lunes, 5 de febrero de 2024

JUAN CARLOS HALLAK Y TRATO DESIGUAL


“El esquema de retenciones propuesto era malo y reflejó improvisación”
POR Esteban Lafuente | foto Alejandro Guyot
Es licenciado en Economía por la UBA y PHD en Economía por la Universidad de Harvard; ejerció cargos en el Ministerio de Economía, con enfoque en temas de inserción internacional y comercio exterior; es docente universitario y se desempeña como investigador del Conicet en el IIEP-UBA

“Si no tenés eso, no vas a ningún lado”, dice el economista Juan Carlos Hallak, al elogiar la vocación del Gobierno por llegar al equilibrio fiscal. Según su diagnóstico, el déficit es el “principal problema” de la economía y el equilibrio es un requisito indispensable para bajar la inflación. “Hay que empezar por ahí. Esta administración está decidida a atacar ese problema y en eso le doy la derecha”, agrega el analista, investigador del IIEP-UBA, quien, de todas maneras, advierte que “no hay todavía” un plan de estabilización.
Experto en comercio exterior y política productiva, critica la omisión del régimen de promoción de Tierra del Fuego entre las desregulaciones impulsadas por Javier Milei y critica el enfoque del Gobierno hacia la no intervención del Estado en la promoción de la producción. “Los países a los que nos queremos parecer, lo hacen”, insiste.
–¿Qué hace falta para un plan de estabilización, que hoy no está?
–Ver cómo coordinar la baja de los aumentos nominales. Hoy hay un problema de precios relativos y se está avanzando hacia eso. Una vez que estén acomodados, la inflación puede seguir siendo del 300%. Entonces, el problema es cómo bajar la indexación nominal de la economía. Y ese segundo problema no está resuelto y, de hecho, empeoró por la decisión de devaluar mucho, que tiene a favor que ayudó a licuar una parte de la deuda, pero tiene en contra que le echaste más nafta a la inflación y va a ser más difícil bajarla. Mientras, se mejoraron cosas de stocks. Se están mejorando las reservas, se está bajando la deuda, se han mejorado algunos precios relativos y falta avanzar en la estabilización.
–El Gobierno plantea que con resolver el déficit fiscal resuelve la inflación. ¿Cuál es su opinión?
–No, (el equilibrio fiscal) no alcanza. Podés no tener déficit fiscal y aun así tener inflación. Pero si hay que explicar la gran inflación en la Argentina hoy es por el déficit fiscal. Es la gran causa. Una vez que resolviste el tema fiscal y no tenés que emitir para financiar al fisco, está el 80% resuelto. Lo otro es mucho más fácil de resolver.
–¿Por qué cree que otros gobiernos no hicieron foco en lo fiscal?
–Es una gran pregunta. No tengo una buena explicación. Es un error garrafal del progresismo no tomar la bandera del equilibrio fiscal. Y le ha costado la posibilidad de estar administrando el país. En general creo que las izquierdas tienden a querer más gasto y más impuesto, y las derechas, a querer menos impuestos y menos gasto. Dicho esto, que haya o no déficit fiscal no tendría que ser una bandera de izquierda o de derecha, pero esto acá es exacerbado. Es un gran error del progresismo el no hacerse cargo de la necesidad de tener cuentas equilibradas. Y no estamos hablando de si un año tenés déficit, si cinco años tenés un poco de déficit, sino de tener permanentemente un déficit grande, y más en situaciones en donde hay problemas de financiamiento. Y si no tenés capacidad de endeudarte, terminás emitiendo.
–Fue crítico del esquema de suba de retenciones que planteó el Gobierno. ¿Por qué?
–Con las retenciones pasa algo muy parecido a lo que pasa con la protección. Parece que la justicia, la homogeneidad y la uniformidad es cobrar el mismo arancel o la misma retención. Y no es así, porque se gravan distintas actividades que son pedazos de valor agregado de un producto. Cuando hay un producto que vale $100 y $70 es valor importado, y se le pone retención a la exportación del bien final, esa retención se aplica sobre el 30% del valor agregado. Entonces, el mismo porcentaje sobre el valor final implica distintos porcentajes sobre el valor agregado. Esto perjudica particularmente a quienes tienen el precio de sus insumos no afectado por la retención, que es principalmente la industria. Por ejemplo, si le aplicás retenciones a la exportación de la producción láctea, perjudicás el bien final, pero al subirle la retención también al insumo, baja el precio del insumo, y con eso compensás un poco. En la industria, hay que mirar bien en cada actividad, pero en términos generales, como hay mucho insumo importado que no se ve afectado hacia abajo por la retención, y es más, le sumaron un adicional con el impuesto PAIS, le pega muy fuerte, porque le cobra un impuesto al producto final que se exporta, y en vez de bajar el precio del insumo, quizás subió. Eso es lo básico para hacer un esquema de retenciones. El esquema propuesto me reflejó improvisación y mala decisión. Era bastante malo, creo yo. Por suerte se sacó, porque lo que menos queremos es desincentivar las exportaciones, menos las de mayor valor agregado, las más diferenciadas, las que cuesta más para llegar a los mercados externos.
–El Gobierno avanzó con desregulaciones y cambios sectoriales, pero no modificó regímenes especiales como el de Tierra del Fuego. ¿Cuál es su visión?
–Para mí es inaceptable que no se ataque el problema. Podría aceptarse que digan “Es algo muy complejo, estamos queriendo” y que se empiece a discutir el tema, pero a mí me entran muchas dudas de por qué no se ha tratado este tema, y más cuando se han atacado muchos regímenes, muchas regulaciones. Se plantean muchas, entre comillas, desregulaciones, algunas donde no es tan obvio o no está bien fundamentada la decisión. Y en este caso, en el que hay un consenso grande y evidencia bastante clara de que los costos son muchísimo mayores a los beneficios, ¿por qué no se avanza? Eso para mí es inaceptable.
–¿Cuáles son esos costos y beneficios?
–Hay un punto básico que creo que tenemos que entender. Hay un argumento que dice que el costo fiscal es hipotético, porque de cobrarse esos impuestos desaparecería la industria y, por tanto, no se cobrarían. Pero es un argumento totalmente falaz. Porque si fuera verdad que al poner esos impuestos y al obligar a la industria en Tierra del Fuego a pagarlos, esa industria desaparecería, esos productos vendrían importados, y son esos productos los que pagarían el impuesto. Porque el consumo seguiría, celulares seguiríamos consumiendo, y los celulares importados, pagarían IVA y arancel. Esos son los dos principales impuestos. No nos confundamos con detalles. El kit desarmado que viene a Tierra del Fuego no paga IVA ni aranceles, se arma, y se trae al continente. Si eso mismo entra armado por la Aduana de Buenos Aires y entra al continente, paga aduana y arancel. Ahí está gran parte del costo fiscal. Y si quedara la actividad en Tierra del Fuego, se lo cobrás a Tierra del Fuego. El punto es que el consumo va a pagar, tanto si entra por la isla como kit, o como producto final por continente. Y es mucha plata, son más de US$1000 millones.
–¿Cómo se puede transformar la actividad de la provincia?
–La provincia tiene muchas actividades que puede desarrollar. Las más obvias son el turismo, totalmente subdesarrollado, la economía del conocimiento, y podría nombrar un montón. Y esas actividades podrían absorber tanta cantidad de empleo como la que se perdería por achicar o reformar el régimen, que encima está mal diseñado, porque no premia el valor agregado, sino el valor bruto, entonces en una parte premia el valor agregado extranjero. Es una locura. Se podría poner el dinero ahorrado en ayudar a desarrollar actividades. Todo eso es poner plata, pero te va a sobrar. Y se necesita que la energía del sector público y del sector privado de Tierra del Fuego esté puesta en esas cosas, no en defender el régimen. Si, toda esa plata, recursos y energía que hoy se pone en defender el régimen, se pusiera en cómo desarrollar estas nuevas actividades, pasaría a ser otra cosa, una provincia próspera y autosustentable. Esto requiere decisión política, la que hoy no se ve, ni siquiera por parte del Gobierno. Y eso, de nuevo, me llena de dudas.
–¿Por dónde tiene capacidad el país de crecer en exportaciones?
–Hay sectores de recursos naturales que tienen un potencial inexplorado, donde se puede exportar mucho más. Petróleo, gas, Vaca Muerta, la minería. Son sectores obvios donde hay un montón para exportar más. Se necesita estabilidad macroeconómica, reglas claras, un gobierno creíble que negocie con los proyectos de inversión, como los de minería. Y que sepa respetar el cuidado ambiental y lo que piden las comunidades, además de porque es lo que corresponde, para que no se traben los proyectos. El error de gran parte de la dirigencia política, de izquierda y de derecha, es pensar que el futuro exportador está en eso, sumado al agro.
–¿Por qué?
–Porque creo que hay un futuro de la Argentina, y deberíamos apostar a ese futuro de exportación de productos con mayor diferenciación, no solo el recurso natural. Muchas veces esa diferenciación está atada al desarrollo de los recursos naturales: es agregar valor al recurso natural y a sectores que quizás no están atados a los recursos naturales. ¿Y cuáles son? Hay un montón, desde maquinaria agrícola, equipamiento para gas y petróleo, por ejemplo. En el agro, hoy exportás el commodity y tenés para exportar más. En lácteos se exporta leche en polvo y lácteo suero, y no mucho queso o dulce de leche. Lo mismo en carne o frutas, donde Chile y Perú son grandes exportadores. Y eso, en todos los sectores de la industria. En todos hay potencial, a través de la calidad, la diferenciación, el diseño. Eso son políticas de productividad, de competitividad, transversales. Y eso requiere acción del Estado.
–¿En qué aspectos?
–Son todos frentes donde las empresas necesitan el apoyo del Estado en términos de provisión de bienes públicos. Si querés salir a vender afuera, necesitás el apoyo de las embajadas, el de la Agencia de Promoción de Exportaciones haciendo inteligencia comercial. Es lo que hacen todos los países. Necesitás tener una marca país que te ampare; en temas de calidad necesitás acreditaciones, certificaciones, laboratorios. Un Estado que ayude a proveer estos bienes o ayudar a que el sector privado coordine y los provea. Eso falta.
–Milei dijo en campaña que su planteo es que el Estado no va a intervenir con gestiones entre privados ni va a hacer acuerdos con países como China. ¿Sirve?
–Lamentablemente, tiene una concepción que creo errónea de qué hace falta para exportar. Milei puso el caso de China y lo repitió varias veces. Pero el privado solo no puede exportar. Vos tenés que tener un protocolo en los productos agroindustriales que te especifiquen las regulaciones sanitarias o fitosanitarias en el producto y que habiliten. Hay todo un protocolo que dice, cuando querés exportar carne a China, cómo tiene que ser la habilitación del frigorífico, y un montón de cosas más, cómo cortar el animal, cómo es la cadena de frío. Y todo eso se negocia a nivel gobierno. Ese es un error muy burdo. Y aun sin eso, si se exporta cualquier producto industrial que quizás requieren menos protocolos, igual necesitás una política de calidad y de promoción que ayude a las firmas a vender afuera. Y todo eso es el Estado apoyando la actividad exportadora organizadamente, con un plan y con estrategia. Lamentablemente no está en la cabeza de Milei.


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Trato desigual Cómo impacta en los autónomos la carga fiscal sobre los ingresos y qué podría modificarse
En los últimos años se amplió la brecha entre lo que deben tributar los empleados y los independientes; hay reclamos por la equiparación de las condiciones
Los independientes pagan Ganancias desde ingresos más bajos
En los últimos años se profundizó la brecha entre el ingreso más bajo a partir del cual pagan Ganancias autónomos y asalariados, y también la distancia entre el impuesto determinado en uno y otro caso.
Según las reglas vigentes, para los autónomos sin cargas de familia el monto deducible (libre del tributo) resulta este año, como regla general, de $4.902.158,6; un promedio mensual de $408.513, que llega a $435.097 si se considera el valor del aporte previsional actual correspondiente a la categoría II. Si se trata de un autónomo catalogado como “nuevo profesional o emprendedor”, lo deducible por todo el año es de $5.446.842,9, un promedio mensual de $453.904, o de $480.488 con el aporte jubilatorio. Para quien declara cónyuge y dos hijos menores a su cargo, lo deducible en el año es de $6.942.060 –$578.505 mensuales, o $605.089 con el aporte– en la categoría general, y de $7.486.744 en la de nuevos profesionales ($623.895 por mes, en promedio, o $650.479 con la contribución jubilatoria). Mientras tanto, para los dependientes hay un piso salarial para empezar a tributar de $2,34 millones.
“Los autónomos son trabajadores y están en peores condiciones que los empleados, porque no tienen ingresos mínimos asegurados, ni una fecha de cobro fija, ni vacaciones pagas, ni aguinaldo, ni obra social –dice Martín Caranta, socio del estudio contable Lisicki, Litvin y Asociados–. Autónomos y empleados deberían ser tratados de la misma forma por Ganancias”. Según afirma, la situación frente al tributo debería definirse sobre la base de la capacidad contributiva, para respetar el principio constitucional de igualdad, y no en función de la modalidad de trabajo.
El economista del Banco Mundial y docente de la UBA, Julián Folgar, sostiene que los principios rectores de equidad horizontal y vertical deberían ser respetados en el diseño del impuesto, más allá del tipo de ingreso o renta que se obtenga, es decir, sin importar si el dinero proviene de un empleo asalariado o de un trabajo independiente.
“En este sentido –agrega– es crucial la coordinación del diseño del impuesto a los ingresos con el del esquema del monotributo y con el de autónomos, ya que hoy existen grandes divergencias”.
El diferente trato a los autónomos respecto de los empleados es tema de reclamos recurrentes. A principios de diciembre último, la Federación Argentina de Consejos Profesionales de Ciencias Económicas, que reúne a las 24 entidades de profesionales de todo el país, expresó su rechazo a la exclusión de los independientes de las medidas que tendieron a aliviar Ganancias en un contexto de alta inflación.
“Es evidente que se han violado los principios de igualdad y equidad para los trabajadores autónomos”, señala el documento firmado por el presidente de la Federación, José Ignacio Simonella, tras recordar que en 2023 los independientes solteros quedaron alcanzados por Ganancias a partir de un ingreso mensual promedio de $170.000, mientras que para los asalariados hubo, en los últimos meses, un piso salarial para empezar a tributar de $1,98 millones.
Según el proyecto de ley presentado en el Congreso por el gobiernoa actual, lo deducible este año para los autónomos en general sería de $885.311 mensuales si no se declara familia a cargo, cifra que llega a $911.895 si se suma el aporte previsional. Y la deducción total sería de $1.253.709 por mes, en promedio, para quien declara cónyuge y dos hijos ($1.280.293 si se agrega el aporte). Esos montos, que no consideran otro tipo de deducciones que podrían declararse, serían los correspondientes a los primeros meses del año, porque la iniciativa prevé actualizaciones con frecuencia trimestral

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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