Caso García Belsunce: el viudo saca un libro y Netflix, un documental
En Carlos Carrascosa, diario de un inocente, intercaló apuntes sobre el hecho y sobre su vida en la cárcel; en noviembre se emitirá el especial vía streaming
Un homicidio en un barrio privado y custodiado. Una familia acomodada. Una masajista. Un vecino sospechoso. El viudo, en el centro de la escena. Una bala que rebota, queda en un rincón del piso del baño donde fue hallado el cadáver y se convierte en la punta del ovillo de una trama misteriosa. Parece parte del guion de una serie policial. Pero, aunque en noviembre se podrá ver en Netflix una producción sobre el caso, no se trata del fruto de la imaginación de un buen escritor, sino de un hecho que, 18 años después, sigue sin resolución: el crimen de María Marta García Belsunce.

El viudo de García Belsunce acaba de publicar Carlos Carrascosa, diario de un inocente. Un amor, una causa, una vida, libro en el que intercala apuntes que fue escribiendo en la cárcel con su historia de vida, su relación con María Marta y todo lo que pasó luego de que ella fuera asesinada.
“Mi intención era escribirlo para regalárselo a mis amigos, pero Jorgelina y Malú me insistieron para que lo hiciera público”, cuenta Carrascosa en una videollamada .Jorgelina y Malú son dos de las tres mujeres que se acercaron a él durante su tiempo en prisión, lo ayudaron a crear un blog en el que subieron toda la información de la causa y lo acompañaron durante todo el proceso judicial hasta la absolución, convencidas de su inocencia.
La publicación del libro se da apenas unas semanas antes de que Netflix estrene ¿Quién mató a María Marta?, un documental para el que Carrascosa fue entrevistado, al igual que la gran mayoría de las personas que de alguna manera estuvieron vinculadas con el caso todavía irresuelto.

El juicio al que se refiere es el que tendrá en el banquillo a Nicolás Pachelo, exvecino del country donde ocurrió el crimen y el personaje al que la familia de María Marta siempre señaló como el presunto culpable.
En 2017, cuando Carrascosa ya había sido definitivamente absuelto y la causa por el homicidio estaba por prescribir, los fiscales de San Isidro María Inés Domínguez y Andrés Quintana presentaron nuevas pruebas y mantuvieron el expediente abierto con una acusación formal contra Pachelo y dos exvigiladores de Carmel. El proceso quedó frenado por la pandemia del coronavirus.
Los vaivenes judiciales
El 27 de octubre de 2002, el cuerpo de María Marta fue hallado por Carrascosa en el piso del baño de la casa que ambos compartían en el country Carmel, en Pilar. En principio se habló de un accidente. Se pensó que la mujer se había resbalado y golpeado la cabeza con la grifería de la bañera.
“La primera reacción que tuve ese día creo que la repetiría”, reflexiona el viudo, 18 años después. “Yo encontré a mi mujer en la bañera y no sabía si estaba viva o muerta. Abrir la ventana y gritarle a la masajista ‘¡subí rápido que María tuvo un accidente!’ para mí fue algo natural. Yo me enteré de que estaba muerta cuando el médico me dijo: ‘Carrascosa, mi sentido pésame’”, asegura.

“Paca fue la única testigo del asesinato de María Marta. Hubiera querido hablar con ella, que me contara... no me dio bola. Era muy inteligente... pero no hablaba”, cuenta en su libro Carrascosa. Paca era la perra de la pareja, que estaba en la vivienda el día del homicidio y que falleció hace un año.
Carrascosa, primero, fue absuelto del homicidio, pero condenado por su encubrimiento. En una segunda instancia la causa dio un giro y el viudo recibió la pena de prisión perpetua como coautor del asesinato. Finalmente, en 2016, fue exculpado definitivamente.
“Estar acusado, antes de que me metieran preso, fue la peor de las cárceles. No tenía energía para nada. Tenía preso el cerebro y libertad ambulatoria. Tenía que hacer trámites y no podía hacerlos tranquilo, mi cara estaba en la televisión”, cuenta Carrascosa .

“Cuando entré a la cárcel sentí alivio. Porque dije ‘bueno, estoy en el pozo’. Recién ahí empecé a leer la causa, que no había leído nunca. Era una negación total que tenía, una etapa del duelo. Recién cuando estuve bien en el pozo me metí a leer la causa, a pelear por mi libertad, a pelear porque se reabriera la investigación”, asegura.
Y fue en prisión donde empezó a escribir gran parte de lo que hoy forma parte de su libro, Diario de un inocente. Allí cuenta todos los detalles de su vida, desde su nacimiento (“nací pesando cinco kilos y mi madre me tuvo sola”) hasta sus años en la Marina Mercante –lo que, asegura, involuntariamente lo preparó para que el encierro en la cárcel no fuera tan duro–, y su relación con María Marta, a quien conoció en su adolescencia.
La vida en prisión
“Escribía en papeles y los fines de semana se los daba a una sobrina mía que los pasaba a máquina y me iba corrigiendo los errores de ortografía”, dice Carrascosa. El libro alterna capítulos de su vida en la cárcel con fragmentos de su historia de vida. Sobre la prisión, va dando detalles de cómo pasó de convivir con varios internos a tener una celda propia bastante personalizada. “Mandé a pedir un mantel para visitas…”; “me trajeron un black out y quedó perfecto”.
“Hice buenas migas adentro con los muchachos. Conocí la parte buena de los hombres malos. La camaradería. Nos ayudábamos entre nosotros. Todas esas sensaciones las fui escribiendo”, dice Carrascosa. “Los otros no podían creer que yo estuviera preso supuestamente por matar a mi mujer y me viniese a visitar toda su familia”, asegura.
Cuando obtuvo la prisión domiciliaria vivió un tiempo en la casa de un amigo, Héctor. En un capítulo del libro cuenta que en la botamanga de un pantalón que trajo de prisión había quedado un huevo de chinche, lo que derivó en que una plaga de esos bichos invadiera la casa de su amigo. “Mientras desinfectaban tuve que quedarme 12 horas en el patio; no me podía ir a otro lado porque estaba con prisión domiciliaria”, detalla.
Al día siguiente de que la Justicia lo absolvió, su amiga Jorgelina y su familia lo llevaron a una peña. “Ahí volví a sentir lo que significaba realmente estar libre”, dice.
Y fue en prisión donde empezó a escribir gran parte de lo que hoy forma parte de su libro, Diario de un inocente. Allí cuenta todos los detalles de su vida, desde su nacimiento (“nací pesando cinco kilos y mi madre me tuvo sola”) hasta sus años en la Marina Mercante –lo que, asegura, involuntariamente lo preparó para que el encierro en la cárcel no fuera tan duro–, y su relación con María Marta, a quien conoció en su adolescencia.
La vida en prisión
“Escribía en papeles y los fines de semana se los daba a una sobrina mía que los pasaba a máquina y me iba corrigiendo los errores de ortografía”, dice Carrascosa. El libro alterna capítulos de su vida en la cárcel con fragmentos de su historia de vida. Sobre la prisión, va dando detalles de cómo pasó de convivir con varios internos a tener una celda propia bastante personalizada. “Mandé a pedir un mantel para visitas…”; “me trajeron un black out y quedó perfecto”.
“Hice buenas migas adentro con los muchachos. Conocí la parte buena de los hombres malos. La camaradería. Nos ayudábamos entre nosotros. Todas esas sensaciones las fui escribiendo”, dice Carrascosa. “Los otros no podían creer que yo estuviera preso supuestamente por matar a mi mujer y me viniese a visitar toda su familia”, asegura.
Cuando obtuvo la prisión domiciliaria vivió un tiempo en la casa de un amigo, Héctor. En un capítulo del libro cuenta que en la botamanga de un pantalón que trajo de prisión había quedado un huevo de chinche, lo que derivó en que una plaga de esos bichos invadiera la casa de su amigo. “Mientras desinfectaban tuve que quedarme 12 horas en el patio; no me podía ir a otro lado porque estaba con prisión domiciliaria”, detalla.
Al día siguiente de que la Justicia lo absolvió, su amiga Jorgelina y su familia lo llevaron a una peña. “Ahí volví a sentir lo que significaba realmente estar libre”, dice.

En cuanto a si piensa presentar un reclamo al Estado, dice: “La demanda civil está pendiente. Mucho no me preocupa. No tengo herederos. Son juicios que tardan cinco o diez años, y yo tengo 75. Lo voy a hacer más adelante, pero me interesa más que se cumpla lo que dijo el Tribunal de Casación cuando me absolvió: que se le inicie el juicio político al fiscal Molina Pico”.
Y cuando se le pregunta si piensa que, después de tantos años, aún puede haber justicia para el crimen de María Marta, responde: “La esperanza es lo último que se pierde. Si no tuviera esperanza, no seguiría vivo”.
S. A.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.