lunes, 5 de febrero de 2024

HISTORIA DEL ARTE




Descubrió su amor por el arte a los seis años, y ahora es dibujante, paisajista y escultora
La artista encontró en la escultura la forma definitiva para darle a sus obras
Carmela Blanco tomó sus primeras clases con la artista japonesa Kazu Takeda; ahora, dedicada a la escultura y en pareja con Enzo Francescoli, también realiza piezas relacionadas con el fútbol
María Eugenia Mastropablo
No se aceptan niños. Ese fue el primer obstáculo con el que se encontró Carmela Blanco cuando inició su carrera como artista. Tenía seis años y su mamá, sin aceptar la negativa, logró convencer a la reconocida artista japonesa Kazu Takeda para que admitiera a su hija en las clases y pudiera estudiar dibujo con ella. Ese camino que comenzó en la infancia llevaría a Blanco a indagar después en el mundo de la escultura, campo en el que hoy se especializa, y a exponer en ferias y galerías de arte de distintas ciudades del mundo
Tampoco imaginaba que, años más tarde, su relación de pareja con Enzo Francescoli la llevaría a confeccionar piezas creativas vinculadas al mundo del fútbol y, más especialmente, a River Plate.
La obra "En un mismo sentido"
“Yo me vinculé con el arte desde muy chica. Estaba interesada en lo que es dibujar, pintar, esculpir o hacer algo con las manos. Cuando estaba en primer grado empecé las clases con Kazu Takeda, que me dejó entrar en su taller porque se dio cuenta de que me gustaba mucho lo que hacía”, recuerda. Por casualidad, uno de sus dibujos llegó a manos del entonces director del Teatro General San Martín, que pidió quedárselo. “Le había gustado el diseño y así fue como terminé yendo a un programa para niños en esa misma institución”.
Los años pasaron y, ya adulta, Blanco estudió paisajismo y montó su propia empresa de alquiler y mantenimiento de plantas, pero sin dejar de lado el arte. Tomó clases de pintura con la artista Poli Costa, con quien también formó durante siete años el Grupo Costa-Blanco. Ella fue quien descubrió su gran talento para la escultura y la incentivó a seguir por ese camino.
“Toda la vida me interesó esa ‘tercera dimensión’ que brinda la escultura. Me acuerdo que cuando pintaba y dibujaba siempre terminaba poniéndole algo extra a la obra. Solía pintar sobre madera de fibrofácil y después le tallaba o le sumaba algo. Siempre buscaba tener un plano más. Así fue que Poli Costa un día me dijo: ‘Vos tenés que estudiar escultura’. Y me mandó a tomar clases con Ricardo de la Serna”.
Inocencia infinita, de Carmela Blanco
Considera que el escultor le allanó el camino y le hizo descubrir lo que verdaderamente la apasionaba. Así puso manos a la obra y, en cuanto pudo, montó un taller en su casa, en Vicente López. Adquirió las herramientas necesarias para trabajar con hierro y madera, materiales que utiliza con mayor frecuencia, y suele salir en búsqueda de piezas en desuso, como tornillos o rulemanes viejos.
La artista cuenta que su taller es “su lugar en el mundo” y que disfruta trabajar allí porque dispone del espacio necesario para guardar “todas las cosas” que encuentra, hacer ruido sin recibir quejas y realizar experimentos en su horno para cerámica, en el que suele colocar también cables de cobre y piezas metálicas.
“Cuando estudié en el taller de Ricardo de la Serna, entre otras cosas, aprendí a usar herramientas que normalmente utilizan solo los hombres. De todas maneras, hoy somos varias las mujeres que nos animamos a usar en el arte una amoladora o nos podemos el casco para soldar. Esas técnicas te dan una gran amplitud para desarrollar ideas increíbles”, celebra la artista.
Carmela Blanco y Enzo Francescoli
Con respecto a los temas que la inspiran, revela que las ideas surgen a partir de los materiales y no antes. “Me encanta reutilizar piezas. Tal vez veo un tornillo grande y ya me imagino la cabeza de un hombre. Desde ahí, empiezo a jugar con las otras piezas. Un rulemán viejo puede ser, por ejemplo, un ojo de pez o una flor”, señala. Suele organizar sus obras en series y, dentro de su catálogo, figuran Flores de acero, Zoo y Fondo del mar.
El hilo conductor son los materiales, que incluyen las piezas de cerámica, protagonistas de sus últimas producciones. “Prefiero trabajar con hierro, madera y arcilla, que están vinculados a la tierra, al mundo mineral. La cerámica, en definitiva, es barro con un compuesto extra que permite que pueda ser cocido en el horno”.
Obra de Carmela Blanco

En su carrera participó en importantes ferias nacionales e internacionales, como ARCO (Madrid), Pinta (Miami) y BADA (Argentina). En 2014 recibió una mención especial del Salón Nacional de Artes Visuales Palais de Glace por su obra Acordes. El año pasado fue finalista en la categoría escultura del Mediterranean Art Prize de Potenza, Italia, por su obra Hippez. En enero último estuvo presente en la muestra Reflejos del mundo, en Punta del Este, donde expuso sus obras junto con el artista chileno Juan Molinas.
“Lo que más me gusta son las muestras donde puedo tener un contacto más personal con el público, y que ellos a su vez puedan estar cerca de las obras. Me gusta que se paren frente a ellas y se pregunten qué sienten al verlas. Busco que haya una armonía y que las cosas sean agradables. Me gusta que el arte genere placer y trato de transmitir eso, que la persona que se lleva una de mis obras se sienta acompañada”, concluye Blanco y promete que este año habrá nuevas exposiciones suyas en nuestro país.

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