lunes, 17 de abril de 2023

LECTURA


Fernando Fagnani. “Es casi un milagro que editemos cada vez mejor”
El gerente general de Edhasa publicó su primera novela en un sello de la competencia; desafíos de publicar en la era de la cancelación
Daniel Gigena
Un sicario enamorado, Benítez, protagoniza Residencia permanente (Emecé), la primera novela del editor y crítico literario Fernando Fagnani (Buenos Aires, 1965), actual gerente general de Edhasa y autor de Mar del Plata. La ciudad
más querida. Ambientada en una metrópoli centroamericana en la que se desata una violenta rebelión popular que siembra de cadáveres las calles, la historia sigue los pasos del asesino a sueldo que tiene dos misiones: una “profesional” y otra personal. Una vez declarada la revuelta, la búsqueda de la mujer de la que se enamoró en Lima se vuelve más acuciante. Desde un hotel céntrico hasta la sede de la embajada argentina en ese país innominado, y de un bosque a un leprosario convertido en un campamento de gitanos, Benítez recorre impasiblemente un territorio hostil: “No era mal lugar para matar”, reflexiona.
“No podría afirmar que lo decidí, más bien se impuso –dice Fagnani sobre la elección del ‘oficio’ del protagonista–. Hay algo sobre lo que no quería escribir: el miedo. Eso me obligaba a tener un personaje que prácticamente no conociera ese sentimiento, que se manejara con experiencia en un escenario violento, que supiera leer esos signos y supiera sobrevivir. Si Benítez tiene un punto débil es el amor; para eso no está preparado. En ningún momento pensé en nuestro entorno sociopolítico, sino en el entorno violento de la novela. Por supuesto, estaba interesado en narrar la violencia y, diría, la violencia extrema, esa que domina todo. Terminó siendo el leitmotiv de la historia”. El título proviene de una respuesta que Benítez le da a Baidur, el jefe de la caravana de gitanos que le ofrece refugio y amistad: “No tengo lo que se dice una residencia permanente”.
Fagnani no cree que sea una novela a contracorriente de la literatura argentina actual. “La literatura argentina de hoy, y de siempre, tiene muchas corrientes –señala–. Hay líneas que parecen dominantes, como la autoficción o el terror, pero eso tiene que ver con el favor de los lectores y no con una supuesta uniformidad de temáticas y estilos. Es una buena noticia que determinadas escritoras y escritores conecten con un público mayor que hace unos años. No se explica por la calidad, que la hay y en grado sumo. Sin embargo, no me atrevería a afirmar que esa calidad sea superior a la que había una o dos décadas atrás. Es de otro tipo y de esta época, con su propio rigor y su singularidad”.


Además de los personajes femeninos (que “salvan y también precipitan a Benítez”, según el autor), se destaca el grupo de gitanos que lo recibe y asiste en su búsqueda. “Al igual que los rebeldes que toman la ciudad, ellos están en los márgenes de la sociedad. Benítez, a su modo, también; aunque el suyo es un margen por adopción, no por tradición. Es lo siniestro del margen. Las solidaridades y las violencias de los márgenes tienen su propia lógica”.
–¿Cuánto influyen los debates sobre corrección política y cancelaciones en el trabajo de un editor?
–En el caso de Edhasa, esos debates no influyen. Nunca nos ha pasado publicar o no publicar un libro por corrección o incorrección política. Hemos decidido no publicar libros que no van con la línea del catálogo. La obra de un autor es, también, y muchas veces involuntariamente, un mapa que alumbra la arqueología de una época, presente o pasada, con sus violencias, sus racismos y sus injusticias, más sus prejuicios. Lo que hicieron los editores de Agatha Christie, sacando palabras que pueden resultar ofensivas para un lector actual, es borrar la historia, la de Christie y la de su tiempo. Como operación de marketing, es chapucera; como intervención literaria, es insultante para ella. Porque da por hecho que uno le puede cambiar palabras y no pasa nada. Es una decisión basada en la ignorancia: supone que la ideología se expresa en cuatro, cinco, palabras y no donde de verdad está: en cada página, en multitud de detalles. Si usamos esos parámetros para corregir todo el pasado y lo normativizamos con los valores de ahora, las conquistas del presente se volverían invisibles.
–¿Cuáles son las virtudes y los defectos del sector editorial en la Argentina?
–En el contexto de América Latina, la industria editorial argentina tiene más virtudes que defectos. Hay nuevas editoriales, mejores traducciones, más apuestas que años atrás, se siguen descubriendo autores nacionales o extranjeros. Y también se trabaja mejor para llegar a los lectores. Los defectos, o mejor dicho los problemas, no creo que sean adjudicables a los editores. La histórica inestabilidad económica argentina no aporta mucho para que podamos competir en pie de igualdad con España o México. Diría que teniendo en cuenta el contexto económico es casi un milagro que se siga editando como se edita: cada vez mejor.
–¿Qué expectativas tienen en Edhasa para este año, que se perfila como peor que el anterior en ventas y producción?
–La industria editorial no escapa a las generales de la ley; es decir, las expectativas para este año son bajas. Debería ser peor que el anterior, y ya lo está siendo. Es un año para resistir y ser prudentes, muy prudentes. Asumo que esto no se revertirá en diciembre de 2023, sino bien entrado 2024.

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