Las lágrimas detrás de una epidemia subestimada
— por Fabiola Czubaj
El impacto que está teniendo la epidemia de dengue en la población esta temporada no está ni cerca, definitivamente, de las estadísticas de salud. Se percibe, en cambio, en las lágrimas de los vecinos que han perdido a un familiar o un amigo y en la voz que se vence de padres, hijos, abuelos o nietos al contar lo que están atravesando ante la pregunta de la nacion.
El lunes por la tarde, en la Redacción se tomó la decisión de viajar a Tucumán para la cobertura de un brote que, hasta ese momento, solo en esa provincia se definía localmente como epidemia. Los más de 13.000 casos –el valor más alto reportado por una jurisdicción en lo que va del año– y la mitad de los, hasta ese momento, 14 fallecidos por dengue que había comunicado el Ministerio de Salud de la Nación fueron lo que pesó para definir cómo continuar el relevamiento de puntos críticos en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Por segunda vez en diez días, alertábamos en la sección Sociedad que los casos venían superando a los de la gran epidemia de 2020, que terminó superponiéndose con la pandemia de Covid-19. El Ministerio de Salud de la Nación, a través de Leandro Álvarez, funcionario a cargo de la relación con los medios, volvía a hacer silencio.
Antes de abordar uno de los primeros vuelos del martes a Tucumán, ya en el Aeroparque Jorge Newbery quedó en evidencia la falta de coordinación de medidas para contener el brote de dengue: si “el uso adecuado del repelente es fundamental”, como había afirmado la cartera sanitaria el día previo en una nueva reunión de ministros de Salud del país, y en las provincias afectadas hay faltante de unidades, ¿por qué la Policía de Seguridad Aeroportuaria ni siquiera permitía despacharlo en el equipaje? “No se nos informó de que haya una situación crítica en el norte”, me explicó uno de los uniformados.
Con un desafío extra a cuestas –conseguir repelente en el epicentro de una epidemia en la que hay que evitar la picadura de mosquitos–, desembarqué un par de horas después en el Aeropuerto Internacional Benjamín Matienzo. En el microcentro de San Miguel de Tucumán, a metros de la gobernación y la Casa Histórica, la realidad aplastó en segundos hasta los “más de 13.000 casos” que estaba informando el Ministerio de Salud provincial. En el olvido quedaron los 5132 que hacía 72 horas había reportado para esa provincia el Ministerio de Salud de la Nación en su Boletín Epidemiológico Nacional por el retraso de dos semanas con el que la Dirección de Epidemiología recopila las notificaciones de los distritos.
Transeúntes, kiosqueros, mozos, vendedores ambulantes, policías, estudiantes, taxistas, personal de salud… Nadie estaba a salvo del dengue. Barrios completos en plena capital provincial, a minutos del microcentro, seguían teniendo nuevos casos. Síntomas distintos a los que me había tocado ver durante la epidemia de 2015-2016 en barrios y hospitales de Misiones, Chaco y Corrientes o en los primeros meses de 2020, cuando la última epidemia se extendió más allá de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano.
Con el fotógrafo Fernando Font nos propusimos retratar lo que aparecía ante nosotros: el pedido, que de momentos era un ruego, de vecinos y profesionales de la salud de dar a conocer que los casos ya eran incontables. Bronca, angustia y miedo de perder a un ser querido eran los sentimientos que también hubo que contener con un abrazo en ocasiones. “Gracias por venir”, escuchamos varias veces a medida que caminábamos por Mercedes, Lules, San Pablo o la capital y alrededores. Se sentían abandonados, a la deriva, sin saber qué les está pasando o por qué es diferente a lo que vivieron en otros brotes. Fue frecuente la comparación con la pandemia de Covid.
No faltó el reclamo por “la insensibilidad” de las autoridades y la dirigencia política en general, más ocupada de la campaña para las elecciones provinciales el mes que viene que de responder sobre la realidad epidemiológica local. La referencia al ocultamiento de la información era constante entre los tucumanos que compartieron su testimonio al tocar un timbre o ingresar a un centro de salud.
Las historias de las pérdidas se fueron sumando a la par en esa recorrida. Y eran más que las ocho muertes por dengue reconocidas oficialmente hasta el miércoles. No fue posible saber, antes de viajar de regreso a Buenos Aires, qué falló en Tucumán si, como afirma el Ministerio de Salud local, se trabajó durante 2022 en la prevención, con el descacharrado y la información en los barrios. La agenda del ministro Luis Medina Ruiz no lo permitió.
Ya de regreso en el aeropuerto de Buenos Aires, con un repelente de citronela de uso pediátrico en la mochila –una de las últimas unidades en una farmacia céntrica en la capital tucumana–, se acababa de confirmar una muerte más y los casos registrados superaban oficialmente los 14.000
El dengue provoca dolor y temor en pueblos enteros de Tucumán; muchos hablan de “insensibilidad” ante una epidemia que ya provocó más de 14.000 muertes
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EN UNA SEMANA, SUBIERON 46% LOS CASOS DE DENGUE
Pasaron de 28.235 a 41.257; Tucumán tiene la mayor cantidad; hay doble circulación de ese virus y chikungunya en al menos seis provincias
Ya se superó la barrera de los 40.000 en todo el país; la mayor cantidad se concentra en Tucumán, donde la situación se tornó crítica.
Más de 41.200 casos de dengue se notificaron en el país hasta el viernes 8 de abril y la circulación del virus se identificó en 15 provincias del centro, norte, noroeste y noreste, informó el Ministerio de Salud de la Nación. El aumento de infectados totales desde la última notificación fue de un 46%.
Hasta la semana epidemiológica 14 de este año, es decir, hasta el viernes 8 de abril, se notificaron en el país 41.257 casos de dengue, de los cuales 37.914 adquirieron la infección en la Argentina, según detalló ayer un comunicado oficial de la cartera de salud nacional.
Las provincias en las que más se profundizó la epidemia fueron Tucumán, con un 80% de aumento de casos y se registran 542,9 infectados cada 100.000 habitantes. Santiago del Estero, con un incremento del 48%, tiene 242, y la Capital Federal, con un 41%, tiene 154,7.
Santa Fe, Salta y Jujuy, por su parte, si bien disminuyeron el avance de la epidemia durante esta última semana relevada, prevalecen dentro del grupo de las seis jurisdicciones con mayor número de afectados. Santa Fe tiene 272,2 enfermos de dengue por cada 100.000 habitantes; Salta, 359,9, y Jujuy, 336.
Si se mira en cantidad de infectados por dengue, Santa Fe tiene 9681 casos y es la que sigue manteniendo la mayor cantidad en el país. Le siguen Tucumán, con 9246; Salta, 5185; la Capital Federal, 4827; la provincia de Buenos Aires, 3956; Jujuy, 2681; Santiago del Estero, 2551, y Córdoba, 1842.
Río Negro es la única que no registra casos de dengue. Santa Cruz y Chubut informaron cuatro infectados. Misiones tiene 25, San Luis, 16; Tierra del Fuego, 11; Mendoza, 10; La Pampa y San Juan, 8; Neuquén, 6.
Al momento, la circulación de este virus se identificó en 15 provincias correspondientes a cuatro regiones: en el centro del país, se hallan las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En tanto, el virus del dengue también se registró en la región noreste, en Corrientes, Formosa y Chaco; en el noroeste, en Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, Santiago del Estero y Tucumán y la provincia de San Luis, en la región de Cuyo.
Además, se notificó la doble circulación de dengue y chikungunya en localidades de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Formosa, Salta y Santa Fe y en la ciudad de Buenos Aires.
En lo que refiere a fiebre chikungunya, se detectaron, hasta el momento, 1092 casos, de los cuales 647 adquirieron la infección en el país, 171 se encuentran en investigación y 274 adquirieron la enfermedad en el exterior.
Al momento, la circulación de este virus, se confirió en diferentes localidades de ocho provincias: ciudad de Buenos Aires y provincia, Chaco, Córdoba, Corrientes, Formosa, Santa Fe y Salta.
Contagio y síntomas
El dengue es una enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito del género Aedes, principalmente por Aedes aegypti, cuando el mosquito se alimenta con sangre de una persona infectada por el virus dengue lo adquiere y luego de 8 a 12 días es capaz de transmitirlo a una persona sana a través de la picadura.
Luego de 8 a 12 días, el mosquito es capaz de transmitirlo a una persona sana a través de su picadura.
La fiebre chikungunya es también una enfermedad viral que, al igual que el dengue, es transmitida por la picadura de mosquitos Aedes infectados y también puede transmitirse de la madre al hijo en el período perinatal.
En lo que respecta a la sintomatología del dengue, se presentan cuadros febriles, acompañados de uno o más de los siguientes síntomas: dolor detrás de los ojos, de cabeza, muscular y de articulaciones, náuseas y vómitos, cansancio intenso, aparición de manchas en la piel y picazón, sangrado de nariz y encías
Ante un diagnóstico de dengue, es preciso seguir las indicaciones del personal de salud y asistir a las consultas de seguimiento y control.
Si al momento de disminuir la fiebre o en los días posteriores alguno de los síntomas se agudiza, reaparece o se detectan otros nuevos, tales como dificultad para respirar, dolor abdominal intenso, sangrado profuso de mucosas, irritabilidad a somnolencia, vómitos recurrentes, se recomienda realizar una consulta médica inmediata.
Los síntomas de la fiebre chikungunya comienzan generalmente de 3 a 7 días después de la picadura del mosquito y el síntoma más común es la aparición repentina de fiebre, a menudo acompañada de dolor en las articulaciones.
La medida de prevención más importante de dengue y chikungunya es la eliminación de todos los criaderos de mosquitos, que pueden ser todos los recipientes que contengan agua, tanto en el interior de las viviendas como en sus alrededores, baldes, palanganas, tambores, portamacetas, bebederos, botellas retornables.
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