Querencia, por la compañía de Antonio Najarro, en el Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125. Funciones: hoy y mañana, a las 20.30, y el sábado, a las 21.30. Entradas desde $4000.
Antonio Najarro. “Que se huela la esencia, pero que a la vez nos sintamos en 2023”
El reconocido coreógrafo regresa con Querencia, un espectáculo de danza española que ensalza las raíces con los recursos del siglo XXI
Constanza Bertolini
Antonio Najarro prefiereno usar la palabra “fusión”, aunque –a decir verdad– sea bastante apropiada para explicar el encuentro entre danza española y moda, jazz, pintura y tantas otras manifestaciones artísticas que a través de los años han propiciado sus creaciones. Posiblemente lo evite para que no se malinterprete. Que se entienda bien: su obra es elegante, respetuosa del valor de la tradición, y se expresa con el carácter del siglo XXI.
El coreógrafo, exdirector del Ballet Nacional de España (BNE), está de vuelta en Buenos Aires después de aquella inolvidable performance, destacada entre lo mejor de la temporada 2019. Lo hace en esta oportunidad con su propia compañía, un elenco de catorce bailarines que trabaja un repertorio de autor; y nuevamente en el Teatro Coliseo, trae ahora el espectáculo Querencia. Es elocuente reparar en el significado de este término, cuya sonoridad transmite un sentimiento a la vez que se desdobla dos definiciones: querencia es el cariño profesado hacia alguien o algo y, también, la tendencia de las personas de regresar al sitio donde se han criado o tienen costumbre de acudir. En síntesis, el afecto por la raíz.
“Sentí la necesidad de volver a nuestra estética tradicional, la bata de cola, el sombrero cordobés, el abanico, los mantones de manila, todo esto que rodea la tradición española, y presentarlo con total actualidad en cuanto a diseño, música, luces. Por eso opté por el nombre de Querencia, que quiere decir volver a nuestro lugar de origen. Es un proyecto de mucho riesgo para una compañía privada asumir una creación sinfónica, y algo muy costoso, pero después de dirigir el Ballet Nacional y con todo lo que hice para dar apertura a la danza española me siento responsable de seguir presentándola con la excelencia que se debe. Es un gran reto porque no contamos casi con compositores nuevos que emulen a Albeniz, De Falla, Turina, Granados. Moisés Sánchez ha creado una música espectacular”.
–El riesgo es doble entonces: económico y artístico.
–Quería presentar un espectáculo en el que el gran conocedor de la tradición española la viera presente, pero de una manera tal que cualquier persona joven que nunca haya visto danza española se sienta atraída. Coreografía, música, luces, todo con ese objetivo: que se huela, que se sienta la esencia y al mismo tiempo nos sintamos en 2023.
–No modernizar aquello sino presentarlo con los recursos de hoy.
–Claro, porque aquello no necesita modernizarse. La tradición española tiene valor por sí sola. Yo tengo un punto de vista y una mirada muy comercial, lo que para mí no está para nada reñido con la excelencia y la calidad. Cuando las dos cosas van de la mano, funciona. Creo un espectáculo y hago una inversión económica tremenda para sacar una rentabilidad, pero tiene que haber esa tradición, ese respeto por el legado que he recibido de grandes maestros. Nunca fuerzo nada, no pienso en que tengo que
“modernizar” ni hacer algo nuevo; simplemente transmito a través de lo que absorbo día a día del arte y de la cultura, del cine y la pintura, todo lo que me rodea y que me inspira.
–¿Qué seña particular tiene ese lenguaje?
–La palabra que más suena siempre después de ver un espectáculo mío es “elegancia”. Me encanta que lo digan, porque me gustan las líneas, que se vea que hay una preparación de ballet clásico y una depuración del movimiento, el cuidado de lo más mínimo desde el primer momento de concepción.
–Tiene algo de mecanismo de relojería. No quiero decir que no haya emoción, pero sí que cuando se ve un espectáculo tuyo se percibe detrás una búsqueda exacta, la sincronía, el detalle.
–Tiene que haber un trabajo de relojería tremendo para que una vez que eso está superado nos olvidemos totalmente y demos rienda suelta a algo que caracteriza mucho a la danza española que es la emoción, la expresión, la pasión. Siempre con un gran trabajo técnico.
–Flamenco, escuela bolera, folclore y danza estilizada: abarcás todas las expresiones.
–Ha sido siempre así en todas mis apuestas desde que comencé: mostrar al público que la danza española son cuatro estilos muy diferenciados. Siempre defiendo que el bailarín de danza española es el bailarín mejor preparado del mundo y eso es lo que se muestra en mis espectáculos, la versatilidad de los excelentes bailarines que tengo en mi elenco. Quiero que eso esté palpable porque es muy costoso mantener una compañía privada con ese rigor.
–Sobre el paso de lo público a lo privado,de la gran compañía oficial al proyecto propio: ¿cómo se sostiene la Compañía Antonio Najarro?
–Mi compañía recibe subvención de la Comunidad de Madrid y del Ministerio de Cultura, que nos sirve para costear viajes como este. Somos una compañía residente en Pozuelo de Alarcón, un municipio cercano de Madrid, en un teatro donde hacemos nuestros ensayos, tenemos nuestro vestuario y estrenamos los espectáculos. Somos catorce de los mejores bailarines que existen en el país. Hacemos todos los días nuestra hora y media de clase, y luego otras cinco o seis horas de ensayos. Es una compañía muy consolidada,quere presenta la marca España en todo el mundo.
–¿Qué es lo que más capitalizás de los ocho al frente del BNE?
–He aprendido mucho de dirigir el BNE, una mecánica completamente diferente, en la que dependemos de una estructura con convenios, estatutos, sindicatos; hay un funcionariado, es mucho más pesada. Ahora hago y deshago con la velocidad y la inmediatez que quiero y el contacto es mucho más directo porque los bailarines son menos. El BNE me ha aportado mucho para crear una estrategia de liderazgo, aprender el manejo de egos y descontentos en una estructura muy jerarquizada, donde todos quieren ser primeros bailarines y es imposible. Saber manejar eso, manteniendo la energía y la ilusión, te da mucha experiencia.
–La pandemia no fue un “parate” en tu caso: te vimos enseñar castañuelas, entrenar todos los días y hasta irrumpir con otros bailarines en el Museo del Prado.
–Abrir la puerta, aunarme a otras expresiones artísticas como la moda, la pintura, la fotografía, para dar la máxima visibilidad: ese ha sido mi principal objetivo. Siempre intento con mis equipos que además de bailar, de perfeccionar y mejorar como intérpretes nos convirtamos en comunicadores. Alcanzar al mayor público posible, no el de la danza sino el que no conoce la danza y la tiene que descubrir. En mi caso, también con el programa que hago en la televisión pública española, Un país en danza, los martes a las 20.
–Es un horario central: estarías siendo buen comunicador.
–Lo intento. No me gusta quejarme. Hay una gran parte del sector que vive de la queja, de lo mal que va; que somos la hermana pobre de todas las artes. Yo intento actuar.
–Hay una generación de artistas de la danza españoles que hoy tienen entre 40 y 50 años, como vos, con gran reconocimiento internacional. En tu caso, desarrollaste toda la carrera en tu país.
–Es que mi especialidad solo se da en España. No somos un género de ballet clásico, contemporáneo o danza neoclásica que puedes ir a cualquier ciudad del mundo donde hay bailarines y teatros donde lo exhiben. Los que nos dedicamos a la danza española tenemos nuestro trozo de tarta solo en nuestro país, no podemos compartirlo. Me atrevo a asegurarte que en ningún país podría encontrar ahora a un bailarín con una destreza tocando las castañuelas, una técnica de zapateado, de giros, de ballet para escuela bolera o folclore español ( jotas, muñeiras, fandangos) con calidad suficiente como para desarrollar mi espectáculo Querencia. Y aun en España me cuesta encontrarlos.
–Tus horizontes son muy abiertos: solés trabajar con coreografías para patinaje artístico y nado sincronizado, por ejemplo. ¿Qué otros proyectos te ocupan?
–Acabo de coreografiar una ópera, Aynadamar, escrita por un argentino, Osvaldo Golijov, con música sinfónica flamenca e inspirada en Federico García Lorca, y con dirección de Deborah Colker. Se presentó en Escocia y de Detroit, en dos semanas se verá en Gales y el año próximo en el MET de Nueva York. En septiembre voy a hacer un espectáculo para un diseñador de moda español, Oteyza, con quien ya hice un desfile hace varios años que se hizo viral y actualmente tiene 50 millones de visualizaciones. Se va a llamar Merina, por la lana merina, que en el siglo pasado fue el oro español. Y en diciembre la fundación Juan March de Madrid me encargó reponer dos ballets de la bailaora La Argentina (Antonia Mercé), El contrabandista y Sonatina. Es un encargo que me hace mucha ilusión.
Querencia, por la compañía de Antonio Najarro, en el Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125. Funciones: hoy y mañana, a las 20.30, y el sábado, a las 21.30. Entradas desde $4000.
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