martes, 14 de febrero de 2023

EL ORIGEN DE LA FAMILIA ALVEAR


El origen de la familia Alvear. Del Virreinato a la presidencia, una dinastía dedicada a la política
Las distintas generaciones y su influyente rol en la historia del país; la llegada de Diego de Alvear en los tiempos de la colonia y los legados de Carlos María, Torcuato y Marcelo T.
Texto Constanza Bengochea
El primero de los Alvear en llegar al Río de la Plata, como funcionario del Virreinato creado en 1776, fue Diego de Alvear y Ponce de León (1749-1830). Aunque luego de un tiempo Diego regresaría a su España natal, tuvo un rol fundamental: ser el fundador de una dinastía de políticos que ocuparían cargos cruciales en la historia del país, logrando posicionarse dentro de la aristocracia argentina.
“En Buenos Aires, Diego se casó con María Eulalia Josefa de Balbastro y tuvieron 13 hijos. Pero la tragedia se cernió sobre la familia. Tres fallecieron en la infancia; otro, Benito, que había ido a España para ingresar en la Real Armada, murió en la peste de Cádiz en 1800, y seis de ellos perecieron en alta mar, junto a su madre, en octubre de 1804”, explica Leandro Losada historiador y autor de Marcelo T. de Alvear, donde analiza los orígenes de la familia patricia, el rol de aristócrata en la UCR y como presidente de la Nación entre 1922 y 1928.
–Losada, Carlos María de Alvear, hijo de Diego, decidió volver al Río de la Plata y fue el comienzo de la rama argentina de los Alvear, ¿qué fue lo que lo atrajo?
–Carlos María ingresó en los Reales Ejércitos en España y en Cádiz se contactó con José de San Martín. Regresó con él y el general José Matías Zapiola, en 1812, en el navío George Canning. Carlos María fue presidente de la Asamblea de 1813, tuvo un papel protagónico en el sitio de Montevideo, logrando la rendición de la ciudad en 1814, y fue designado director supremo en 1815, para luego ser uno de los tantos gobernadores de Buenos Aires en el convulsionado 1820. Después, estuvo al frente de las tropas rioplatenses en la batalla de Ituzaingó, en 1827, decisiva en la guerra con el Brasil. Posteriormente fue funcionario de
Juan Manuel de Rosas, siendo ministro de guerra en 1829 y más tarde, ministro plenipotenciario en los Estados Unidos, entre 1839 y 1853. Murió ese año, en New York.
–¿Sus hijos siguieron sus pasos?
–De los 10 hijos que tuvo con la gaditana María del Carmen Sáenz de la Quintanilla hubo dos que fueron figuras especialmente rutilantes en la Buenos Aires de la segunda mitad del siglo XIX. Diego de Alvear, un baluarte de la vida social porteña, principal impulsor de la creación del Club del Progreso en 1852 y anfitrión de uno de los salones más reputados de los primeros años de 1880, que reunió, entre otras personalidades, a buena parte de la elite política del PAN (Partido Autonomista Nacional). En segundo lugar, Torcuato de Alvear, fue el primer intendente de Buenos Aires en la década de 1880, designado por Julio Roca, y protagonista excluyente de la remodelación de la ciudad. Su esposa, Elvira Pacheco, era la hija del general Ángel Pacheco, que había sido uno de los hombres más cercanos a Rosas.
De la unión de Elvira y Torcuato, en 1868, nació Máximo Marcelo Torcuato de Alvear Pacheco. Su adolescencia fue la típica de un joven de la aristocracia porteña. En 1879, ingresó en el Colegio Nacional de Buenos Aires, aunque no se destacó por ser un alumno ejemplar y tenía fama de alborotador. Un año después del fallecimiento de su padre, en 1891, se recibió de abogado en la UBA.
Antes de obtener su diploma, en 1889, integró la Unión Cívica, que se enfrentó al gobierno de Miguel Juárez Celman, en oposición al “unicato”, y a la corrupción.
–¿Qué rol tuvo Marcelo T. de Alvear en la “Revolución del Parque”, en 1890?
–No hay evidencias confiables de la participación de Marcelo T. en la revolución, en cambio sí consta el apoyo económico de su padre, Torcuato. Pero cuando la Unión Cívica se fracturó en 1891 entre la Unión Cívica Nacional (proclive a un acuerdo con el oficialismo, liderada por Bartolomé Mitre) y la Unión Cívica Radical (intransigente a todo acuerdo, conducida por Leandro Alem), Alvear estuvo entre los fundadores de esta última. Incluso participó en la revolución radical de 1893 en la provincia de Buenos Aires. Después de este episodio, la vida política de Alvear entró en un paréntesis prolongado y su reingreso fue en 1912 cuando fue elegido diputado nacional.
Mientras disfrutaba de su fama de soltero codiciado, Alvear se enamoró perdidamente de la cantante lírica portuguesa Regina Pacini. Se emocionó hasta las lágrimas la primera vez que escuchó cantar a la joven en la temporada lírica del Teatro Politeama. Ella era la hija del famoso barítono italiano José Pacini. Para conquistarla Alvear asistió a todas sus presentaciones en el país y le regaló decenas de rosas y joyas, que la joven amablemente devolvió a su remitente.
Cuando Regina dejó el país, el aristócrata porteño no dudo en seguirla. Sacó un boleto en el Cataluña, el mismo barco que abordó la artista y allí la conquistó. Aunque la consolidación de la pareja generó sorpresa y hasta algunas oposiciones, se casaron el 29 de abril de 1907 en Lisboa, Portugal.
–Cuentan que el hermano de Alvear, Carlos Torcuato, intendente de Buenos Aires, cuando se enteró de la noticia del casamiento intentó disuadirlo.
–En ocasiones, el casamiento de Alvear con Regina fue caracterizado como una conducta iconoclasta de Alvear con su tiempo y su mundo social. El resultado de la “pasión de un aristócrata” que eligió sus sentimientos sobre lo aceptado y lo bien visto. Quizás sea una semblanza algo desmedida. Era deseable que un hombre de elite se casara con una mujer de su mismo nivel social, para que ella, como madre y esposa, cumpliera su función de transmisora de valores y convenciones. En ello, estaba implícito que lo correcto era que la mujer considerara al hogar como su esfera de desenvolvimiento. Y Regina no era una “niña casadera”, ni por sus antecedentes, ni por su edad al momento del matrimonio. Para los usos de entonces una mujer mayor de 30 años –Regina tenía 36– que no hubiese contraído matrimonio solía considerarse solterona. Pero Regina era una mujer inusual, excepcional, y su profesión tenía un alto prestigio.
Tal vez por esto, hasta 1912, la pareja decidió vivir más en París que en Buenos Aires, en el
Manoir de Coeur Volant, un castillo normando que Alvear regalo a su mujer. Cuando fue elegido diputado, la pareja volvió al país y se instaló de manera duradera.
–A su vez, ella dejó su carrera artística.
–Si bien, luego del casamiento, ella deja su carrera artística, se limitó a iniciativas para nada extrañas a las usuales entre las mujeres de elite, como las filantrópicas, y de las cuales la Casa del Teatro es la más célebre. De todas formas, Alvear parece haber estado atento a que el pasado artístico de su esposa no dejara demasiados rastros. Aparentemente, se dedicó con cuidado a que los discos de Regina fueran retirados de circulación en Buenos Aires.
La presidencia y relación con Yrigoyen
Marcelo T. de Alvear estaba convencido de que el pasado político familiar y su condición de patricio argentino lo situaban en una posición excepcional en la vida pública argentina. “Él insistía en que su origen lo comprometía con la vida pública del país, que por su posición, tenía una moral cívica que lo colocaba en un lugar de excepción para conducir los destinos de la patria”, explica Losada.
–¿Cómo llegó Marcelo T. de Alvear a convertirse en presidente del país en 1922?
–Fue con el respaldo de Yrigoyen. Esta decisión se entiende por varias razones: para entonces, Yrigoyen se había fortalecido políticamente, pero a la par, ese fortalecimiento había activado no solo la oposición no radical (socialistas y conservadores), sino también de sectores internos de la UCR, que criticaban el “personalismo” del presidente. Por eso, Yrigoyen entendió que Alvear era una figura ideal para impedir una posible fractura del partido, porque contaba con amigos entre los “antipersonalistas” y, a su vez, Alvear tenía una larga relación con Yrigoyen, que se remontaba a los años 1890 cuando se fundó el partido.
–Sin embargo, en la historia muchos consideran a Marcelo T. de Alvear un radical antiyrigoyenista.
–Esto es inexacto, o solo es correcto en momentos muy específicos. Al iniciar su presidencia, Alvear, en contra de las expectativas de Yrigoyen, buscó independizarse de él y para ello apuntaló a los sectores antipersonalistas, especialmente en la composición de su gabinete. En 1924 se creó la UCR antipersonalista, pero Alvear siempre resistió esas presiones para utilizar el poder gubernamental como instrumento para debilitar el yrigoyenismo.
–¿Por qué apoyó Alvear el golpe de Estado de 1930 contra Yrigoyen?
–Él se encontraba en París en ese momento. Su correspondencia personal de entonces muestra que entendía que había pagado los costos por la división del partido y que el yrigoyenismo, e Yrigoyen en particular, no habían advertido o valorado su bloqueo al antipersonalismo. Entiendo que su aval al golpe de Estado se explica por este distanciamiento personal con Yrigoyen. Sin dudas fue una posición que dejó marcas perdurables y es una de las razones por las que Alvear ocupa un lugar esquivo (cuando no de abierta antipatía) en la memoria de buena parte del radicalismo.
–En 1930, comienza la Década Infame, ¿cuál fue el rol de Alvear en esos tiempos?
–Volvió a sorprender a muchos. Regresó al país en 1931, y en contra de las expectativas de que podía mostrar una actitud conciliadora con la dictadura de Uriburu, se involucró en la reorganización de la UCR, con la incorporación de los sectores yrigoyenistas. Alvear apuntaló económicamente con su patrimonio esta reorganización partidaria. Su oposición a la dictadura fue tal que su candidatura presidencial fue vetada en 1931 y fue expulsado del país. Alvear comenzó un liderazgo partidario, respaldado por Yrigoyen antes de su muerte en 1933, que le trajo una importante popularidad.
–En su libro dice que Marcelo T. fue una figura “rodeada por la indiferencia”, ¿a qué se refiere?
–Que es un personaje a menudo olvidado o subestimado, sobre todo –y de manera más sorprendente– en la fuerza política de la que fue fundador y presidente, y en nombre de la cual ejerció la presidencia de la Nación. En la UCR incluso hubo durante un largo tiempo antipatía hacia su figura por sus enfrentamientos con Yrigoyen y en especial por el respaldo al golpe de Estado

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