domingo, 14 de mayo de 2023

MAURICIO KARTUN,,,PARA LEER Y VER TEATRO


MAURICIO KARTUN : El maestro de la dramaturgia hizo su primera novela
Es un terremoto conceptual y es considerado “el maestro” de la dramaturgia; pero también acaba de publicar su primera novela
Federico Irazábal | Foto Soledad Aznarez
Es probable que sea uno de los pocos maestros que reconoce nuestra escena. Maestro así, con mayúscula. Su nombre por sí solo indica una invitación a una experiencia estética exquisita, que el público y el sector artístico ya reconocen como una gran marca autoral. Sabemos de antemano que ir a ver una de sus producciones será un deleite, al tiempo que una invitación a un juego sobre tradiciones y convenciones del pasado que, como miembros de la misma cultura, podremos reconocer inmediatamente, aunque no se tenga una formación específica en la materia. El teatro de Mauricio Kartun se disfruta. Es una invitación a un juego que nada tiene de superfluo y que puede dar inicio a una deriva casi infinita por el entramado de una cultura tan rica y atractiva como la local.
Al tiempo que es sinónimo de éxito en la escena independiente y oficial, Kartun es uno de esos gestores que ha sabido construir instituciones que han marcado a fuego el desarrollo de nuestra escena. Conversar con él de manera distendida es un modo de meterse en la historia del teatro local, un pequeño viaje hacia un pasado revisitado con la pasión de un niño que se sorprende ante cada cosa que encuentra, y un terremoto conceptual desde el que se sostiene y fundamenta cada una de las afirmaciones. Un hombre amado por sus pares y que conserva en su mirada una chispa de curiosidad que es parte de la vitalidad que luego también se encuentra en su escena, y que es la misma mirada vivaz y perspicaz que se observa cuando habla de su gran maestro: Ricardo Monti. Cuando habla de él, parece más bien un acto de invocación. Recuerda conversaciones y palabras, así como también algunos de los conceptos de hoy que se encarga de transmitir a sus alumnos: hablar de la “imagen generadora” es hablar del proceso creativo de Monti, pero también de Kartun. “Cuando voy caminando o estoy haciendo algo, distraído –suele decir–, aparece esa imagen que, reconozco inmediatamente, será la génesis de algo mayor”.
Es probable que esa misma curiosidad lo haya vuelto un maestro complejo, que no se dedica a transmitir modelos creativos de una prole que lo imite, sino artistas que estén dispuestos a introducirse en senderos creativos que tengan el poder de deslumbrarlo a él. “En mis talleres –cuenta en su departamento de Villa Crespo–, cuando algún participante se pega mucho a alguno de mis trabajos se lo señalo, con insistencia, porque lo divertido y lo interesante está siempre en aquel que busca algún tipo de ruptura, que busca traspasar las fronteras de lo conocido”.
Salo solo, el patrullero del amor es la primera novela que Kartun escribe y que acaba de publicar el sello Alfaguara en su Narrativa Hispánica. Salo es un viudo que ha decidido encontrar nueva pareja. Se lanza en busca de de una mujer luego de seis años de la muerte de su esposa. En ese tiempo fue acostumbrándose a su nueva realidad pero sigue dependiente, para dormir, de una pastillita que haga que la cama king size sea menos deprimente. Y visita a un nuevo médico que le dice la frase que podría funcionar de matriz empática para el lector: “Circule, Salomón. Circule. En los lugares de siempre no va a encontrar nada”.
“Es cierto que en mis inicios yo me dedicaba a la narrativa. Pero una vez que descubrí la dramaturgia me quedé allí. Yo era un estudiante desastroso, de esos repetidores que sabés que no van a terminar el colegio pero, al mismo tiempo, era un lector muy curioso. Y disfrutaba de escribir. Pero nunca pensé que eso se iba a profesionalizar en mí. Fui en el Gran Buenos Aires, de donde soy, a una especie de taller que daba un periodista, Hugo Loiácono, en el que me dio una clave sobre mi principal falencia como autor en ese entonces: ‘tus diálogos son muy duros, Mauricio,ahí está tu problema’, me dijo. Te recomiendo que escribas teatro porque es la mejor forma de entender cómo funcionan los diálogos”. Ese consejo fue, tal vez, el responsable de todo lo que vino luego. Yo no podía imaginarme al teatro desde el punto de vista de la literatura. Pero cierto día, caminando por la avenida Corrientes encontré un cartelito pegado en la calle, de Nuevo Teatro, que ofrecía un curso de dramaturgia que daba Pedro D’alessandro. Y me anoté. Este docente venía de estudiar en los Estados Unidos y traía la escuela de un gran maestro, Lajos Egri, autor de un libro clásico: Cómo escribir un drama. Me introduje en el universo teatral y vi las ventajas de la dramaturgia, y esa posibilidad de reescritura; desde entonces, soy dramaturgo.
–¿A qué se debe que en este momento de tu vida y de tu carrera te hayas lanzado a la narrativa?
–En parte es responsable la pandemia. Yo tengo una casa en Cariló, en donde paso largas temporadas y, por sobre todo, cuando estoy avocado a terminar algún texto. Muy cerca de mi casa está la casa de un amigo, ya fallecido, Eduardo Rovner, con quien pasábamos horas conversando y riendo a lo loco. Él era muy divertido contando anécdotas. Y recuerdo perfectamente un relato acerca de sus peripecias buscando una pareja luego de su primera separación. Fue tan divertido el relato que se ve que quedó en mí. Protegido por la naturaleza y el paisaje pasé la pandemia en ese lugar. Y en mis caminatas reflexionaba acerca de qué iba a hacer, cómo iba a encarar lo que se venía. Sabía que iba a ser una estancia larga lejos de la ciudad, que no habría la posibilidad de hacer teatro por un buen tiempo, como efectivamente ocurrió, y entonces se me ocurrió armar algo a través de las redes sociales. Yo soy bastante activo en redes y en ese contexto se me convirtieron en el único nexo posible con la realidad. Estaba en el medio de un bosque, sin teléfono celular ya que no uso y ese era mi contacto con el mundo. Además empezó a pasar algo raro. El lector de redes sociales, que es muy dinámico pero distraído, no leía largas parrafadas. En cambio, en la pandemia, angustiado ante su propia soledad o necesitado de llenar el tiempo comenzó a leer textos de otra extensión. Y eso me resultó mucho más acorde a mi mismo. Empecé así a escribir algo que fui publicando como en capítulos. Armé un blog con eso que todavía circula por allí. Y la gente comenzaba a preguntarme “¿cuándo sale el próximo, Mauricio?”. Me di cuenta de que había un interés, que allí había algo. No tenía en claro qué pero algo. Lo llamé Konsuelo (se lo puede leer en https://konsuelofolletin.blogspot.com). Y gracias a esa experiencia, y en función de haber recordado el deambular de Eduardo Rovner en busca de nueva pareja, me puse a escribir este otro material. Eran unas quince historias que se iban publicando de tanto en tanto. Los mandé a la editorial, para que me dijeran qué pensaban, y eso llevó a que aparezca esta novela en el formato de “Las aventuras de…” que me entusiasma mucho también porque será, para mí, algo muy sorpresivo. ¿Cómo será leída? ¿Cuál será su recorrido? En teatro yo tengo más o menos claro cómo suceden las cosas, porque es un territorio que conozco mucho, pero este me resulta novedoso.
–¿Pero no se trata entonces de tu primer ejercicio en narrativa?
–No, de hecho hay por aquí, entre todos estos objetos, un premio que recibí de muy joven por narrativa. Yo tenía alrededor de 20 años, estaba terminando la escuela luego de repetir tres veces el año, trabajaba en el Mercado del Abasto y escribía cuentos cortos. Pero luego, al descubrir mi voz en el teatro me quedé allí, en esa experiencia colectiva. Creo que algo de la soledad de la literatura no me funciona tanto. El teatro y su necesidad de lo colectivo siempre es algo fascinante, el encuentro con los actores primero, con los distintos rubros técnicos luego y finalmente con el público. La narrativa, en cambio, tiene en esa soledad la necesidad, por ejemplo, de tener un gran editor que oficie de ese gran lector con quien tener diálogo. El teatro, en cambio, es proferido y da así la posibilidad de leerlo todos los días y saber si funciona o no; las estructuras son más cortas y las posibilidades de corrección durante los ensayos son infinitas.
–¿No te considerás, entonces, un autor de gabinete, sino que escribís para luego montar?
–Tengo textos que he escrito y que luego no he montado, pero disfruto enormemente tanto del proceso de investigación que requiere cada texto que escribo como del momento en el que ese texto se encuentra con los actores y comenzamos el montaje. Ver la apropiación que cada actor hace de esas voces que escribí en soledad es un proceso que me sigue fascinando y en donde encuentro un gran placer.
–¿Cuándo te convertiste en maestro?
–Se lo debo a Roberto Cossa. Yo lo conocía a él porque mi mujer había trabajado en una obra de teatro suya como actriz. Íbamos a comer y charlábamos bastante. Cierto día le surgió la posibilidad de dar un taller de dramaturgia en el marco de Teatro Abierto y él, que no se consideraba apto para esa tarea, me ofreció hacerlo de manera conjunta. Lo hicimos con unos quince participantes más o menos y, al terminar, ellos me ofrecieron seguir, pero de manera privada. Busqué un lugar y, desde aquel entonces, nunca he parado. Es algo que disfruto mucho y que también le debo a mi maestro Ricardo Monti. Yo hacía talleres con él y me daba cuenta que cuando hacíamos devoluciones, él tomaba muy en cuenta mis aportes. El hecho de que él hiciera eso me fue dando confianza como lector, como alguien capacitado para introducirse en lo profundo de un texto y encontrar sus fortalezas y debilidades. Y, en parte, eso es lo que sigo haciendo hasta el día de hoy con mis alumnos.
–¿Y el cine? Tenés alguna experiencia allí como actor.
–Experiencia muy trucha y siempre muy menor, pero sí tengo. Y está relacionado más bien con una parte trágica de nuestra historia. Cuando llegó la dictadura militar, mi mujer y yo nos quedamos sin trabajo. Ingresamos en la lista de los artistas “prescindidos por el Estado”. Para aquel entonces había trabajado con Pino Solanas en la escritura del guion de una película que nunca se estrenó, y había hecho las murgas y las canciones de Los hijos de Fierro. Tanto él como Augusto Boal, con quien había también trabajado, me decían que teníamos que irnos del país porque estábamos en riesgo, pero con mi esposa decidimos quedarnos, en un gesto claramente irresponsable. Yo soy fatal como actor. Tengo un serio problema: no puedo memorizar un texto. Por eso aceptaba películas comerciales en las cuales no tuviese letra. Creo mi récord han sido ocho palabras seguidas, lo máximo que puedo retener y repetir.



Para agendar

Salo solo. El patrullero del amor, editorial Alfaguara.

La vis cómica, a partir de junio, en la sala Leónidas Barletta, Diagonal Norte 943.

Salvajada (sobre el cuento Juan Darién de Horacio Quiroga y dramaturgia de Kartun, con dirección de Luis Rivera López, a partir de julio, en el Teatro Nacional Cervantes.




http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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