domingo, 14 de mayo de 2023

EL ESCENARIO


El Gobierno volvió a reforzar el cepo: afecta a gift cards y fondos comunes de inversión
El Banco Central y la Comisión Nacional de Valores publicaron dos normativas para desalentar la salida de divisas; la compra de tarjetas de regalo deberá ser aprobada previamente por la entidad monetaria
Melisa ReinholdMiguel Pesce, presidente del Banco Central
El Gobierno volvió a endurecer el cepo cambiario. En busca de frenar la salida de dólares de la Argentina y desalentar las posiciones en moneda dura, ayer el Banco Central (BCRA) y la Comisión Nacional de Valores (CNV) publicaron dos restricciones diferentes que involucran a las gift cards (tarjetas de regalo) que se adquieren fuera del país y a una operatoria que se realizaba para hacerse de dólares MEP.
La primera sorpresa llegó con la Comunicación “A” 7766 del Banco Central. A partir de ayer, para comprar con la tarjeta de crédito o débito una gift card a través de una plataforma extranjera -como Amazon o Playstation- se tendrá que pedir una autorización previa a la autoridad monetaria. En detalle, la normativa habla de “tarjetas de regalo o equivalentes de tiendas o locales radicados en el exterior”.
Según fuentes de la entidad que preside Miguel Pesce, son normas que “van surgiendo del perfeccionamiento de las regulaciones”. Esta categoría se suma a otras operaciones que necesitan de previa conformidad para poder cursar los pagos al exterior por el uso de tarjeta de crédito, débito o prepagas emitida en el país, como la adquisición de joyas y piedras preciosas, la participación en juegos de azar y apuestas, o criptomonedas.
“El BCRA nunca prohíbe, solo obliga a pedir conformidad previa. Si vos querés comprar, por ejemplo, más de los US$200 mensuales, tenés que pedir conformidad previa. Si vos querés pagar una deuda al exterior fuera de la regulación, tenés que pedir conformidad previa. Si el directorio lo autoriza, lo podés hacer. El directorio analiza el pedido y juzga la conveniencia”, dijeron fuentes cercanas al Banco Central.
En la misma comunicación, también se endureció el cepo para los importadores. Desde hoy, para cursar pagos al exterior, los solicitantes deberán tener cero días corridos en el plazo de acceso al Mercado Único y Libre de Cambios. “Dejan de ser excepciones como regla general”, dijo el especialista en comercio exterior, Esteban Marzorati.
En paralelo, se extendió la prohibición de acceso al MULC si las operaciones con MEP o contado con liquidación (CCL) fueron efectuadas por personas jurídicas del mismo grupo económico. “La restricción que impide acceder al MULC por haber operado CCL o MEP en los días anteriores a la solicitud se amplía a 180 días. En el caso de personas físicas o jurídicas que ejerzan control sobre la sociedad, solo aplicará a las operaciones efectuadas desde el 21 de abril. Si no, 90 días”, agregó.
El segundo revés del día vino de la mano de la Resolución General 960/2023, que se publicó esta madrugada en el Boletín Oficial. En la normativa, la CNV prohibió la suscripción de cuotapartes con valores negociables en los Fondos Comunes de Inversión denominados en moneda extranjera.
“No se podrá suscribir en especie a los FCI en dólares, es decir, a través de una obligación negociable (ON) o un bono Global o Bonar. Porque son especies liquidables en dólares. Antes, uno podía comprar una obligación negociable y suscribirse con eso a un fondo común de inversión, para luego rescatar los dólares directamente. El que vendía contra ‘D’ no era el cliente, sino el fondo. Una suerte de MEP, aunque no instantáneo”, explicó un operador del mercado.

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Es más fácil ganar un Mundial que bajar los precios
José Luis Brea

Abrazado a dos salvavidas que para el kirchnerismo son anatema, el Fondo Monetario Internacional y el campo, el ministro Sergio Massa confiaba en ir llevando la economía hasta las elecciones presidenciales con los sobresaltos de siempre, pero sin traumas, lo que el mercado rápidamente bautizó como el “plan llegar” o el “plan parche”.
Y tan confiado estaba el Gobierno en la muñeca política de Massa para manejar la situación que el 13 de noviembre del año pasado, en la semana previa al Mundial de Fútbol de Qatar y poco antes del lanzamiento del dólar soja II, la ministra de Trabajo, Kelly Olmos, dijo en una entrevista televisiva que primero había que ganar el Mundial y ver a Lionel Messi campeón con la selección, y que luego habría tiempo de ocuparse de la inflación.
Siete días después de aquella polémica frase de Olmos, por la que luego terminó pidiendo disculpas, el ministro de Economía subió la apuesta. No solo se estaba ocupando, sino que el objetivo era llegar a abril con una inflación del 3%, proyección –es cierto– que más tarde corrigió su viceministro, Gabriel Rubinstein, al aclarar que esa cifra, de lograrse, recién se vería hacia el final del año.
El resto es historia. A la ministra de Trabajo se le cumplió el deseo y la Argentina logró el título después de 36 años; la promesa de ocuparse de los precios, en cambio, resultó ser tan vacía como la “guerra contra la inflación” lanzada por Alberto Fernández en marzo del año pasado.
Presionado por el ala cristinista del Frente de Todos y las menguantes reservas del Banco Central, Massa empezó a matizar las definiciones market friendly de su llegada al Palacio de Hacienda con medidas al gusto kirchnerista. Así, en octubre reformuló el sistema de control de importaciones mediante el SIRA para hacer aún más restrictivo el acceso a las divisas y, dos días antes del pintoresco comentario de Olmos, presentó el programa Precios Justos, que fijó los valores de una canasta de 1700 productos por casi cuatro meses y puso tope a los aumentos del resto.
Semanas después lanzó el dólar soja II, una segunda mejora del tipo de cambio para fomentar las liquidaciones del agro. Sumar dólares y cuidarlos. Ese era el plan, el “puente” para pasar el verano y llegar hasta el segundo trimestre de 2023, tradicionalmente, el de mayor aporte del campo. Pero se agravó la sequía y los dólares necesarios para engordar las reservas y transmitir calma al mercado cayeron dramáticamente.
Desde entonces, el índice de precios al consumidor no dejó de subir y acumuló un alza del 45,5%. La aceleración es evidente: de 4,9% en noviembre pasado al impactante 8,4% de abril conocido ayer. En el medio, todos los meses registraron cifras más altas que el mes anterior.
A medida que la realidad se va rebelando contra las proyecciones, la desesperación del Gobierno aumenta y solo va quedando lo simbólico. Lo saben en las empresas de consumo masivo, donde dicen que los modales ya no son buenos como al principio de la gestión Massa. “La relación hoy está muy tensa; no hay compromiso con los costos y solo hay exigencias; pusieron un tope de 3,2% a los precios en los supermercados y los costos se mueven al 6%, igual que la devaluación”, dicen en una compañía líder ante la consulta. “Creen que las empresas funcionan con garrote”, concluyen.
La Secretaría de Comercio atiborra su canal en Twitter con informes sobre inspecciones a supermercados y multas a empresas. La frecuencia suele crecer antes y después de cada difusión del IPC del Indec, igual que las críticas y amenazas del secretario Matías Tombolini. Todo parece orientado a satisfacer al cliente interno, el kirchnerismo duro que carga contra las compañías y quisiera ver un congelamiento de precios clásico. Números como el de ayer aumentan la presión.
En cambio, consultado esta semana en público ante un auditorio de empresarios, Massa responsabilizó por la disparada de los precios a la sequía, a la que definió como la peor de la historia, y –otra herejía para el dogma oficial– a la fuerte emisión monetaria de 2020 y 2021 para sostener la actividad durante la pandemia. Pero eso es solo parte del problema, tal como advierten los analistas.
Desde mediados de 2022, ya en pospandemia, distintas fuentes de emisión siguieron gozando de buena salud. Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma, señala que la financiación directa e indirecta total del Banco Central al Gobierno fue de 3,9% del PBI el año pasado y que en cuatro meses de 2023 ya está en el 1,6%.
Por su parte, Jorge Vasconcelos, del Ieral, advierte sobre los pesos emitidos para el pago de intereses de las Leliq y otros pasivos del Central. En los primeros cuatro meses de este año fue equivalente a más del 53% de la base monetaria, cuando en igual período de 2020 esa proporción era del 10,5%. La maquinita no descansa.
Los aumentos de tarifas de servicios públicos, la virtual indexación mensual de servicios y contratos privados, las corridas cambiarias y la incertidumbre electoral suman más complejidad al escenario de los próximos meses. Economía confía en dar “previsibilidad” con intervenciones en el mercado, para lo cual necesita de la ayuda del FMI.
En los últimos 100 años, el país llegó a los dos dígitos anuales de inflación por primera vez en 1933 y luego repitió en 1945 para iniciar un largo período inflacionario. Los tres dígitos se alcanzaron en 1959, según la serie contenida en el libro 200 años de economía argentina, de la Fundación Norte y Sur, y con la dirección de Orlando Ferreres. Salvo durante lapsos cortos, son 78 años sin poder domar el problema y contando. Sí, más del doble del tiempo entre que Diego Maradona y Lionel Messi levantaron la copa más codiciada del planeta fútbol.
Con la inflación cada vez más alta, crecen las presiones internas sobre Massa

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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