “Disfruto este momento, antes era más ambiciosa y buscaba más pero después lo sufro porque hay más presión. Tampoco hay ficción nacional en la televisión, todo es para plataformas. Para Diario de un gigoló, en México, aprendí a hablar en neutro, que no es fácil pero si queremos trabajar, los actores nos vamos rebuscando. Aprovecho y soy feliz con esto que me pasa ahora. Sabíamos que iba a andar bien por las funciones de preestreno y, sobre todo, porque se reían los técnicos, igual que en la tele: si ellos se ríen, vamos bien. Y el boca a boca funcionó”, dice.
–¿Con qué soñás?
–Mi primer sueño fue lograr vivir de la profesión. Quiero seguir haciéndolo. Pienso mucho en el presente porque no podemos predecir el futuro, es lo más sano, baja el nivel de estrés, es aprendizaje. Busco trabajar con compañeros con los que haya química, compromiso, entrega, me importa eso, no los nombres porque la protagonista es la historia a contar y lo que hacemos todos para contarla. Hay muchos que me dicen: “Graciela, estás para el unipersonal”, pero es más un deseo de los otros que mío. Aunque escribí algo dedicado a mi papá que en algún momento haré, no continué porque salen otros trabajos y a eso hay que ponerle mucha energía.
Mi madre, mi novia y yo
De Mechi Bove y dirección de Diego Reinhold.
Paseo La Plaza, Corrientes 1660
Funciones: miércoles, jueves y domingos, a las 20; viernes, a las 21, y sábados, a las 19.30 y 21.30.
Desde $4800.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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