lunes, 8 de mayo de 2023

VIDA DIGITAL



Siete apps gratis para aprender música, más un sorprendente hallazgo en YouTube
Había una lógica detrás de notas, intervalos, acordes y tonalidades, pero lo más sencillo a veces es lo más difícil de explicar
Con sus tutoriales sobre teoría y análisis de canciones y bandas de sonido, Jaime Altozano ya tiene más de tres millones de suscriptores; aparte, una colección imperdible de aplicaciones móviles para cumplir tu sueño de rockstar (o casi)
Ariel Torres
Una condición neurológica, la misma que me causó 25 años de migrañas, frustró tempranamente mis aspiraciones musicales. El cuadro, que tiene un nombre kilométrico, no afecta para nada mis facultades intelectuales, mi ánimo o mis percepciones. Excepto por un detalle. Aparte de las migrañas, soy enteramente incapaz de mantener un tempo. Todavía peor: cualquier cosa relacionada con el pulso, el compás y los acentos me resultan entre incomprensible e irritante. Tiendo naturalmente a compases que no son usuales en la música occidental (5/4, por ejemplo) y el metrónomo me parece un instrumento de tormento.
No obstante, amo la música y toco (mal) el piano. Así que, pese a la enormidad de tiempo que ha pasado desde que intenté, como buena parte de los de mi generación, tener una banda, sigo insistiendo en mejorar mi torpeza musical intrínseca. Lo de mi banda de la adolescencia no prosperó porque sufría los ensayos de punta a punta, y en lugar de simplemente sentir el compás, como le ocurre a un músico de verdad, tenía que pasármela contando. Luego de un tiempo caí en la cuenta de que no estaba haciendo música, sino aritmética, y desistí.
Unos años después, debido a mis migrañas, me diagnosticaron esta hiperactividad en mi corteza cerebral, y el neurólogo me explicó por qué me llevaba tan mal con tempos, pulsos, compases y ritmos. Así, a los 23 años, quedó trunca mi carrera como rockstar.
El canal de Jaime Altozano en YouTube
Bromas aparte, me he puesto de nuevo a estudiar teoría musical y en el proceso descubrí a Jaime Altozano, que tiene más de 3 millones de seguidores en YouTube y, lo que es todavía más importante, se los merece. Sus tutoriales son impecables desde todo punto de vista. Con formación en matemática, educado en el Conservatorio de Madrid y con la chispa natural justa, explica cosas sencillas, como las escalas diatónicas y cromáticas, o complejas, como el círculo de quintas, con una claridad envidiable. En su canal hace muchas otras cosas muy interesantes, siempre en relación con la música, pero quiero hacer foco sobre dos asuntos.
Pasame el manual
El primero es que los tutoriales de YouTube –incluso cuando hace falta bucear bastante para encontrar un maestro tan hábil como Altozano– le ahorran mucho tiempo al que, como es el caso de la mayoría de los adultos, no puede asistir a clases durante todo el día, todos los días de la semana.
Sumados a algunas apps (como las que citaré enseguida), me han permitido empezar a entender en cuestión de horas –literalmente, horas– asuntos que me he pasado una vida tratando de desmenuzar a partir de los libros de texto. No es la primera vez que doy con este filón, y tampoco creo que sea una novedad. Es un millón de veces más simple aprender a amasar pan si lo ves en la pantalla que si te lo explica un texto.
Pero, y aquí va el recaudo, estas son limitaciones del texto escrito, no virtudes del video. La especie humana tardó 350.000 años (o sea, casi toda su historia) en inventar la escritura. Antes de eso, aprendíamos todo de tutoriales en video. Bueno, no era video. Era mirar al que sabía, e imitarlo; hasta que nos salía. Ese método, más la tradición oral que le permitía a los experimentados pasar sus tips (dicho así, en la jerga actual) a la siguiente generación, era el modo de aprender un oficio. Al principio ni siquiera había teoría, aunque con el tiempo eso también llegaría.
Sin embargo, hasta Gutenberg, a nadie se le ocurría aprender un oficio de un libro; otras cosas, sí (como la filosofía o la matemática), pero no un oficio. El impacto de los impresos fue tan fenomenal que el péndulo se fue al otro lado y muchos crecimos convencidos de que el manual era la solución para todo. No lo es.
Lo que no quiere decir que podamos prescindir del libro para aprender oficios. Y aquí viene la segunda parte de este análisis. Después de ver los tutoriales de Altozano, volví a la bibliografía que en otro momento me había resultado árida y abstracta, y ahora todo estaba claro. Es lógico. La música antes que ninguna otra cosa es sonido. Necesitaba esa articulación auditiva (incluso con un anclaje visual más allá de la partitura) para que las explicaciones abstractas cobraran sentido. Eso me fue provisto por los tutoriales. (Habría conseguido lo mismo en el conservatorio, dicho sea de paso; los tutoriales, como ya he dicho en otro lugar, de ninguna manera se acercan a la formación académica.)
El volver a los libros no fue solo un ejercicio de reivindicación, sino otra cosa. Los tutoriales (hay muchas academias online sin cargo, además; no se trata solo de YouTube) funcionan bien como un punto de entrada. Pero el saberse de verdad algo (como lo sabe Altozano, en un nivel al que nadie podría ni soñar con acceder viendo solo sus tutoriales) requiere entender la mecánica detrás (pueden llamar a eso teoría) y mucha práctica. Para lo primero, los libros, los grandes profesores y el tiempo siguen siendo esenciales. Para lo segundo, bueno, paciencia y tenacidad. Oh, sí, y más tiempo. Es increíble que casi nunca se haga hincapié en lo importante que es el tiempo en estas cuestiones. ¿Vieron eso de que la práctica hace al maestro? Bueno, es 100% cierto.
Quizá esto le sirva a alguien que está planteándose producirlos o al que los busca sin éxito: los tutoriales funcionan cuando ponen en marcha algo. Se pone en marcha algo cuando le encontrás la punta del ovillo a un asunto que te interesa. Si alguien me hubiera explicado el Canon en Re Mayor de Pachelbel sobre el círculo de quintas, me habría ahorrado mucha frustración, y sobre todo esa desagradable sensación de que nunca iba a terminar de entender algo tan complejo. Vengo oyendo ese canon desde mi niñez, y solo ahora encaja en un mapa armónico más grande, completo y consistente.
Dicho sea de paso, y para que no crean que viví dentro de una caja de zapatos hasta ayer: sí, claro, de pequeño, cuando quise estudiar música, me mandaron a las profesoras de entonces, que sin darme mayores explicaciones, y no siempre del mejor modo, me pusieron a solfear y a practicar escalas y arpegios. No sabía por qué, no entendía por qué. No te decían por qué. Y eso de practicar en vacío era horriblemente frustrante (al menos para mí, que soy más bien díscolo). Súmenle mi incapacidad para mantener un pulso o respetar el compás, y adiós. Iba tres clases y huía espantado. OK, seguro que no todos los profesores de música eran así, y hoy imagino que esto ha avanzado enormemente, pero el punto es que si me hubieran explicado de entrada que esa práctica tenía por objetivo entrenar mi memoria muscular y me hubieran mostrado la maravilla armónica que es un teclado de piano, habría seguido adelante. Tal vez me habría ahorrado incluso las migrañas, quién sabe.
Las apps
Si algo me probaron las nuevas tecnologías es que puede uno aprender mucho gracias al juego, al entretenimiento. Por ejemplo, siempre quise saber de aviones. Hice mi mejor esfuerzo para reconocer marcas y modelos desde fotos en libros. Nada. Cuando llegaron los simuladores para la compu, en cosa de meses mi cerebro había incorporado toda esa información sin que me diera cuenta. Lo otro que aprendí fue que la interacción y la visualización de ciertos conceptos es clave.
Entran en escena las apps y programas para la compu. Ya he publicado aquí mucho software para crear música, desde DAW hasta instrumentos virtuales. Hoy me voy a centrar solo en las apps que ayudan a aprender y practicar música. Es una breve selección, buena y potente, pero hay más, y los invito a bucear y a recomendar algunas que hayan probado y que les resultaron útiles. Aquí va mi colección hasta ahora.
Círculo de quintas
Esta es una aplicación pequeña, visualmente muy clara y sin pretensiones (esa es justamente su mayor virtud) para guiarse en el círculo de quintas. Lo que en otra época adoptaba la forma de una lámina en papel, ahora lo tenes en tu celular. Obviamente, al hacer clic en cada tonalidad suena el acorde correspondiente. Se baja para Android de aquí.
Círculo de quintas...Ariel Torres
Moises
La descubrí gracias al tecladista de Dream Theater, Jordan Rudess, que es muy activo en explorar nuevas tecnologías en música. Moises sirve para separar voces e instrumentos en varios canales y poder oírlos independientemente. Detecta tonos, puede transcribir de forma automática y ofrece un metrónomo inteligente. Viene con una sola canción, pero se pueden subir más desde archivos en la computadora (no así desde servicios de streaming). Muy útil para entrenar el oído y comprender cómo se construyen los arreglos de una obra.
Moises...Ariel Torres
Oído perfecto y The Ear Gym
El oído se entrena, punto. No hay magia. Vamos creando asociaciones al principio hasta que se nos graba qué es una tercera menor, que es una cuarta mayor, qué es un la, qué es un si bemol, y así. Dos buenas aplicaciones para ejercitar el oído son Oído Perfecto y The Ear Gym.
Oído perfecto..Ariel Torres
Lectura de partituras
Nada como el solfeo, se los digo ya. En pantalla o en papel. Pero si tenés media hora de espera para ver a tu dentista, largá ese jueguito que no te aporta nada y ponete a leer música con Complete Music Reading Trainer, que va por niveles y tiene incluso un modo arcade.
Complete Music Reading Trainer..Ariel Torres
Compositor de bolsillo
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Es un nombre quizá algo ambicioso. En realidad, lo que ofrece esta app es una guía completa de escalas, acordes, funciones armónicas, el círculo de quintas, los modos, la afinación, y todo esto para piano y guitarra. O sea que más que un compositor de bolsillo es la caja de herramientas que necesitás para componer algo, digamos, en La menor. Se baja de aquí.
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Pocket Composer...Ariel Torres
Guitar Tuna
Y para terminar, un clásico. Hay muchos afinadores, claro, pero este es bien consistente, visual y lo vengo usando hace años. En el título hay además un doble juego de palabras, porque Tuna (atún) no solo suena parecido a Tune (afinar) sino que está en el título de un clásico de Reo Speedwagon (You can tune a piano, but you can’t tuna fish). Se lo baja para Android aquí.
Guitar Tuna..Ariel Torres
Salvo Pocket Composer y The Ear Gym, estas apps están también disponibles para iOS. Las dos faltantes no son difíciles de sustituir, por lo que pude ver en el AppStore.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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