domingo, 9 de abril de 2023

YPF




Pablo González. “De haber tenido alguna condena, las consecuencias hubieran sido catastróficas”
El presidente de la petrolera destacó el arreglo judicial; adelantó que se analizará el alza de los precios de los combustibles
 Sofía DiamantePablo González, presidente de YPF
Pablo González asumió como presidente de YPF en enero de 2021. Desde entonces, la petrolera mejoró sus índices de productividad, aumentó su producción de petróleo y gas, subió los precios de los combustibles para recuperar rentabilidad y, en los últimos días, tuvo dos buenas noticias en el plano judicial con el desenlace del juicio por la expropiación de la petrolera y la demanda por daños ambientales de su empresa Maxus. Pese a estos avances, la acción de YPF cotiza a US$11, el mismo valor que en diciembre de 2019. En una entrevista con la nacion, el presidente de YPF dijo además que la semana próxima se reunirán con todos los actores del sector para acordar el sendero de aumento de precios de los combustibles.
–En una semana, YPF tuvo novedades favorables en dos demandas históricas. La eximieron de responsabilidades en el caso de la expropiación del 51% de las acciones y, además, logró un acuerdo para cerrar la demanda por daño ambiental de Maxus. ¿Cómo lo tomaron?
–Sí, alivia muchísimo la situación de YPF, queda en una muy buena posición. Hay que aclarar que el juicio por la expropiación todavía está en instancias de apelación y el de Maxus está pendiente de una homologación del juez de Delaware. Este caso tiene muchísimos años de historia; en 2005, empezaron las demandas de un monto indemnizatorio, que fue variando por la remediación ambiental del río Passaic. Hace rato que YPF está con estos dos procesos que eran sus espadas de Damocles, y hoy está es una situación mucho más aliviada.
–¿Le queda algún otro juicio pendiente?
–No de este tipo. En caso de haber tenido alguna condena, las consecuencias hubieran sido catastróficas para la compañía, que cotiza en Bolsa, que tiene proyecto de expansión, de exportación, que tiene pendiente todavía firmar la decisión definitiva de inversión del proyecto de gas natural licuado (GNL).
–Si el Estado argentino apela el fallo en contra que tiene por la expropiación, los fondos dijeron que ellos podían también apelar la demanda contra YPF. ¿Cree que ahí se verían perjudicados?
–No creo. Los argumentos para el fallo de YPF fueron bastante consistentes. No quiero opinar en el caso del Estado soberano.
–La acción de YPF tiene un valor de US$11 hoy. ¿Se puede esperar una mejorar con este escenario por delante?
–Estos dos juicios le metían mucha presión a la acción. Igual la acción en un año en dólares aumentó más de un 100% interanual. A nosotros nos permite estar más tranquilos para seguir con la expansión de producción de petróleo y gas, donde YPF tiene socios internacionales.
–Teniendo en cuenta que el barril de petróleo vale casi US$85 y con todos los proyectos que tiene por delante YPF, ¿no cree que la acción está muy baja en US$11?
–Cuando vemos que YPF cerró el año 2022 con una ganancia por arriba de los US$2000 millones, un Ebitda de casi US$5000 millones y un crecimiento orgánico de 7%, es raro que no haya aumentado más el valor de la acción. Seguramente el mercado estaba evaluando estos casos. También tiene que ver con el resto del mundo. Cuando cayó el Silicon Valley Bank, nuestra acción cayó US$3. Creo que esto hará que la acción crezca y, además, todos los proyectos en desarrollo que tenemos van a determinar que los inversores la vean como una acción que pueda significar ganas de invertir.
–¿Cuánto afecta a la cotización de YPF que opere en un país como la Argentina, donde hay cepo cambiario, inflación arriba del 100% y con una economía a la que le cuesta crecer?
–Tal vez hace un año y medio, pero en el último tiempo la acción creció alrededor de 120% en dólares. En el último año hubo una recuperación muy grande de la acción.
–¿No cree que esa recuperación fue por la disparada del precio del petróleo tras la invasión de Rusia a Ucrania?
–No, porque nosotros no exportamos. Recién vamos a hacerlo este año, así que no sé si tiene incidencia directa con el Brent. Para mí los inversores querían ver si esa recuperación que tuvimos iba a ser sostenible en el tiempo y la mantuvimos con buenos números el año pasado.
–¿Qué va a pasar con los aumentos de precios de las naftas y el gasoil, luego de que finalizara el acuerdo de cuatro meses establecido con la Secretaría de Comercio?
–Es un tema que vamos a hablar la semana que viene entre los actores del sector. Nosotros necesitamos seguir invirtiendo, no podemos estar muy atrasados del resto de los precios de la economía.
–¿La idea es que los precios de los combustibles suban todos los meses acorde a la inflación?
–Tenemos que ver porque las empresas que importan miran distintas variables para cubrir sus costos. Por eso hay tanta discusión.
–En general, buscan que los precios sigan el ritmo de devaluación, que está al 5%. Pero en los últimos meses los precios de los combustibles subieron por debajo, al 4%. Ahí quedaron atrasados.
–Sí, quedamos atrasados, pero pudimos sostener el abastecimiento y ahora estamos discutiendo otra vez cómo seguimos. El Estado además ofrece otras herramientas que reducían esa diferencia entre la devaluación y el precio del surtidor.
–¿Qué pasó con la actualización de los impuestos a los combustibles (ICL y IDC), que está suspendida desde hace más de un año? Iban a cambiarle la fórmula de actualización, pero nunca se avanzó con eso.
–Tiene que salir por ley la modificación, no puede hacerse por decreto. Hasta que se resuelva a través de una ley, creo que se va a seguir prorrogando. Si no, el impuesto afectará el precio del surtidor y lo va a hacer crecer en un porcentaje que no va a ser conveniente.
–El año pasado hubo faltantes de gasoil, ¿puede volver a ocurrir este año?
–No lo creo, YPF no, por lo menos, hay que ver el resto del mercado. Nuestra cuota de mercado el año pasado creció a un 58% de la demanda de gasoil. Y del aumento del 15% de la demanda anual, nosotros cubrimos el 70%.
–Se habló mucho de usted como candidato presidencial o en una hipotética fórmula presidencial con Sergio Massa? ¿Cómo se ve en ese rol?
–No es cierto eso, nadie habló conmigo, nadie ni siquiera me lo sugirió. La política la hago en mi provincia. No hay nada de eso ni lo va a haber. Soy una persona que trabajó políticamente en mi provincia, lamentablemente poco últimamente. Yo no soy el tapado.
–¿Hay intenciones de ser candidato a gobernador en Santa Cruz?
–No, no sé tampoco. Tengo una responsabilidad muy grande. Mi aporte a todo lo que está pasando es hacer mejor el trabajo en YPF. Falta tiempo para resolver calendarios electoral en las provincias.
–¿Habrá novedades este año sobre el proyecto con Petronas para poder exportar GNL?
–Ojalá. El lunes tengo una reunión con Sergio Tomás [Massa] y uno de los temas a tratar es ese, porque falta que salga el proyecto de promoción de inversiones en GNL. Se tiene que mandar el proyecto al Congreso. Tendría que salir.


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Alivio para YPF: cerró un acuerdo en un juicio en EE.UU. por daño ambiental
Arrastraba la demanda desde los años 90 tras la compra de Maxus; podía llegar a costar más de US$14.000 millones, pero finalmente pagará US$287,5 millones
La petrolera YPF, con mayoría accionaria del Estado, se sacó de encima un juicio millonario mediante un acuerdo conciliatorio en tribunales internacionales.
Se trata de la demanda por daño ambiental que YPF arrastra desde hace décadas, cuando bajo la presidencia de José “Pepe” Estenssoro se decidió comprar la empresa estadounidense Maxus.
El conflicto era conocido como la “espada de Damocles” de la petrolera: podía llegar a costarle más de US$14.000 millones. Finalmente, logró cerrar el conflicto por una suma de US$287,5 millones.
YPF negoció un acuerdo que fue informado anteayer a la Comisión Nacional de Valores (CNV). “Las demandadas YPF, el Fideicomiso de Liquidación Maxus y las demandadas Repsol firmaron un acuerdo conciliatorio y de liberación (el Acuerdo Conciliatorio del Fideicomiso) en el que se establece la liberación y absolución total de todos los reclamos a cambio del pago de un importe conciliatorio, sujeto a la satisfacción o dispensa de ciertas condiciones, incluyendo aprobaciones judiciales y otros eventos procesales, como se describe más adelante”.
La demanda había sido entablada en el Tribunal de Quiebras de Delaware: el valor que se reclamaba era superior al de la empresa.
“De conformidad con el Acuerdo Conciliatorio del Fideicomiso, el Fideicomiso de Liquidación Maxus ha acordado desestimar (dismiss with prejudice) todas las acciones iniciadas contra las Demandadas YPF y Repsol y otorgar una liberación y absolución total de los reclamos, a cambio del pago del importe de US$575 millones, de los cuales las demandadas YPF han acordado pagar US$287,5 millones (menos ciertas deducciones), más los intereses que se devenguen desde el 1° de mayo de 2023 hasta la fecha de pago. La acción civil pendiente ante el tribunal estatal de Nueva Jersey contra la demandada YPF también será desestimada”, dice el hecho relevante enviado a los inversores.
La historia del juicio
En 1993, Estenssoro quiso hacer de YPF una empresa internacional, en un contexto de fuerte apertura de la Argentina al mundo, y adquirió una compañía que tenía activos en América Latina y en Asia, pero con un pasado oscuro.
Los analistas que siguen de cerca a la petrolera se preguntan por qué el ingeniero civil accedió a esa operación. En 1995, YPF todavía no había sido privatizada, pero ya hacía dos años que cotizaba en Wall Street.
En las décadas de los 50 y 60, Maxus tenía una planta industrial sobre el río Passaic, en Nueva Jersey, donde producía el químico “agente naranja”, altamente contaminante, que utilizó como arma la fuerza aérea estadounidense en Vietnam.
Antes de que YPF la adquiriera esta empresa había vendido su planta industrial a la estadounidense Occidental Petroleum (OXY), en 1986, pero le había otorgado una suerte de garantía de “inmunidad ilimitada”, sin límite de tiempo ni de monto. Esto significaba que, en caso de que en algún momento le exigieran una reparación económica por la contaminación sobre el río Passaic, Maxus se haría cargo.
Si bien la conciencia por el daño ambiental no es la misma hoy que hace 30 años, ya en esa época se advertía sobre la carga que esa garantía podía significar en el futuro.
El río Passaic está próximo a la ciudad de Nueva York y pasa cerca del aeropuerto internacional Newark, en Nueva Jersey. “Es como nuestro Riachuelo”, grafican quienes conocen la zona.
Sin embargo, pese a esta situación, YPF compró Maxus por US$762 millones.
Maxus tenía su propio directorio y gerencia, pero el control accionario dependía de YPF y de Repsol, cuando la española compró a su vez la participación mayoritaria de la firma argentina (1999-2012).
Durante este tiempo, Maxus fue vendiendo sus activos y cada vez más dependía de los fondos que le diera YPF para cubrir sus obligaciones, entre ellas, el dinero que destinaba a instituciones de medio ambiente para remediar el daño ambiental causado en el pasado.
A YPF le demandaba alrededor de US$60 millones por año.
En 2015, bajo la presidencia de Miguel Galuccio, YPF analizó la decisión de ponerle fin a Maxus y presentarla en quiebra. La empresa prácticamente no tenía actividad y en Estados Unidos se le pedía que aportara cada vez más fondos por la contaminación ocasionada en el río Passaic.
Al año siguiente, ya bajo la gestión de Miguel Gutiérrez, YPF presentó a Maxus en concurso preventivo de quiebra (chapter 11) y propuso crear un fideicomiso de US$200 millones para cualquier contingencia que pudiera ocurrir con los acreedores.
OXY y el resto de los proveedores no aceptaron la propuesta y la Justicia frenó la quiebra. OXY indicó que resultaba perjudicada, ya que tenía a su favor el compromiso de “inmunidad ilimitada” que había ofrecido Maxus antes de que YPF la comprara, y que la Justicia había determinado que era válido.
“OXY demandó a YPF y a Repsol diciendo que habían vaciado a Maxus y ahora dejaban a la empresa sin activos”, explicaron en el sector.
Ambas negaron esta demanda y dijeron que la compra de activos fue realizada a precios de mercado. Más de cinco años después esa disputa se saldó con un acuerdo.

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