Los Bilbao, un retrato de vidas difíciles con inusual franqueza
Tras el reconocimiento de su ópera prima, Rancho, Pedro Speroni estrena hoy su nuevo documental, en el auditorio del Malba
Marcelo Stiletano
La vida familiar de un exconvicto, en primer plano
Pedro Speroni siempre cuenta que se reconoció por primera vez como director de cine el día en que quedó en medio de una pelea muy grande entre presos en un penal de máxima seguridad de la provincia de Buenos Aires. Speroni llevaba un buen tiempo allí, registrando con su cámara la vida cotidiana de un grupo de convictos. Se había ganado la confianza plena de algunos de ellos y logró que aceptaran mostrar muchas de sus vivencias con una franqueza y una cercanía pocas veces vistas en el cine documental argentino.
Cuandoelenfrentamientoparecía complicarse cada vez más, un hombre fornido y de gesto rudo, uno de los que se estaba peleando, apartó a Pedro y lo llevó a un lugar seguro, lejos de cualquier riesgo. Ese hombre con espíritu de boxeador llamado Iván Bilbao fue una de las figuras centrales de Rancho, la ópera prima de Speroni, y ahora es el protagonista excluyente de su secuela, que está a punto de iniciar su recorrido por distintas salas del circuito de cine de autor en la ciudad de Buenos Aires.
Los Bilbao se estrena hoy a las 20 en el auditorio del Malba y estará disponible en esa sala todos los viernes a la misma hora. El jueves 15 llegará a la Sala Lugones y el 22, al cine Gaumont. Como ocurrió con Rancho, ganadora como mejor ópera prima en la competencia oficial argentina del Bafici 2021, Los Bilbao obtuvo un reconocimiento en la edición 2023 de la misma muestra. Allí obtuvo el Gran Premio del Jurado, también dentro de la competencia oficial argentina.
También pasó antes de llegar al circuito porteño por Visions du Réel (una de las muestras de cine documental más importantes de Europa) y distintos festivales: Guadalajara, La Habana, DocsMéxico, DocsBarcelona, 3 Continents (Francia), Edoc Eduador y Festival Latino de Los Ángeles.
“Cuando hice Rancho no tenía en la cabeza ninguna idea alrededor de una posible secuela. Tampoco sabía en ese momento que Iván quedaba en libertad casi en el mismo momento en que me estaba despidiendo de los pibes con los que había compartido tanto tiempo dentro del penal”, le cuenta Speroni
Entre todos ellos, el realizador entabló el vínculo quizás más fuerte de todos con Iván Bilbao, un preso de 33 años en el que había descubierto gestos de una gran humanidad. “Varios meses después fui a visitar a Iván a Chascomús, su pueblo, al que había decidido regresar después de recuperar su libertad. Sabía que el final de Rancho iba a tener la imagen del momento en que Iván dejaba la cárcel, pero no imaginé una secuela hasta que pude registrar esa toma”, agrega.
La extraordinaria confianza que Speroni logró establecer con los presos se prolongó en ese nuevo encuentro con Iván, ya de regreso en su hogar después de cinco años cumpliendo su condena. Allí se reencontró con su esposa y su hija con la idea de rehacer su vida. Mientras tanto, para enriquecer todavía más en cuadro, la pareja espera la llegada de un segundo hijo. La conexión entre el director, el exconvicto y su familia se fue haciendo cada vez más fuerte con el tiempo. La crónica de la vida de los Bilbao que registra la película pertenece a 2019. Hasta hoy, Speroni sigue visitándolos en su hogar de Chascomús.
Pedro Speroni siempre cuenta que se reconoció por primera vez como director de cine el día en que quedó en medio de una pelea muy grande entre presos en un penal de máxima seguridad de la provincia de Buenos Aires. Speroni llevaba un buen tiempo allí, registrando con su cámara la vida cotidiana de un grupo de convictos. Se había ganado la confianza plena de algunos de ellos y logró que aceptaran mostrar muchas de sus vivencias con una franqueza y una cercanía pocas veces vistas en el cine documental argentino.
Cuandoelenfrentamientoparecía complicarse cada vez más, un hombre fornido y de gesto rudo, uno de los que se estaba peleando, apartó a Pedro y lo llevó a un lugar seguro, lejos de cualquier riesgo. Ese hombre con espíritu de boxeador llamado Iván Bilbao fue una de las figuras centrales de Rancho, la ópera prima de Speroni, y ahora es el protagonista excluyente de su secuela, que está a punto de iniciar su recorrido por distintas salas del circuito de cine de autor en la ciudad de Buenos Aires.
Los Bilbao se estrena hoy a las 20 en el auditorio del Malba y estará disponible en esa sala todos los viernes a la misma hora. El jueves 15 llegará a la Sala Lugones y el 22, al cine Gaumont. Como ocurrió con Rancho, ganadora como mejor ópera prima en la competencia oficial argentina del Bafici 2021, Los Bilbao obtuvo un reconocimiento en la edición 2023 de la misma muestra. Allí obtuvo el Gran Premio del Jurado, también dentro de la competencia oficial argentina.
También pasó antes de llegar al circuito porteño por Visions du Réel (una de las muestras de cine documental más importantes de Europa) y distintos festivales: Guadalajara, La Habana, DocsMéxico, DocsBarcelona, 3 Continents (Francia), Edoc Eduador y Festival Latino de Los Ángeles.
“Cuando hice Rancho no tenía en la cabeza ninguna idea alrededor de una posible secuela. Tampoco sabía en ese momento que Iván quedaba en libertad casi en el mismo momento en que me estaba despidiendo de los pibes con los que había compartido tanto tiempo dentro del penal”, le cuenta Speroni
Entre todos ellos, el realizador entabló el vínculo quizás más fuerte de todos con Iván Bilbao, un preso de 33 años en el que había descubierto gestos de una gran humanidad. “Varios meses después fui a visitar a Iván a Chascomús, su pueblo, al que había decidido regresar después de recuperar su libertad. Sabía que el final de Rancho iba a tener la imagen del momento en que Iván dejaba la cárcel, pero no imaginé una secuela hasta que pude registrar esa toma”, agrega.
La extraordinaria confianza que Speroni logró establecer con los presos se prolongó en ese nuevo encuentro con Iván, ya de regreso en su hogar después de cinco años cumpliendo su condena. Allí se reencontró con su esposa y su hija con la idea de rehacer su vida. Mientras tanto, para enriquecer todavía más en cuadro, la pareja espera la llegada de un segundo hijo. La conexión entre el director, el exconvicto y su familia se fue haciendo cada vez más fuerte con el tiempo. La crónica de la vida de los Bilbao que registra la película pertenece a 2019. Hasta hoy, Speroni sigue visitándolos en su hogar de Chascomús.
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