Massa empuja al Fondo para llegar, mientras el ascenso de Milei ya preocupa en Estados Unidos
En el Ministerio de Economía buscan transitar el “segundo trimestre” en tranquilidad; en EE.UU. se instaló la idea de que la elección está abierta a cualquier escenario
Rafael Mathus Ruiz
CORRESPONSAL EN EE.UU.
Gita Gopinath con Massa y su equipoWASHINGTON.- La Argentina ingresó en cuatro meses de incertidumbre y tensión extremas hasta las primarias, un período inédito en el que se entrecruzan la campaña presidencial, la puja de poder en el oficialismo y en la oposición, la crisis económica –agravada por la sequía– y, ahora, una nueva negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el último salvavidas que le queda a la Casa Rosada. Un cóctel nuclear. Sin tiempo, y con el “puente” que Alberto Fernández le pidió a Joe Biden como última opción para sostener la economía, los interrogantes en Estados Unidos sobre el país son políticos: cómo llegarán las coaliciones a los comicios, quiénes serán candidatos, y quién liderará, eventualmente, el próximo gobierno. Un nombre irrumpió en Washington, rompiendo el horizonte: Javier Milei.
“El momento es político. Si después de las elecciones viene algo moderado, el potencial es enorme y hay viento de cola”, evaluó un ejecutivo de un fondo de Wall Street, muy metido con la Argentina. “Lo que complica todo es Milei –siguió–, genera mucha incertidumbre, puede llegar y rompe todo.”.
La irrupción de Milei en las conversaciones que hubo sobre la Argentina esta semana en Washington, donde se congregaron funcionarios, inversores y analistas de todo el mundo para las Reuniones de Primavera del Fondo y el Banco Mundial, instaló la noción de que, como está el país, cualquier escenario es posible, incluso una victoria de Milei que lo lleve al sillón de Rivadavia. Un escenario en particular genera inquietud: una eventual derrota del peronismo que lo deje afuera de una segunda vuelta, y abra un período de caos político o institucional hasta que llegue el cambio de gobierno en diciembre.
“Si la economía empeora mucho, parece que todo es posible en las elecciones. O, si el gobierno se vuelve tan impopular que un peronista no puede llegar a la segunda vuelta, todo es posible”, remarcó Benjamin Gedan, director del programa para América latina del Wilson Center.
En Estados Unidos, la escalada de Milei sorprende y preocupa. Algunos lo comparan con Donald Trump. América latina tuvo varios focos de inestabilidad en los últimos años, y la irrupción de figuras rupturistas suma imprevisibilidad, a la que Washington es poco afecta. Gedan recordó los últimos experimentos en Perú y Brasil, y dijo que, dado el drama político en la región, “hay poco apetito por otro presidente outsider sin experiencia en liderazgo y con una agenda política divisiva”.
“El caos político en la Argentina no es del interés de Estados Unidos”, agregó Gedan.
El gobierno de Biden ve al país como un socio estratégico en la región que puede aportar gas, litio y alimentos a un mundo aún convulsionado por la guerra en Ucrania, una mirada compartida por el Gobierno.
Otra inquietud es una fractura en el Frente de Todos, o en Juntos por el Cambio. Un economista de la oposición que viajó y tuvo reuniones en Estados Unidos esta semana trató de calmar ansiedades por las peleas en el frente opositor. “La interna de Juntos por el Cambio no va a explotar, están peleando poder. Es un poco descarnada porque están peleando poder y liderazgo, eso pasa en todos los partidos políticos del mundo, pero hay un sentido de responsabilidad colectiva”, indicó. Pero en Estados Unidos hay quienes ven una batalla de egos por momentos desbordada que solo suma incertidumbre, y favorece a Milei.
Con ese trasfondo político, Sergio Massa llegó a Washington con la doble misión de buscar más dólares para bajar los decibeles de la crisis y empujar, una vez más, los límites del Fondo. El objetivo es llegar. Punto. Lejos quedó la expectativa planteada en su primer viaje como ministro a Estados Unidos, a mediados del año anterior, luego de la caótica renuncia de Martín Guzmán y el breve interinato de Silvina Batakis, de tener a fin de año una inflación de alrededor del 2 % mensual. Ahora, Massa y su equipo cuentan cada dólar, y solo parecen aspirar a que la economía no se rompa más. Las ambiciones oficiales y las metas con el Fondo se han movido a la par, siempre hacia abajo, al igual que las posibilidades de Massa de competir, aunque mantiene una ambigüedad estratégica. La nueva negociación con el Fondo, forzada por la crisis, es la última bala. Resignado, el Fondo acompaña con exigencias minimalistas, a la espera, también, de quién será la persona que viaje a Washington a negociar el próximo programa.
A la par de esas discusiones, Massa buscó todos los dólares que pudo en cada lugar que pudo, moviéndose con la habitual intensidad de sus giras por el norte. La imperiosa necesidad del oficialismo por contener el dólar lo llevó incluso a evaluar una movida indigerible para el kirchnerismo de paladar negro: emitir nuevos bonos en dólares, con garantías de organismos internacionales. Así como Macri hablaba del “segundo semestre”, en el equipo económico hablan del “segundo trimestre”. El objetivo: recorrer los próximos meses con la mayor tranquilidad posible. La estabilización quedará para quién venga después.
Los cálculos más pesimistas hablan de que este año la Argentina sufrirá la peor recesión desde la crisis financiera global, en 2009, con una inflación bien arriba del 100% anual. Pero quienes miran más allá de la elección ofrecen una dosis de optimismo. El fin de La Niña, el gasoducto Néstor Kirchner, y la maduración de inversiones en Vaca Muerta y el avance del litio –en Economía creen que la Argentina puede llegar a ser el segundo exportador mundial en siete años– abren perspectivas promisorias. Los próximos meses definirán cómo se desata el nudo político actual, y a quién le toca surfear ese viento de cola para arreglar la economía.
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Por el impacto de la sequía, el Gobierno y el FMI volverán a modificar el programa económico
“Todo está sobre la mesa”, indicaron fuentes del equipo económico luego de la reunión de Massa y la subdirectora del FMI, Gita Gopinath
Rafael Mathus Ruiz
CORRESPONSAL EN EE.UU.
Massa y la subdirectora del FMI Gita Gopinath
WASHINGTON.- Por el fuerte impacto de la sequía, y en medio del nuevo rebrote inflacionario, el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) volverán a sentarse a recalibrar el programa económico. Forzado y apremiado por la crisis, el equipo del Ministerio de Economía que lidera Sergio Massa comenzó a trabajar con el staff del organismo en una nueva modificación del acuerdo vigente con el Fondo –la segunda en lo que va del año– para fortalecerlo y adaptarlo al nuevo escenario, en un último intento para impedir que la coyuntura del país empeore aún más antes de las elecciones.
“Todo está sobre la mesa”, , anticiparon fuentes del equipo económico en Washington sobre los cambios que vienen, luego de la reunión de Massa y su equipo con la subdirectora Gerente del FMI, Gita Gopinath, y los funcionarios del Fondo.
En el Gobierno y en el Fondo Monetario ven a la histórica sequía como un “game changer”, en las palabras de una fuente oficial, que descarriló la hoja de ruta del oficialismo para sostener el programa y llegar con un atisbo de estabilidad a las elecciones presidenciales, y obliga ahora a volver a sentarse a recalcular los parámetros del acuerdo con el Fondo en un nuevo intento –otro más– para lograr que recupere el rol para el que fue ideado originalmente: servir de ancla para evitar un derrape mayor de la economía.
La nueva negociación es un reconocimiento tácito de que el programa, tal como fue aprobado hace apenas dos semanas por el board del Fondo, se encaminaba a otro incumplimiento, y llega en un momento político extremadamente delicado en la Argentina por el inicio de la campaña presidencial. El Fondo ha sido flexible para atender las necesidades del país, pero en sus últimos mensajes abogó por implementar políticas “más sólidas”.
Gopinath, quien se ha mostrado muy involucrada con la Argentina, tildó a la sequía como “la peor sequía en la historia argentina”, y a la vez reiteró que se habían comprometido con Massa a trabajar juntos para “fortalecer” el programa.
“Buena reunión con el Ministro Sergio Masas. Hablamos del impacto de la peor sequía en la historia argentina y nos comprometimos a seguir trabajando de cerca para fortalecer el programa ante este difícil escenario”, indicó Gopinath en un tuit.
El alcance y la profundidad de la nueva recalibración se definirá en las próximas semanas con el trabajo que ya arrancaron el equipo de Massa, comandado por Leonardo Madcur, y el staff del Fondo, que lidera Luis Cubeddu, y en el que Gopinath tiene una amplia gravitación. El nuevo ajuste del programa ocurrirá en el marco de la quinta revisión del Acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF, según sus siglas en inglés) vigente, que debe estar terminado para fines de junio.
“Empieza una etapa de repensar el acuerdo en función de la sequía”, describieron en el equipo económico.
El alcance del nuevo reacomodamiento dependerá de las discusiones con el Fondo, pero en el equipo económico dejaron abierta la posibilidad a que se modifiquen algunas políticas, o se toque otra vez las metas de acumulación de reservas, o los metas para el déficit fiscal, o incluso se cambie el perfil de desembolsos. El Gobierno está muy apremiado por conseguir todos los dólares posibles para paliar el déficit actual de divisas y deprimir las expectativas de una devaluación brusca del dólar oficial que aliente la inflación. El anticipo de la nueva negociación con el Fondo ocurrió horas después de que se conociera el dato de inflación de marzo, que dejó un alza del costo de vida de 7,7% mensual, el peor registro del gobierno de Alberto Fernández, y el peor dato de inflación desde principios de 2002, tras la caída de la convertibilidad.
El dato cayó muy mal entre Massa y sus colaboradores, quienes culparon a la sequía, un argumento que también esgrimió la Casa Rosada en Buenos Aires. Pese a la marcada aceleración de la inflación y la creciente tensión social, el Gobierno no ofreció ninguna respuesta inmediata o medida concreta para revertir la crisis, y la única reacción oficial fue recurrir, otra vez, a la predisposición del FMI.
Una alternativa, que también aparece en el menú de posibilidades de la nueva negociación, es que el Fondo abra el juego para un frontloading de los giros, es decir, que acepte adelantar una parte de los desembolsos previstos en el acuerdo para paliar el déficit de dólares de este año, aunque se trata de una variante que economistas creen que está muy lejos de concretarse. No es, sin embargo, algo inédito: el gobierno de Mauricio Macri logró que el Fondo amplíe y acelere los desembolsos en octubre de 2018, cuando se aprobó la primera revisión del acuerdo que firmó la administración macrista. Pero Macri aceptó acelerar el ajuste fiscal a cambio de recibir más dinero del pactado originalmente. El Fondo hasta ahora se acomodó a la Argentina, pero sin dar fondos frescos, sólo refinanció la deuda que dejó Macri. Nuevos fondos llegarían, muy probablemente, aparejados de nuevas exigencias.
Cautelosamente optimistas, en el equipo económico insistieron en que nada está decidido, y las modificaciones surgirán de las discusiones que ya comenzaron.
Gita Gopinath con Massa y su equipo
Resignado desde hace rato a trabajar sin un programa de estabilización amplio y profundo, y a sabiendas de las limitaciones adicionales que impone el calendario electoral este año, el Fondo había remarcado en sus últimos mensajes la necesidad imperiosa de ajustar el plan actual.
La directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, dijo esta semana en su conferencia de prensa durante las Reuniones de Primavera del Fondo y el Banco Mundial que se realizaron en Washington que la sequía estaba afectando “significativamente” a la gente y el Gobierno estaba comprometido a “seguir ajustando las políticas” del acuerdo. El Fondo también ha insistido en varias oportunidades en que la Argentina necesita políticas “más sólidas” para evitar un deterioro más profundo en la economía.
Detrás de la nueva sintonización del acuerdo con el Fondo aparece el férreo apoyo de la Casa Blanca a la Argentina. El gobierno de Joe Biden ha sido un aliado vital del gobierno de Alberto Fernández en el board del FMI, y en el Gobierno confían en que ese respaldo se estirará para llevar a buen puerto esta nueva negociación. Antes de ir a ver a Gopinath, Massa se reunió en la embajada argentina con tres funcionarios de Biden. En el equipo económico indicaron después que Biden seguirá respaldando a la Argentina. En Buenos Aires, la vicesecretaria de Estado, Wendy Sherman, también dio muestras de ese respaldo, y además encuadró a la sequía en la lucha contra el cambio climático, una de las prioridades de la administración demócrata.
“Como ustedes saben, hay un programa en el FMI, entre la Argentina y el FMI, claro. Y lo que negocian Argentina y el FMI es algo que Estados Unidos apoya. Esta semana hay reuniones entre el FMI y el Banco Mundial. Quiero felicitar a la Argentina por las revisiones que están yendo muy bien y creo que es muy importante arreglar la situación macroeconómica de la Argentina porque es crítico para el futuro del país”, dijo Sherman en Buenos Aires. “Las sequías seguramente sea resultado del cambio climático, así que todos vamos a estar pensando en cómo resolver todos estos desafíos globales que enfrentamos”, agregó.
Con ese respaldo incólume del gobierno demócrata debajo el brazo, Massa y su equipo buscarán ahora volver a acomodar el programa con el Fondo a los avatares de la economía, en un último intento por impedir una crisis mayor justo antes de las elecciones en las que está en juego la Casa Rosada.
“Todo está sobre la mesa”, indicaron fuentes del equipo económico luego de la reunión de Massa y la subdirectora del FMI, Gita Gopinath
Rafael Mathus Ruiz
CORRESPONSAL EN EE.UU.
Massa y la subdirectora del FMI Gita GopinathWASHINGTON.- Por el fuerte impacto de la sequía, y en medio del nuevo rebrote inflacionario, el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) volverán a sentarse a recalibrar el programa económico. Forzado y apremiado por la crisis, el equipo del Ministerio de Economía que lidera Sergio Massa comenzó a trabajar con el staff del organismo en una nueva modificación del acuerdo vigente con el Fondo –la segunda en lo que va del año– para fortalecerlo y adaptarlo al nuevo escenario, en un último intento para impedir que la coyuntura del país empeore aún más antes de las elecciones.
“Todo está sobre la mesa”, , anticiparon fuentes del equipo económico en Washington sobre los cambios que vienen, luego de la reunión de Massa y su equipo con la subdirectora Gerente del FMI, Gita Gopinath, y los funcionarios del Fondo.
En el Gobierno y en el Fondo Monetario ven a la histórica sequía como un “game changer”, en las palabras de una fuente oficial, que descarriló la hoja de ruta del oficialismo para sostener el programa y llegar con un atisbo de estabilidad a las elecciones presidenciales, y obliga ahora a volver a sentarse a recalcular los parámetros del acuerdo con el Fondo en un nuevo intento –otro más– para lograr que recupere el rol para el que fue ideado originalmente: servir de ancla para evitar un derrape mayor de la economía.
La nueva negociación es un reconocimiento tácito de que el programa, tal como fue aprobado hace apenas dos semanas por el board del Fondo, se encaminaba a otro incumplimiento, y llega en un momento político extremadamente delicado en la Argentina por el inicio de la campaña presidencial. El Fondo ha sido flexible para atender las necesidades del país, pero en sus últimos mensajes abogó por implementar políticas “más sólidas”.
Gopinath, quien se ha mostrado muy involucrada con la Argentina, tildó a la sequía como “la peor sequía en la historia argentina”, y a la vez reiteró que se habían comprometido con Massa a trabajar juntos para “fortalecer” el programa.
“Buena reunión con el Ministro Sergio Masas. Hablamos del impacto de la peor sequía en la historia argentina y nos comprometimos a seguir trabajando de cerca para fortalecer el programa ante este difícil escenario”, indicó Gopinath en un tuit.
El alcance y la profundidad de la nueva recalibración se definirá en las próximas semanas con el trabajo que ya arrancaron el equipo de Massa, comandado por Leonardo Madcur, y el staff del Fondo, que lidera Luis Cubeddu, y en el que Gopinath tiene una amplia gravitación. El nuevo ajuste del programa ocurrirá en el marco de la quinta revisión del Acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF, según sus siglas en inglés) vigente, que debe estar terminado para fines de junio.
“Empieza una etapa de repensar el acuerdo en función de la sequía”, describieron en el equipo económico.
El alcance del nuevo reacomodamiento dependerá de las discusiones con el Fondo, pero en el equipo económico dejaron abierta la posibilidad a que se modifiquen algunas políticas, o se toque otra vez las metas de acumulación de reservas, o los metas para el déficit fiscal, o incluso se cambie el perfil de desembolsos. El Gobierno está muy apremiado por conseguir todos los dólares posibles para paliar el déficit actual de divisas y deprimir las expectativas de una devaluación brusca del dólar oficial que aliente la inflación. El anticipo de la nueva negociación con el Fondo ocurrió horas después de que se conociera el dato de inflación de marzo, que dejó un alza del costo de vida de 7,7% mensual, el peor registro del gobierno de Alberto Fernández, y el peor dato de inflación desde principios de 2002, tras la caída de la convertibilidad.
El dato cayó muy mal entre Massa y sus colaboradores, quienes culparon a la sequía, un argumento que también esgrimió la Casa Rosada en Buenos Aires. Pese a la marcada aceleración de la inflación y la creciente tensión social, el Gobierno no ofreció ninguna respuesta inmediata o medida concreta para revertir la crisis, y la única reacción oficial fue recurrir, otra vez, a la predisposición del FMI.
Una alternativa, que también aparece en el menú de posibilidades de la nueva negociación, es que el Fondo abra el juego para un frontloading de los giros, es decir, que acepte adelantar una parte de los desembolsos previstos en el acuerdo para paliar el déficit de dólares de este año, aunque se trata de una variante que economistas creen que está muy lejos de concretarse. No es, sin embargo, algo inédito: el gobierno de Mauricio Macri logró que el Fondo amplíe y acelere los desembolsos en octubre de 2018, cuando se aprobó la primera revisión del acuerdo que firmó la administración macrista. Pero Macri aceptó acelerar el ajuste fiscal a cambio de recibir más dinero del pactado originalmente. El Fondo hasta ahora se acomodó a la Argentina, pero sin dar fondos frescos, sólo refinanció la deuda que dejó Macri. Nuevos fondos llegarían, muy probablemente, aparejados de nuevas exigencias.
Cautelosamente optimistas, en el equipo económico insistieron en que nada está decidido, y las modificaciones surgirán de las discusiones que ya comenzaron.
Gita Gopinath con Massa y su equipoResignado desde hace rato a trabajar sin un programa de estabilización amplio y profundo, y a sabiendas de las limitaciones adicionales que impone el calendario electoral este año, el Fondo había remarcado en sus últimos mensajes la necesidad imperiosa de ajustar el plan actual.
La directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, dijo esta semana en su conferencia de prensa durante las Reuniones de Primavera del Fondo y el Banco Mundial que se realizaron en Washington que la sequía estaba afectando “significativamente” a la gente y el Gobierno estaba comprometido a “seguir ajustando las políticas” del acuerdo. El Fondo también ha insistido en varias oportunidades en que la Argentina necesita políticas “más sólidas” para evitar un deterioro más profundo en la economía.
Detrás de la nueva sintonización del acuerdo con el Fondo aparece el férreo apoyo de la Casa Blanca a la Argentina. El gobierno de Joe Biden ha sido un aliado vital del gobierno de Alberto Fernández en el board del FMI, y en el Gobierno confían en que ese respaldo se estirará para llevar a buen puerto esta nueva negociación. Antes de ir a ver a Gopinath, Massa se reunió en la embajada argentina con tres funcionarios de Biden. En el equipo económico indicaron después que Biden seguirá respaldando a la Argentina. En Buenos Aires, la vicesecretaria de Estado, Wendy Sherman, también dio muestras de ese respaldo, y además encuadró a la sequía en la lucha contra el cambio climático, una de las prioridades de la administración demócrata.
“Como ustedes saben, hay un programa en el FMI, entre la Argentina y el FMI, claro. Y lo que negocian Argentina y el FMI es algo que Estados Unidos apoya. Esta semana hay reuniones entre el FMI y el Banco Mundial. Quiero felicitar a la Argentina por las revisiones que están yendo muy bien y creo que es muy importante arreglar la situación macroeconómica de la Argentina porque es crítico para el futuro del país”, dijo Sherman en Buenos Aires. “Las sequías seguramente sea resultado del cambio climático, así que todos vamos a estar pensando en cómo resolver todos estos desafíos globales que enfrentamos”, agregó.
Con ese respaldo incólume del gobierno demócrata debajo el brazo, Massa y su equipo buscarán ahora volver a acomodar el programa con el Fondo a los avatares de la economía, en un último intento por impedir una crisis mayor justo antes de las elecciones en las que está en juego la Casa Rosada.
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