Jeremy Mcdermott «Bajo todo punto de vista, la guerra contra el narco ha fracasado»
por Luciana vázquez
El investigador británico asegura que es inútil abordar el problema solo desde una perspectiva represiva y local; explica la necesidad de implementar, también, estrategias a nivel transnacional y dice que no hay que descuidar el factor social y la “reducción de daños”
La respuesta represiva sola y aislada no ha funcionado en ningún escenario”, sostiene. “Si se toman indicadores como kilos de cocaína incautados, señores del narcotráfico capturados o número de hectáreas de cultivo erradicadas, la conclusión es que la guerra contra el narcotráfico ha sido un fracaso total”, afirma. “Colombia está produciendo hoy más cocaína que nunca en la historia, después de millones de dólares de inversión de Estados Unidos para combatir la droga”, subraya. “Ahora, y hace rato, la Argentina es un puerto buscado por el narco”, alerta. “La Argentina es uno de los puntos de salida de un nuevo mercado, Australia, donde un kilo de cocaína vale más de 100 mil dólares: el precio más alto en el mundo en este momento”, advierte. “El narco transnacional está fuera de las manos de las autoridades de la Argentina y de Rosario”, plantea.
El cofundador y codirector del respetado think tank Insight Crime, Jeremy Mcdermott, estuvo en La Repregunta. Hace 25 años que Insight Crime, con sede en Medellín, se dedica a investigar el crimen organizado en América Latina. Mcdermott conoce como pocos la situación del crimen transnacional en la región, donde estuvo dos décadas reportando para la BBC y The Economist. Este exoficial del ejército británico asignado a Bosnia e Irlanda del Norte fue, además, corresponsal de guerra en Bosnia y en Beirut.
Guerra contra el narco con las Fuerzas Armadas involucradas, mano dura y la solución
Bukele, ¿es el camino a seguir en Rosario? Mcdermott hizo su análisis. Aquí, algunos pasajes destacados de la entrevista.
–Hay una demanda de intervención de las Fuerzas Armadas y de más fuerzas federales en Rosario. ¿Cómo es el mapa del narcotráfico hoy? ¿Qué lugar tiene la Argentina en ese mapa?
–El caso de Rosario refleja patrones que se dan en otras partes de América Latina y el Caribe. Es una ciudad importante en términos de infraestructura, de exportaciones que circulan por un río que es una de las principales rutas del narcotráfico desde Paraguay hacia la Argentina y para la exportación hacia el resto del mundo. Obviamente, se convierte en un territorio muy estratégico para el crimen organizado y de exportación de drogas. La mano dura es una de las respuestas ya vistas en otras partes del mundo. Pero en Medellín, Colombia, se vio un cambio impresionante a partir de otra lógica. Ahora es ejemplo de la manera en que una comunidad puede enfrentar al crimen organizado. ¿Qué ha pasado en Medellín? El crimen organizado todavía está presente, pero es mucho más clandestino. Los grupos más sofisticados han aprendido, citando esta frase de Pablo Escobar, que el dinero es mucho más eficaz que el plomo porque la violencia atrae la atención. Mientras que la violencia en Medellín ha disminuido mucho, el crimen organizado sigue vigente. La mera baja en la cantidad de homicidios no es una indicación de que se está ganando la guerra contra el narcotráfico.
–¿El caso de Medellín indica que la solución más al alcance de la mano es lograr que ese narcotráfico se sofistique y que, al menos, no se vuelva tan violento?
–Parte del problema es cómo se mide el éxito en esta guerra sin fin contra el narcotráfico. Tradicionalmente, las medidas han sido kilos de cocaína incautados, señores del narcotráfico capturados o, en el caso de Colombia, Bolivia y Perú, número de hectáreas de cultivo erradicadas. Si se toman esos indicadores, la conclusión es que la guerra contra el narcotráfico ha sido un fracaso total. Colombia está produciendo hoy más cocaína que nunca en la historia después de millones de dólares de inversión por parte de Estados Unidos para combatir la droga. Hay que cambiar el chip. Si no es posible acabar con el modelo de provisión, hay que apuntar a la reducción del daño en términos de homicidios, abuso de derechos humanos, violencia sexual y desplazamiento. Todo eso es el daño colateral del narcotráfico en América Latina y el Caribe.
–Esto implica aceptar que la realidad del narcotráfico va a continuar con distintas modalidades. ¿El objetivo, entonces, es que los Estados intenten reducir al menos el impacto violento sobre la población general?
–Sí, exactamente. Porque desde cualquier punto de vista, la guerra contra la droga ha fracasado. Hoy más que nunca hay más droga, más producción y más diversificación de mercados. Por ejemplo, la Argentina es uno de los puntos de salida, pero no hacia Estados Unidos sino hacia Europa, Asia y un nuevo mercado, que es Australia, donde un kilo de cocaína vale más de 100 mil dólares: ése es el precio más alto en el mundo en este momento. Y el narcotráfico, obviamente, está apuntando hacia este mercado. La cantidad de vidas humanas preservadas es una mejor manera de medir el éxito que por hectáreas erradicadas, kilos incautados o capturas realizadas. Éste es el debate que se está dando en Colombia. Petro anunció que Colombia ya no va a participar en la guerra contra la droga. Con su Plan de Paz Total está intentando llegar a la raíz de los problemas de la violencia, con una inversión en las comunidades que siembran coca, en los grupos involucrados en el narcotráfico, en los actores del conflicto civil como el Ejército de Liberación Nacional. La idea es buenísima si se tuviera un presupuesto como el de Suecia, de 20 billones de dólares. Pero desafortunadamente no es ésa la situación de América Latina.
–La solución de Petro es buenísima, según usted afirma, para atacar las raíces del problema del narcotráfico. ¿Cuáles son esas raíces?
–Petro ha mencionado la posibilidad de cambiar el modelo de prohibición, con la idea de descriminalizar el consumo de cocaína como ha pasado con la marihuana en EE.UU.
–Es decir que para Petro, la existencia de una demanda ilegal es la causa de la oferta ilegal.
–Es una de las causas, porque las ganancias son tan increíbles aún en un país relativamente pobre como Colombia, con una presión de conflicto civil que ha sido como la gasolina para el fuego de la violencia. Petro está intentando cambiar totalmente la idea que está detrás de cómo se enfrenta estos fe
La Argentina es uno de los puntos de salida de un nuevo mercado, Australia, donde un kilo de cocaína vale más de 100 mil dólares”
nómenos. Reconoce que no se lo puede hacer de una manera aislada porque el narcotráfico es un fenómeno transnacional: tiene que ser algo acordado por la comunidad mundial.
–En agosto 2022, Petro decía: “Es hora de una nueva convención internacional que acepte que la guerra contra las drogas ha fracasado”. En la Argentina, el ministro de Seguridad Aníbal Fernández sostuvo que en Rosario “ganaron los narcos”. Ahora, hay una diferencia entre Rosario y Colombia: en Rosario, nunca se dio una contención del narco con el Estado usando los métodos de violencia legítima. El salto a otro tipo de solución como la que plantea Petro, ¿demanda primero más militarización o fuerzas de seguridad federal para dar señales a los narcotraficantes? ¿O lo conveniente es pasar a otro tipo de solución directamente? Esperar a que el Estado primero apoye a las comunidades y luego se ocupe de la seguridad parece complicado cuando el homicidio de chicos y jóvenes en Rosario se ha convertido en algo corriente.
–Estamos hablando de dos dinámicas mezcladas pero separadas en términos de respuesta. Una tiene que ver con los retos de seguridad ciudadana dentro de Rosario. Históricamente, Rosario ha tenido un alto nivel de drogadicción y de crimen organizado; tiene problemas sociales y económicos. En ese contexto, la represión sola no va a resolver las raíces de los problemas. El elemento número dos es el crimen transnacional, la droga que pasa por Rosario. Eso está fuera de las manos de las autoridades argentinas aisladamente. Puede mejorar la intervención de las fuerzas de seguridad por el río y su inteligencia sobre los vínculos transnacionales entre Rosario y los compradores internacionales y los proveedores de Paraguay y Bolivia. La respuesta del law enforcement es más pertinente con respecto al crimen transnacional que con respecto a la seguridad ciudadana dentro de Rosario.
–¿Con ayuda social sola alcanza? ¿O se necesitan los dos abordajes, social y represivo?
–En muchas partes del mundo ahora el narcomenudeo y el consumo de droga están vistos, primero, como un problema de salud y, segundo, de policía. Poner a todos los drogadictos en la cárcel no ha ayudado con el problema del consumo en ningún país.
–Rosario está muy cerca a la frontera con el Paraguay, asolada por el Comando Vermelho y por el Primer Comando Capital (PCC) que avanza desde Brasil. Es decir, tiene un triple problema: lo social, el narco local y su ubicación en la trama internacional del tráfico. ¿La respuesta debería ser triple? ¿En lo social, represiva en lo local para contener la violencia y con la inteligencia internacional?
–Sí. La dimensión transnacional, Ciudad del Este, la triple frontera con Brasil, presencia del PCC, es algo fuera del control aislado de las autoridades de la Argentina y, particularmente, de Rosario. Eso está alimentando la dinámica de violencia y criminalidad en Rosario, pero vale la pena dividir estos problemas porque la respuesta para cada uno es diferente. Y la represión sola no ha funcionado en ninguno de estos escenarios.
–¿La Argentina sigue siendo país de paso de la droga o ya hay producción local
–El problema para la Argentina, Chile, Uruguay y otros países que no han sufrido tanto el narcotráfico hasta ahora es que, en el caso de cualquier contenedor que sale de Brasil o de Colombia, su procedencia es una bandera roja para cualquier autoridad en el mundo y lo revisan automáticamente. Eso no pasa con las mercancías que salen de la Argentina, Chile o Uruguay. Los narcos están estableciendo infraestructura criminal para contaminar contenedores en puertos que no atraigan la atención.
–La Argentina, Uruguay o Chile no parecían países en los que podía escalar el narcotráfico pero, señala usted, esa posibilidad se vuelve más realista. Según Insight Crime, en abril del año pasado fue detenido un camión cruzando de Mendoza a Chile con un cargamento de balas, pistolas y un kit para transformar armas en rifles automáticos. No es el primer caso. ¿Ese tráfico de armas está conectado con el cambio de dinámica narco en estos países?
–Chile, Perú y Ecuador enfrentan otra dinámica no relacionada con el narco, sino con el crimen organizado venezolano y el Tren de Aragua, un grupo que sigue la ruta de los migrantes venezolanos, gente buena en un 99 por ciento pero sumamente vulnerable a la explotación y el reclutamiento por parte del crimen organizado. El Tren de Aragua ha establecido infraestructura dentro de Chile, donde no sólo explotan y cobran a los migrantes venezolanos. También extorsionan a los trabajadores sexuales y a negocios legales pequeños. El panorama es muy complejo.
–¿Hay un salto corto desde el negocio del crimen en Chile, con eje en el tráfico humano, hacia el narcotráfico? ¿O no necesariamente?
–Hasta el momento, no hemos visto un vínculo entre el Tren de Aragua y el narcotráfico. Sí vemos un vínculo con el narcomenudeo. El Tren de Aragua ha diversificado sus portafolios criminales: ya venden drogas no sólo a los migrantes sino también a las comunidades locales. Involucran sicariato y extorsión. Pero hasta el momento, todo esto no tiene nada que ver con participar del narcotráfico transnacional. En el futuro, podrían empezar a involucrarse.
–En la Argentina, los jefes narco detenidos siguen operando desde la cárcel. ¿Es un modus operandi generalizado en América Latina?
–Sí. Y es más: grupos poderosos del crimen organizado tienen sus raíces, además de sus jefes, dentro de las cárceles. El PCC y Comando Vermelho en Brasil nacieron en las cárceles. Y las maras nacieron en cárceles de EE.UU. y de El Salvador. Las cárceles son como la Escuela de Crimen Organizado: los contactos construidos ahí se convierten en alianzas criminales transnacionales. Un ejemplo es el de uno de los Ochoa (Ndele: José Luis Ochoa), del Cartel de Medellín, y uno de los Rodríguez Orejuela, del Cartel de Cali, que fueron capturados en España, estuvieron un tiempo en la cárcel española y terminaron haciendo una alianza con la mafia de Galicia que abrió el narcotráfico hacia Europa. Lo mismo está pasando en todas partes en América Latina. En Venezuela y Brasil, los que manejan las cárceles son los propios prisioneros, no el Estado. EE.UU. ha construido cárceles modelos conocidas como “supermax” en Colombia, por ejemplo, para aislar a los líderes de sus ejércitos fuera de la cárcel. Es una política que ha tenido éxito pero las cárceles son costosas. La corrupción y la falta de recursos son los grandes enemigos a la hora de mejorar la situación en las cárceles.
DE GRAN BRETAÑA A AMÉRICA LATINA
▪ Formación
Estudió en la Universidad de Edimburgo y en el Ampleforth College de York.
▪ Trayectoria
Fue corresponsal de la BBC y The Economist. Exoficial del ejército británico, estuvo asignado a Bosnia e Irlanda del Norte.
▪ Actividad actual
Cofundador y codirector de Insight Crime, think tank con sede en Medellín que investiga el crimen organizado.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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