Hernán Ferreirós
(COCAINE BEAR, 2023 / EEUU) Dirección: Elizabeth Banks. guion: Jimmy Warden. elenco: Keri Russell, Alden Ehrenraich, Ray Liotta, Margo Martindale y Broklynn Prince. DURACIÓN: 95 minuntos. DISTRIBUIDORA: UIP
Si alguien tiene a su disposición un título como Cocaine Bear, ¿por qué desperdiciar la oportunidad de traducirlo como Oso vicioso, tal como hicieron en España, o directamente, por el más literal cocainómano? ¿O los más metafóricos sartenoso o nariguetoso? ¿Por qué no Pablo EscoBear? Cualquier opción parece mejor que Oso intoxicado, que exhibe una chatura que puede hacer creer a los potenciales espectadores que se trata de una película para ser tomada en serio. En los Estados Unidos, se generó una considerable expectativa solo gracias al concepto delirante que sugiere el título original que redundó en muy buenos resultados de taquilla.
Insólitamente, se trata de una película “basada en hechos reales” como, por ejemplo, Masacre en Texas o El horror de Amityville. Aparentemente, a mediados de los años 80, un cargamento de cocaína fue arrojado desde un avión sobre un bosque de Tennessee y resultó consumido por un oso. El oso murió envenenado y su cadáver fue exhibido durante un tiempo en un centro comercial de Kentucky. La película se queda con el concepto central de esta historia: cocaína-cae-del-cielo-y-oso-tomacantidad-monumental. En el film, el efecto final no es su muerte, sino que adquiere una ferocidad, una velocidad y una fuerza nunca antes vistas en la especie. Es como un superhéroe de Marvel pero con síndrome de abstinencia. Este oso adicto a la cocaína la lame, la come, la aspira y, en una escena no exenta de poesía, se baña en una nube blanca de alcaloide, para inmediatamente matar a todo aquel que se cruce en su camino. La película abre múltiples líneas narrativas que van confluyendo en las fauces voraces del oso: una enfermera (Keri Russell) que pierde a su hija (Broklynn Prince) en un bosque, dos narcos (Alden Ehrenrecih y O Shea Jackson Jr.) al servicio de un gangster (Ray Liotta, en su último papel) que rastrean el cargamento de droga, una pareja de guardabosques que ayuda en la búsqueda de la niña y hasta un grupo de delincuentes menores que quedan envueltos en este asunto.
El problema de las películas llamadas “high concept”, las que pueden ser explicadas en una exposición no más larga que un tweet, suele ser que una vez que se presenta en la pantalla el “concepto”, el único lugar que les queda para ir es hacia abajo. Tal como en Snakes on plane o Sharknado, el chiste se agota rápido, ¿cuántas veces puede ser gracioso un oso aspirando de un ladrillo de cocaína si el espectador no está haciendo lo mismo? Este film (dirigido eficazmente por la actriz Elizabeth Banks) no es una película barata para hacer un dinero rápido sino que cuenta con un presupuesto considerable, una producción competente y un cast mucho mejor del que es razonable esperar para una historia de este calibre. Sin embargo, estos mismos valores la ponen en una tierra de nadie: no pertenece a la categoría “tan mala que es buena”, no es un film bizarro, no es un thriller de terror porque el absurdo anula el susto, ni es lo suficientemente gracioso como para ser una comedia, aunque estos dos últimos géneros son los que persigue sin alcanzar a ninguno. Sin embargo, al menos en los Estados Unidos, conquistó un público gracias a la viralización de su concepto y ya se especula con una secuela. Es sabido que una vez que se empieza es difícil parar
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