jueves, 3 de agosto de 2023

LITERATURA


Sergio Waisman y la honda sabiduría de Ricardo Piglia en un libro de conversaciones
Después de tres traducciones y una novela a cuatro manos, el argentino dos veces exiliado prepara un volumen que recoge sus diálogos con el autor de Plata quemada
Laura VenturaRicardo Piglia y Sergio Waisman, en un encuentro en Buenos Aires, en 2010
MADRID.– “En ese primer encuentro aún no tenía conciencia de la fascinación de Piglia con los grabadores y las grabaciones”, escribe Sergio Waisman en Ricardo Piglia
y la traducción, un libro que pronto verá la luz, donde recoge sus extensos diálogos con el escritor sobre literatura y traducción, una publicación que permite no solo bucear en la obra del autor de Plata quemada, sino por su honda sabiduría narrativa. Waisman tradujo novelas de Piglia al inglés y así construyó un puente para que se difundiera la literatura argentina más allá de nuestro idioma. Además publica Interior Landscape (la traducción de El paisaje interior), de Mirta Rosenberg (Ugly Duckling Press), una labor realizada junto a Yaki Setton, que ha elogiado The Paris Review.
Se conocieron en 1999 en Buenos Aires cuando Waisman comenzaba a trabajar en la traducción de La ciudad ausente. Para registrar la información, el encuentro fue grabado: “No tenía del todo claro el potencial de la conversación en sí como una forma generativa para pensar cuestiones sobre la traducción y la ficción. Pero a partir de esa primera conversación grabada, yo también sentí esa fascinación, yo también percibí ese potencial”, escribe Waisman en la prestigiosa revista académica Hispamérica, dirigida por Saúl Sosnowski, donde se publicó un adelanto de este material.
Waisman es el responsable de llevar al inglés Nombre falso, La ciudad ausente y Blanco nocturno. A la compleja tarea de traducir narrativa, añade la de traducir poesía, del inglés al castellano y viceversa: “Todo empezó con la pandemia, como el encuentro de dos amigos que una vez por semana se encontraban por Zoom para conversar, pero luego pasamos a tres encuentros semanales y a trabajar en estas traducciones”, dice sobre el proyecto que comenzó junto con el poeta argentino Yaki Setton. Juntos tradujeron a Diana Bellessi y Mirta Rosenberg. En sentido inverso, del inglés al castellano, este año saldrá La velocidad de las tinieblas (The Speed of Darknes), de Muriel Rukeyser (Salta el pez), y también trabajan con la obra de C.D. Wright (Bajo la luna).
“Soy el resultado de dos exilios”, dice Waisman en un bar de la capital española donde sirven sándwiches de miga y cañoncitos con dulce de leche. Lo dice con una dicción en la que se mezclan inglés y castellano. Está terminando un año sabático en Madrid, antes de regresar en septiembre a Washington, donde está radicado. Sus padres, un físico y una profesora de matemática, escaparon del régimen de Onganía y en 1967 nació en Nueva York este profesor de Literatura, traductor y escritor. Algunos años después la familia regresó a Buenos Aires, pero en 1976, con el golpe de Estado, los Waisman partieron en su segundo exilio. La mayor parte de su vida vivió en los Estados Unidos; habla y escribe en un lenguaje híbrido, que se adapta al idioma de su interlocutor. “Traducir es escribir en otra lengua”, decía Piglia, y esta idea fue un catalizador para Waisman, quien se lanzaría luego a la ficción.
Tras una década de diálogo, Piglia y Waisman comenzaron en 2009 una novela a cuatro manos. En conversaciones interminables (y grabadas) y correos electrónicos –hoy una invaluable fuente documental– se iba gestando El encargo (Mansalva), y también, sin quererlo, Ricardo Piglia y la traducción. Finalmente la novela fue escrita y publicada en 2019 por Waisman, dado que en sus últimos años de vida –murió en 2017– Piglia decidió, a causa de su débil salud, concentrarse en sus proyectos más personales. Aquellas conversaciones e intercambios epistolares quedaron atesorados. Las cuantificaciones son odiosas, pero hay al menos 200 folios, que además completará Waisman con los cuadernos personales del autor custodiados por la Universidad de Princeton (aquellos que Andrés Di Tella evoca en su documental 327 cuadernos). “Todos cambiamos con los años. Mi relación con Piglia cambió mucho y yo también crecí trabajando con él. Quiero escribir sobre esa experiencia de bitácora, transmitir cómo traducir sirve también para profundizar en los temas que aparecen en sus libros”, sostiene.
Waisman trabaja en un nuevo homenaje para Piglia, como fue El encargo. Un hombre debe cumplir con una misión que su padre, poco antes de morir, le ruega efectuar: llevar una caja a una misteriosa dama en La Plata. Iván, el protagonista, desconoce qué hay dentro del paquete y qué vínculo tenía aquella mujer con su padre. Cuando Piglia y Waisman comenzaron a colaboraren este proyecto, a planear la trama, a delinear los personajes, Iván se encontraría con un tal Emilio Renzi. Waisman decidió luego reescribir aquella trama individualmente y, aunque suene paradójico, que la novela siguiera siendo fruto de una colaboración. Tiempo después comprendió que Piglia le estaba transmitiendo una lección de aquellas que reverberan en el tiempo. “En la novela hay un encargo doble (y la novela es un encargo doble): el encargo que recibe Iván de su padre recientemente fallecido (disparador para su viaje a la Argentina con la caja húngara en su mochila); y el encargo que el traductor en el marco externo de la novela recibe del escritor para escribir esta historia. Sin duda, para mí El encargo es, en todo sentido, un homenaje a Ricardo Piglia, a su memoria y su legado”, explica.
En las primeras líneas de El encargo Iván se encuentra en el tren con un pasajero que lee la revista El gráfico, en cuya portada aparece Diego Maradona. “Hay una cuestión muy estrecha con el fútbol y la identidad argentina. En mi caso, el fútbol y Maradona me generan una reacción muy intensa porque viví desde el exilio de modo contradictorio el Mundial de 1978; y después de modo muy especial el Mundial del 1986”, cuenta y, nuevamente, aparece Piglia. En una ocasión, ambos habían acordado reunirse con fecha y hora. Poco antes del encuentro Waisman advirtió que ese momento coincidía con un partido de la Copa América entre la Argentina y Brasil. Le pidió postergar el encuentro, sin dar razones, y Piglia pronto accedió, sin poner peros. Tras aquel partido, y la derrota argentina, un tanto deprimidos ambos se reunieron a hablar de literatura y traducción, y confesaron al otro que habían dejado todas sus tareas para ver el partido. “Parte del gran legado de Piglia tiene que ver su humildad, y no solo cómo era él como escritor, sino como persona. Era muy divertido y además comunicaba el sentimiento de responsabilidad a todos siendo generoso con la tradición literaria, para que aquel conocimiento compartido con cualquier lector del porvenir siguiera estando presente”.

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