Vamos directo a la mediocridad artificial
La restauradora Eleonora Pucci trabajando con el David de Michelangelo; la obra es una de las más extraordinarias de la civilización, y sin embargo, estuvo a punto de nunca existir
¿Cuál es exactamente la diferencia entre usar una calculadora y usar GPT? Parece que ninguna. Pero la diferencia tiene un nombre. Se llama cultura humana
Ariel Torres
Esta es la tercera y última nota sobre lo que hay que tener en cuenta antes de incorporar inteligencia artificial (IA) en tu empresa, tu trabajo cotidiano, tu estudio, tu emprendimiento. La pregunta que intentaré responder esta vez es si usar IA es equivalente a usar calculadoras o computadoras en general. Luego, me tomaré unos días de vacaciones, porque las personas, al revés que las máquinas, necesitamos descansar. Esto por sí es interesante, porque el descanso, fisiológica y neurológicamente, es una actividad de lo más frenética. ¿Cómo se compite con algo que no descansa? O bien: ¿qué ventaja competitiva nos otorga el descansar? Quedan esas preguntas pendientes. Ahora vamos a ver en qué se parece y en qué no se parece una calculadora y GPT.
Daría la impresión de que 2 x 2 = 4 no necesita ninguna clase de procesamiento racional. Es algo que sabemos a priori. ¿Cómo decirlo? Es obvio. Pero la cosa cambia si planteamos 437.281 x 564,67. El resultado es 246.919.462,27, pero no es ni obvio ni inmediato. Recuerdo que Kant habla de esto en alguna parte; en la Crítica de la Razón Pura, si no me falla la memoria.
En todo caso, para llegar a ese resultado (246.919.462,27) es menester ejecutar una serie de pasos ordenados que no admiten ni un poquito de creatividad. Es cierto que esos pasos pueden ser diferentes en cada caso (aprendí de grande que me resultaba más sencillo hacer cuentas con métodos bien diferentes de los que me habían enseñado en la primaria), pero siempre es más razonable y eficiente que los ejecute una máquina que una persona. No añadimos ningún valor a la tarea de hacer cuentas si las hacemos a mano. ¿Acaso nos suma algo a nosotros? Sí, posiblemente. ¿Sirve saberse la tablas? A mi juicio, ayuda. Pero la cuenta va a dar 246.919.462,27 con nuestro esfuerzo o sin él.
Entra en escena la inteligencia artificial. El simplificador serial pone en el mismo estante la calculadora de bolsillo y la IA, así, pim, pam, sin más trámite. Su lógica es esta: primero hicimos cuentas con la calculadora y ahora vamos a escribir e ilustrar con unas máquinas más complejas, pero es todo lo mismo.
Algoritmos y algo más
No, no es todo lo mismo. Ese es el punto. Para empezar, el razonamiento se basa en una falacia lógica. Equipara el lenguaje formal de la aritmética con el lenguaje natural que emula GPT (o con las imágenes no geométricas de Dall-E o Midjourney). Esa falacia se llama Afirmación del consecuente y eso ya invalida el razonamiento. Esa lógica no sirve. Está mal.
La foto creada por inteligencia artificial de Donald Trump, por un usuario anónimo vía Midjourney; la IA es buena simulando, copiando, emulando, pero hay un barniz de promedios inevitable en sus resultados anónimo vía MidjourneyAhora bien, en qué se diferencia un lenguaje formal de uno natural. Ese es el asunto. Y es la segunda razón por la que la deducción esquinada de arriba es incorrecta. Fijate: independientemente del método que uses, el resultado de 437.281 x 564,67 será siempre el mismo (o sea 246.919.462,27); viceversa, no existe un número finito de reglas para crear un texto, un cuadro o una canción. E incluso si hubiera algo así, los resultados correctos pueden ser varios. Viceversa, hay un solo resultado correcto para 437.281 x 564,67 (sí, en decimal, claro; pero en los otros sistemas numéricos también hay un solo resultado correcto).
Se pueden escribir reglas (esto es, algoritmos) para producir textos, imágenes y música, que es exactamente lo que hacen las redes neuronales y otras herramientas; por ejemplo, muchos años atrás creábamos música mediante fractales. Aburrida, pero música al fin (ponele). Pero el corazón del asunto es que o bien el número de reglas para crear textos, imágenes o música es infinito o bien hay algo más. O sea, no hay recetas.
Sabemos que ningún artista crea exclusivamente usando un conjunto de reglas. Si fuera así de sencillo, en lugar de tener un Michelangelo, tendríamos cientos de miles. Si vieron el David (el real, el que está en la Galleria dell’Accademia), habrán advertido que algo extraordinario nos ocurre ante esa obra. No hay réplica posible (una se erige cerca de la galería, en la calle, y demuestra este punto). No es posible siquiera terminar de explicar lo que nos ocurre. Pasa lo mismo con la Pietá, el Guernica o la Novena de Beethoven. La experiencia de la obra maestra es inexplicable, no puede desarmarse en partes y ninguno de sus autores la originó estadísticamente (como las redes neuronales) ni mediante un número finito de reglas (los fractales, pongamos). Insisto: no hay recetas. Ni siquiera hay recetas con miles de millones de parámetros y billones de ingredientes.
Se ha querido ver una perfección matemática en la obra de Bach (así como en la de Chopin), y esta relación es verdadera; pero la matemática sola no explica a Bach (ni a Chopin)El David en particular es significativo, porque la inmensa pieza de mármol que recibió el joven Michelangelo ya había sido trabajada (dañada incluso) por tres escultores antes. Revivir una piedra. Pídanle algo así a OpenAI y después me cuentan.
Solucionismo y consignas de barricada
Pero hay un problema adicional. Invirtamos el planteo. Supongamos que el arte es el resultado de un número finito de reglas, de recetas. Vamos a ponernos positivamente tecno solucionistas por un minuto. Demos por sentado que la inspiración, la pasión, el talento, incluso el amor, todo eso puede reducirse a un número muy grande pero finito de reglas y, dado el poder de cómputo suficiente, originarse mediante máquinas.
No me opongo a esa idea, pero con una condición. Dado un poder de cómputo que todavía no podemos ni soñar, dada una densidad de componentes millones de órdenes de magnitud mayor que la actual o dado un método de cómputo todavía no inventado, sí, claro, podría ocurrir que las máquinas dejaran de ser herramientas del talento humano y adquirieran consciencia, libre albedrío y entonces los androides soñarían con ovejas eléctricas.
Philip K. Dick fue un genio, pero la genialidad no viene sola. ¿Aceptaríamos que la IA intente suicidarse?Insisto, no solo no me opongo, sino que creo que, aunque no será pronto, alguna vez seremos capaces de crear consciencia artificial (hay una contradicción aquí, pero no nos meteremos ahí hoy); o que surgirá espontáneamente, como planteó en su momento Stanislav Lem.
Pero el tecno-solucionista no ve que, de nuevo, se le escapa un detalle; y es siempre el mismo detalle. Si vamos a darle cabida a la consciencia y al talento en una red neuronal, entonces tenemos que estar también dispuestos a admitir las obsesiones, la locura, el sacrificio, la malicia, las adicciones, los miedos, los sueños (de allí la mención a Philip K. Dick) y, por supuesto, la fe. Ah, caramba, esto ya suena diferente de inteligencia artificial.
¿Pero podría un día ocurrir? Creo que sí, aunque a lo mejor me equivoco; esto es terreno demasiado nuevo. En todo caso, hasta entones, la IA seguirá ofreciéndonos textos sosos o mal plagiados; imágenes todas más o menos iguales o, de nuevo, copiadas de un artista o de la simple realidad (los fakes), y una música que, con entera humildad lo digo, le sacaría una carcajada al Wolfgang Amadeus. Ni hablemos de la poesía. Hagan la prueba.
Inteligencia artificial no significa humanidad artificial, y si no nos ponemos urgentemente a darle a los humanos el trabajo humano lo que obtendremos esto que ya empieza a percibirse en el aire: una desoladora mediocridad artificial que primero invadirá la web y luego todo lo demás.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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