viernes, 10 de febrero de 2023

VIOLENCIA


Guerra narco: matan a una niña de 4 años
La víctima fue alcanzada por al menos una bala cuando atacantes dispararon desde un automóvil contra un grupo de personas; se encontraron en el lugar 32 vainas
El asesinato de una menor movilizó el pedido de seguridad de vecinos de la villa 1-11-14
Nayla  debía cumplir cinco años el próximo 25 de marzo, pero su vida se apagó anteanoche en medio de una feroz balacera, con 32 disparos, en la villa 1-11-14. Su madre, Alcira, una de sus hermanas y un primo (foto) reclamaron justicia en un asentamiento que suma muertes en su guerra narco.
Una niña de cuatro años murió tras recibir un tiro en el pecho durante un ataque ocurrido anteanoche, a las 22, en la villa 1-11-14, en el Bajo Flores, donde se dispararon, al menos, 32 balazos. Además, casi a la misma hora, pero en la villa 20, en Villa Lugano, mataron de dos balazos a un adolescente de 15 años en un presunto ajuste de cuentas, ya que cerca de su cuerpo se encontraron nueve casquillos. Así lo informaron a la nacion fuentes de la Policía de la Ciudad y de la Gendarmería Nacional.
En el ataque ocurrido en el Bajo Flores, además de la niña asesinada, identificada como Nayla Torrilla, resultó herido de un balazo en un pierna un joven de 19 años. Los disparos habrían sido realizados desde un automóvil Renault 19 gris. La balacera en la que murió la niña es investigada por el fiscal en lo criminal y correccional porteño Eduardo Cubría.
“En la escena del ataque se secuestraron 32 vainas servidas. La niña y el joven fueron trasladados heridos al Hospital General de Agudos Parmenio Piñero. La menor, que tenía una herida de bala en la zona del tórax, murió en el centro de salud”, informaron las fuentes consultadas. Por la cantidad de vainas que fueron recuperadas en la escena del crimen puede sospecharse que los agresores utilizaron, al menos, una ametralladora.
“Cuando fue mi hermana a buscarla, estaba mi hija tirada en el suelo, yo la agarro y me fui corriendo al hospital y se me murió mi hija en mis brazos”, relató Alcira, la madre de Nayla, quebrada en llanto. Y agregó: “Me la arrebataron de mis brazos. Lo único que quiero es justicia por mi hija. No manden gendarmes para nada, lo que queremos es gendarmes para que nos cuiden”.
El homicidio ocurrió anteanoche en Bonorino y Calle 10, en el asentamiento que es lugar de fuertes enfrentamientos entre bandas narco. “Estamos en plena etapa de investigación. Todavía no se determinó si se trató de un tiroteo o si los disparos partieron desde el mismo sector. Evidentemente, la niña quedó en medio de la ráfaga de tiros. Se desconoce hasta el momento si el móvil del ataque fue por una guerra narco, una disputa entre bandas de ladrones o un ajuste cuentas”, explicaron a la nacion fuentes de la investigación.
La seguridad en el interior de la villa del Bajo Flores está a cargo de la Gendarmería Nacional y ese es el único lugar de la ciudad donde aún operan fuerzas federales, que llegaron a la zona en 2011 como refuerzo del llamado Cinturón Sur. Los gendarmes comunicaron a la Policía de la Ciudad la balacera que se había registrado en Bonorino y Calle 10.
Desde hace poco más de dos décadas, la 1-11-14 es una zona caliente del negocio millonario del narcomenudeo. La guerra por el territorio y los ajustes de cuentas equilibran o alteran la tasa de homicidios en la ciudad.
Uno de cada seis homicidios dolosos en la ciudad se produjo, en promedio, en la villa 1-11-14; en ese enclave del Bajo Flores las organizaciones transnacionales dedicadas al narcotráfico aún dirimen a sangre y fuego sus disputas territoriales.
En ese territorio del sur porteño –que incluye la villa 1-11-14 y los barrios Rivadavia e Illia– se pasó de 5 homicidios en 2019 a 14 en 2022, lo que representa un aumento del 180 por ciento. Todo lo contrario a lo que ocurrió el año pasado en el resto de la ciudad, ya que en total se registraron 88 homicidios, la cifra más baja desde 1995.
Históricamente, el territorio de la villa 1-11-14 estaba dividido en dos bandas: una organización narco liderada por Marco Estrada González, más conocido como Marcos, de nacionalidad peruana, y otra comandada por delincuentes de nacionalidad paraguaya. En junio pasado, Marcos fue expulsado del país hacia Perú en medio de un importante operativo de seguridad.
El Tribunal Oral en lo Federal (TOF) Nº 3, que había dictado una condena a 24 años de prisión, autorizó el extrañamiento (la posibilidad de ser expulsado del país al cumplir la mitad de la pena) de Marcos solicitada por la defensa del capo narco. Según la Justicia, la “empresa criminal” de Marcos llegó a facturar cada mes $14.000.000.
“Tres fuerzas de seguridad, la Policía Federal Argentina (PFA), la Gendarmería Nacional y la Policía de la Ciudad, llegaron a la misma conclusión: existía en la villa 1-11-14 una organización narcocriminal que era liderada por Marco Estrada González, Silvana Salazar y Pitty [por Fernando Estrada González, hermano de Marcos y aún prófugo]. Hubo cambios de gobierno, crisis económicas, pero desde 2009 hasta mediados de 2017 en su pedazo de territorio, siete hectáreas de la villa 1-11-14 [zona también conocida como barrio popular Padre Richiardelli], nada cambió. En ese lugar siempre fueron Marcos, Salazar y Pity. Esperemos que este juicio logre cambiar algo”, había sostenido en su alegato del juicio donde se condenó a Marcos el fiscal Velasco.
El trono criminal vacante
Con Marcos preso y Pity prófugo, el poder lo tomó Johny Ray Arnao Quispe, apodado Pantro, que se convirtió en el nuevo jefe de la gavilla.
“Las tareas de investigación desarrolladas hasta el momento por la Policía Federal Argentina (PFA), como la declaración de un testigo de identidad reservada, posicionan a Arnao Quispe como el actual jefe de la organización narcocriminal”, sostuvieron los fiscales Cecilia Amil Martín, que conduce la Unidad Fiscal Especializada en la Investigación de Delitos Vinculados con Estupefacientes (Ufeide) porteña, Iglesias, y Eduardo Taiano, en un dictamen en el que solicitaron el procesamiento de Pantro, que finalmente fue firmado por el juez federal Ariel Lijo.
En esas peleas internas dentro de la banda más grande que opera en la ciudad de Buenos Aires se sumó Raúl Martín Maylli Rivera, conocido como Dumbo. Intentó tomar el control del barrio Padre Mugica, en Villa Lugano, y luego, en su tiempo en la clandestinidad, buscó que su grupo se apropiase de parte de la villa 1-11-14 luego del arresto de Pantro. No lo logró y finalmente fue detenido en Perú.
Todos esos jefes narcos usan mano de obra local para su expansión de violencia. Bandas de tiradores argentinos que sobreviven en la zona con robos y protección de los clanes de la droga. Pero no se mueven sin permiso. Son solo los gatilleros. En ese contexto de violencia urbana se registró el asesinato de Nayla.

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