sábado, 11 de marzo de 2023

HISTORIA DEL ARTE


Seres andróginos de Josefina Robirosa lideran una muestra en el Macba
En Línea y vibración, una veintena de piezas dialogan con obra de otras mujeres
Celina ChatrucCabezas, de Robirosa, pertenece a la colección del museo
Dos hombres duermen en la vereda de la avenida San Juan al 300, bajo el sol abrasador del mediodía porteño. Justo detrás, sobre la moderna fachada vidriada del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (Macba), se despliega la colorida reproducción de otros dos rostros anónimos: los que pintó Josefina Robirosa en 1968 en Cabezas, obra que pertenece al museo.
Otros contrastes similares se encuentran adentro, en la muestra Línea y vibración, que abre hoy al público. Entre los hallazgos del curador Rodrigo Alonso se cuentan dos pinturas de la artista fallecida el año pasado: Sin título (terapia) representa un grupo de seres andróginos reunidos en círculo, mientras que en Personas, realizada dos años después, se recrean tres figuras recostadas sobre el piso, con sus rostros cubiertos; una se toca la cabeza, otra parece tener sus manos atadas en la espalda. La primera, de 1973, fue prestada por la terapeuta de Robirosa, y la segunda forma parte de la colección de Mariano Grondona; realizada en 1975, tiene un escalofriante aire premonitorio de lo que estaba por suceder en la Argentina.
“Son obras muy poco conocidas. La de terapia no está reproducida en ningún catálogo”, explica Alonso, responsable de esta selección de piezas realizadas entre 1967 y mediados de la década siguiente, en las cuales la artista explora con franjas de colores y juegos geométricos que se alternan creando volúmenes y siluetas. Una serie que marca “un paréntesis” en la larga carrera de la artista, que antes y después se enfocó en explorar la representación de la naturaleza. Su legado integra también colecciones como las del Museo Nacional de Bellas Artes, el Moderno y varias del exterior.
¿Qué la llevó a explorar con estas figuras anónimas, con rostros sin rasgos y cuerpos formados a partir de ondulantes líneas de colores? El curador rastrea una pista en una cita de Robirosa incluida en un libro de Mercedes Casanegra. “A medida que las técnicas de comunicación avanzan –dice esta artista que integró la generación del Di Tella–, el ser humano llega a ser más libre para articular sus ambiciones e ideales, para explorar y conquistar lo desconocido. En mi pintura me concentré en la creciente habilidad humana para comunicarse, que es esencial para el avance de su sabiduría y su capacidad para el bien”.
Otro motivo parece estar relacionado con el hecho de que, a pedido del tapicero Jacques Larochette, Robirosa realizó diseños en grandes dimensiones tejidos por mujeres en un taller de Bariloche. “Si bien Robirosa siempre consideró a los tapices como algo muy diferente de la pintura –observa Alonso–, no puede dejar de notarse que la simplificación formal implementada por aquellos tuvo consecuencias en el desarrollo de la última”.
En la exposición actual, además, una veintena de obras de Robirosa dialoga con otras de artistas de la colección del museo: Seis en este mundo (1967) se exhibe por ejemplo junto a Algunos segmentos (1970), video de Elda Cerrato –fallecida semanas atrás– comprado en la última edición de arteba. En el segundo subsuelo Freaking on Fluo (2010), un enorme lienzo multicolor de Marta Minujín sobre el que se proyecta un video, se exhibe junto a una imponente instalación site specific de Leila Tschopp. Una buena forma de mostrar las líneas que las unen, literalmente.

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