sábado, 15 de abril de 2023

UN GRANDE QUE PARTE....DESCANSE EN PAZ


ABEL POSSE. ENTRE LAS IDEAS Y LA ACCIÓN
Académico, embajador y reconocida figura de la cultura, tenía 89 años; su obra literaria se caracterizó por su riqueza expresiva Daniel Gigena | Foto Emiliano LasalviaErudito, atento y reflexivo observador de la Argentina, Posse dejó una novela inconclusa
Fue un gran intelectual, pero no eludió el compromiso político ni la gestión pública; brilló como embajador y se involucró con fuerza en el debate institucional.
Alos 89 años, falleció ayer el escritor Abel Posse, reconocido novelista y ensayista, académico de número de la Academia Argentina de Letras (AAL) y de la Academia Nacional de Educación, y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Había nacido en Córdoba el 7 de enero de 1934.
Abogado por la Universidad de Buenos Aires (donde fue docente en la Facultad de Derecho, en la cátedra de Derecho Político del doctor Carlos Fayt, a la que renunció en 1966, tras el golpe de Estado del general Juan Carlos Onganía) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de La Sorbona, de 1966 a 2004 se desempeñó como diplomático en forma ininterrumpida. Fue ministro plenipotenciario de la Argentina en Israel, y embajador en Checoslovaquia, Perú, Dinamarca y España. El escritor falleció a causa de complicaciones originadas en una dolencia renal.
También fue cónsul general en Venecia (donde recibió la visita de Jorge Luis Borges y María Kodama en 1974) y director de la Casa Argentina en París. En esa ciudad conoció a quien sería su futura esposa, la estudiante Sabine Langenheim, que lo guio en la literatura y la filosofía alemanas (con ella tradujo El sendero del campo, del filósofo alemán Martin Heidegger, con quien mantuvo correspondencia). El primer texto con su firma, el poema “En la tumba de Georg Trakl”, recibió en Buenos Aires el premio René Bastianini de poesía de la SADE.
Escritores y críticos como Camilo José Cela, Carlos Fuentes, Alfredo Bryce Echenique, Oscar Hermes Villordo, Severo Sarduy, María Rosa Lojo, Antonio Requeni y Seymour Menton ponderaron la obra de Posse, autor de novelas donde la historia afecta definitivamente el destino de personajes y sociedades. Recibió condecoraciones en Francia, España, Estados Unidos, Perú y Brasil, y fue jurado de destacados premios nacionales e internacionales.
Desde 1975, colaboró con artículos, crónicas y cuentos en la nacion. También escribió para Perfil, La Gaceta de Tucumán y medios internacionales. Algunos de sus ensayos para la prensa aparecen en Argentina, el gran viraje (2000), El eclipse argentino. De la enfermedad colectiva al renacimiento (2003), En letra grande (2005) y La santa locura de los argentinos (2006). Gran parte de su obra se publicó en la editorial Emecé.
A contracorriente
La narrativa de Posse siempre estuvo atenta a las peripecias trágicas de la historia y su influencia en los personajes, perseguidores de lo absoluto. A contracorriente de los relatos oficiales, aunque sin descuidar fuentes, crónicas y testimonios, Posse reescribió desde una perspectiva crítica la conquista de América, el nazismo, el peronismo y el antiperonismo, la violencia política de la guerrilla y el terrorismo de Estado en la Argentina.
Publicó la primera de sus catorce novelas, Los bogavantes, en 1969; dos años después, La boca del tigre. En 1978, inició con Daimón (protagonizada por el “desmesurado” explorador español Lope de Aguirre) la celebrada “Tetralogía de la Conquista”, que continuó con Los perros del paraíso (documento alucinado del descubrimiento de América por el que recibió el prestigioso premio Rómulo Gallegos en 1987) y con la que tal vez sea una de sus mejores novelas, El largo atardecer del caminante, de 1992, que recibió el Premio Internacional Extremadura-américa 92 de la Comisión Española del V Centenario. Quedó inédita “Los heraldos negros”. Por su estilo verbal y riqueza imaginativa, Posse es considerado un maestro de la novela histórica en América Latina.
“Es un ejemplo paradigmático del escritor argentino y latinoamericano que a lo largo de su extensa trayectoria literaria ha cultivado la poesía y la novela, el ensayo y la crónica –había dicho el profesor Roberto Esposto de la Universidad de Queensland   uno de los organizadores del coloquio internacional sobre la obra del escritor argentino, que se realizó en la primavera de 2021–. Diplomático e intelectual, es un narrador que habita entre mundos: cosmopolita y nacional, porteño y latinoamericano”.
Fue uno de los primeros autores argentinos en llevar a la ficción la violencia política de la década de 1970 en la Argentina. Momento de morir, de 1979, está ambientada en la ciudad de Buenos Aires y narra un enfrentamiento entre bandos ideológicos. La reina del Plata, de 1998, es su declaración de amor novelesca a una ciudad de Buenos Aires en la que se enfrentan “conformistas” y “extremos”.
En 1994 publicó La pasión según Eva, una de las ficciones históricas sobre Eva Perón, donde además reconstruye el período de finales de la década de 1940 e inicios de 1950 en la Argentina.
En abril de 2010, publicó la estremecedora crónica Cuando muere el hijo, sobre el suicidio de su hijo Iván, en 1983, en París, a los quince años. “En Occidente, la muerte sorprende porque se vive de espaldas a ella, como si no fuera algo que puede ocurrir en cualquier momento –declaró el autor por entonces en una entrevista con La Gaceta–. Adelantarse a la despedida implica aceptar que la muerte es un hecho natural, que ocurrirá inexorablemente y que debemos prever”.
Otra de sus novelas más arriesgadas fue Noche de lobos, de 2011, donde expone su perspectiva sobre la violencia política a partir de los años 1970, con un coro siniestro de guerrilleros, militares y paramilitares. La trama gira en torno de la historia de una guerrillera seducida por su torturador.
Con Los demonios ocultos (1987) y El viajero de Agartha (1989), que ganó el Premio Diana-novedades, compuso un díptico del nazismo fuera de Alemania (la primera transcurre en la geografía rioplatense). En 1998, en Los cuadernos de Praga, ficcionaliza la estada del Che Guevara en esa ciudad, antes de su aventura fatal en Bolivia. En 2002, El inquietante día de la vida (2001) obtuvo el Premio Literario de la AAL. En Vivir Venecia, de 2006, reconstruye sus años como cónsul en la ciudad italiana. Su obra fue reeditada y se tradujo a dieciséis idiomas.
En la página web del escritor –donde se lee: “Yo soy escritor, usted lector. Tenemos una interesante unidad subversiva, juntos creamos una pacífica y silenciosa conspiración. Yo anoto algunas señales que usted completa con su imaginación creativa”– se pueden leer fragmentos de sus libros y conocer detalles de su rica biografía intelectual.
Política y gestión
Simpatizaba con el gobernador y luego presidente Eduardo Duhalde y fue muy crítico del kirchnerismo. “En la Argentina la inflación no es un episodio económico como en otro país, es un elemento económico que genera una actitud demencial y colectiva”, declaró en una ocasión, en 2007, cuando se había presentado como candidato a senador por la ciudad de Buenos Aires en la lista de Roberto Lavagna.
A finales de 2009, Posse fue designado ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires por Mauricio Macri, en reemplazo de Mariano Narodowski. Por las críticas de los gremios docentes, organismos de derechos humanos y políticos de la oposición a sus posturas acerca de diversas cuestiones –entre ellas, la dictadura militar, el terrorismo de Estado y la delincuencia juvenil–, debió renunciar a doce días de haber asumido (lo reemplazó Esteban Bullrich). Ese traspié, lamentablemente, eclipsó por un período el aporte literario de Posse, que seguirá siendo notable, más allá de las posiciones ideológicas.
“Son muchos los años de soledad, de lucha frente a la página en blanco, de búsqueda ansiosa de ese lenguaje que se transforme en puente entre la palabra de todos y nuestra autenticidad. Y pocos –y por lo tanto bienvenidos e intensos– los momentos de ese reconocimiento que renueva el impulso necesario para la continuación de la tarea”, dijo Posse al recibir el premio Rómulo Gallegos, en agosto de 1987.
El resultado de su trabajo queda ahora en manos de los lectores.

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La maestría de narrar al pulso de los hechos
Pedro Luis Barcia
Abel Posse era una persona querible por lo afectuoso de su trato, la cordialidad de su diálogo y lo animoso de su espíritu. Hacía tiempo que no nos veíamos las caras, pero sosteníamos largas conversaciones telefónicas sobre todas las cosas y algunas otras, sábado por medio. Me contaba los avances y estancamientos de su novela en proceso de elaboración, para la cual había adoptado el nombre de un poemario de César Vallejos: “Los heraldos negros”. En ella se atareaba en las acciones de los jesuitas en esta parte del Nuevo Mundo. La novela en ciernes era un eslabón más de la cadena que había logrado construir sobre personajes de la conquista de América. Sucedería a ese logro impar que es El largo atardecer del caminante, en el que acompañamos al mayor caminador del mundo por tierras fragosas, Alvar Núñez, el “saludador de indios”, de quien Abel había calado algunos elementos trascendentes.
Los capítulos de Los heraldos negros se iban construyendo con la maestría del autor, que manejaba una vastísima y cernida erudición, que me asombraba cada vez que hacía un excurso oral en nuestra conversación sobre algún detalle del relato. Recuerdo también, las etapas en que me confesaba que estaba paralizado por el impacto de la vida cotidiana del país, en constante deterioro, que le invalidaba el empuje creador.
Su larga estada en el ancho mundo, como diplomático, le había dotado de dos virtudes visuales: el ojo de pez, con el que captaba panoramas complejos, y la pupila de contraste que le habilitaba las comparaciones, de particular manera del mundo europeo con nuestro país. Por eso fue un eficiente “testigo ocular” a lo Belloc, de la realidad argentina, a través de sus ensayos publicados en medios y luego agavillados en un volumen.
Cuatro de sus libros de ensayos están dedicados a nuestra realidad argentina, y sus escritos están compuestos al pulso de los acontecimientos. Ellos cubren la historia desde 2001 a la actualidad. Su último aporte fue a un libro colectivo sobre el resurgir de la Argentina, en la que ratificó su mirada lúcida y la propuesta del esfuerzo renovador de anagogía, como lo llama.
Por eso, en las ocasiones en que disertó en las Academias, que lo recibieron cuando se radicó entre nosotros, la de Letras y la de Educación, apreciamos su capacidad para esquiciar síntesis y paralelismos. Siempre con mirada comprensiva de lo nuestro y sin aplicar falaces criterios eurométricos.
Dos recuerdos personales. Uno, su perplejidad –pues era casi ajeno a los peligros de la electrónica– cuando descubrí que su personalidad y obra estaban jibarizados en Wikipedia por un activo equipo de reductores de cabezas del oficialismo, que se aplicó a modificar, en la enciclopedia virtual, toda la realidad histórica de los últimos años, a la luz del color con que miran. Abel había enjuiciado a los actores políticos, e iban por él. Se armó un equipo de especialistas del país y del extranjero, y repusieron las cosas en su lugar.
Un segundo recuerdo. Un día le alcancé una carpeta con un conjunto de monografías, obra de los estudiantes de Literatura Argentina en mi cátedra de la Universidad Nacional de La Plata. Nunca lo vi tan entusiasmado como con ese material, pues cotizaba la mirada de esos jóvenes que practicaban sus primeras armas de critica sobre los textos de sus novelas. “¿Tenés más?”, me decía cada vez que nos encontrábamos.
Dios le dé descanso en la Tierra sin Mal, como llamaban al Paraíso los indios que catequizaban los heraldos negros

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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