El macrismo busca neutralizar al kirchnerismo en el Congreso
Mientras Milei define quiénes serán sus lugartenientes en ambas cámaras, prepara una estrategia para evitar que el peronismo kirchnerista domine las principales comisiones
Laura Serra
El Congreso será uno de los pocos bastiones de resistencia del peronismo kirchnerista a partir del 10 de diciembre. Mantendrá la primera minoría en ambas cámaras y, con ese poder de fuego, buscará condicionar, cuando no obstaculizar, la sanción de las leyes de la nueva gestión de Javier Milei. Ese es el peligro que avizoran en el macrismo, aliados incondicionales del flamante presidente electo, que ya tienen en mente una estrategia para neutralizar los posibles embates.
Cristian Ritondo, actual jefe del bloque de diputados de Pro, es uno de los dirigentes que suenan para presidir la Cámara baja a partir de la asunción del nuevo gobierno. En su primer día como presidente electo, Milei confirmó que mantiene con él una “excelente relación”, aunque acto seguido rescató la figura del peronista Florencio Randazzo –“es una persona honesta, estamos trabajando”, dijo– y exaltó a Miguel Pichetto, excandidato a vicepresidente de Mauricio Macri, de quien dijo que tendrá un “rol destacado” en la Cámara baja como articulador de consensos con otros espacios, en especial el peronismo.
“Miguel tuvo siempre buena relación con Milei, pero hasta ahora no recibió oferta alguna”, dejaron trascender en su entorno. ¿Aceptaría presidir la Cámara de Diputados? “Solo si se le asegura de antemano que tendrá los apoyos necesarios; solo aceptaría un lugar como ese si hay un marco político que le permita generar consensos. Miguel no está buscando un cargo”, responden.
Mientras Milei mantiene el suspenso –todo quedará supeditado a las negociaciones con el macrismo–, Ritondo comenzó a moverse como su principal lugarteniente. Conversa con todos. Hoy se reunirá con Mario Negri, jefe del bloque radical; la cuestión de la gobernabilidad en el Congreso será inevitable. El dilema a resolver es cómo evitar que el peronismo kirchnerista continúe dominando los principales resortes de la Cámara –entre ellos, las comisiones claves– con el argumento de la primera minoría.
El problema no es menor y debe ser resuelto antes del 10 de diciembre: Milei anticipó que ni bien asuma impulsará medidas de shock económico, algunas de las cuales se traducirán en proyectos de ley que requerirán aval parlamentario inmediato. En el macrismo admiten que si el nuevo oficialismo no logra hegemonizar las comisiones más importantes –entre ellas, la de Presupuesto y Hacienda–, las leyes terminarán por deshilacharse o bien naufragarán, con el desgaste político que eso conlleva para un gobierno de extrema fragilidad parlamentaria.
El atajo de apelar a decretos de necesidad y urgencia (DNU) tampoco será sencillo si el peronismo kirchnerista mantiene el dominio sobre la estratégica Comisión Bicameral de Trámite Legislativo, a cargo de dictaminar sobre estas medidas excepcionales. Ni que hablar si el nuevo gobierno pretende cubrir cargos vacantes en la Corte Suprema, la Procuración General o en distintos tribunales federales; mientras la Comisión de Acuerdos del Senado siga en manos del kirchnerismo los esfuerzos serán inútiles.
Estrategia en ciernes
¿Cómo neutralizar este potencial peligro? En términos numéricos la respuesta es sencilla: el conglomerado libertario-macrista debe superar en cantidad de integrantes a Unión por la Patria para arrebatarle el título de primera minoría. En la Cámara de Diputados este nuevo espacio de centroderecha reuniría entre 85 y 90 diputados con la renovación parlamentaria; ergo, debería sumar entre 15 y 20 aliados, como mínimo, para sobrepasar en número a los 105 integrantes que tendrá Unión por la Patria. “Podríamos articular una ‘mayoría de contingencia’ que se articularía al solo efecto de conformar las comisiones y evitar que la oposición peronista las controle con su primera minoría –explican en el macrismo–. Esto nos permitiría avanzar con los dictámenes más urgentes y llevarlos al recinto. Después, que cada bloque los vote como le parezca. Si las acompañan, mejor.”
En el macrismo hacen cuentas: el radicalismo, con 25 diputados, sería el primero en ser convocado. En el partido de Yrigoyen persiste cierto resentimiento por el maltrato recibido por parte de Milei durante la campaña y son contados los legisladores que podrían sumarse al nuevo espacio oficialista. Sin embargo, las resistencias podrían diluirse con los incentivos adecuados, confían en el macrismo. Después de todo, con la renovación parlamentaria se abrirá todo un abanico de cargos a ser negociados. Entre ellos, dos puestos en la Auditoría General de la Nación (AGN), un puesto al que aspira el cordobés Negri, que este año finalizará su mandato.
Entre los potenciales aliados los macristas anotan, también, a los cincodiputado s cordobeses que responden a Juan Schiaretti. Los provinciales que responden a gobernador es no peronistas podrían ser también de la partida. Todo dependerá de la buena voluntad –y la generosidad– del nuevo oficialismo.
BENEGAS LYNCH RATIFICA REFORMAS
El diputado electo por La Libertad Avanza (LLA), Alberto Benegas Lynch, ratificó la intención de avanzar con “cambios estructurales de primera generación” que el presidente electo, Javier Milei, anunciaría tras asumir la presidencia, el próximo 10 de diciembre.
En diálogo con Guadalupe Vázquez en Radio Neura, Benegas Lynch alegó que durante la campaña electoral “se ha confundido mucho a los votantes” respecto de las reformas que intentará llevar a cabo el ganador del balotaje ante el ministro de Economía, Sergio Massa.
“Hay que remontar el barrilete sobre cosas que por ahí la gente no entendió o se usaron de forma maliciosa”, consideró, y procedió a hacer un desglose de las políticas que Milei pretenderá impulsar desde el día uno.
“Ni bien Javier asuma, el foco va a estar puesto en la baja del gasto del Estado. El objetivo es que caiga cerca de 13 puntos del PBI”, adelantó en primer lugar.
“Luego, manifestará su intención de terminar con la obra pública. Eso no quiere decir que no vayamos a hacer más rutas. En todo caso, se cambiará el ejecutor.
Las cosas no se harán a través de un fondeo estatal, sino por medio de la obra pública privada”, sumó el legislador electo.
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Milei, los K y el riesgo de la arrogancia
Luciana Vázquez
Javier Milei acaba de ganar una batalla clave, la electoral, a costa de una derrota histórica del massismo-kirchnerismo. Su triunfo, incluso, dejó chico al del mismo Mauricio Macri y Cambiemos en 2015, en aquel otro balotaje. Desde ahora empiezan los desafíos de su futura gestión. El riesgo del libertario es interpretar el éxito contundente en la batalla electoral como una oportunidad para dar una batalla cultural total y final desde ya y sin gradualismos. Una cosa es el consenso para dar la batalla contra la inflación, el déficit, el intervencionismo económico del Estado hipertrofiado y para reconstruir el sector privado, y otra cosa, la reivindicación de un ideario identitario que la sociedad resiste o rechaza de plano o ni siquiera se plantea en este presente crítico.
Por eso, Milei deberá ser capaz de resistir la tentación que capturó al kirchnerismo por dos décadas y terminó por aislarlo políticamente: esa tentación de ir por todo para buscar la avanzada a fondo que cambie la cultura social y política de la Argentina.
Una fatal arrogancia de nuevo cuño, parafraseando el título de Friedrich Hayek que Milei admira, donde cuestiona la arrogancia de un Estado que pretende centralizar la planificación de la vida social. El objetivo, a la larga imposible, es hegemonizar el sentido en todos los planos, no solo en el plano económico. La tentación es apuntar a dar batallas simbólicas y en terrenos que tienen que ver con la vida más privada de los ciudadanos a costa de dividir a la sociedad. El resultado del domingo dejó expuesto que, en algún momento, esa empresa de la política se vuelve agotadora para una sociedad: la reducción histórica de la base política del kirchnerismo se debe, en parte, a ese problema.
En esa concepción, el horizonte es, de alguna manera, el fin de la historia: la consolidación de una suerte de democracia de partido único que siempre ve en el adversario político un escándalo lógico político a resistir. Es la aspiración a que se repita al infinito una misma noción sobre la vida y la economía, sin matices.
La derrota de Sergio Massa del domingo tiene múltiples causas. Se pueden señalar dos. Una, la crisis económica: el resultado repuso lógica al escenario político y se confirmó que el votante sigue funcionando con una racionalidad que le da importancia central al “voto bolsillo” y el sentido común que sintetiza. Ese realismo electoral mostró que la astucia política elevada a la enésima potencia por un ministro de la crisis económica puede llevar al balotaje, pero, al final, encuentra su límite: el “voto condena”.
La otra causa señalable es el hartazgo social ante un ejercicio de apropiación de la superioridad político-moral del kirchnerismo, traducida esta vez en la captura de la noción de democracia. A mayor crisis económica, más intensa esa micromilitancia. La construcción simbólica en torno al miedo a Milei y el riesgo democrático que implicaría no logró disimular los estragos de la ineficacia económica.
Hay señales de que el libertario y sus hombres de mayor espesor político, como Guillermo Francos, son conscientes de esas restricciones. Su discurso de triunfo, el domingo a la noche, no incluyó ni una sola referencia a los temas más polémicos y definitorios de su perfil libertario, como su rechazo a la legalización del aborto, los vouchers, la portación de armas, el mercado de órganos o el cambio climático. Tampoco hubo ni una sola palabra sobre los temas más caros a su vicepresidenta, Victoria Villarruel, como sus críticas a la política de memoria, verdad y justicia en relación con la dictadura. Ni una sola referencia.
En cambio, Milei propuso una visión de la Argentina digerible para todos sus votantes, e incluso más allá, basada en “tres premisas”: “Un gobierno limitado, que cumple a rajatabla con los compromisos que ha tomado; respeto a la propiedad privada y comercio libre”. Afirmó: “Nuestro compromiso es con la democracia, con el comercio libre y con la paz”. Un tono Miss Universo que sorprendió a algunos en comparación con las batallas culturales que venía proponiendo.
El discurso del domingo a la noche no solo fue de triunfo. También sentó el tono y las bases para la gobernabilidad que Milei deberá construir. Los problemas que decidió plantear como prioritarios también son transversales: inflación, estancamiento, falta de empleo genuino, inseguridad, pobreza e indigencia.
No hubo tampoco referencias destempladas a China o Brasil. En el frente internacional, el mayor riesgo llegó en esta frase: “Vamos a trabajar codo a codo con todas las naciones del mundo libre para ayudar a construir un mundo mejor”, donde “mundo libre” abría una tensión con China. Bueno, ayer, el primer comunicado de la original Oficina del Presidente Electo que creó La Libertad Avanza eliminó esa limitación y planteó que Milei trabajará “en defensa de la democracia y el comercio libre con todos los países del mundo”, a secas. Una moderación geopolítica sintomática en su primer comunicado “oficial”.
En un punto, el mensaje de triunfo de Milei pudo haber estado en boca de un Mauricio Macri modelo 2015, excepto lo de “se necesitan cambios drásticos”, “no hay lugar para gradualismo, no hay lugar para la tibieza, no hay lugar para medias tintas” y lo de “avanzar rápido con los cambios estructurales”.
Milei acaba de fundar una derecha popular dueña de una transversalidad ideológica, geográfica y socioeconómica que Néstor Kirchner habría envidiado, y que ahora Macri busca potenciar. Pero el balotaje es, en cierta forma, un espejismo: es siempre deudor de votantes independientes que se quedaron sin oferta electoral. El mapa de las ideas de Milei no contiene en sus bordes las ideas de todos sus votantes. Ahí está uno de los principales desafíos de su gobernabilidad.
Además del económico, el otro tema que catapultó a Milei a la popularidad es su posición en contra de la legalización del aborto. En 2018, en pleno debate por el aborto, Milei alcanzó su pico de menciones en los medios. El presidente electo se corrió de esas banderas identitarias. Pero no lo hicieron todos sus seguidores más destacados. “Una alianza entre libertarios y conservadores”: así definió a la fórmula presidencial electa Agustín Laje, el politólogo y filósofo cercano a Milei, la noche del triunfo. Se refería a las figuras de Milei y de Villarruel.
Laje planteó el objetivo de “sacar al progresismo del Estado” y en dos años, luego de la elección de mitad de mandato y la reconfiguración del Congreso, volver a discutir la legalización del aborto. Para Laje, Villarruel encarna ese ideario.
De seguir ese andarivel más restringido, Milei enfrenta dos riesgos: el peligro de acortar su representación y el de restarse apoyo parlamentario en los temas económicos como reacción a esa agenda.
La cuestión, ahora, es cómo gobernará: las batallas que el libertario pondrá en el centro de su agenda de presidente definirán el grado de resistencia o apoyo que encuentre en el Congreso, por donde deberán pasar la mayoría de las reformas con las que sueña.
En las urnas, el voto de Juntos por el Cambio en todo el país, además del schiarettismo en Córdoba, fue clave para el tamaño del triunfo de Milei. Pero el Congreso es otra cosa. En Diputados y el Senado, con los votos propios no le alcanza. Con los de Pro, tampoco, y menos con los de una parte de Pro. Milei está obligado a una representación más amplia que sus contenidos identitarios.
El balotaje trae lecciones para todos. Para el kirchnerismo, sin dudas: las derrotas ponen la realidad ante los ojos. Pero también para Milei: todo parece indicar que el camino de la batalla cultural en sentido amplio y con el cuchillo entre los dientes, como la que se propuso el kirchnerismo durante cuatro gestiones de gobierno e intensificó en estos meses de campaña, lleva a la pérdida de contacto con la sociedad. Al kirchnerismo, ese proceso le llevó 20 años. Ahora todo es mucho más veloz: la Argentina que acumula crisis no da tiempo y en tiempos de redes sociales, la sociedad se organiza rápido y efectivamente para hacerse escuchar. Por ejemplo, para dar nacimiento a un presidente impensado.
El crecimiento más consistente de Milei en la esfera pública está atado a una pedagogía liberal libertaria ejercida en los límites de la esfera económica: ahí se vuelve popular y crossover.
En esa línea, un buen ejemplo fue su explicación sobre el rol de Fátima Florez como primera dama: “Nuestra posición es que se trabaja, que se genera riqueza desde el sector privado”, planteó. “Fátima es una mujer brillante, es exitosa sirviendo al prójimo con un bien de mejor calidad, a buen precio, donde vos pagás y te llevás dos horas de alegría. Eso es el valor que ella aporta”, desarrolló. Un momento de iluminación de Milei que resignificó el tema de la institución de la primera dama –un debate interminable– y, al mismo tiempo, bajó línea sobre algunos de sus temas más productivos, como el rol virtuoso de la actividad privada. Ese es el ideario con el que conecta con el trabajador informal, el monotributista vapuleado, el voto Rappi, el emprendedor esforzado o el empresario global
Milei propuso una visión de la Argentina digerible para todos sus votantes
Los problemas que decidió plantear como prioritarios son transversales
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Un mensaje muy claro: la esperanza venció al miedo
Andrés Malamud
Javier Milei venció y convenció. Lo irónico de su victoria es que se asentó sobre consignas utilizadas por el enemigo. “La esperanza vence al miedo” fue el lema de Lula durante la campaña que lo llevó a la presidencia en 2003, y “la casta” era el caballito de batalla del izquierdista Podemos en España. Comunistas del mundo, uníos –y forneced de ideas a vuestro enemigo.
Los medios internacionales destacan la victoria de la ultraderecha en la Argentina. Se manejan con el esquema ideológico que explica la política en los países del norte. América del Sur, para bien o para mal, es diferente. Desde 2018 hubo en la región 23 elecciones presidenciales: en doce ganó la izquierda y en once, la derecha, como mostró en Twitter el analista Ignacio Labaqui. Pero lo más significativo es que en 20 países ganó la oposición, y solo en tres reeligió el oficialismo. Los sudamericanos no están votando para imponer una ideología, sino para deshacerse de sus gobernantes. Milei lo entendió bien al vociferar contra la casta: es eso, y no un fantasmagórico comunismo, lo que los argentinos rechazaron.
Pero lo que es común en América del Sur suena extraño en la Argentina, porque en nuestro país la clase social solía definir el voto. Los sectores populares apoyaban mayoritariamente al peronismo, mientras las clases medias se le oponían. En 2015, Pro logró buenos resultados en distritos menos acomodados, pero esos resultados eran similares a los obtenidos por Raúl Alfonsín en 1983 y por Fernando de la Rúa en 1999: el grueso de los pobres seguía siendo peronista. Esta vez Milei les entró en el rancho sin pedir permiso: su voto es indiferente a la clase social, lo votan ricos y pobres en partes iguales. El peronismo perdió el monopolio de la representación de los descamisados.
La geografía también explica más que la ideología. Aunque La Libertad Avanza triunfó en 21 de las 24 provincias, en la franja central del país sus resultados fueron arrasadores. Mientras Milei perdió la provincia de Buenos Aires por solo 150.000 votos, ganó Córdoba por 1.050.000. En otras palabras, sacó siete veces más diferencia en la capital del fernet que Massa en la capital del peronismo. En Santa Fe y en Mendoza, La Libertad Avanza también superó a Unión por la Patria por más de medio millón de votos en cada una.
La marginalidad electoral de la provincia de Buenos Aires se torna más evidente aun cuando se observa el desempeño del propio Massa: sacó menos votos de diferencia en la provincia que comparte con Cristina y Kicillof que en Santiago del Estero. Contra la remanida frase, Buenos Aires no es la madre de todas las batallas: partidariamente muy equilibrada, nunca en la historia definió una elección nacional. Sin embargo, es clave para determinar la estabilidad presidencial. Uno de los aspectos a observar en los próximos meses es la relación que se entable entre el presidente y el gobernador: en tiempos de ajuste, puede ocurrir que no alcancen los recursos para los dos.
Si la economía le plantea al nuevo gobierno un desafío ciclópeo, las instituciones no se quedan atrás. Con menos del 15% de los diputados y el 10% de los senadores, a Milei no le alcanzará el contingente ofrecido por Mauricio Macri para bloquear un posible juicio político. Y todavía menos para aprobar sus proyectos legislativos. Tampoco tiene gobernadores propios, pero con recursos del Tesoro y buena voluntad, lo que no se tiene se alquila. La legitimidad constitucional y el apoyo electoral deberán revalidarse en los resultados para asegurar la estabilidad del gobierno. Esto no es una profecía ni una amenaza, sino una constatación: en Sudamérica, los presidentes impopulares que carecen de escudo legislativo suelen sufrir la interrupción de su mandato. E impopulares son todos después de unos meses, salvo Nayib Bukele. Pero no demos ideas.
En el mundo se preguntan por la política exterior del nuevo presidente. ¿Se peleará con Brasil hasta romper el Mercosur? ¿Bloqueará el acuerdo con la Unión Europea? ¿Cortará relaciones con China? Son temores que se justifican por el discurso, pero no por la experiencia. La Argentina y Brasil ya vivieron tensiones cuando Jair Bolsonaro y Alberto Fernández coincidieron en el poder, pero la sangre nunca llegó al río. Los presidentes van y vienen, las fronteras no. Siempre habrá canales alternativos de contacto y coordinación, y el equipo de Milei ya empezó a explorarlos.
El domingo los argentinos, sugiere la politóloga Yanina Welp, optaron por un cambio a cualquier precio, en vez de una continuidad demasiado cara. El precio está por verse; lo que develaron las elecciones es que el statu quo era impagable.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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