Chascomús. Una seguidilla de suicidios conmueve a la comunidad
La madre de una víctima se impuso la misión de ayudar a todas las personas de esa ciudad que no encuentran con quién hablar de su sufrimiento
Delfina Celichini | Foto Gerardo Viercovich
La Plaza El Algarrobo, de la ciudad de Chascomús, estaría vacía de no ser por la presencia de dos mujeres y algunos perros. Pero de pronto, por las calles de tierra adyacentes, comienzan a aparecer una moto, bicicletas, algunos autos y personas a pie. La convocatoria difundida por redes sociales era para las 18; algunos minutos después, el grupo comienza a formarse.
Hay madres, parejas, esposos, hermanas y amigos. Algunos se acercan por primera vez, otros ya lo hicieron rutina. Muchos traen mate, galletitas y torta en envases herméticos, que hacen circular entre los presentes. Hay quienes hablan y saludan, y hay quienes no pueden emitir sonido, solo se sientan en banquitos que trajeron de sus hogares y permanecen con la mirada perdida.
“Hola, ma”, se escucha cada vez que un adolescente se suma a la plaza. Tienen unos 18 años y son amigos de Tadeo, el hijo de Milagros Larraula (42), que el 15 de septiembre de 2020, con 16 años, se quitó la vida. A partir de ese momento, y a pesar del dolor de una pérdida tan grande, Larraula fundó casi espontáneamente TADE ES, una organización con la que se propuso ayudar a quienes no encuentran con quién hablar de su sufrimiento. Su objetivo es evitar que opten por la decisión que tomó su hijo y, por ello, los adolescentes la adoptaron como una segunda madre.
Chascomús se ubica 126 kilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires. Se accede por la ruta 2, camino a Mar del Plata. En el Censo 2022, la ciudad registró 42.914 habitantes. Desde 2020, hubo 20 suicidios: 16 varones y 4 mujeres. En lo que va de 2023, 6 personas se quitaron la vida. A pesar de que no hay estadísticas oficiales, ya sea de la provincia de Buenos Aires o de la municipalidad, los datos surgen de TADE ES. Luego de perder a su hijo, Larraula comenzó a trabajar en la prevención y posvención de esta problemática y registró cada caso consumado.
Según el último informe anual del Ministerio de Salud de la Nación correspondiente a 2021, “Estadísticas vitales”, que contiene la información de todos los acontecimientos relacionados con el comienzo y fin de la vida de las personas, hubo 2865 suicidios en ese año. Esto supone una tasa nacional de suicidios de 6,2 cada 100.000 habitantes. En Chascomús esa tasa es superada desde que se tiene registro. En 2020, fue de 13,9; en 2021, de 11,6; en 2022, de 6,9, y en lo que va de 2023 ya la duplicó, con 13,9.
“El momento cero que arranqué con TADE ES fue después de que llevamos el cuerpo de Tadeo al cementerio y le dije: ‘Andá tranquilo, acá vamos a estar todos bien, andá a la luz, te amamos’. En esos primeros días después de su suicidio, me di cuenta de que afuera de mi casa había muchos adolescentes de la misma edad que mi hijo que no sabía si estaban tristes o angustiados. Quería sanar y que sus amigos no se sintieran culpables como me sentía yo”, recuerda Larraula a la nacion.
A partir de la charla con los adolescentes, de la intervención de los profesionales de salud del centro de día municipal, y de la iniciativa de Larraula y los jóvenes, surgieron los encuentros de los martes en plazas de Chascomús. Un psicólogo y un psiquiatra acompañan esas reuniones, a las que se acercan los amigos de Tadeo y cualquier otra persona que tenga una pregunta, que quiera contar lo que transitan o que simplemente quiera escuchar o sentirse acompañado.
“Lo pensamos como una forma de descontracturar el pedido de ayuda, para sacar a los profesionales del consultorio, para que el proceso de hablar sea más ameno y que a partir de este primer encuentro puedan llevarse una cita formal con los especialistas”, explica Larraula.
Además, trabaja en la posvención. Es decir, acompañar a quienes quedan luego de un suicidio, especialmente del círculo más íntimo de quien se quita la vida. “Busco a la mamá, el papá, la esposa, el esposo y me presento, les digo que sé lo que están pasando y que quiero acompañarlos. Trato de hacer lo que hicieron conmigo”, señala.
A partir de la necesidad de encontrar paz tras la muerte de Tadeo, Larraula mandó un mail a un grupo de ayuda para padres y madres de La Plata que perdieron a sus hijos en diferentes circunstancias. Unos días después, recibió un llamado y fue así como Edgardo, el padre de Gastón, la empezó a acompañar. “Todas las personas que se suicidan son hijos e hijas de alguien, y merecen respeto y amor. El suicida es llamado egoísta o cobarde, pero ninguna de estas personas buscó hacerle mal a nadie; no pudieron con su sufrimiento”, enfatiza Larraula.
Desde que comenzó a trabajar logró que el Concejo Deliberante local apruebe una reglamentación sobre cómo dar la noticia en los medios de comunicación, así como fijar el 1° de junio –el día del cumpleaños de Tadeo– como el de la prevención contra el suicidio, identificado con un listón amarillo.
Este año habrá talleres, charlas y jóvenes que hagan freestyle, la disciplina musical en la que se pone a prueba la habilidad de rapear de manera improvisada, que Tadeo desempeñaba. “Que la comunidad reaccione como lo hizo esta mamá es brillante”, destaca Silvia Ongini, psiquiatra infantojuvenil del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas José de San Martín.
“Es muy positivo que una persona que se sienta mal pueda acercarse a un psicólogo o un psiquiatra por fuera del consultorio y, así, despatologizar la atención”, suma la especialista sobre los encuentros de TADE ES en las plazas. Y enfatiza que acompañar luego de una situación de suicidio es clave: “Si bien hay cierto repliegue, es muy necesaria esa presencia del otro. El trabajo de esta mamá es reparador para ella y toda la comunidad”.
“Cada caso nos parece alarmante”, indica Marcela Arias, secretaria de Salud Pública de Chascomús, que explica que el municipio trabaja en los determinantes sociales que llevan a las situaciones de suicidio desde una perspectiva de salud mental comunitaria y con un abordaje ambulatorio.
Según precisó, la ciudad cuenta con un hospital municipal con una guardia que funciona las 24 horas con posibilidad de internación y seis centros de atención primaria de salud (CAPS) que, según la funcionaria, “son la esencia del trabajo comunitario”, y un centro de día que funciona de lunes a viernes desde 2019, con un equipo interdisciplinario cuya función es evitar internaciones por salud mental en hospitales monovalentes.
Carlos Tisera, psiquiatra infantojuvenil, coordinador del Centro de Día y uno de los profesionales que acompaña a Larraula y a los adolescentes en los encuentros, señala a la nacion las dificultades que supone el estigma o la mirada del otro en una comunidad pequeña como Chascomús.
“El dato de un nuevo suicidio pasa muy rápidamente a la ciudadanía, a la que se le genera una incógnita que deriva en una búsqueda de explicaciones y culpables, que son conjeturas que inundan las horas posteriores al hecho. Eso genera un bullicio imposible de parar que es muy perjudicial, en el que nadie se siente interpelado, y todos señalan a la madre, al padre, al hijo, al hermano, a la pareja, o a la expareja”, explica el psiquiatra infantojuvenil, quien detalla que el suicidio es una respuesta definitiva para un sufrimiento que es temporal.
“El último caso me impresionó mucho porque era empleado de la remisería que utilizaba mi familia y no parecía una persona triste o deprimida”, comenta Jael una moza de una cafetería tradicional del centro de Chascomús con piso damero y ventanales a la calle.
Nora Fontana, psicóloga especializada en tanatología y suicidología, y vicepresidenta del Centro de Asistencia al Suicida Buenos Aires (CAS) sostiene: “El suicidio es un flagelo en aumento en el mundo. Siempre hay que hablar del tema porque salva vidas. Hay que explicar que le puede pasar a cualquier persona que tiene una tristeza profunda. Hay muchos mitos alrededor del suicidio y es importante revisarlos. Una persona no se quiere matar, sino que quiere huir del dolor, y siempre hay soluciones para el dolor, si se habla”.
Mariano Berisvil es el representante legal del colegio Inmaculado Corazón de María, de Chascomús. Es una institución tradicional, a la que asisten unos 1300 alumnos de los niveles de inicial, primario y secundario. En 2021, tres suicidios sacudieron a su comunidad: dos exalumnos de 18 y 19 años de la misma promoción, y un padre de un niño de primaria.
Con la primera situación trágica, en marzo de 2021, el colegio se paralizó. “Se hizo una misa, se mandó una nota a las familias y se siguió con las clases. Volvimos el lunes y no se habló más del tema”, detalla Berisvil, que indicó que a pesar de que Tisera se acercó para trabajar en la posvención y sostener a los compañeros del exalumno con espacios de escucha y reflexión, hubo mucha resistencia de las autoridades y docentes de la escuela de sumarse a esos encuentros.
Ante los siguientes suicidios, el trabajo de Berisvil y Tisera se intensificó: “Diseñamos algunas estrategias para que la escuela corte por un día. Pensamos estrategias para cada nivel, y convocamos a exalumnos de esa promoción doblemente golpeada, junto a sus familias”. En ese encuentro, los jóvenes fueron categóricos al hablar del abismo que los separaba de los mayores. “Vemos adultos que no lloran, que no nos escuchan y que no nos pueden acompañar. No sabemos qué les pasa”, manifestaron los adolescentes, según recuerda el representante legal.
“Los que no abordan el tema lo terminan amplificando. Cuando un tema es tabú, es monstruificado y las personas que están pasando por una situación de mucha tristeza se sienten más solas. Si hay un chico que está deprimido, o tiene pensamientos intrusivos de autoagresión, esa persona se quedó sin escucha, más triste y con menos salida”, explica Ongini.
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