jueves, 11 de mayo de 2023

EL PAPA EN EL 2010


Dura denuncia del Papa al kirchnerismo: “Algunos querían cortarme la cabeza”
Afirmó que cuando era arzobispo el gobierno intentó que fuera condenado
Elisabetta Piqué Papa Francisco
ROMA (De nuestra corresponsal).– “Algunos en el gobierno querían cortarme la cabeza y sacaron a relucir no tanto este asunto de Jalics, sino que pusieron en duda todo mi modo de actuar durante la dictadura”. Con esa frase, pronunciada en una conversación con jesuitas de Hungría, el Papa reveló las presiones que sufrió cuando, siendo arzobispo de Buenos Aires, durante la presidencia de Cristina Kirchner, debió declarar en un juicio por el secuestro de Orlando Yorio y Francisco Jalics, ocurrido en 1976.
ROMA.– En una conversación que tuvo con 32 jesuitas de Hungría en su reciente viaje a este país, ante una pregunta, el papa Francisco evocó cuando, siendo cardenal y arzobispo de Buenos Aires, durante la presidencia de Cristina Kirchner, en 2010, debió declarar en un juicio por el secuestro de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics (de origen húngaro), ocurrido en 1976.
“Algunos en el gobierno querían cortarme la cabeza, y sacaron a relucir no tanto este asunto de Jalics, sino que pusieron en duda todo mi modo de actuar durante la dictadura”, dijo el Pontífice, en clara referencia al kirchnerismo. Francisco no mencionó a nadie, ni puso fechas, según la transcripción difundida ayer por La Civiltá Cattolica, la prestigiosa revista de los jesuitas de Italia, cuyos textos suelen ser aprobados por el Vaticano.
“Entonces, me llamaron a juicio. Me dieron la posibilidad de elegir el lugar del interrogatorio. Elegí hacerlo en el episcopio [arzobispado]. Duró cuatro horas y diez minutos. Uno de los jueces insistía mucho en mi modo de comportarme. Yo siempre respondí con la verdad. Pero, para mí, la única pregunta seria y bien fundada fue la del abogado que pertenecía al Partido Comunista. Y gracias a esa pregunta las cosas se aclararon. Al final, se comprobó mi inocencia. Pero no se habló casi nada de Jalics, sino de otros casos de personas que habían pedido ayuda”, agregó el Papa. Y reveló que uno de los jueces, años más tarde, cuando ya él era pontífice, le contó sobre las instrucciones que pretendieron darles. “Habían recibido indicaciones del gobierno para condenarme”, relató, según le contó el juez.
Se refirió, así, a cuando, luego de una serie de notas del periodista Horacio Verbitsky que lo acusaban de haber “entregado” a Jalics y a Yorio, el 8 de noviembre de 2010 el entonces arzobispo Jorge Bergoglio declaró en un despacho de la curia como testigo. En esa ocasión, relató cómo, en 1976, intercedió ante la dictadura para que liberaran a los religiosos, al reunirse con el general Jorge Rafael Videla y con el almirante Emilio Massera, ante quienes reclamó por la vida de los curas.
En el diálogo con los jesuitas de Hungría –el 29 de abril–, ante una pregunta sobre este caso y las acusaciones que siguieron, que crearon una suerte de leyenda negra sobre su supuesta complicidad con la dictadura –se sabe que ayudó a muchísima gente a escapar del país–, Francisco reconoció que fueron tiempos duros.
“Cuando Jalics y Yorio fueron apresados, en la Argentina se vivía una situación confusa y no estaba para nada claro qué se debía hacer. Yo hice lo que sentía que tenía que hacer para defenderlos. Fue una situación muy dolorosa”, subrayó.
“Los padres Ferenc Jalics y Orlando Yorio trabajaban en un barrio popular, y trabajaban bien”, subrayó, sin mencionar el Bajo Flores y al precisar que Jalics había sido su padre espiritual y confesor.
“En el barrio en que trabajaba había una célula guerrillera. Pero los dos jesuitas no tenían nada que ver con ellos: eran pastores, no políticos. Fueron hechos prisioneros, siendo inocentes. No encontraron nada con que acusarlos, pero tuvieron que cumplir nueve meses de cárcel, sufriendo amenazas y torturas. Luego fueron liberados, aunque estas cosas dejan heridas profundas”, admitió.
“Jalics vino a verme inmediatamente, y charlamos. Yo le aconsejé ir a ver a su madre a Estados Unidos. La situación era realmente demasiado incierta y confusa”, evocó. “Después surgió la leyenda de que había sido yo el que los había entregadopara que fueran encarcelados ”, lamentó, al recordar que hace unas semanas la Conferencia Episcopal Argentina publicó dos tomos, de los tres previstos, con todos los documentos relacionados con lo que ocurrió entre la Iglesia y los militares. “Ahí está todo”, destacó, al aludir a La verdad los hará libres.
Francisco también contó que, siendo papa, volvió a ver en el Vaticano a dos de los jueces del juicio a la ESMA. “Uno de ellos junto a un grupo de argentinos. No lo había reconocido, pero tenía la impresión de haberlo visto. Lo miraba y lo miraba, y me decía: ‘A este lo conozco’. Me dio un abrazo y se marchó. Lo volví a ver una vez más, y se presentó. Le dije: ‘Merezco ser castigado cien veces, pero no por ese motivo’. Le dije que estuviera en paz con esta historia. Sí, merezco ser juzgado por mis pecados, pero sobre este punto quiero ser claro”, relató. “Vino también otro de los tres jueces y me dijo claramente que habían recibido indicaciones del gobierno para condenarme”, acusó.
Francisco también recordó que cuando se fueron los militares, Jalics le pidió permiso para volver y hacer un curso de ejercicios espirituales “Lo hice venir, e incluso celebramos una misa juntos. Después lo volví a ver como arzobispo y, luego, también como papa: vino a Roma a verme. Siempre habíamos tenido esta relación”, precisó. “Pero cuando vino a verme al Vaticano la última vez, vi que sufría porque no sabía cómo hablarme. Había una distancia. Las heridas de esos años pasados permanecían en mí y en él, porque los dos vivimos esa persecución”, confesó.

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