jueves, 16 de marzo de 2023

PARTIÓ UN GRANDE DE LA LITERATURA JAPONESA


Kenzaburo Oé. El exorcista de la literatura japonesa
Daniel Gigena

“En la historia de la literatura japonesa moderna, los escritores más sinceros y conscientes de su misión eran aquellos que llegaron a la escena después de la Segunda Guerra Mundial, heridos por la catástrofe, pero llenos de esperanza para un renacimiento”, decía en su discurso ante la Academia Sueca el Nobel de Literatura 1994, Kenzaburo Oé, que murió el 3 del actual, en Tokio, a los 88 años. “Trataron con gran empeño de compensar las atrocidades inhumanas cometidas por las fuerzas militares japonesas en los países asiáticos, así como de superar las profundas brechas que existían no solo entre los países desarrollados de Occidente y Japón, sino también entre los países de África y América Latina y Japón. Al hacerlo creían que podían buscar con cierta humildad la reconciliación con el resto del mundo. Siempre ha sido mi aspiración aferrarme al extremo de la línea de esa tradición literaria”. Oé fue el segundo escritor en recibir el máximo galardón a las letras niponas, después de Yasunari Kawabata (1968) y antes de Kazuo Ishiguro (2017).
Confiaba en que su obra, impregnada de violencia y desesperanza, de sabiduría y humanismo, ayudaría a que escritores y lectores pudieran recuperarse “de sus propios sufrimientos y los sufrimientos de su tiempo”. Comparaba su literatura con un exorcismo. Abogó por el desarme y, luego del triple desastre de terremoto, tsunami y accidente nuclear en Fukushima en 2011, se manifestó en contra de la industria nuclear japonesa por su “falta de respeto por la vida humana”. Cuestionó el sistema imperial japonés. “No reconozco ninguna autoridad, ningún valor superior a la democracia”, dijo, cuando se negó a aceptar la Orden de Cultura de Japón.
Escribió ensayos y cuentos, pero se consideraba un novelista. Destacó la importancia de un sentimiento de “hermandad” con la literatura mundial, que podía expresarse en sus obras y en actos de solidaridad con pueblos, naciones y personas. En español, sus libros fueron publicados por Anagrama y Seix Barral.
Tras la novela corta La presa, llevada al cine, a los 23 años publicó su primera gran novela, Arrancad las semillas, fusilad a los niños, que narra los intentos de sobrevivir y reconstruir cierto orden social de quince adolescentes abandonados a su suerte en un reformatorio en medio de una epidemia. Ambientada en la Guerra del Pacífico, cuestión que abordó en sus ensayos, hace una mirada crítica sobre Japón. Su célebre crónica Cuadernos de Hiroshima reconstruye las vidas dañadas de los sobrevivientes del bombardeo atómico.
Una cuestión personal (1964) está protagonizada por un joven profesor de inglés apodado “Bird”, que sueña con huir de su vida mediante un viaje a África. Su esposa, mientras tanto, da a luz a un bebé con hernia cerebral; los médicos, sin eufemismos, se refieren a la criatura como “la cosa” y “el monstruo”. Un año antes de su publicación, Oé y su esposa, Itami Yukari, habían sido padres de Hikari (Luz), diagnosticado con hidrocefalia y autismo, que debió ser intervenido quirúrgicamente para seguir con vida. El escritor volvería a esta delicada cuestión en Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura (1966), El grito silencioso (1967) y ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!, de 1983. Con el tiempo, y gracias a los cuidados y tratamientos (y a su habilidad para reconocer e imitar el canto de los pájaros y disfrutar de Chopin y Beethoven), Hikari Oé se convirtió en compositor de piezas para piano. En Un amor especial: vivir en familia con un hijo disminuido (1998), el escritor admite: “Mis ideas sobre la sociedad y el mundo en general se basan en la experiencia de vivir con él y en lo que he aprendido de este modo”. Además tuvo una hija y otro hijo varón.
En Cartas a los años de la nostalgia, (1997), retoma el registro autobiográfico e incluye reflexiones sobre las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y la lucha por el desarme; los años de formación en la Universidad de Tokio, la repercusión por el Premio Akutagawa; su viaje a México en 1976 y 1977; sus lecturas de Dante, Shakespeare, Blake, Dostoievski; la relación con su madre (el padre de Oé falleció cuando este tenía nueve años); el activismo ambiental, y la consagración del Nobel, en 1994. La trama del Salto mortal (1999) surge a partir del atentado terrorista con gas sarín en Tokio en 1995.
“Me queda un buen trecho antes de cumplir cien años. Seguiré escribiendo novelas si logro encontrar, más que temas, formas nuevas para hacerlo”, le dice a su hijo Hikari en las primeras páginas de La bella Annabel Lee. La serie de Renacimiento (2000), Muerte por agua (2009) y ¡Adiós, libros míos! (2012) está protagonizada por su álter ego, el veterano escritor Kogito Choko, signada por amistades y enemistades literarias, y un amor inalterable por la lectura.

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