Las lecciones (no aprendidas) de Hiroshima

María Elena Walsh, que alguna vez en tiempos más oscuros usó la metáfora del “país jardín de infantes” para definir a nuestra sociedad y su vínculo con los gobernantes, se sorprendería al ver esta Argentina de escuelas cerradas, patios sin gritos y aulas vacías. Ella, que en los años noventa pidió en una carta abierta a los docentes que abandonaran la Carpa blanca y regresaran a las aulas, no entendería a los gremios que rechazan dar clases en las plazas y padecería al comprender las consecuencias de un año perdido en la formación de millones de chicos.


En este dramático contexto las autoridades oscilan al viento de las encuestas y los intereses políticos entre anunciar que no habrá clases presenciales hasta que la población haya recibido una vacuna que aún está en desarrollo o la promesa de una gradual reapertura para los cursos superiores de la primaria y el secundario. Del resto nada se sabe.
Es cierto que en algunos países la reapertura de las aulas debió sufrir retrocesos ante el surgimiento de nuevos brotes, pero en todo caso eso evidencia el camino posible, el de una política flexible y pragmática que priorice la educación y la contención escolar, y eventualmente contemple restricciones puntuales cuando sean inevitables.
De todas las consecuencias que la pandemia está dejándonos, el alejamiento de los chicos de las aulas es la más devastadora. No se necesitan encuestas para verlo. Si con más de 22.000 muertes y la pobreza superando el 40% de la población aquel dilema “salud o economía” se comprobó vano, quizá estemos a tiempo de salvar la educación. Sería tal vez el único aliciente para permitirnos confiar en un futuro más prometedor que el presente. ●
El alejamiento de los chicos de las aulas es la consecuencia más devastadora
M. F.
De todas las consecuencias que la pandemia está dejándonos, el alejamiento de los chicos de las aulas es la más devastadora. No se necesitan encuestas para verlo. Si con más de 22.000 muertes y la pobreza superando el 40% de la población aquel dilema “salud o economía” se comprobó vano, quizá estemos a tiempo de salvar la educación. Sería tal vez el único aliciente para permitirnos confiar en un futuro más prometedor que el presente. ●
El alejamiento de los chicos de las aulas es la consecuencia más devastadora
M. F.

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