sábado, 25 de marzo de 2023

IDENTIDAD CULTURAL


LEYENDA DEL MISTOL
por por Susana C. Otero (adaptaciones e ilustración)

El Mistol es un árbol coposo de 4 a 9 metros de altura, cuyo tronco es gris plateado y con ramas retorcidas con abundantes espinas fuertes y rectas, de hojas color ceniza en la cara inferior, con una nervadura algo pilosa. Sus flores son pequeñas, de color verde amarillento, y su fruta es una drupa de color castaño rojizo que al madurar es comestible. Su raíz es utilizada en la construcción.
Este maravilloso árbol, cuyos usos múltiples lo hacen muy especial, también es parte de la farmacopea, púes de él se extraen varios productos medicinales.
Dicen que dicen...que mucho tiempo antes que arribara el conquistador a nuestra América, vivían tribus Tonocotes que disfrutaban recolectando frutos silvestres y miel o cazando pecaríes, y las mujeres sobresalían como hábiles hilanderas.
Mistol y su familia eran felices allí, él era un gran bailarín, le gustaba bailar al son del knobiké y todos lo reconocían como el bailarín del monte.
Mistol amaba el color verde, por eso utilizaba el teñido de plumas para su pollerín con esencias vegetales de ese color y solía pintarse el cuerpo con círculos rojizos de una pintura que él mismo obtenía de la arcilla.
Mistol era un hombre generoso que repartía su amor entre sus muchos hijos, que vivían dichosos gozando de la naturaleza y compartiendo la vida en comunidad.
Sin hacerse anunciar, inesperadamente un día se desató una fuerte tormenta que derribó muchos árboles. El desastre fue total.
Al no poder obtener el sustento la hambruna creció tanto que muchos enfermaron y entre ellos los hijos de Mistol. El comenzó a desesperarse.
Era triste oírlos pedir comida y no poderlos satisfacer.
Fue así, que Mistol le imploró a Cacanchac, que al menos les devolviera lo que el viento y la lluvia les había quitado.
Mientras tanto, los suyos se preguntaban dónde estaba Mistol y recorrían el monte llamándolo a viva voz, lo buscaban por todas partes, caminaron y caminaron sin ningún resultado. pero de repente se escuchó un trueno ensordecedor y allí, frente a ellos, se vio un rayo rojizo que fue a dar sobre la figura suplicante y de rodillas del mismísimo Mistol.
En ese instante, como por arte de magia, el cuerpo de Mistol se transformó en un robusto árbol, de cuyas ramas cargadas de pequeños frutos rojizos, hacían doblar sus ramas debido a gran peso e invitaban a quien se acercara, a darse un copioso banquete.
Los chicos comieron hasta sentirse satisfechos.
Sin dudas Cacanchic había cumplido los deseos de su padre, y desde ese momento, no sólo alimentó a sus hijos, sino que saciaría el apetito de las generaciones venideras con aquel follaje tan verde como sus plumas y sus frutos del mismo color que él pintaba los círculos de su cuerpo.
Más tarde descubrieron que también Cacanchac le había concedido poderes curativos.

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