Los expertos exhortan a seguir trabajando en la prevención
Sostienen que un fallo judicial no alcanza para frenar la violencia y que es necesario educar a los chicos desde edades tempranas
Josefina Gil Moreira
Conocida la sentencia contra los ocho acusados por el asesinato de Fernando Báez Sosa, la pregunta que queda es: ¿puede esta resolución judicial resultar aleccionadora para la sociedad, especialmente para los jóvenes y los adolescentes?
Especialistas consultados opinaron que si bien la sentencia puede tener algún efecto en la sociedad, de nada sirve si no se trabaja en la prevención de la violencia y en la educación desde la infancia.
Miguel Espeche, psicólogo especialista en vínculos, dijo que, si bien la condena puede marcar un límite a la violencia para una porción de la sociedad y convertirse una referencia en cuanto a crímenes y castigos, no cree que eso suceda de forma masiva. “Despierta la conciencia de una porción de la población, pero no hará mella en aquellos que están muy sumidos en su mundo, en sus microsituaciones de boliche y educados en una cultura del aguante, la pelea y el desenfreno, ayudados por la ingesta de alcohol y las drogas. Allí se requiere otro tipo de políticas públicas o cambios culturales que requerirán un largo tiempo”, dijo.
Por su parte, Juan Eduardo Tesone, psiquiatra de la Universidad de París XII y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), sostuvo: “No creo que una sentencia cambie la cabeza de nadie. Puede ser ejemplar cuando se ajusta a derecho, pero no aleccionadora. Lo interesante de este caso fue la difusión mediática que tuvo y que permite pensar en trabajar preventivamente contra la violencia”.
En el mismo sentido se expresó la psicóloga Susana Mauer, quien dijo que una condena como esta es, en realidad, el último capítulo de una larga historia que se seguirá repitiendo mientras no trabajemos en la falta de freno. “Tenemos que enseñar a vivir en el marco de la legalidad. Esa es nuestra responsabilidad como adultos, ya sea como padres o en el rol que nos toque, y eso no se define frente a una sentencia, sino que se transmite desde la infancia”, explicó.
“En este caso, como en tantos otros, hay una apuesta a que la sentencia tenga un efecto directo en lo social, en mostrar la igualdad de los ciudadanos ante la ley, pero no logrará frenar los embates de la violencia, que vuelven una y otra vez a surgir como parte de los aspectos más oscuros de la naturaleza humana y el contrato social que una y otra vez vuelve a romperse y que hay que volver a ordenar y a entrelazar a través de la educación y la justicia”, agregó Jorge Catelli, psicólogo miembro de la APA e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
José Eduardo Abadi, médico psiquiatra y psicoanalista, dijo que en primer lugar la importancia de la sentencia radica en la tranquilidad social que transmite al darle una existencia práctica a la justicia y transmitir la sensación de protección.
“Como segundo punto, lo importante de la sentencia es que nos hace reflexionar sobre la noción de límite, de frontera entre lo que está bien y lo que está mal, lo permitido y lo prohibido, y la vida del semejante, que no solo debe ser reconocida, sino también respetada. Cuando una sociedad ha perdido esa noción de límite, se encuentra muy desamparada y expuesta a cualquier explosión de violencia”, señaló Abadi.
De hecho, durante el tiempo que duró el juicio por el crimen de Báez Sosa, que comenzó el 2 de enero pasado, se conocieron al menos dos casos de golpizas similares, pero que no terminaron en muerte.
En la madrugada del domingo 15 de enero, por ejemplo, en la puerta de un boliche de la localidad bonaerense de San Pedro, hubo una feroz pelea entre un joven de 19 años y otro de 28. Hubo piñas y patadas en el suelo. “¡Basta! ¡Lo podés matar! ¡Soltalo!”, gritaba una mujer mientras intentaba, sin resultado, frenar la situación. Otra situación similar se vivió el fin de semana siguiente en Bahía Blanca, también en la provincia de Buenos Aires, donde un joven terminó inconsciente luego de un ataque a golpes.
Al respecto, Catelli explicó: “Los seres humanos somos la única especie de seres vivientes capaz de matar por placer, por venganza o por deliberada intención de eliminar al otro. Lo que ocurrió en San Pedro, Bahía Blanca o en Cañuelas, donde hubo otras golpizas, simultáneamente al juicio, no hace más que corroborar esto. Mientras que casi en cadena nacional se muestra esta situación horrorosa, siguen imponiéndose los surgimientos de ese mismo odio, de esas violencias con raíces sociales, de época, hondamente propias de la pulsión de muerte en el ser humano y de los modos subjetivos, en que la singularidad de cada quien se entrama en la administración de las violencias propias, los odios sin mediatización de identificación alguna y con la dificultad propia de quien puede sentirse tan omnipotente e impune”.
De acuerdo con Abadi, mientras la problemática patológica de fondo no se trate, la situación de violencia se repetirá tal como se repitió en los casos mencionados: “Una de las conductas patológicas del ser humano a nivel personal y colectivo es la repetición. Hay que trabajar en equipo en la prevención en el ámbito educativo, social y en los medios de comunicación, así como en la rehabilitación”, dijo.
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